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Nos encontrábamos a 15 minutos de la estación de policías, de camino a la posada de descanso, librados de las estrictas reglas de Fuubi-san. En ese momento, caminábamos más profundo hacia un sótano. Mientras más bajábamos, la iluminación se reducía y el sonido de nuestros pasos resonaba más fuerte.

—La visita solo durará veinte minutos, hasta que arregle mis asuntos arriba. ¿Puedes cumplirlo?

Es una gran manera de conocer a la gente con la que estás hablando.

—Por supuesto.

Aunque nos hablaste como si nos fueras a dejar a nuestra suerte, nos diste las direcciones. Eres demasiado buena. Normalmente, nadie nos traería hasta aquí con la patrulla.

—¿No iras a verlo, Fuubi-san?

—Aunque yo diga algo, estoy segura que no abrirá la boca. Es una pérdida de tiempo.

—Aunque se trate de ti, Fuubi-san, estás yendo muy lejos.

—Hablas como si fuera el problema de otro. Tú me trajiste aquí.

—Yo no sé nada. Díselo a la detective muerta.

Es bueno que seas tú quien pueda hacerlo.

—No uses como justificación a tu compañera —me dijo Fuubi-san, golpeándome en la cabeza—. Bien, ya llegamos.

Bajamos del coche. Incluso para ser un oscuro interior, el aire estancado era mucho más pesado. El olor a moho hacía que mi nariz se retorciera.

—Solo tienes veinte minutos, ¿está bien? No más que eso. Tú también, señorita, ¿de acuerdo?

Después de hacérnoslos recordar una vez más, agitó sus manos levemente en despedida y empezó a subir las escaleras de donde habíamos llegado.

Y ahora solo quedamos yo y…

—… Hey, Kimitzuka. Aunque sé que es tarde, ¿no íbamos a una posada de vacaciones?

Natsunagi era la única que mira a su alrededor con una mirada preocupada.

—Ahh, por eso. Esta es una posada de vacaciones, Natsunagi.

—¡¿En qué parte?!

Bueno… si me preguntas eso…

—Es una prisión.

—Por eso preguntó qué hacemos aquí.

Natsunagi me jaló de las orejas sin piedad. Así que solo ocultas tu verdadero comportamiento cuando estás en frente de otros…

—Me imaginé una construcción hecha de troncos2, pero esto está hecho de hormigón armado y con barras de metal a su alrededor.

—Es porque es una prisión.

—Entonces, ¿por dónde miras esto como una casa de vacaciones? ¿Por dónde?

Es un código, código.

—Una palabra sucia3.

—Sabes…

¿Por qué me siento un poco excitado? Estamos a oscuras completamente.

—Para hablar de la prisión, se usa el código “casa de reposo”. Es sentido común.

—¿De dónde es sentido común?

—Es sentido común para un chico que ha volado hacia al extranjero con un maletín del cual no conoce su contenido desde que estuvo en la secundaria.

—Ugh, es el tipo de persona que no quisieras conocer nunca.

—Estoy justo a tu lado, al costado.

—¿Y qué? ¿Por qué vinimos aquí?

Natsunagi, que ya se había acostumbrado a este lugar considerablemente, caminaba insegura, tratando de mirar lo que estaba detrás de los barrotes.

—No es así, nosotros nos dirigimos hasta el fondo. —Caminaba delante de ella, mostrándole el camino.

—¿Quién está ahí?

—Un viejo4.

—Hablo en serio.

—Un hombre que dejó de ser humano.

—Es cierto que, al estar aquí, es como si hubieras dejado tu humanidad, pero…

—No, no lo digo por eso.

Esta es una verdad innegable, la cual quisiera que no lo fuera.

—El hombre que estás a punto de conocer es genuinamente no humano.

Es por eso que, mi… no, nuestra vida cotidiana y la que no lo es también, mejor dicho, todo, digamos que sería parte de una novela; por ello me gustaría darles una disculpa a los lectores que esperaban que sea una de misterio. Seguramente, esta historia no será del agrado de ellos.

—Kimitzuka, ese tipo…

Finalmente, Natsunagi se agarró suavemente de mi manga.

Finalmente, llegamos a un pequeño cuarto de acero, completamente cerrado, que se encontraba en la parte más profunda del sótano. Mirando dentro a través del único pequeño cristal que había en la parte delantera, vi a un hombre sentado, con los brazos encadenados.

Hubo una ligera pausa y, con un sonido opaco, la persiana o contraventana de la puerta se corrió al lado.

—Ha pasado un tiempo desde que nos vimos por última vez, “Koumori”.

En respuesta a mi voz, el hombre movió su cuerpo con un pequeño sonido. Con una descuidada barba y sucio cabello rubio, después de girar lentamente, centró su mirada hacia nosotros. —Sí que ha sido mucho tiempo… detective.

  1. Es un juego de palabras entre 淫語 e隠語. Ambos se leen como /ingo/.
  2. Imagínense la casa de Yuuji con Asako. La primera parte de Grisaia.
  3. Es el juego palabras del título.
  4. Esto es relativo, no es necesariamente alguien muy mayor. Podría decirse que es alguien mayor de 40 años o que se ve así.