—Ohh, cuánto tiempo sin verte, mocoso. ¿Al fin estás listo para entregarte?

La persona que llegó tarde, y nos hizo esperar en este cuarto, se sentó fuertemente en el sofá, delante de mí y de Natsunagi, cruzando sus largas piernas.

—Fuubi-san, ¿qué haces abriendo las piernas así delante de una mujer?

—Cállate. Cuando vives aquí, los géneros no importan —dijo ella mientras encendía un grueso cigarro.

El uniforme que vestía destruía sus llamativas y bellas características.

Su cabello, rojo como el fuego, estaba atado de una manera tosca como cola de caballo.

La primera vez que las personas lo veían, no pensarían que ella es una oficial de policía.

Kase Fuubi. Trabajo: inspectora asistente.

Cuando nos conocimos, hace cinco o seis años, todavía era una oficial, por lo que, para estar en sus 20s (o eso creo), parece que está progresando rápidamente.

—Entonces, ¿qué hiciste esta vez? ¿Un robo? ¿Un asesinato?

—No he hecho nada. Más bien, recibí una condecoración por atrapar a un ladrón.

—De los crímenes que ocurren en esta ciudad, tú eres el primer testigo en el setenta por ciento de los casos. No se puede evitar que sospeche de ti.

—Es por mi predisposición.

La conexión entre Fuubi-san y yo comenzó al mismo tiempo que ella se volvió una oficial de policía y fue a su primera escena del crimen.

Desde su punto de vista, me debo haber visto como un sospechoso estudiante de primaria que se encontraba en varias escenas de crímenes.

Me gustaría aclarar el malentendido, pero parece que sigue sospechando de mí.

—Esa predisposición… ¿Con ese poder pudiste hacer aparecer a verdaderos detectives?

—Uhmm… Si tuviera que decir algo, diría que yo fui el invocado por ella y, luego de hacerme ir deambulando por aquí y por allá, me dejó solo en un mundo lejano, y se fue.

Sí, en un mundo lejano.

Estoy seguro de que ni siquiera aparece en el mapa. Muy, muy lejos…

—Ya veo, también pudo ser eso. —Fubii-san entrecerró los ojos y se rio con una voz gruesa1—. Entonces, ¿ahora trabajas por tu cuenta?

—… No, no puedo hacer nada solo. Además, parece que a ellos no les importó, así que es tan pacífico que da miedo.

—Ohh, sí que eres un tipo sin corazón. Los muertos no hablan, ¿no?

No diría algo así. Porque, si lo hago, podría venir como fantasma.

—Ouch.

Un agudo dolor recorrió mis piernas.

Al mirar mis pies vi que las zapatillas de Natsunagi me estaban pisando.

—¿Qué pasa?

—Ehh… no nada. Mejor dicho, no me dejes fuera de la conversación.

No uses la violencia con alguien si no fuera nada…

—Bueno, Fuubi-san. La razón por la que vinimos tiene que ver con ella.

—¿Ella?

—Es un pronombre personal.

Fuubi-san dirigió su mirada a la persona que estaba sentada a mi costado.

—Encantada de conocerla, me llamo Natsunagi Nagisa. Vine porque acepté la invitación de Kimitzuka-kun

Kimitzuka-kun… qué refrescante suena.

Más bien, Natsunagi, sí que te comportas respetuosamente en público.

—Consulta, invitación. Bueno, está bien. Te escucho. —Fuubi-san, que replicó poco, encendió se segundo cigarrillo.

Minutos más tarde…

—Ya veo.

Cuando el relato terminó, Fuubi-san exhaló una última y larga bocanada y aplastó la colilla en un cenicero.

—Entiendo qué pasó… pero entonces, ¿por qué viniste aquí? —Entrecerró sus ojos aún más y nos miró fijamente—. Quieres que encuentre a la persona que te donó el corazón… nosotros no somos médicos.

—Si se trata de buscar a alguien, es más trabajo de la policía, ¿verdad?

—Encontrar donantes está fuera de nuestra área.

Fuubi-san se encontraba claramente de mal humor al cruzar nuevamente sus piernas.

—Lo ves, después de todo estamos en el lugar equivocado —susurró Natsunagi, dándome un codazo.

Espera un poco.

—La fuerza policial no está totalmente fuera de estos casos, ¿verdad? Más bien, sin la policía, no podríamos dictaminar la muerte cerebral de un potencial donante.

La ley exige que todos los casos en que se determine que existe muerte cerebral se comuniquen a la División de Investigaciones 1 de la Oficina de Asuntos Penales del Organismo Nacional de Policía. En relación a las autopsias, se supone que todo está bajo el control y la supervisión de los jefes de policía de cada jurisdicción. Por lo tanto, venir a la policía no es muy irrazonable. Además…

—No vine aquí para ver a la policía, vine a verte a ti.

No es como si cualquiera estuviera bien. Es algo que puedo pedirle porque es Fuubi-san.

—¿A qué te refieres al decir que viniste por mí?

—Es porque tú no eres como los demás policías, Fuubi-san.

—¿Diferente? ¿Qué parte?

Por lo menos, tu propósito.

Tú no eres como esos policías hambrientos de dinero y poder. Es por eso que, lo siento, pero no vas con el sentido común.

—No hay manera de que muestre información personal de un donante a cualquiera.

—Lo sé.

—Además, estoy en una jurisdicción distinta y no tengo el poder para revelar información en mi posición actual.

—También sé eso.

—Entonces, ¿por qué has venido a verme?

—A pesar de eso, pensé que Fuubi-san haría algo al respecto.

—… ¿Eres idiota? —Fuubi-san empezó a despeinar su roja cabellera, como si estuviera incómoda—. Tú… ya sabes, quiero subir mi rango. Por eso no quiero arriesgarme a que me atrapen haciendo algo peligroso.

—Jaja, a estas alturas dices algo como esas personas con sentido común…

—Te volaré la cabeza.

Tenía una pistola presionada en la frente.

—Yo creo que ahora estás haciendo algo peligroso…

Mira tú misma. Incluso Natsunagi está nerviosa.

—En fin, es por eso que… Lo siento señorita, pero tienes que irte —dijo mientras regresaba la pistola a su espalda y se estiraba con fuerza.

—No… por favor… por favor. Yo…

—Aunque inclines tu cabeza, las cosas imposibles son imposibles. —Mientras estiraba sus hombros, Fuubi-san se paró—. Además, estoy ocupada. Tengo planes de ir a una posada de descanso.

¿Posada de descanso? … Oh, es eso.

Natsunagi tenía una expresión perpleja, pero se lo explicaré más tarde.

—¿Vas a ver a alguien?

Fuubi-san que tenía la mano en la puerta, se detuvo.

—Es uno de esos tipos que conoces bien. Bueno, si ustedes me siguen por su cuenta, depende de ustedes.

Después de todo, es un bingo. No eres nada sincera.

—Solo por si acaso preguntaré, ¿esa persona tiene buen oído?

Al escucharme, Fuubi-san volteó su mirada hacia nosotros y dijo: —Sí, tan bueno que no olvidaría el latido de un corazón que solo escuchó por una vez.

  1. Se le llama husky voice: https://www.youtube.com/watch?v=9swePnXYIIA