—En pocas palabras, Natsuragi, dices que sientes que has estado olvidando a alguien últimamente, pero no puedes recordar a quién, ¿no es así?

En el camino de regreso, y luego de la conversación anterior, nos detuvimos en una cafetería y discutimos nuevamente los detalles sobre el encargo de Natsunagi mientras bebíamos un café.

—Así es. Hay una persona con la que necesito hablar sin importar qué…, pero no tengo la más mínima idea de quién es, ni su edad, ni su sexo, ni dónde vive… Ahh, está delicioso. —Natsunagi sonrió y se llevó la taza a la boca. Solo estaba tomando café, pero se veía tan linda como para tenerla en una imagen… estoy celoso de eso.

Ya no recuerdo cuántas veces mi antigua compañera me dijo: “Tu cara es tan poco interesante que, si no te veo en dos días, me olvidaré de ella”.

—¿…Qué? ¿Por qué me miras de esa manera…?

Como si finalmente se hubiera dado cuenta de mi mirada, Natsunagi acomodó su silla un poco. Mientras continuaba mirándome sigilosamente, acomodaba con sus dedos el dobladillo de su corta falda.

—¿…Quieres que te vea?

—¡…!

Ella me golpeó con todas sus fuerzas en la cabeza con algo parecido a un folder.

—… Eres irrazonable.

—Es porque Kimitzuka está suponiendo cosas extrañas, ¿no?… Desde hace rato que estás con esa palabra, “irrazonable”… ¿es tu palabra favorita?

—Si veo una existencia irrazonable, no puedo hacer nada más que decirlo.

Gracias a alguien, había pasado un año desde que la había usado por última vez. Incluso yo no quería utilizar… esa palabra.

—Bueno, volvamos al tema principal. —Tras dar un pequeño sorbo a mi café, continué hablando—: La persona no identificada que estás buscando, llamémosle por ahora X, sobre X, ¿no tienes alguna idea por pequeña que sea?

—Sí, ni siquiera sé por qué me aferro tanto a X. Es solo que, repentinamente, siento que quiero encontrarme con X.

Aunque ni siquiera sabe quién es…

Tras haber dicho eso, Natsuragi dirigió su mirada hacia el exterior a través de la ventana.

—Aproximadamente, ¿desde cuándo empezó eso? Quiero decir, ¿cuándo empezaste a sentir eso?, ¿cuando ingresaste al instituto, quizá?, o…

—Hace un año.

Lo dijo de una manera muy clara.

Natsunagi no sabe el sexo, la nacionalidad o la edad de X, pero no tiene dudas en cuanto al tiempo en el que empezó a sentirse así.

—¿Te pasó algo hace un año?

—Estaba moribunda y alguien me salvó la vida… no, me la dio.

El hecho de que haya corregido sus palabras significa que hay algo detrás de esas palabras.

Por alguna razón, Natsunagi se vio envuelta en una situación donde su vida corría peligro, pero no terminó en algo tan simple como para decir que su vida fue salvada.

Entonces, si es así…

—Los latidos que escuchaste en el salón, esos… no eran míos.

—Trasplante de corazón…

Natsunagi sintió levemente con la cabeza.

—Desde que era pequeña, sufro de una enfermedad del corazón. Mientras esperaba el día en que me trasplantaran uno nuevo, seguía internándome en el hospital una y otra vez… es por eso que tampoco podía ir a la escuela.

—Ya veo, es por eso que es lógico que no te conociera.

—Sí, no hay manera de que pudieras haber ignorado la presencia de una chica tan linda como yo.

—Lo siento, en realidad, tengo basura en el oído atascado desde ayer y no puedo oír nada… ¡Duele, duele, duele! ¡No agarres mi meñique!, ¡no lo aprietes!, ¡no lo rompas!

—Es porque rompiste la ilación de la historia, ¿no?

—¡¿Qué clase de lógica es esa?!

No sigas hasta con tu personaje sádico. ¡No seas codiciosa!

Natsunagi ignoró mi suspiro y continuó:

—Hace un año, finalmente pude encontrar un donante compatible y someterme a un trasplante de corazón. Desde allí es que empecé a tener vagos vistazos en mi memoria sobre X.

—Entonces, ¿has estado buscando a X por más de un año?

—No. Después de que me trasplantaron el corazón, tuve que estar en reposo por un tiempo; por esa razón, aunque quería moverme, no podía siquiera levantarme. Sin embargo, estos últimos días pude volver a la preparatoria, y allí fue cuando leí los artículos… sobre ti, Kimitzuka.

Ya veo. De alguna manera ya puedo ver el orden y el contenido de los hechos. Al parecer, este problema va a poderse resolver rápidamente.

—Transferencia de recuerdos —dije, y Natsunagi asintió levemente.

Aparentemente, no es algo con mucho sentido para ella.

Si es así, será más fácil entenderlo si lo digo de otra manera.

—La identidad de X que estás buscando… es la persona que el antiguo dueño del corazón quería ver.

—… Eso es imposible.

—Si pensaras eso, ¿por qué mencionaste el trasplante de corazón en primer lugar?

Por la presión de mis palabras, Natsunagi seguía en silencio.

—Dijiste que empezaste a sentir la presencia de X hace un año y, cuando te pregunté qué pasó hace un año, me hablaste de un trasplante de órganos que te salvó la vida. Lo que significa que tú también reconoces que hay una conexión entre X y el trasplante de corazón. ¿No es así?

—… Kimizuka, eres malo. —Ella me miró de reojo. Aparentemente, tengo razón.

—Aunque el fenómeno de transferencia de recuerdos no ha sido probado científicamente, ha habido muchos testimonios de personas al respecto. En 1988, una mujer judía llamada Claire Sylvia se sometió a un trasplante de órganos en los Estados Unidos y, unos días después, su dieta cambió drásticamente. Le empezaron a gustar los pimientos que odiaba; como era bailarina de ballet, evitaba consumir comida rápida, pero también empezó a gustarle. Luego, cuando conversó con la familia del donante, dijeron que coincidía exactamente con lo que le gustaba al hombre que había donado los órganos.

—Es solo una coincidencia, ¿no?

—No es solo eso. Claire había visto el primer nombre del donante en un sueño, y cuando lo comprobó con la familia del donante, también eso coincidió. Podría seguir dando otros ejemplos, pero… ¿todavía quieres escuchar?

—… Kimizuka, eres malo.

No importa si piensas así, si me entendiste, está bien.

—Entonces, ¿qué? ¿Estás diciendo que es mi corazón el que quiere ver a X y no yo?

—Sí, eso es lo que pienso. Por esa razón, la identidad de X debe un familiar del donante, su [email protected], un amigo, o alguien parecido…

—Ya veo… —Natsunagi puso su mano suavemente sobre su pecho izquierdo y se mordió una pequeña parte de su labio.

—Bueno, así es como fue. Con esto se terminó el problema.

La he ayudado hasta aquí, supongo que me invitará el café como pago.

Con eso en mente, me levanté, dejando la cuenta atrás, pero…

—¿Eh? ¿A dónde vas? —Natsunagi me vio con una penetrante mirada—. Si dices algo como “ya me voy”, te ‘bimataré’.

—Tu nueva palabra da miedo.

Sintiéndome presionado por su aura asesina, volví con lágrimas a mi asiento.

—Pensé que ya habíamos terminado de hablar.

—¿Cómo es que puedes llegar a esa conclusión cuando ves a una chica con una mano en su pecho y mordiéndose el labio tristemente?

—No… pensé que te inundaron emociones por la conclusión de la historia…

—Parece que te faltan algunos sentimientos como persona.

¿Mis sentimientos como persona? Hace ya un año atrás que deseché ese tipo de cosas en algún callejón de por ahí.

—Además, Natsunagi, como dije antes, no eres tú quien quiere ver a X, sino que es el antiguo dueño del corazón quien quiere. Es solo un antiguo recuerdo de cuando estuvo en vida. No es asunto tuyo.

—¡No es así! —Natsunagi golpeó la mesa y se puso de pie—. No, esto no es solo un simple recuerdo… es arrepentimiento. Aun cuando su cuerpo está muerto, quiere que yo me haga cargo, así de fuerte son sus sentimientos de encontrarlo. Yo recibí la vida con este corazón. Así que quiero al menos devolver el favor. Quiero que este corazón vea a X.

Sus palabras fueron diferentes a las de antes.

Estaba hablando con sus sentimientos, con sus verdaderas intenciones. Eso se podía ver.

—Solo es autosatisfacción.

—Sí, es autosatisfacción. Este corazón… me pertenece. Por eso quiero verlo.

—Hay una contradicción en lo que acabas de decir.

—… Silencio. De todas maneras, ayúdame.

Una toalla voló en el aire… y se me pegó en la cara.

Estaba semi seca, se sentía desagradable.

—… Supongo que obtendré mi remuneración.

Al quitarme el paño húmedo de la cara, me encontré con la mirada de descontento de Natsunagi.

—Si es eso, te dejé tocarme los pechos por adelantado, ¿no?

—¡¿Qué clase de estafa es esa?!

—Si eso no te convence, expondré tus preferencias sexuales a toda la escuela.

— Ya te dije… te devuelvo tus palabras tal y como las dijiste.

—Ugh… me preguntó si en verdad seré así…

—Es el consejo de vida más desagradable del mundo…

Dejando de lado las tonterías…

—… Bueno, dije que lo haría.

Este también es un trabajo que ya he asumido. No podemos hacer que sea un fallo.

“Los intereses de mi cliente deben ser protegidos a toda costa”.

Eso es lo que ella solía decirme.

—Entonces, te veré mañana. Nos reuniremos frente a la estación a las dos de la tarde.

—¿Eh?, ¿mañana?

—Sí, hoy ya es muy tarde.

No tuve más remedio que ponerme de pie y regresar… con la cuenta1 en mano. —Quieres ver a X, ¿no?

  1. “Pedir la cuenta” para así poder pagar lo consumido en un restaurante; esto quiere decir que, al final, se vio obligado a pagar.