—… ¡Kugh!

—¡Siesta!

Corrí hasta Siesta, que estaba en suelo debido a que había sido empujada al cubrirme.

—Kugh, no debí haber contratado a un asistente… hasta ahora, no ha sido de utilidad…

—¡Estás siendo irrazonable! ¡Tú fuiste la que me cubrió por la fuerza!

Bueno, ¡estoy de acuerdo en que no fui útil!

Pero ahora no es el momento para estas chácharas.

—¿Qué rayos fue eso…?

Los tentáculos que salían de su oreja derecha se retorcían y se movían como si tuvieran voluntad propia. Eran de un grotesco color, combinando un profundo verde y púrpura. Parecían expandirse y contraerse a voluntad, aunque no sé hasta dónde eran capaces de hacerlo.

—Es un humano artificial. —Siesta se paró, tambaleante, mientras hacía presión sobre la herida de su hombro—. Ese hombre es un miembro de la organización secreta, “SPES”. Han creado humanos artificiales usando poderes más allá del conocimiento humano y amenazan al mundo desde las sombras.

—“Humano artificial”… eso es ridículo. Entonces, ese tipo, Koumori… ¿no es humano? ¿Es un monstruo?

—Aunque solo es su oreja por ahora. No es más que un prototipo que tomaron y forzaron a entrar en un cuerpo… por así decirlo, es medio humano artificial.

—Siesta, ¿cómo sabes todo eso…?

—Como castigo por traicionar a la organización, fue penalizado.

—Por eso, Siesta, ¡¿cómo es que sabes todo eso?!

No creo que ella esté también de ese lado.

Sin embargo, mis preocupaciones fueron opacadas por la gruesa voz de Koumori.

—¡Así que sabías todo eso! Después de todo, ¡parece que sería mejor llevar tu cadáver como recuerdo!

Una vez más, los tentáculos avanzaron frenéticamente hacia nosotros.

—Asistente, atrápalas.

—¿Eh?

Mi cuerpo fue lanzado al aire.

No, para evitar el ataque, Siesta me abrazó y dio un gran salto.

Sentía sus blancos cabellos rozando mi mejilla.

Su nombre es “Siesta por la tarde”1.

Verdaderamente era una situación irreal, como la de un sueño a medio día.

—Tú, ¿en verdad eres humana?

—¿Acaso eres idiota? ¿Me veo como uno de ellos?

—Pienso que eres capaz de convertirte en uno.

—… Definitivamente, no eres popular.

No estábamos en el lugar indicado para tener una conversación tonta.

No había forma de que los 600 pasajeros no notaran ese ruido.

—¡O-oi! ¿Qué fue eso?

—¡Kyaaaaaa!

Además de los pasajeros que venían a ver la situación, los gritos y chillidos empezaron a inundarnos.

—¡Se-señor! ¡Mantenga la calma!

La azafata, cuyo maquillaje se había corrido, calmaba a los pasajeros desesperados.

Sin embargo, la situación en el avión ya parecía un infierno.

—Ahh, no hay de otra. Mataré a todos los que hagan cosas innecesarias.

—¡N-no te precipites! Si haces eso, el avión se estrellará y tú también morirás.

—Sí, dejaré que el piloto viva. Pero ¿quién eres tú?

—¡Soy el asistente de la gran detective!

Rayos, ya lo acepté. Da miedo que ya me haya acostumbrado.

—Ehh, me llamaste gran detective… Eres un buen discípulo.

—Solo fue porque así sonaba mejor2. Además, no soy tu aprendiz, soy tu asistente.

Oh, rayos. Otra vez. Qué técnica tan avanzada3.

—… ¿Qué son ellos, realmente? Es fácil decir “persona artificial” —pregunté a Siesta, que me estaba sosteniendo, mientras evitábamos los ataques de Koumori.

—Los humanos artificiales son creaciones hechas a partir de algo que funciona como núcleo. En el caso de él, este núcleo es su oreja, pero hay muchos otros con ojos, narices, dientes y otras partes que pueden utilizar como arma para pelear.

—… S-Siesta, ¿has peleado con muchos monstruos así antes?

—Es la primera vez que tengo que lidiar con uno de ellos. Más bien, en verdad no sabías nada.

—No hay forma de que un ejemplar estudiante de secundaria conozca sobre las circunstancias del bajo mundo.

—¿Acaso un estudiante de secundaria que viajaba al extranjero con un misterioso maletín dijo algo?

—Tú…, ¿cuánto sabes sobre eso…?

Así que también había puesto sus ojos en mí.

Más importante, ese maletín no tiene nada que ver con esto, ¿verdad? En serio, no sé nada de esto, ¿okey?

—Para empezar, ¿cuál es el objetivo de estos tipos…? ¿Acaso quieren declararle la guerra a Japón secuestrando un avión?

—El nombre ‘SPES’ significa “esperanza” en latín. Su propósito es traer la “salvación” —dijo Siesta mientras me sostenía en sus brazos y daba grandes saltos.

—Es como una religión sospechosa…

Al instante siguiente, los afilados tentáculos de Koumori rompieron el suelo donde estábamos antes.

Si llegara a hacer un hueco en el avión a 10.000 metros de altura, será el final, sin duda.

—No imaginé que hubiera algo que pudiera ser una amenaza de este tipo en Japón.

—Es necesario para un detective el actuar en secreto. Ninguno de tus compañeros sabe sobre mi existencia, ¿verdad?

Sin embargo, a esta distancia, podía saber que Siesta ya había usado bastante de su resistencia física debido a la forma en que respiraba.

Era algo natural, ya que está cubriendo a un bulto como yo de los ataques.

—Ja, ja. Aun así, hoy terminará todo el esfuerzo que pusiste en actuar escondiéndote.

—¿En serio? Pero ya no puedes volver a la organización, ¿verdad? Ya no puedes informarles.

—Quién sabe… Confío en que, si les muestro la información, incluso ellos, que son impacientes, lo repensarán.

—Me pregunto si realmente son tan buenos.

—Como si supieras.

Nuevamente, como una serpiente serpenteando en el aire, los afilados tentáculos se retorcían en dirección hacia Siesta.

En este avión no es posible que haya un arma para oponernos, estamos a la defensiva. Si las cosas continuaran así, nos mataría.

—¿Qué pasa? Parece que estás jadeando bastante, ¿no?

—… Pensé que estaba encubriéndolo lo suficiente como para que no se distinga a la vista.

Por primera vez, la expresión de Siesta se veía ligeramente sombría.

—Estas orejas fueron un pedido especial. Las células auditivas que están en las puntas de los tentáculos pueden oír incluso los latidos de un corazón a cien kilómetros de distancia.

—… No recolecté la información suficiente, pero no me engañarás diciendo que puedes distinguir el ritmo cardiaco.

No importa cuán gran detective seas, no puedes ser omnisciente. El sudor escurría por la frente de Siesta.

Pero ahora, no hay nada que pueda hacer…

—Si tan solo tuviera un arma.

Aunque ya lo haya dicho, estamos a 10.000 metros sobre el nivel del mar.

Es imposible conseguir objetos de otras partes. Normalmente, no se pueden llevar armas en el avión. No hay nadie en este avión que tiene en su equipaje algo que pueda servir como arma…

… No, si hay uno.

—Siesta, consígueme treinta segundos.

—¿Asistente?

—Tengo una idea.

Aunque sea ahora, no, como estamos en aprietos, mi cerebro estaba trabajando.

Esto es por la constitución que tengo desde que nací.

El número de lugares peligrosos en los que he estado es mayor que el número de panes que he comido en toda mi vida.

Estoy seguro que mi intuición, por todas las experiencias que he pasado, es la solución.

—Está bien. Más bien, como desde el inicio no te has lucido, no hay ningún problema.

—¡Esta vez me luciré un poco! —Luego de bromear con ella, corrí a toda prisa al lugar en donde estaba—. ¡Permiso! ¡Apártense del camino!

Hice a un lado a los pasajeros que estaban tratando de huir, y saqué de la maletera que estaba encima de mi asiento el maletín que traje.

Por supuesto, no sé qué hay dentro.

No sé si ayudará o no en la situación en la que estamos.

El gato dentro de la caja estará vivo o muerto.4

Pero me di cuenta que los encargados del control de equipaje de mano solo daban una mirada rápida al inspeccionar.

El nivel de seguridad de los aeropuertos de Japón me preocupa… pero, gracias a eso, es que puedo apostar por ello.

—¡Siesta! ¡Agárralo! —Sin perder ni un segundo, lancé el estúpidamente grande maletín plateado al campo de batalla usando todas mis fuerzas.

—¡C-como si te fuera a dejar hacerlo! —Al darse cuenta de esto, Koumori rompió el maletín con los tentáculos que estaban atacando a la muy herida Siesta… pero, gracias a eso, el contenido solo terminó en manos de Siesta.

—¡Buen trabajo, asistente!

Entonces, Siesta disparó a los tentáculos con el mosquete en mano.

—¡Kughh!

La apuesta fue un éxito.

Derramando un líquido grotesco, los tentáculos volvían a las orejas de Koumori.

Sin perder tiempo, Siesta redujo la distancia entre ella y él de un salto, y apuntó a la garganta de Koumori mientras lo presionaba contra el suelo.

— ¡Bang!*5 —dijo Siesta, con un rostro calmado, a Koumori, que mostraba una desconcertada expresión—. Sí, acabas de morir.

“¿Qué estás diciendo?” parecían decir a su vez los ojos de Koumori.

No sé qué está pasando. No le darás el tiro final, ¿qué estás tramando…?

—Con esto, tus compañeros ya no estarán tras de ti. Porque ahora eres hombre muerto.

—… Tú… ¡¿me estás jodiendo?!  —gritó Koumori cuando Siesta sacó el arma de su boca.

—Lo hago porque no quieres morir, ¿verdad?

—… Ja. En este punto, eso ya es imposible. Perdí contra quien se supone iba a ser mi seguro de vida. Sin dudas, me eliminarán.

—No necesitas preocuparte por eso, ya que los medios de comunicación informarán de que moriste aquí.

—¿Qué demonios eres tú…?

—Y la policía japonesa te custodiará. No te preocupes, tengo contactos en los que puedo confiar.

Koumori rio con incredulidad… Sinceramente, estoy igual.

¿Qué demonios es esta chica…? Probablemente, algo que se desvía de lo conocido como detective.

—Te arrepentirás si no me matas ahora.

—¿Por qué?

—Soy rencoroso. Voy a vengarme de toda esta burla.

—Será imposible. —Siesta se alejó del cuerpo retenido en el suelo de Koumori—. La “Bala Roja” que te disparé antes estaba hecha de mi “sangre”. Aquellos que son atacados por ella nunca serán capaces de desafiar a su maestro. En otras palabras, tus tentáculos no podrán atacarme nuevamente.

—… ¿Qué clase de trampa es esa? Maldición.

—Eso es un secreto de mi empresa.

—¿También trabajas para alguien?

Cuando le preguntó, Siesta sonrió levemente y respondió:

—No, desde que nací, tuve la constitución para ser una gran detective.

Ya veo, hay personas con peor ADN que yo en el mundo…

Pero eso dejémoslo para después.

—Disculpa por interrumpirte en un momento así, Siesta. —Decidí preguntarle a Siesta el detalle que me intrigaba de la anterior conversación—. Esa bala, que estaba especialmente hecha y contenía tu sangre, ¿…cómo conseguiste el tiempo para hacerla?

Le lancé el maletín a Siesta, Koumori destruyó el exterior, Siesta atrapó el mosquete que cayó, apuntó a los tentáculos y jaló el gatillo… en esos pocos segundos, ¿tuvo el tiempo suficiente como para poder hacerla? No, eso es imposible.

Si ese es el caso, entonces la bala ya había sido fabricada desde el principio… y, además, no hay duda que Siesta sabía sobre eso.

En respuesta a mi desagradable premonición, Siesta, con una mirada tranquila en su rostro dijo:

—Eso es porque yo fui la que te entregó el maletín y te dio la orden de llevarlo en el avión.

—¡He estado en tus planes desde el principio!

Y así comenzó nuestra historia de deslumbrantes aventuras que durarían tres años.

  1. Esta es una broma que hace el protagonista, jugando con el significado en español del alias de la chica.
  2. Aquí cabe hacer una aclaración con la manera en la que se refieren a detective. 探偵 (/tantei/) significa detective, pero aquí usan el término 名探偵 (/meitantei/) que viene a ser “gran detective”. Desde el inicio de la serie, se ha venido usando ese 2do término, pero debido a que “gran detective” suena no muy natural en una conversación en español, a diferencia de en japonés debido a su manera respetuosa de hablar, he venido traduciéndolo como detective. Un claro ejemplo de esto es que el personaje la llama “gran detective” más por costumbre que por en verdad sentir esa admiración “verdadera”, por así decirlo.
  3. Está hablando sobre su conversación. En el sentido de que tienen compatibilidad en su manera de jugar con las conversaciones.
  4. Referencia a la paradoja del gato de Schrödinger.
  5. https://www.youtube.com/watch?v=2xzY70f7YeU