—Ese fue el encuentro entre Koumori y yo… y, casualmente, mi encuentro con una ex detective.

Se extendió más de lo debido, pero le conté a Natsunagi la antigua historia entre Koumori y yo. Si hablo sobre esa historia de hace cuatro años, la existencia de mi antigua compañera inevitablemente se ve involucrada.

Hace mucho que no hablo sobre ella, y aunque no todos son buenos recuerdos, me pregunto por qué mis mejillas empiezan a formar una pequeña sonrisa.

—Ya veo… sí. Entiendo lo que pasó  —dijo Natsunagi mientras caminaba hacia atrás—. ¿No es él super peligroso? —Con la espalda contra la pared opuesta, tomó distancia de Koumori.

—Bueno, sí.

—“Bueno, sí”… ¿cómo puedes decir eso? Además, Kimitzuka, tú eres también alguien muy peligroso….

Ahora que lo pienso, no le había explicado bien a Natsunagi los detalles sobre mi constitución… pero esperaba que lo adivinara debido a que tengo conocidos en la policía y los prisioneros.

—Además, no quiero que ese hombre escuche mis latidos…

Bueno, es verdad. Ser tocado por ese grotesco “tentáculo” en el pecho puede ser un trauma insuperable para una chica de su edad. Incluso yo me opondría si estuviera en su lugar.

—No, no. Para algo como escuchar los latidos de tu corazón, a esta distancia es suficiente… mejor dicho, en verdad, ya he terminado de distinguir los latidos de tu corazón, ojou-chan.

Entonces, Koumori, sintiendo tanto el miedo de Natsunagi como el mío, se adelantó… Pero ¿qué dijo Koumori? ¿Acaso ya tiene una idea sobre quien puede haber sido el donante de Natsunagi?

—Koumori, ¿en verdad estás seguro de que conociste al antiguo dueño del corazón de Natsunagi?

—Sí, por eso es que utilicé esa vieja historia.

¿Por eso la utilizó?

Como siempre, es alguien que habla con rodeos… ¿Cómo se relaciona esa historia con la del corazón de Natsunagi? ¿Acaso quieres decir que hace cuatro años, en ese avión, se encontraba el donante de Natsunagi?

—Así que es eso —murmuró Natsunagi en la parte trasera.

—¿Qué pasó? ¿Te diste cuenta de algo?

—… No, tuve ese presentimiento. Que algo era raro.

Hablando de eso, es cierto que la primera impresión que tuve sobre Natsunagi fue de una persona rara, pero este no parece ser un buen momento para fastidiarla.

—Porque no soy el tipo de persona que haría cosas así, ¿verdad?

—¿De qué estás hablando, Natsunagi? Estas actuando extraña.

—Sí, me siento extraña. A veces no sé quién soy… siento que ya no soy yo misma. —La habitual expresión de calma de Natsunagi desapareció de su cara mientras abrazaba sus pequeños hombros—. Sí, definitivamente. Yo… no soy el tipo de persona que le haría algo así a un chico que conocía por primera vez.

Eso… ¿Se refiere a lo que pasó antes en ese salón de clases?

Entonces, ¿Natsunagi en verdad no es el tipo de chica que haría algo tan audaz?

Entonces, ¿de dónde vino esa influencia…?

Sí, ahora que recuerdo, ayer le hablé a Nagi sobre ese tipo de cosas.

—Transferencia de memoria. Eso es lo que dijiste, Kimitzuka. Por eso estoy segura de que lo que hice allí, no era yo. Seguramente, era lo que me hizo hacer el antiguo dueño del corazón.

Por esa lógica, el donante de Natsunagi era alguien que podía hacer ese tipo de cosas.

Por ejemplo, si es por seguir su justicia… para cumplir sus objetivos, no le importan los medios, la vergüenza o la opinión reputación.

Alguien que sea capaz de hacer algo tan riesgoso… solo conozco a una persona que lo pueda hacer.

Y esa persona… sí, murió hace exactamente un año.

Ahora que lo pienso, ¿cuándo dijo Natsunagi que le hicieron el trasplante?

… Oi, oi. Eso no puede ser.

Como si hubiera esas coincidencias. Eso es ridículo.

Un sudor frío recorrió mi frente. Mis extremidades se entumecieron y mis dientes rechinaban.

Detente, detente, por favor.

Ya no me persigas más.

Yo ya… no soy tu compañero.

¿Verdad? Tú ya estás muerta, ¿no?

—Hey, Watson, es vergonzoso que trates de huir de la realidad.

Al levantar la mirada, vi a Koumori mirarme con sus ojos opacos.

Parecía como si me dijera que no escapara.

—Esta es la prueba.

De las orejas de Koumori salieron los afilados “tentáculos” que ya había visto antes.

Su grotesco color era como si hubieran combinado docenas de colores, y la forma en que se movían era como la de un molusco. Te daban ganas de vomitar con tan solo mirarlos.

—Detente, Koumori.

—¿Sobre qué?

—Si la matas, te darán pena de muerte.

—Si la mato… —dijo Koumori—. Tú deberías saber que no puedo matarla con estas, ¿verdad?

—¡Detente!

El tentáculo tomó una forma más puntiaguda que antes, apuntando al corazón de Natsunagi, y, a tan solo unos centímetros antes de que la pudiera tocar, la punta se desmoronó y cayó.

Tengo un recuerdo sobre ese fenómeno.

Fue algo que dijo cierta persona hace cuatro años.

“Tus tentáculos no podrán atacarme nuevamente.”

“Aquellos que son bañados por ella nunca serán capaces de desafiarme”.

En este momento, los tentáculos de Koumori no pudieron atacar a Natsunagi… al corazón dentro de ella. Eso significa…

—Siesta, ¿eres tú?

La nostalgia que sentí cuando Natsunagi me abrazó en esa aula al atardecer.

Era porque, después de un año, me volvía a encontrar con ella. De la peor manera, volví a escuchar los latidos de mi querida compañera.

—Desde el inicio, pensé que ella había venido.

Ahora que lo dice, Koumori quería hablar desesperadamente sobre el pasado cuando llegamos aquí… pero eso era porque estaba escuchando los latidos de su enemigo.

El ciego Koumori, con solo escuchar sus latidos, confundió a Natsunagi con Siesta. Así que esa era la razón por la que empezó hablar así al inicio.

—¿Cuándo murió la detective? —preguntó Koumori con los ojos entrecerrados.

—… Hace un año. En una lejana isla de un lejano océano…

—Ya veo, es una pena que haya muerto mientras estaba con el enemigo.

—Sí, fue un final sorprendentemente insatisfactorio.

—¿Insatisfactorio? No digas tonterías. Aunque muerta, la detective ha vuelto ha aparecer en frente tuyo.

Las palabras de Koumori hicieron que mi corazón se ahogara por un momento.

Siesta volvió a aparecer otra vez… Oh, ya veo, ciertamente, es un desenlace de una historia romántica.

Pero, en el caso de ella, eso no sería así.

Ella no haría algo como basar su razonamiento por simples emociones

Ninguna de esas cosas encaja con esa inteligente detective.

… Además, fui un pésimo asistente.

Ahh, lo admito.

A pesar de que me quejaba de muchas cosas… la verdad es que Siesta era increíble y yo era todo lo contrario. Soy consciente de ello.

Yo solo era una sombra.

No era más que la sombra de esa hermosa chica de ensueño que bailaba bajo la luz del sol.

Es por eso… es por eso que sí.

No tengo permitido hablar de esa manera sobre Siesta apareciendo otra vez frente a mí.

Estoy seguro de que ya se ha olvidado de mí.

—Es coincidencia —murmuré sin mirar a Koumori, seguramente hablando para mí mismo—. El que haya conocido a Natsunagi, el que el corazón de Siesta estuviera dentro de Natsunagi, todo solo es…

En ese momento, una bofetada llegó a mi mejilla.

—… ¿Eso también es la voluntad del antiguo dueño del corazón, Natsunagi?

—¡No!

Cuando la miré, Natsunagi estaba llorando.

—¡Esa fue mi intención! Porque quería golpearte, ¡te golpeé!

Sus ojos estaban rojos, su expresión era un desastre y gritaba mientras su saliva salía volando.

—Kimitzuka, tú…, ¡dilo otra vez! ¿Coincidencia? ¿Crees que el que nos hayamos encontrado es coincidencia? ¡No me jodas! Este reencuentro… ¡no uses una palabra tan azarosa como coincidencia, ni hables como si no tuviera que ver contigo! ¡Esto son los recuerdos! ¡Estuvo contigo por tres años, e incluso muerta, lo único que este pequeño corazón quiere es estar contigo! Todo este tiempo, yo… este corazón te estuvo buscando a ti, Kimitzuka Kimihiko. ¡Solo para volverte a ver…! Eso, eso… ¡No lo simplifiques diciendo que es solo una coincidencia! ¡No te burles de los sentimientos de la gente!

Cuando me di cuenta, estaba abrazando ese delgado cuerpo.

Ya veo. Eso era.

Fue como dije… el corazón dentro de Natsunagi estuvo buscando a alguien.

Natsunagi… su corazón, todo este año, estuvo buscando a X, quien no era nadie más que yo.

Siesta quería verme.

—¿Estás allí?

No hubo respuesta, era obvio.

Ya que la detective ya está muerta.

Sin embargo…

—Ha pasado mucho tiempo, Siesta.

El calor que contenía este pecho ciertamente era de ella.

—En realidad, hay muchas cosas que quería decirte.

Lo duro que fue desde que me convertí en tu asistente.

Me hiciste llevar armas ilegalmente, empezamos una pelea con poderes contra una organización misteriosa, nuestros nombres se esparcieron en el bajo mundo, viajé contigo por el mundo durante tres años, no recibí ningún pago mientras vivíamos el día a día, luchando contra humanos artificiales, durmiendo a la intemperie incluso cuando había huracanes, descansando ocasionalmente en la cama de un resort con lo que ganamos en un casino, para luego al día siguiente seguir como pobres, caminando por los desiertos, a travesando las selvas, pasando las montañas, cruzando los océanos, y también… también…

—… ¿Por qué fuiste la primera en morir, idiota?

No era como si me gustaras.

Tu tampoco lo hacías, ¿no?

Tú y yo no éramos novios, y estoy seguro de que ni siquiera éramos amigos.

Solo una detective y su ayudante… solo una extraña pareja de compañeros.

Pero, ¿sabes?

Tú fuiste la que me invitó.

No te mueras antes que yo.

Debiste haberte despedido antes de irte.

—No. ¿Es por eso que volviste?

Para decir adiós.

O acaso es…

—Será un gusto a partir de ahora también, ¿sí? —dijo Natsunagi al separarse de mi cuerpo.

Esa expresión… no, debe ser una equivocación.

Parecía nostálgica, una sonrisa de un millón de puntos.