El fresco y apacible aire de las ruinas le dio la bienvenida a Subaru con extraña tranquilidad.

El castañeo de sus zapatos resonaba con todos y cada uno de los pasos. El eco disonante de su andar estaba causando inquietud en Subaru, pero también le ayudaba a mantener la cordura.

Cuando ya no podía ver nada adelante, aquellos sonidos eran la única cosa que le recordaba de su existencia.

—…

El lugar estaba completamente envuelto en oscuridad. Bastante tiempo había pasado desde que perdió el rastro del muro que antes encontró a tientas. Caminó y caminó un largo sendero sin fin; para Subaru, era como si estuviera parado en la misma posición sin avanzar, como si sus movimientos fueran meras alucinaciones.

Escuchar los pasos extinguía dicha preocupación. Más importante, la razón por la cual él estaba aquí lo incitaba a seguir adelante.

Continúo caminando, confiando en los ecos de sus zapatos. No podía parar… él mismo no se lo permitiría. No importaba qué tan profundamente la resignación se hubiera plantado en su corazón, no importaba cuán pesada fuera la carga sobre sus hombros, tenía que apretar sus dientes y seguir caminando.

Si no lo hacía, ¿cómo podría volver a darle la cara?…

—… Ya veo. Este es el deseo que te impulsa. Es muy curioso, debo decir.

De repente, una voz resonó.

En el momento en que la escuchó, Subaru se congeló. La eternidad sin fin que sentía se desvaneció.

En un abrir y cerrar de ojos, la oscuridad que pensó continuaría por siempre se desvaneció rápidamente, mientras el mundo que había sido drenado de color ahora parecía pintado de una deslumbrante variedad de ellos. Había un pastizal verde debajo de sus pies y un cielo azul despejado que se extendía por encima, Subaru se dio cuenta de que estaba parado sobre una llanura verde que no debería haber estado allí.

Sintió una suave brisa acariciándole el cabello, y entonces su garganta se contrajo por la conmoción.

—… Ngh.

—¿Podrías, por favor, dejar de jugar y venir aquí?

Mientras Subaru yacía ahí congelado, una voz lo llamó desde atrás.

Cuando se dio la vuelta, notó una pequeña loma. En la cima, una sombrilla se había colocado para dar sombra a una mesa blanca y a una silla…, y en ese asiento vio a una chica.

—…

Su figura le lleno la mente con pensamientos de blanco; era un blanco puro, como si todo el color hubiera sido lavado de su existencia.

El largo cabello que le llegaba hasta la espalda y su piel apenas expuesta eran como porcelana, más que suficiente para llamar la atención; un vestido de denso negro cubría sus delgadas extremidades, era como el atuendo que alguien podría usar en un funeral; sus ojos negros brillaban con un extraordinario intelecto: eran los únicos que parecían demostrar que la efímera chica esta allí.

Blanco y negro: Su belleza extraordinariamente cruda se emitía con solo esos dos tonos.

Bastaba con una mirada a su cautivadora apariencia para poner a cualquiera bajo su hechizo… Pero la mirada de esta chica infundió un miedo abrumador en el alma de Subaru, algo que nunca había sentido antes.

Ni siquiera su primer encuentro con la Ballena Blanca lo había impresionado de esta manera.

—Cielos, no me digas que te he sorprendido.

—…

Subaru no dijo ni una palabra a la chica que se había acercado tanto a él. Cuando ella vio su reacción, se le llenaron los ojos de regocijo. La chica hizo una pausa antes de asentir, aparentemente analizando de la situación.

—Aah, ya veo. Primero tengo que presentarme. Qué embarazoso. Hace tiempo que no hablo con nadie, parece que las emociones se apoderaron de mí.

A diferencia de su tono de voz, la expresión de la chica apenas cambió cuando sus pequeños hombros bajaron ligeramente.

Ella se giró hacia Subaru, que estaba en silencio y congelado en completo terror, luego se llevó una mano al pecho mientras se presentaba tranquilamente.

—Mi nombre es Echidna…

Los labios de la chica se suavizaron en una pequeña sonrisa mientras agregaba: —¿O quizá sería mejor decir que soy la Bruja de la Avaricia?

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