Parte 1

Para Subaru, el cielo nublado de encima parecía un preciso reflejo de su mente.

—Este lugar se sentirá más vacío sin usted.

Con Subaru de pie frente a la puerta de la mansión, una mujer con vestido pronunció aquellas palabras solitarias.

La mujer era inconfundible, con un largo cabello lacio de color verde y ojos ámbar con forma de almendra.

Subaru no podía dejar de lado la inquietud por la delicada forma en que Crusch Karsten bajaba los ojos débilmente como el estereotipo de una correctísima doncella.

A pesar de saber muy bien por qué esto estaba pasando.

—Crusch, estoy agradecido de escucharte decir eso, pero…

Subaru se rascó la cabeza mientras apartaba la mirada, mirando hacia enfrente en su lugar.

Múltiples carruajes de dragón estaban formados en las tierras de la propiedad de Karsten; a bordo estaban los aldeanos que evacuaron a la capital real para escapar del culto bajo el mando de Petelgeuse. El arzobispo de la Pereza había sido derrotado, lo que significaba que era seguro regresar a la mansión y a la aldea Earlham ahora. Por esta razón, estaba agendado el viaje de vuelta a la aldea; Subaru los acompañaría de regreso al feudo Roswaal.

Dicho sin rodeos, una montaña de problemas yacía ante ellos, incluso dejando de lado al Culto de la Bruja. El cambio repentino de Crusch era uno de ellos, pero…

—Odio irme en un momento como este, pero nada se resolverá si me quedo aquí. Tampoco quiero abusar de su hospitalidad.

—Si se trata del maestro Subaru Natsuki y la señorita Emilia, no me importaría que se quedaran en mi residencia todo el tiempo que deseen… Pero, al parecer, no es una opción.

—Aceptaré tus amables palabras y lo dejaré así. Ambos tenemos muchos asuntos que resolver ahora mismo, ¿cierto? Especialmente tú, ya que hay que tratar con el equipo de esa codiciosa comerciante. Si no lo manejas con cuidado, te quitarán todo el crédito por la Ballena Blanca y Pereza.

Rechazando la petición de Crusch, Subaru la incitó a ser cautelosa con los seguidores de Anastasia.

Sería más preciso decir que la victoria sobre la Ballena Blanca y el arzobispo de la Pereza era una operación conjunta de las fuerzas de tres candidatas reales. Sin embargo, por el momento, Anastasia era la única que surgió como una clara vencedora.

La facción Crusch había establecido supremacía sobre enemigos que habían quedado invictos durante más de cuatro siglos…, pero el precio que su líder, Crusch, pagó no era bajo. Subaru y los otros seguidores de Emilia que habían liderado el camino hacia la derrota de Pereza también habían sufrido bajas. Subaru no diría que su pérdida era tan crítica como la que soportaron Crusch y su gente, pero, al menos, Subaru había sufrido una herida grave que lo hacía agonizar en ese mismo momento.

Mientras tanto, la facción de Anastasia tenía tanto a la candidata como al caballero intactos incluso después de jugar un papel importante en el combate de ambos enemigos, recibiendo un daño mínimo y cosechando grandes recompensas.

En consecuencia, todos tendrían que estar atentos a los movimientos de Anastasia a partir de ese momento. Esa era simplemente una razón más para mantener el secreto en torno a la alianza entre la facción de Emilia y la facción de Crusch.

—Necesitamos regresar y poner todo en orden antes de discutir cualquier cosa. Tenemos que hablar un poco con Roswaal, el patrocinador de Emilia, y también quiero llevar a los aldeanos preocupados a casa.

—Debe ser un momento difícil para las familias que se han separado. Sería mejor si pudiera ayudarlos.

Crusch le dejó ver una leve y fugaz sonrisa mientras volvía la mirada hacia los aldeanos a bordo de los carruajes de dragón.

La mitad de la aldea había sido evacuada hacia la Capital real; la otra mitad había sido evacuada a un área segura por una ruta separada. Tal como Crusch había mencionado, las familias se habían separado por la conmoción. Subaru quería reunirlas lo antes posible.

—Volveré a la capital una vez que arreglemos eso. Supongo que este es el adiós por el momento, entonces.

—Sí, estaré esperando. Cuando llegue ese momento, me complacerá finalmente pagar el gran favor que le debo.

—Ay, estás haciendo un gran alboroto por nada. Nos estamos ayudando mutuamente, eso es todo. Además, ya tengo mi recompensa.

Subaru puso una sonrisa torpe para Crusch mientras señalaba el carruaje de dragón en la cabeza de la formación. Este carruaje parecía de una clase más alta que el resto y tenía un dragón de tierra negro azabache atado al frente.

El dragón negro de tierra era lo que Subaru había recibido como recompensa por su participación en la caza.

—Pide muy poco. Nadie hubiera pensado que pediría un solo dragón de tierra como recompensa por derrotar a una de las tres grandes bestias demoníacas.

—Oye, le debo mi vida a esta dragona. No he estado con ella por mucho tiempo, pero con ella he estado más cerca que nadie de la frontera entre la vida y la muerte…, y tal vez la culpa la tenga yo por ser una terrible molestia para Patlash, pero…

—Es una preocupación innecesaria, creo yo.

Mientras hablaban, Subaru y Crusch vigilaban a la dragona de tierra, Patlash. Ese fue el momento en el que el viejo espadachín, Wilhelm, se acercó y expresó dócilmente su desacuerdo.

Habiendo terminado de verificar el estado de los carruajes, el Demonio de la Espada hizo una reverencia cuando se unió a la conversación.

—Se dice que la raza Diana es la más temperamental de todos los dragones de tierra, y pocos se encariñan con alguien en tan poco tiempo. Parece que sir Subaru y este dragón terrestre no podrían ser más compatibles.

—Supongo que tienes razón en eso. Cuando estaba eligiendo una montura antes de la pelea con la Ballena Blanca, solo la elegí por instinto, pero…

La parte de la compatibilidad era probablemente un hecho. Subaru sentía que era una combinación hecha en el cielo. No creía que pudiera haber derrotado tanto a la Ballena Blanca como a Pereza con ningún dragón de tierra si no era con Patlash. Subaru había sido salvado por esa dragona sabia tantas veces que estaba convencido.

—En otras palabras, ¡no estaré satisfecho con ningún dragón de tierra que no seas tú…

Cuando Patlash se acurrucó cerca, Subaru le acarició el cuello con renovada gratitud. Mientras lo hacía, ella frotó el lado de su cara orgullosa contra él, lo que desafortunadamente hizo que sus escamas duras se sintieran como una lima deslizándose contra la mano de Subaru.

—¡Guaaah! ¡Esas escamas duelen más de lo que imaginé! ¡Ahora sé lo que deben sentir los rábanos cuando corren contra un rallador!

—Hmm, los dragones de tierra encuentran ese juego bastante agradable. Esta es simplemente otra forma de profundizar la confianza mutua.

—¡¿Lo dices en serio?! ¡¿Eso no hará que el poder en esta relación sea como cuando un gato juega con un ratón?!

Quizá, incluso con la dragona de tierra rebanándole la mano, esto era un juego de niños para Wilhelm. La buena cara del Demonio de la Espada para con el asunto hizo que Subaru se rascara la cabeza con una expresión culpable.

—Bueno, dejando a un lado por ahora la cuestión de cómo Patlash y yo deberíamos llevarnos bien… Wilhelm, es triste, pero tengo que decirte adiós por un tiempo también. Cuida bien esa herida, ¿de acuerdo?

—Gracias por su preocupación… Viendo como el sangrado ha cesado en gran medida, parece que ahora estoy más lejos de los efectos del Ángel de la Muerte. Es difícil para mí hablar de eso como algo afortunado, pero…

Discutían sobre el hombro izquierdo de Wilhelm…: el lugar donde su esposa, la anterior santa de la espada, lo había herido.

El hecho de que su vieja herida se hubiera abierto llenó los ojos del Demonio de la Espada con un torbellino de emociones complejas. En cuanto a lo que significaba, no había manera de averiguarlo, excepto interrogando al arzobispo de los siete pecados capitales que había atacado a Crusch.

El arzobispo de la Gula; si algo aparte de la Ballena Blanca había sido responsable de la muerte de la esposa del Demonio de la Espada, ese arzobispo era el principal sospechoso. Y, teniendo en cuenta la doctrina del Culto de la Bruja, Subaru y sus amigos seguramente se enfrentarían con ellos nuevamente algún día. Los del Culto eran el verdadero enemigo de su alianza.

Tenían que derrotar al Culto de la Bruja y recuperar lo que se había perdido: los recuerdos de Crusch y más…

—Subawuuu, he asegurado a Rem a la cama. Ven a verlo tú mismo.

Con sus pensamientos interrumpidos por el llamado de su nombre, Subaru se giró hacia el que habló. Era el caballero de Crusch, Ferris; sus icónicas orejas de gatito de color lino eran visibles mientras se asomaba de un carruaje de dragón.

Obedeciendo al llamado de su mano, Subaru se acercó y miró hacia el interior. Tras examinar, se dio cuenta de que los asientos habían sido retirados del interior del amplio carro y reemplazados por una cama simple.

Una muchacha solitaria dormía en ella. Verla hizo que a Subaru le doliera el corazón.

En lugar de su atuendo habitual de sirvienta, el cuerpo de la joven de cabello azul estaba envuelto en una fina manta de color aguamarina. Había quedado inconsciente en un sueño del que nunca se despertaría. Su propia existencia fue olvidada por las personas que la rodeaban…

—Rem no se va a caer por la puerta trasera ni nada mientras nos estemos moviendo en el camino, ¿verdad?

—Te digo que ya hice que fuera prioridad evitar que eso pase. Lo creas o no, Ferri es un genio sanador, así que es considerado con todos los pacientes… Aunque no estoy seguro de que llamar a Rem paciente sea… preciso.

Miró la cara de la chica mientras ella aparentemente dormía en paz, y los hombros de Ferris se hundieron.

Aunque su tono de voz era alegre, el rostro de Ferris mostraba una profunda tristeza inocultable y una decepción consigo mismo. Subaru no era el único al que le molestaba ser impotente. Aquí había otro que sentía un gran dolor al no poder hacer nada para ayudar.

Ferris aún lamentaba su incapacidad para proteger a su maestra cuando más importaba.

—¿Realmente regresarás a la mansión?

—Sí. No es que Rem vaya a curarse si se queda en un lugar como este… Ah, no quise decir eso para sonar grosero.

—Está bien, Subawu. Lo entiendo. Eres una persona tan terrible, miau.

Ferris forzó una sonrisa cuando Subaru intentó explicar su pobre elección de palabras. Después de eso, sus ojos se pusieron más serios de inmediato al mismo tiempo que empujó un dedo hacia Subaru.

—Más importante aún, no es solo Rem la que necesita descansar. Tú también, Subawu.

—¿Yo también?

—Sí. ¿Olvidaste por qué viniste a la capital real, en primer lugar? Esta vez, toda la conmoción con Pereza te hizo abusar de tu puerta… ¿Tu cuerpo se siente… pesado?

—No, no especialmente, pero…

Cuando Ferris hizo la pregunta, Subaru estiró el cuello y los hombros, y respondió que no había problemas aparentes. Sus heridas externas ya habían sido tratadas, lo que significaba que su cuerpo se sentía bien. En cuanto a la preocupación de Ferris por su puerta…

—En primer lugar, no confiaba en la magia para la vida cotidiana, así que realmente no voy a extrañarla.

—Es algo que solo un usuario no mágico diría. Hablando por mí mismo, creo que usar magia es algo bueno, incluso si es solo en emergencias… Bueno, si no estás preocupado por eso, está bien.

Ferris suspiró con resignación ante la indiferencia de Subaru y su falta de sentido del peligro.

—Pero quiero decirte que nada ha cambiado. No debes abusar de tu puerta usando magia. Recuerda mis palabras: el veneno dentro de la puerta se ha sacado sin dejar rastro, pero eso no significa que haya sanado. Veamos. Deberías descansar tu puerta durante… dos meses.

—Dos meses, ¿eh? Un obstáculo bastante bajo para un ser humano que ha vivido durante diecisiete años de su vida sin ninguna magia.

Fue entonces cuando Subaru recordó que, técnicamente, ni siquiera habían pasado dos meses desde que fue invocado en este nuevo mundo. Aunque en lo personal había experimentado algo así como cuatro meses, cronológicamente hablando eran alrededor de dos…

Cuando reflexionó sobre todo lo que había sucedido durante esos meses, no estaba seguro de si dos meses de descanso eran un obstáculo bajo o uno alto.

—Bueno, no hay forma de que incidentes como ese continúen sucediendo… Espera, ¿esa fue una bandera de evento justo ahora?

—Desafortunadamente, curar el interior de tu cabeza está fuera de la especialización de Ferri, miau.

Mientras Ferris desataba un trato verbal pesado sobre él, Subaru temblaba. Tener esta reacción física hizo que Subaru se diera cuenta de que necesitaban poner fin a la charla. Extendió una mano hacia Ferris.

—¿Miau?

—Has sido de gran ayuda. Creo que nunca lo expresé apropiadamente. Curaste mis heridas y mi puerta, pero, más que eso, nunca habría superado a la Ballena Blanca y a Pereza sin ti… Gracias por lo de Rem, también.

—… Probablemente no quisiste decir eso de una manera mezquina o sarcástica, pero así es como suena, miau.

—En el momento en el que lo dije, también pensé que salió totalmente de esa manera.

Pero era gratitud genuina. Ciertamente, Subaru tenía sus diferencias con Ferris, y cada uno había supuesto una amenaza existencial para el otro en algún punto. Pero, cuando Subaru lo sumó todo, su gratitud hacia Ferris superó con creces a cualquier resentimiento.

Por un momento, Ferris permaneció en silencio, mirando la mano que Subaru le había ofrecido. Entonces…

—… ¡Tus dedos son delgados! ¡Tu mano es superpequeña! Supongo que no puedo decir «¡oh, tus dedos son lo único varonil en ti!».

—Ferri es adorable, ¡¿por qué esperabas algo así?!

Después de un momento de vacilación, compartieron un apretón de manos que dejó a Subaru sorprendido por la sensación de la mano de Ferris mientras este lucía una sonrisa sospechosamente encantadora. Cuando agregabas a la fórmula sus delgadas extremidades y piel clara, Ferris parecía una doncella hermosa e ideal…

—Pero sigues siendo un chico. Maldita sea, qué demonios…

—Oye, es la señorita Crusch la que quería que Ferri usara esto. Dijo que el atuendo me queda bien y me hace brillar al máximo… Además, refleja todo mi cuerpo y espíritu.

—Pero eso no es…

«Algo que sepa esta Crusch», Subaru estuvo a punto de decir, pero se detuvo a medio camino.

Ferris lo sabía sin que Subaru tuviera que decirlo. No era algo para lo que bastaran simples palabras. Si Subaru hablaba por hablar y actuaba como si entendiera, solo lograría molestar a Ferris.

—Independientemente de lo que ocurra con la selección real, protegeré a la señorita Crusch pase lo que pase.

—… ¿Eh?

Las inesperadas palabras frías que llegaron a los oídos de Subaru lo llevaron al silencio.

Fue un susurro silencioso, haciendo eco de las emociones que se habían congelado. A pesar de que había estado hablando con Ferris hasta ese momento, Subaru tardó un momento en darse cuenta de quién había dicho esas palabras.

Ferris bajó la cabeza; Subaru no podía verle los ojos detrás del cabello. Pero la palma de la mano que Subaru sostenía estaba muy caliente.

—¿Ferris?…

—Y por eso tienes que cumplir tu promesa, ¿verdad, Subawu?

Sin embargo, esa ominosa presencia duró solo un momento. Subaru todavía estaba sin palabras cuando la cabeza de Ferris pareció recuperarse; su comportamiento volvió al mismo de siempre. Sus ojos tenían un brillo travieso mientras continuaba.

—Será mejor que lo hagas, o te haré sufrir antes de matarte haciendo que el maná dentro de tu cuerpo se vuelva loooco.

—¡¿Podrías dejar de decir cosas lo suficientemente aterradoras como para matar gente con una voz tan linda y esa cara tan bonita tuya?!

Ferris retiró la mano, se echó a reír al mismo tiempo que desembarcaba del carruaje de dragón, y luego se hizo una reverencia. Subaru se sintió perder los estribos con solo mirarlo, aunque ese breve instante en el que había visto un lado desconocido de Ferris todavía pesaba mucho en su pecho.

Esas intensas palabras tenían que ser cómo se sentía realmente Ferris, una expresión tanto de su tenacidad como de su resolución.

Y Subaru no era un espectador en el asunto, eso era lo que ambos creían.

—Ah, Subaru. ¿La cama de Rem está lista?

Fue justo después de que Ferris saltó del carruaje de dragón que Emilia apareció en la puerta principal.

Cuando los carruajes de dragón estaban listos para partir, Emilia se acercó. Su cabello plateado estaba recogido en una trenza triple.

—¿Está todo bien? ¿Aguantará hasta que regresemos a la mansión?

—No hay problema. Patlash y yo estamos entusiasmados y listos para conducir haciendo algunas acrobacias. Haré un caballito.

—Realmente no entiendo por qué, pero tengo un muuuy mal presentimiento sobre este «caballito», así que lo prohíbo.

—Aww, eso es muy malo. Y yo que estaba planeando usar una conducción arriesgada para hacer que el corazón de Emilia-tan se agitara con el efecto del puente colgante.

Respondiendo con bromas típicas, como solía hacerlo, Subaru le dio al carruaje de dragón un golpecito para tocar madera. Su respuesta hizo que los ojos violetas de Emilia se preocuparan un poco, pero ella no dijo nada.

—Sí. Como sea, aunque con algunos remordimientos persistentes, es hora de llevar este espectáculo a la carretera, ¿miau?

Con un aplauso, fue Ferris el que puso fin oficialmente a la incómoda pausa. Cuando todos los ojos se concentraron en él, la atención se dirigió de inmediato a Crusch, de pie junto a él.

—Ahora, señorita Crusch. Si tiene algo que decirle a la señorita Emilia…

—Sí, supongo que sí.

Con Ferris cediéndole el escenario, Crusch dio un paso adelante. Con los hombres que le servían —Ferris y Wilhelm— a su espalda, ella se volvió el foco de atención mientras se giraba hacia Subaru y Emilia.

—Primero, aunque lo he dicho muchas veces, estoy profundamente agradecida con ustedes dos. Puede que haya perdido mis recuerdos, pero creo que es gracias a su cooperación que nuestra vida se ha conectado, debe estar interrelacionado con mis deseos desde antes de olvidar todo. Muchas gracias.

—E-en absoluto… No hay nada que necesite agradecerme con tales palabras, señorita Crusch. Pasé la mayor parte de los últimos días fuera de sintonía en vez de hacer algo.

—Es un hecho que estabas fuera de la ruta de los eventos principales. Pero relájate, ¿bien? Conseguí hacer muchas cosas bien. Cualquier crédito que gane te pertenece, Emilia-tan.

—Todos los pecados de Subawu también le pertenecen a la señorita Emilia, miau.

—¡No toques mis cicatrices!

Cuando Subaru hizo su movimiento para tranquilizar Emilia, que pedía disculpas, Ferris se insertó rápidamente en la conversación, burlándose de él por lo que había sucedido en el palacio real. Las risas estallaron frente a la puerta en el instante en que Subaru levantó la voz.

Unos días antes, Subaru ni siquiera habría soñado con reírse de esos eventos.

Por supuesto, eso no significaba que pudiera olvidarse sin más de cómo y por qué había adquirido esas cicatrices, pero…

—Todo está bien. De aquí en adelante, tengo muchas cosas de las que necesito hablar adecuadamente con Subaru.

—…

Emilia, la única que no se rio, pronunció esas palabras con sinceridad en los ojos.

Parecían decir que, independientemente de los resultados de las acciones de Subaru, ella los enfrentaría de frente. Esta era la prueba de que realmente había aceptado a Subaru. En nombre y hecho, Subaru realmente estaba a su lado.

—Asegurémonos de encontrarnos nuevamente en un futuro cercano. Señorita Emilia, maestro Subaru Natsuki, creo que mantendremos relaciones amistosas durante mucho tiempo.

Crusch sonrió amablemente mientras ofrecía esas palabras, dirigiendo hacia la pareja una mirada que no dejaba lugar para la falsedad.

Incluso después de haber perdido los recuerdos, su nobleza permaneció intacta. Crusch, cuya existencia irradiaba honestidad, no trataba con mentiras ni vanidades.

Quizá eso se había transmitido dolorosamente claro. Emilia bajó los ojos; los labios le temblaban.

—Yo… soy una candidata en competencia con usted, señorita Crusch. Incluso con una alianza, algún día volveremos a ser enemigas.

—Sí. Debo esforzarme por dar lo mejor de mí para no perder contra usted, señorita Emilia.

—Además de eso, soy mitad elfo, con el pelo plateado, además… ¿No tiene… miedo de mí?

—Emilia, eso es…

Subaru trató de detener lo que fuera que ella intentaba decir, pero, cuando vio la expresión de Emilia, no dijo nada más.

Emilia había planteado esa pregunta con una mirada desesperada y seria en los ojos. En ese punto, nadie que entendiera una pequeña fracción de sus sentimientos podría intervenir sin pensar.

Además, Subaru conocía a Crusch… y sabía que, incluso ahora, su alma permanecía serena.

—… El valor del alma está determinado por el valor de las acciones de la persona. Ya sea por uno mismo o por los demás, todos deberíamos vivir de la manera que nos haga brillar más, para vivir de un modo que no acarree vergüenza sobre nuestra alma.

—…

—O, más bien, aparentemente solía decir eso a menudo. Al escucharlo ahora…, desde la perspectiva del oyente, las palabras suenan bastante pretenciosas, ¿no?

Incapaz de evitarlo, Crusch dejó escapar una sonrisa mientras hablaba de su propia declaración pasada. Mientras escuchaba las palabras, Emilia había apretado los labios en silencio, probablemente considerándolas emblemáticas de una muy profunda verdad.

—Señorita Emilia, ¿cree que la forma en que vive ahora es vergonzosa?

—… Yo… no. He vivido hasta ahora creyendo que, independientemente de lo que otros piensen de mí, al menos, no debo odiarme a mí misma.

—Entonces, no tiene nada que temer ni lamentar. Sea mejor cada vez, esfuércese más y camine de frente, fiel a su propio camino; posee un… alma maravillosa.

Una vez que terminó de hablar, Crusch le ofreció la mano a Emilia.

—Me complace haber tenido la oportunidad de conocerla. No siento miedo.

—¡…!

Como si sintiera dolor en el pecho, a Emilia se le tensaron las mejillas mientras miraba fijamente a la mano de Crusch. Crusch esperó en silencio por la respuesta de Emilia, sin ningún intento de apurarla.

Finalmente, Emilia tocó muy muy suavemente la mano de Crusch, intercambiando un apretón de manos con ella.

—Espero que conserve su buena salud. Espero verla pronto de nuevo.

—Yo… No, yo también. Seré capaz de permanecer firme ante usted cuando llegue ese momento, señorita Crusch. Hasta entonces, por favor, que esté bien.

Las dos candidatas reales juraron hacer lo mejor posible e intercambiaron promesas de reunirse nuevamente.

Mientras las veía desde un lado compartir esos juramentos, a Subaru se le llenaba el pecho de una sensación de logro. Subaru había sufrido, luchado y soportado mucha agonía. Este fue el momento en el que finalmente obtuvieron algo tangible por ello.

No había podido lograr un final perfecto, pero…

—No quiero arrepentirme de nada de lo que he hecho, tampoco quiero olvidar lo que he logrado y hacerte sentir que de alguna manera es tu culpa.

Subaru miró hacia el carruaje de dragón antes de cerrar los ojos, imaginando a la durmiente Rem.

Este era un lugar para celebrar. No podía usar a Rem como excusa para sentir pena de sí mismo. Ella tampoco querría algo así…, o tal vez él era egoísta al pensar eso.

—Maestro Subaru Natsuki, espero que usted también conserve una buena salud. Rezo desde el fondo de mi corazón para que… sus futuras astucias ayuden a esta chica a recuperarse lo antes posible.

—No es realmente algo bueno si requiere de mis métodos, en primer lugar… Soy un hombre inútil, excepto en situaciones extremas, cuando pido prestada la ayuda de alguien para hacer las cosas… Lo que le pasó a Rem y lo que te pasó a ti, Crusch, no son problemas de otra persona. Me aseguraré de encontrar una manera.

Crusch sonrió amablemente, buscando un apretón de manos de Subaru también. Demasiado avergonzado como para colocar su mano sobre la que ella le ofreció, Subaru no le estrechó la mano; en cambio, él choco brevemente su palma con la suya.

Sonó un sonido pequeño y seco, y, con eso, el contacto entre Subaru y Crusch se dio por acabado.

—Ciertamente nos veremos de nuevo.

Dichas estas palabras, la señorita Crusch y sus partidarios hicieron una reverencia, viendo a Subaru y compañía partir.

Parte 2

Una atmósfera escabrosa y sofocante llenaba el carruaje de dragón durante el camino de regreso a la mansión.

—…

Crusch había agregado el gran carruaje de dragones a Patlash como parte de la recompensa de ella para Subaru. Suficientemente amplio como para acomodar a diez pasajeros, era una exageración total, con mucho espacio de sobra.

En el momento, los únicos ocupantes eran Subaru, Emilia y Rem, que dormía en una cama simple. Con Subaru sentado al lado de la princesa durmiente y Emilia alejada a una corta distancia, en silenciosa consideración por la inconsciente Rem, un aire bastante incómodo se había extendido por todo el carruaje.

—… Se siente como que fue un error poner a los mocosos en un carro diferente, ¿eh?

Los niños del pueblo que habían montado en el carruaje de dragones con ellos en su camino a la capital estaban en uno diferente para el viaje de regreso. Lo había arreglado así en consideración de los aldeanos, pensando que no querrían escuchar las conversaciones relacionadas con la selección real, pero esto le había resultado contraproducente.

Ciertamente, había mucho de lo que debían hablar. Pero el hielo estaba lejos de ser rot…

—… Em, por casualidad, ¿la ausencia de un tema los pone en apuros? Este silencio opresivo, este ambiente pesado, simplemente no puedo soportarlo.

—¿Por qué metes tu nariz de repente? Espera, ¿estabas aquí?

—¡Lo estaba! ¡Por supuesto, he estado aquí todo el tiempo! En primer lugar, ¿cómo cree que terminé cooperando con usted y siendo atacado por el Culto de la Bruja, señor Natsuki?

—¿Por una afición personal tuya?

—¡¡Ni siquiera un gato tiene suficientes vidas para ese tipo de pasatiempo!!

Mirando a través de la ventana intermedia desde el asiento del conductor y dejando volar una cantidad grandiosa de saliva estaba un joven…, era el comerciante Otto Suwen, que había cooperado en la batalla final contra el Culto de la Bruja.

Subaru le sonrió maliciosamente a Otto, que se ofreció a acompañarlos como su cochero para el viaje de regreso.

—Estoy bromeando. Tu objetivo es hablar con Roswaal y hacer que compre toda tu carga. No lo olvidé.

—Realmente cuento con usted. ¡En verdad, mi vida depende de ello!

Otto estaba nervioso por el gran momento decisivo, pero Subaru no podía ver ningún futuro para él, salvo uno donde Roswaal lo llevaba por la nariz. Habiendo sido ayudado por él, Subaru le quería echar una mano, pero…

—No puedo hablar definitivamente en lugar de Roswaal, pero las probabilidades de Otto son bastante escasas…

—¡Puedo escucharlo, ¿sabe?! ¡Quería ocultarlo, ¿no?!

Cuando Otto, con los ojos saliéndosele de la cara, escuchó a Subaru hablar para sí mismo, los hombros del segundo se hundieron. Cuando fue testigo del intercambio entre ese par, los grandes ojos de Emilia se abrieron más mientras hablaba.

—Estoy muy sorprendida. De alguna manera, ustedes dos realmente se llevan bien entre sí.

—No me llevo bien con él en absoluto. Él es simplemente alguien que me salvó la vida, eso es todo.

—¡¡No puedes negarlo, así que no lo trates de justificar!!

Cuando Otto había sido capturado por el Culto de la Bruja y estaba a punto de convertirse en un sacrificio humano, Subaru fue la persona principal detrás de su rescate. Estrictamente hablando, fueron los Colmillos de Hierro los que salvaron la vida de Otto, pero eso fue más bien algo puntual.

De cualquier manera, gracias a Otto, la incómoda atmósfera dentro del carruaje había disminuido considerablemente.

—Y, aunque te agradezco por salvar el ambiente actual, es hora de despedirnos por un buen rato.

—¡Oye, espera un…! ¡Sigues tratándome como una parasito en cuanto se te da la ga…!

Subaru cerró la persiana, interrumpiendo a Otto a medio grito. Con una expresión de liberación en la cara, Subaru miró hacia atrás. Emilia tenía una mirada de sorpresa cuando sus ojos se encontraron. Y entonces…

—Pfft

—Ja, ja, ja.

Incapaces de aguantar más, los dos estallaron de la risa. Durante un tiempo después, las voces risueñas de la pareja resonaron dentro del carruaje de dragón. Cuando su risa finalmente se calmó, Subaru dijo:

—Leer la atmósfera incómoda y mantenerme callando realmente no es como yo, ¿eh?

—No, realmente no es como tú, Subaru. El Subaru que conozco es más bien… un chico que siempre está lleno de energía y haciendo cosas imprudentes, provocando problemas casi sin tener en cuenta mis sentimientos en lo absoluto.

—¡Siento que eso se traduce en un fanfarrón que no podría leer el ambiente ni aunque su vida dependiera de ello!

De hecho, esta era, sin duda, una evaluación que él no podría refutar. Riendo torpemente mientras se rascaba la cara, Subaru se sentó lentamente al lado de Emilia. Ella entrecerró los ojos hacia él.

—… Subaru, te sientas a mi lado como si fuera algo natural.

—¿…? ¿Eh? ¿Hay algo extraño sobre eso?

—No… Al principio, me hacía poner nerviosa, pero, por alguna razón, no lo hace ahora, así que está bien.

Emilia negó con la cabeza mientras sus pensamientos sobre que Subaru se sentara a su lado se filtraban de su mente.

Para las horas de comida en la mansión y las conversaciones con espíritus menores, que eran un ritual diario para Emilia, y en muchos otros entornos cotidianos, Subaru se paraba o sentaba por costumbre al lado de Emilia, pero…

—Todo ese trabajo duro y minucioso finalmente valió la pena. ¡Estoy tan conmovido!…

—Ahí vas a burlarte de nuevo… A pesar de que no me gusta que hagas esas actuaciones raras.

Cuando Subaru apretó el puño y murmuró, las mejillas de Emilia se hincharon por insatisfacción. Luego, después de alejar ligeramente las caderas, giró la vista hacia la cama en la parte de atrás.

—Has estado pensando en Rem todo el tiempo. No necesitas ocultarlo.

—Ta, ha, ha…

Con la mirada resentida de Emilia cerrando todas las vías de retirada, Subaru lo admitió con una risa de mala gana.

—Sí, lo he estado. He estado pensando en ella muchísimo. Creo que ella ha estado en mi mente todo este tiempo porque siento que tengo que hacer algo. Quiero pensar en Emilia-tan como lo primero y más importante, pero… esta vez no pude mantener las cosas en el orden correcto. Lo siento.

—No estoy molesta por eso en absoluto. También lo dije antes en la mansión de la señorita Crusch, ¿no?

Ella había dicho que quería entender todas las preocupaciones e inquietudes que Subaru albergaba.

Sí, él recordaba que Emilia le había dicho esas palabras. Había estado tan feliz que había llorado.

Aun así…

—Ella es muy importante para ti, ¿no?

—Importante, superimportante. Tan importante como lo eres tú para mí, Emilia-tan.

—… ¿Te das cuenta de que es algo reaaalmente egoísta lo que dices?

—Lo es. Para ser honesto, me siento tan mal por eso que quiero echarme al suelo y morir. Pero lo digo muy en serio, así que…

Transmitió sus sentimientos honestos y sin disimular a Emilia, alto y claro.

Aunque por esto Subaru era un sinvergüenza, la presencia de Rem dentro de él era simplemente así de grande. Sin exagerar, era tan grande como sus sentimientos hacia Emilia.

Por lo tanto, continuaba orando por la recuperación de Rem, contento de no haber molestado a Emilia en el proceso.

Para encontrar una manera de hacer que esa recuperación sucediera, Subaru Natsuki superaría cualquier adversidad.

—… Estoy segura de que la encontrarás. Hallarás la forma de traerla de vuelta.

—¿Emilia-tan?

Con Subaru involucrado en ese razonamiento extremadamente egoísta, Emilia esbozó una sonrisa delgada y encantadora y asintió. Pasó un dedo por su pelo plateado mientras miraba fijamente la cara alzada de Subaru.

—Creo que, en el sentido de estar motivados por razones egoístas, tú y yo probablemente somos muy parecidos, Subaru… Soy consciente de que me uní a la selección real por una razón egoísta.

—Una razón egoísta… ¿Quieres decir, un mundo de igualdad sin ninguna discriminación?… ¿Esa razón?

Subaru recordó el deseo del que Emilia había hablado cuando declaró sus creencias en la conferencia de la selección real.

Como una semielfa, Emilia había estado expuesta a la discriminación como pocos. ¿No era natural para ella querer un mundo igualitario?

Sin embargo, Emilia sacudió la cabeza tristemente ante interpretación de Subaru sobre el asunto.

—Eso no. Empecé esto por algo que era realmente personal…

—…

—… Lo siento. Realmente no puedo explicarlo con palabras. No quiero ocultártelo, Subaru. Pero no estoy segura de qué debería decir.

Emilia se quedó sin palabras, molesta porque no podía decir con certeza lo que tenía en la cabeza. Si no había una respuesta concreta, Subaru no quería tratar de forzarla a dar una.

Si los detalles sobre las emociones que brotaban en su pecho estaban secretamente relacionados con el motivo por el cual ella había ingresado en la selección real:

—… Hablaremos de todo después de llegar con Roswaal.

—¿Entonces, me perdonarás?

—No has hecho nada malo, así que no necesitas que te perdone. En todo caso, las cosas de las que hablé son un problema más grande… Además, Roswaal también podría saber algo sobre el problema de Rem.

Por lo que Subaru sabía, no había nadie en ese mundo mejor conectado con los mundos superiores e inferiores que el propio Roswaal L. Mathers. Teniendo en cuenta el detalle de que el excéntrico con aspecto de payaso había nominada a Emilia para la selección real, ya era hora de que lo hicieran confesar hasta el último secreto.

También estaba la cuestión de en qué demonios estaba pensando al no levantar un dedo siquiera durante el ataque del Culto de la Bruja.

—Pero, si vamos a posponer eso hasta después de que volvamos a la mansión…

—¿Sí?

—Si no te importa, Subaru…, me gustaría que me contaras sobre Rem.

—Por un momento, la sugerencia envió dolor directamente al pecho de Subaru.

Pero esto no fue por rechazo a la petición de Emilia. Fue por pura preocupación e indecisión.

¿Podría Subaru pronunciar palabras que bastaran para la verdad sobre Rem, la chica que lo había salvado?

—Aah, sí, esto será un poco largo, pero te contaré todo al respecto. Para mí, los recuerdos de Rem son tan preciados como mis recuerdos de ti desde que te conocí hace dos meses, Emilia-tan.

Ocultando los sentimientos detrás de sus palabras, Subaru comenzó a hablar de la vida cotidiana durante los últimos dos meses.

De cuando, después de encontrarse con Emilia en la capital real, se despertó en la mansión y se encontró con Rem y Ram…

—…

Una vez que comenzó a contar la historia, no pudo parar. Emilia continuó escuchando en silencio la historia de Subaru.

Y, al final, continuó sin pausa hasta que llegaron al dominio de Mathers.

Parte 3

—Hey, ustedes dos, finalmente hemos llegado a nuestro destino.

Cuando Otto compartió esa noticia desde el asiento del conductor, el sol se estaba ocultando. Había pasado medio día desde que partieron de la capital real.

El informe a través de la ventanilla hizo que Subaru terminara su historia y girara la vista para mirar por la ventana lateral.

—¿Oh, en serio? Fue más rápido de lo que esperaba.

—Parece que estabas atrapado en tu historia. Hicimos un excelente tiempo por la carretera, también. Quizá, gracias a que partimos temprano en la mañana y llegamos antes del anochecer, todos los del pueblo se sentirán mucho más aliviados.

—Estoy tan feliz. Otto, muchas gracias. Es un alivio que hayamos llegado sanos y salvos al pueblo.

Mientras Subaru se inclinaba hacia adelante, Emilia estaba justo a su lado, mirando por la misma ventana mientras agradecía a Otto.

—Me siento honrado de que lo diga, señorita Emilia… Desearía que el señor Natsuki elogiara mis esfuerzos de una manera más directa.

—Oye, no seas así. Por mi personalidad digo muchas cosas que no coinciden con lo que realmente estoy pensando. Percíbelo ya.

—¡¿Cómo pueden salir esas palabras de su boca después de todo lo que ha dicho hasta el momento?!

La voz de Otto se elevó ante el mal trato de Subaru.

—Ya, ya —dijo Emilia, regañando a Subaru por su actitud hacia Otto—. Lo siento, Otto. Es un mal hábito de Subaru burlarse de la gente que le gusta…

—¡Espera, espera! ¡Lo has entendido todo mal! ¡Yo no te hago eso, Emilia-tan!

—Pero se lo haces a Beatrice, ¿no?

—¡Teniendo en cuenta qué tan loli es esa chica, esa afirmación es completamente un error!

En términos de experimentar las burlas de Subaru, Beatrice y Otto, ciertamente, tenían algo en común. Pero lo que sentía por uno y por otro no estaba relacionado de ninguna manera con su nivel de amabilidad. Era simplemente un asunto del trato que tenían.

—Señor Natsuki, señorita Emilia.

—¿Qué? En este momento estoy ocupado aclarando el grave malentendido de Emilia-tan…

—Hemos llegado al pueblo… Pero parece que algo anda mal.

—…

La abrupta llamada en voz baja hizo que Subaru y Emilia se miraran a los ojos. Cuando se apresuraron a seguir la mirada de Otto, se estaban acercando a la villa Earlham; el destino estaba apenas delante.

El pueblo era un paisaje familiar. La falta de presencia humana lo hacía espeluznantemente similar a la última vez que Subaru lo había visto: una aldea deshabitada, justo después de que los aldeanos habían sido evacuados para huir del Culto de la Bruja. En otras palabras…

—… ¿Ram y los aldeanos que fueron al Santuario no han regresado?

Esa fue la conclusión a la que llegaron Subaru y compañía después de que se separaron para comprobar la aldea Earlham. La preocupación se destacó claramente en el rostro de los aldeanos recién llegados después de que no pudieron encontrar ninguna señal de los demás —los que se habían separado durante la evacuación para huir al Santuario y que deberían haber regresado hace mucho tiempo—.

—Según Ram, la ida al Santuario es un viaje de entre siete y ocho horas desde aquí. Como para no haber regresado antes de nosotros, después de que pasamos tres días en la capital…

—No debemos apresurarnos. Podría ser simple prudencia hasta que estén seguros de que el pueblo es seguro.

—¿Actuaría Roswaal así de pasivo una vez que escuchó las circunstancias? Cuando se dio el incidente de la bestia demoníaca hace un tiempo, inmediatamente lo acabó con fuerza bruta. Es extraño que no haya hecho nada esta vez.

Roswaal poseía magia que le daba la capacidad de volar por el cielo. Esa era una manera simple y efectiva de hacer reconocimiento en su propio territorio, incluso si lo que deseaba era ser cauteloso. Y, aun sin considerar eso, Ram, con su clarividencia, estaría a su lado.

Era obvio que ya se habría enterado de la victoria sobre el Culto de la Bruja. El hecho de que no hubiera regresado a la mansión a pesar de eso significaba…

—Hay una razón por la que no regresó… ¿Habrá pasado algo en el Santuario?

Subaru y Emilia voltearon la cara el uno hacia el otro; ambos habían llegado al mismo punto de vista.

Las preocupaciones de este par eran compartidas por las personas restantes de la villa. Habían esperado reunirse con sus familiares que debían regresar a la aldea antes. Teniendo en cuenta el estado mental de los aldeanos, era trabajo de todos averiguar lo más rápido posible lo que había sucedido. Tenían que hacerlo, pero…

—Entonces, Emilia-tan…, ¿sabes dónde está el Santuario?

—¡¿Eh?! S-Subaru, ¿no sabes dónde está?

La sorpresa de Emilia ante la pregunta de Subaru planteó un problema fundamental. Era simple y grande: en realidad, ninguno sabía dónde estaba ubicado dicho Santuario.

—Es un poco tarde para preguntarlo, pero este Santuario… ¿qué tipo de lugar es?

—No sé… Roswaal dijo que era una especie de escondite secreto. Además…

—¿Además?

—… No, no es nada. Lo siento, desearía haberle pedido más detalles en ese momento.

Cuando Emilia dio esa disculpa con una voz un tanto avergonzada, Subaru sacudió la cabeza y reflexionó sobre sus propios pecados. Por muy apurados que hayan estado para evacuar a los aldeanos, fue mil veces culpa de Subaru por descuidarlos. En el peor de los casos, probablemente podrían encontrar algún tipo de pista sobre la ubicación del Santuario dentro de la mansión, pero…

—Por eso, también, es mejor que vayamos a la mansión por ahora. Quiero poner a Rem en un lugar donde pueda descansar adecuadamente… Otto, no tienes un lugar para quedarte, ¿verdad? Ven con nosotros.

—¡¿Ueeeh?! ¿A-a la mansión del marqués? ¡Estaría más tranquilo durmiendo en el carruaje de dragón!

—Oh, cállate y sigue la corriente. … ¡Lo siento, gente! ¡Solo esperen un poco más!

Aplastando las palabras llenas de lágrimas de Otto, Subaru llamó a la gente del pueblo. Su llamada hacia ellos no pudo eliminar toda la ansiedad, pero de todos modos le respondieron con voces enérgicas.

Con los aldeanos mirándolos partir, hicieron que el carruaje de dragón galopara una vez más, y diez minutos después vieron la mansión de Roswaal en todo su esplendor familiar.

—Es todavía más grande de lo que parece ser cuando se ve desde lejos… Me siento aún más fuera de lugar…

—No te acobardes después de llegar tan lejos. Incluso si lo haces, te será imposible correr todo el camino de vuelta a casa.

Con Otto abrumado por la majestuosa mansión, Subaru ofreció esas palabras persuasivas mientras se dirigían por la puerta principal hacia los terrenos de la mansión. Procedieron a detener el carruaje de dragón delante de la puerta principal. Detrás de esa puerta, en cierto sentido, la mansión de los viejos tiempos les esperaba.

—Se supone que han pasado tres días para mí, igual que para Emilia-tan, pero…

Cuando Subaru levantó la vista hacia la mansión, profundamente conmovido, murmuró sintiendo emociones complejas en el pecho.

En términos estrictos, Subaru había regresado por última vez a la mansión cuatro días antes, participando en un elaborado acto para lograr que Emilia huyera. Sin embargo, emocionalmente hablando, no quería pensar en eso como volver a casa.

No fue sino hasta este mismo instante que sintió que había regresado.

—Bueno, eso es lo que pienso desde el fondo de mi corazón…

—Señor Natsuki, dejando a un lado lo que sea que haya pensado, ¿debo poner el carruaje de dragón en los establos? En cuanto a la señorita Rem, que duerme en la cama de atrás…

—… Yo llevaré a Rem. No necesitas hacer nada.

Subaru cerró la boca, dándose cuenta de que inconscientemente soltó una voz dura e hiriente. Otto, que no dudaba de haber hecho una buena sugerencia, se mostró rígido ante la respuesta cortante de Subaru.

Subaru no pudo evitar tener una reacción exagerada en lo que respectaba a Rem, a pesar de que sabía que Otto y Emilia habían mostrado mucha consideración por ella hasta ese punto del viaje.

—… Lo siento. Por favor, pon a Patlash y al carruaje detrás de la mansión. Prepararé las cosas adentro.

—Entendido. Olvide lo sucedido, señor Natsuki.

Otto aceptó la disculpa y se dirigió al establo sin ningún signo de ofensa. Subaru desembarcó del carruaje con Rem en la espalda, y se dirigió hacia la puerta principal de la mansión junto con Emilia.

—Ahora que lo pienso, no recuerdo haber cerrado la puerta cuando nos fuimos. ¿Podrían entrar los ladrones?

—No es que sea… su trabajo, pero no creo que debamos preocuparnos con Beatrice aquí. Me pregunto si ella… nos recibiría en la puerta si tocáramos.

Sin mencionar el intercambio con Otto, Emilia expresó una broma muy poco típica de su persona.

Era bastante difícil imaginar que «esa» Beatrice saludara a Subaru y Emilia en la puerta con una cara llena de alegría, particularmente considerando la forma en que ella y Subaru se habían separado por última vez.

Aun así, no haría daño intentarlo.

—Tal vez venga corriendo para poner los ojos en Pack…

—Aunque sería realmente extraño en ella.

Medio en broma, Emilia sonrió mientras hacía sonar el llamador de la puerta. El fuerte sonido agudo resonó dentro de la mansión. Naturalmente, no había ni amo ni sirviente en la mansión para responder…

—… Sí, por favor, espere un momento.

—¿Eh?

Subaru y Emilia quedaron estupefactos ante la respuesta que no debió haber existido. Luego, antes de que la pareja pudiera recuperarse de su estado congelado, las puertas de entrada a la mansión se abrieron lentamente.

—Bienvenida de vuelta, señorita Emilia. He estado esperando ansiosamente su llegada.

Al otro lado de las puertas dobles abiertas había una mujer saludando con perfecta cortesía a la pareja.

Tenía el cabello rubio, largo y reluciente y ojos esmeraldas que parecían tan transparentes como las joyas.

Su figura alta estaba vestida con un clásico traje de sirvienta; ella se comportaba de una manera femenina espléndidamente recatada.

Su edad era de veinte años, más o menos, y, de cualquier forma en que él la mirara, era una criada en toda la extensión de la palabra. El problema era que no se trataba de ninguna de las dos criadas asignadas a la mansión Roswaal.

Subaru se petrificó al ver a la desconocida sirvienta. Pero su tensión pronto disminuyó.

Emilia, rígida al lado de Subaru, arqueó sus cejas refinadas y dijo:

—… ¿Frederica?

Ella sabía el nombre de la persona delante. Cuando le dirigieron la palabra, la mujer respondió una vez más.

—Sí —dijo, y la mujer, Frederica, soltó el dobladillo de su falda, diciendo—: Soy Frederica Baumann, volviendo al servicio después de la licencia otorgada por el maestro.

Lentamente levantando la cara, Frederica les dirigió una sonrisa cálida y amable a los dos.

Cuando esa sonrisa golpeó los ojos de Subaru, él abrió amplia la boca.

—Deben estar cansados de su largo viaje. Primero, permítanme mostrarles el interior de la mansió…

—¡¡Cara aterradora!!…

El muy muy fuerte grito de Subaru resonó en el cielo de la mansión Roswaal. La sonrisa de Frederica fue completamente arruinada por los extraños colmillos de los que estaba llena su boca.

Parte 4

Al evaluarla como sirvienta, Subaru descubrió que la mujer llamada Frederica era perfecta.

Se vestía con un uniforme de sirvienta que no era vulgar de ninguna manera, sus palabras y gestos eran extremadamente refinados, y su comportamiento no mostraba ningún rastro de ociosidad. Verla de pie con la espalda recta de una forma tan natural hizo que su propio cuerpo se enderezara.

En todos los aspectos prácticos, obtuvo una puntuación perfecta de 100 como empleada doméstica; también en cuanto a apariencia, con excepción de su boca.

—¡Subaru! ¡Idiota! ¡No puedes decirle eso a una chica! ¡Pide disculpas correctamente!

—P-por favor, pare, señorita Emilia. Está bien. Estoy acostumbrada a que la gente se sorprenda la primera vez que me ve. No me importa en absoluto.

—¡No me detendré! Cuando haces algo malo, debes disculparte, especialmente cuando has lastimado a alguien. ¿No es así?

Frederica, la agredida, tenía una expresión confligida en el rostro ante la expresión roja y llena de ira de Emilia. El punto de vista de Emilia era noble y apropiado, algo que Subaru reconoció profundamente arrodillándose en el piso de la entrada.

Subaru procedió a inclinar la cabeza profundamente hacia Frederica para mostrar que había reflexionado sobre el error de sus acciones.

—No, lo que dice Emilia-tan es correcto. Estaba completamente equivocado en este momento.

—Este…

—Siento haber dicho algo terrible de repente cuando es la primera vez que nos vemos. Hiérveme, fríeme; has lo que quieras… Aunque preferiría que sea lo menos doloroso posible.

Subaru se disculpó de una manera más afeminada que varonil. Después de haber dicho palabras tan groseras a una mujer que acababa de conocer, no podría culpar a Frederica por cualquier respuesta que quisiera dar.

—Am, Frederica, escucha, Subaru no es un mal niño. Es solo que tiene la mala costumbre de decir de vez en cuando cosas sin pensar…

Emilia agregó sus propias palabras para reforzar la disculpa de Subaru. Las extrañas palabras maternas pesaban en su mente, pero, de todos modos, Subaru estaba feliz de que hubiera hablado.

Frederica se calló por un momento ante el acto de la pareja, pero…

—… Ji, ji. Señorita Emilia, maestro Subaru, los dos son bastante graciosos…

—¿Frederica?

—Dije que no estoy molesta en lo más mínimo, pero hicieron esto de todos modos. Y, señorita Emilia, actuando de una manera maternal al hacer que el maestro Subaru se disculpe así… Oh, esto se ha vuelto tan divertido.

Cubriéndose la boca con la manga, Frederica sonrió y perdonó a Subaru. Incluso con Subaru ya postrado en el suelo, ella casi lo hizo caer por la sorpresa.

—Además —continuó—, no puedo seguir posponiendo para siempre preguntar sobre las circunstancias. Hay razones por las que he tenido que volver: la ausencia del maestro… y esa chica, la viva imagen de Ram.

—…

La mirada de Frederica se dirigió hacia un sofá, el sofá sobre el que Rem había sido puesta a descansar. Las palabras que usó, «la viva imagen de Ram», demostraron que tenía una relación previa con ambas hermanas, Ram y Rem.

—Oh, ahora lo recuerdo. Había una sirvienta que renunció un poco antes de que yo llegara a la mansión.

—«Renunciar» no es del todo exacto. Me dieron permiso para atender asuntos personales… Es solo que terminé regresando antes de lo esperado.

—Si fue antes de que Subaru viniera a la mansión… ¿Hace tres meses, entonces? A fin de cuentas, estoy feliz de verte de nuevo.

Emilia y Frederica se sonrieron la una a la otra, complacidas de reunirse. Incluso entonces Frederica escondió la boca detrás de su manga; quizá las palabras groseras de Subaru le habían acomplejado al respecto.

Subaru estaba aún más avergonzado por su lengua floja, pero Frederica dejó el asunto y señaló la mansión con una mano.

—Después de que me volvieron a llamar, encontré la mansión vacía… Estaba completamente desconcertada. Afortunadamente, pude entender la situación por una carta en la oficina del señor Roswaal.

—¿Carta?

—Sí, una carta escrita por Ram. A pesar de que ella fue la que me llamó de regreso, estas fueron las únicas palabras que dejó… ¿Estaré siendo demasiado blanda si digo que es su forma de ser?

Frederica hizo una sonrisa de vergüenza. Debido a esa sonrisa, Subaru sintió el peso de años de familiaridad y confianza entre ella y Ram. Probablemente ella había tenido una relación similar con Rem.

—¿Y por qué razón Ram te llamó de regreso, Frederica?

Subaru hizo a un lado el sentimiento incipiente en su pecho mientras invitaba a Frederica a continuar. Dicho eso, la pregunta tenía una respuesta obvia. La mansión había estado en alerta máxima con el Culto de la Bruja dirigido directamente hacia ella apenas unos días atrás.

En otras palabras, Ram habría llamado a Frederica de regreso como refuerzo de emergencia para la batalla.

—Cuando regresé, la cocina y el jardín de la mansión estaban en un estado bastante terrible.

—¡Había una inevitable razón para eso! ¡¿Cierto, Emilia-tan?!

—Espera, Subaru. No es que esto sea culpa de Ram. Es solo que, por alguna razón, una brisa extraña parecía soplar por la mansión a medida que pasaba el tiempo… Yo también quería ayudar, pero…

—Ah-ah, está bien, no era nada con lo que hubieras podido lidiar, Emilia-tan…

—Sí… Y Ram dijo «esto no es nada. Déjemelo a mí. Me las arreglaré de alguna manera».

—¡Diablos, ella realmente se hace ver mejor de lo que es!… No. Es que, desde el principio, cuando dijo que se las arreglaría de alguna manera, tenía la intención de dejar todo sobre los hombros de Frederica, ¿no? Ram, no es que te equivocaras pensando que no podías encargarte, pero, caramba, ¡inténtalo, maldita sea!

Fue una decisión que ella tomaría. Subaru prácticamente podía verla resoplando «¡ja!» en el fondo de su mente. Emilia hizo una sonrisa de dolor ante la reacción de Subaru y dijo:

—Pero es muy extraño. Se supone que Ram estuvo trabajando duro todo el tiempo que te fuiste, Frederica. Me pregunto por qué se volvió todo un desastre en unos cuantos dí… Ah…

Después de hablar de hablar hasta ese punto, Emilia encontró su propia respuesta. Había asumido lo que había estado sucediendo en la mansión durante la ausencia de Frederica.

Estaba asumiendo que había «alguien» trabajando con Ram para mantener la mansión.

—Y, sin nadie que le ayudara, Ram no pudo mantener la mansión sola, así que ella… ¿le pidió ayuda a Frederica?

Subaru aceptó tristemente la conclusión natural. El solo hecho de que Ram hubiera acudido a Frederica era la prueba de que no recordaba a Rem.

… No, tenía razones de sobra para deducirlo. No necesitaba una confirmación directa.

—Llevaré a Rem a su habitación y le explicaré a Frederica por el camino. Emilia-tan, Otto está esperando afuera… ¿Te puedo pedir que vayas a invitarlo a pasar?

—Mm, entendido… ¿Estarás bien?

—Si Emilia-tan me muestra una cara sonriente, puedo hasta patearle el trasero a un arzobispo de los Siete Pecados Capitales.

Emilia tenía una expresión facial deprimida, pero Subaru habló en tono bromista con una pequeña sonrisa. Ella procedió a hacer lo que le pidieron, saliendo de la habitación para invitar a pasar a Otto, que probablemente esperaba en la entrada de la mansión.

Mirándola mientras se marchaba, Subaru dijo: —Ahora, entonces… —Y se giró hacia el sofá mientras decía—: esta es Rem, la hermana pequeña de Ram… Probablemente no la recuerdas, ¿verdad?

—Desafortunadamente, no. Sin embargo, realmente no hay lugar para ninguna duda.

Cuando Subaru, ajustando la posición de la durmiente Rem en su espalda, planteó esa pregunta, Frederica enderezó la espalda y la cabeza. Subaru suspiró ante su respuesta, indicando el corredor con un movimiento de la barbilla.

—Hablaremos en el camino. Quiero dejar que Rem… duerma en su propia habitación.

—Entiendo. Por aquí, por favor.

Manteniendo las palabras al mínimo, Frederica abrió la puerta para guiar a Subaru. Junto con ella, Subaru se dirigió al ala este de la mansión: hacia la habitación de Rem.

—Por lo que pude ver, Rem y Ram son hermanas que realmente se llevan bien.

En el camino a esa habitación, Subaru le contó a Frederica sobre los hechos perdidos para ella: qué clase de chica era Rem, qué había estado haciendo hasta ese momento en su vida, cuán encantadora era…

Habló como lo hizo con Emilia en el camino de regreso a la mansión…

—…

Mientras Subaru hablaba con Frederica, planteaba y respondía a una serie de pensamientos dentro de su propia cabeza.

Tenía que haber habido una mejor manera.

Durante la batalla, pensó que había hecho lo mejor que podía. No obstante, en algún lugar, posiblemente existió un futuro mejor, más perfecto, uno con los mejores resultados posibles. Y, sin embargo, Subaru lo había dejado escapar entre sus dedos.

Si solo fuera más inteligente, seguramente Subaru lo habría notado.

Como un ejemplo, estaba la carta de buena voluntad que el enviado de Crusch había traído a Emilia. Subaru había concluido que esta carta, que fue la raíz de muchos malentendidos porque estaba en blanco, era una conspiración del Culto de la Bruja, pero en eso se había equivocado.

En ese punto, el Culto de la Bruja seguramente no se había percatado de las acciones de Subaru, y no se le había presentado la oportunidad de cambiar una carta de buena voluntad por otra. En primer lugar, el juego de manos, como la falsificación de cartas, no era el estilo del Culto de la Bruja; se inclinaban por actos de violencia más directos, era algo que Subaru sabía mejor que nadie.

En ese caso, solo podría haber una verdad detrás de la carta en blanco.

—El contenido de la carta de buena voluntad fue escrito por Rem. Yo fui el que pidió que se enviara, así que, si Crusch se lo entregó al mensajero…, solo el hecho de que se entregó se mantuvo igual; en cambio, el contenido sí se borró.

Ese fue un ajuste descuidado en la eliminación de Rem de la memoria de todo el mundo.

Si solo él se hubiera dado cuenta, si se hubiera detenido a pensar más en serio sobre por qué la carta de buena voluntad estaba en blanco, si solo hubiera visto la verdad detrás de ella, se habría dado cuenta de la tragedia que le había sucedido a Rem.

Incluso si fue una tragedia que ocurría en un momento en que no había vuelta atrás.

—Esa es una historia bastante difícil de creer.

Subaru llegó a la respuesta de siempre al mismo tiempo que Frederica, habiendo terminado de escuchar su historia, le dijo en voz baja esas palabras. Las palabras no tenían ningún tono de negación detrás. Ella miró alrededor del área.

—Así que esta es… la habitación de Rem. Está completamente ordenada, pero…

Cuando los dos entraron en la habitación —el dormitorio de Rem— parecía una habitación de invitados, con todas las pertenencias personales quitadas. Era la misma escena que Subaru había visto anteriormente en aquel bucle en que había vuelto impotente después de que la Ballena Blanca le arrebatara a Rem.

Esa vez, también, la existencia de Rem había sido olvidada. Su habitación había estado tan limpia y vacía como ahora.

—Ram probablemente estaba lidiando a su manera con la brecha antinatural dejada por Rem cuando fue borrada.

El leve indicio de su respiración y el calor de su cuerpo eran las únicas pruebas de que estaba viva. Los síntomas de la Princesa Durmiente eran no requerir ni comida ni agua…, simplemente respirar y dormir.

—Maestro Subaru, si hay que cuidarla de alguna manera, yo…

—Yo quiero hacerlo. Déjame hacerlo. Es el primer regreso de Rem a la mansión en este estado, así que tengo que… No, es que quiero hacerlo. Lamento ser tan egoísta.

Subaru puso cara de valiente y metió a Rem en la cama, decidido a hacer lo que pudiera por ella. Las palabras de Subaru hicieron que Frederica retirara la mano extendida que le había ofrecido, entrecerrando los ojos.

—No, no es egoísta en lo más mínimo. En todo caso, hace que mi pecho se apriete un poco. Para alguien con ojos de asesino, es usted muy amable, ¿no?

—¡Oye, no abuses casualmente de mí así, realmente me lastimas el corazón!

Cuando Frederica señaló la mirada de los ojos de Subaru, su voz se volvió aguda a la vez que sonrió traviesamente. Él inmediatamente se dio cuenta de que ella le estaba devolviendo las groseras palabras que le dijo antes. En cierto sentido, el intercambio en ese momento había cumplido las condiciones para la reconciliación entre ellos.

—Para empezar, no necesitarás cuidar a Rem. Ella no necesita comida ni baños… Pero, por favor, presta tanta atención como puedas. Eso es lo único que pido.

—Lo tomaré en serio. Si ella es la hermana pequeña de Ram, es como si fuera la mía. Me pregunto qué tipo de reacción tendrán el señor Roswaal y Ram cuando regresen.

—No puedo descifrar a Roswaal… Y realmente no quiero pensar en cómo reaccionará Ram.

Las hermanas en serio se llevaban bien. La hermana mayor adoraba a la menor; la menor veneraba a la mayor. Era una relación llena de amor.

No quería ver esa escena fracturarse ante sus ojos, incluso si su fractura era un hecho del que no había escapatoria.

—Comprendo lo del señor Roswaal y Ram. En cuanto a la razón de su ausencia en la mansión, si el Culto de la Bruja se movilizaría debido a la entrada de la señorita Emilia en la selección real…, es la decisión natural para tomar.

—¿Escuchaste sobre la selección real antes de dejar de trabajar?

—La señorita Emilia llegó a la mansión hace medio año. Todavía estaba aquí en la mansión en ese momento. El hecho de que me dieran permiso también está relacionado con eso.

Mientras Subaru ordenaba las cosas en la cabecera de la cama de Rem, Frederica continuó preparando todo lo demás. Subaru frunció el ceño, sintiendo que algo andaba mal en la conversación que estaba teniendo con ella.

—¿Qué quieres decir con que dejar de trabajar y tomar un permiso de ausencia estuvo relacionado con la selección real?…

—Mi deber era esencialmente ordenar los asuntos personales del maestro para la selección real.

—¿Asuntos personales?

—Estaba claro que nominar a la señorita Emilia, una semielfa, como candidata provocaría problemas. Antes de eso, el señor Roswaal echó a los que lo rodeaban. Incluso aquí en la mansión, dejó solo a Ram, ya que era capaz de defenderse por sí misma… A Ram y probablemente a Rem, con lo que serían dos.

Esa respuesta explicaba la extraña sensación que Subaru había experimentado la primera vez que llegó a la mansión.

Teniendo en cuenta el tamaño de la mansión, sería casi imposible cuidarla con solo las hermanas Ram y Rem como sirvientas. En realidad, era la habilidad de Rem la mantuvo la mansión a flote, pero, incluso así…

—Siguiendo las instrucciones del señor, muchos sirvientes fueron enviados a realizar tareas en otros lugares. Como miembro del personal con antigüedad, ayudé en esto. Al final, yo también abandoné la mansión… Aunque terminé regresando, como puedes ver.

—…

El regreso de Frederica a la mansión había sido un efecto de perder a Rem. Subaru ya había llegado a la respuesta de esa pregunta, pero, al mismo tiempo, al momento de escuchar esas palabras surgieron dudas dentro de su pecho.

Es decir, la estrategia preparativa de Roswaal para la selección real había sido ininteligible desde entonces.

—Oye, Frederica. ¿Cuánto te ha dicho realmente?

—¿Maestro Subaru?

—Por lo que me estás diciendo, Roswaal hizo todo tipo de preparativos para la selección real. Es de sentido común que los semielfos y el Culto de la Bruja están conectados, por lo que tenía que saber que sería peligroso. A pesar de eso…

Allí, las palabras de Subaru se desvanecieron mientras seguía mirando a Frederica.

—¿Dónde están sus contramedidas contra el Culto de la Bruja, entonces? Rem y Crusch dijeron que debía tenerlas. Pero no creo que su estrategia fuera confiarme todo. Y, en ese caso, ¿por qué tuvimos que…?

Imágenes de la gente de la villa Earlham, siendo asesinada y atormentada por el Culto de la Bruja, y Rem y Ram, víctimas de la batalla contra el Culto, llegaron a primer plano en su mente; tal fue la tragedia que había sucedido en las tierras de Mathers.

¿Dónde estaban las contramedidas en esas escenas? No se encontraba a Roswaal por ningún lado.

—¡Si sabes que había algo, entonces…!

—Desafortunadamente, no tengo forma de conocer los pensamientos del señor Roswaal en su totalidad. Lo más probable es que solo dos personas en este mundo se consideren dignas de confianza.

—¿Dos personas?… ¿Quiénes? ¿Quiénes son estas dos personas en las que Roswaal confía?

—… Ram y el gran espíritu en la biblioteca de libros prohibidos.

Según Frederica, hasta donde ella sabía, había dos personas que podrían conocer las intenciones de Roswaal. No tenía razones para dudar de la primera. Ram, ofreciéndole a Roswaal su lealtad indivisa, seguramente era digna de esa confianza.

Sin embargo, la segunda posibilidad fue un gran imprevisto.

—El gran espíritu de la biblioteca de libros prohibidos…

—Es una habitación dentro de esta mansión, separada del resto a través de la magia. El método exacto con el que el gran espíritu separa la biblioteca de libros prohibidos del mundo exterior a través de su propia magia es… especialmente un secreto.

La respetuosa explicación de Frederica dejó a Subaru con los ojos muy abiertos y sin palabras. Era demasiado diferente de lo que él recordaba. Pero, incapaz de formar otra respuesta…

—¿Y su nombre es…?

Con certeza decisiva, Subaru le hizo esa pregunta a Frederica. Quizá la reacción no fue la que esperaba, porque Frederica pareció retractarse por un momento. Finalmente, ella respondió:

—La señorita Beatrice. Ella es el gran espíritu que sirve como bibliotecaria de la biblioteca de libros prohibidos de esta mansión.

Parte 5

En el instante en que giró el pomo de la puerta, de alguna manera, se sintió convencido.

Mientras caminaba por la mansión, su atención se vio atraída bruscamente hacia la presencia de la puerta. Cuando se acercó y tocó el pomo, la sospecha de que tenía algo extraño al instante se volvió una certeza.

Cuando reaccionó a la puerta abierta que simplemente «estaba ahí», asomándose dentro de ella…

—Buenas. Cuánto tiempo.

Mientras Subaru agitaba un poco la mano para saludar, la biblioteca de libros prohibidos se mostró ante él, sin haber cambiado en absoluto respecto a la que conocía.

La gran sala repleta de estanterías estaba llena del aroma particular de los libros antiguos. Ni la delgada penumbra de la habitación sin ventanas ni la serenidad del aire habían cambiado una pizca. Eso se aplicaba no solo a la habitación en sí, sino también a la chica que protegía la biblioteca.

La chica —Beatrice— se hallaba sentada en un taburete en lugar de en una silla, con los ojos puestos en el libro que descansaba sobre su regazo.

—… Considerando el alboroto en la mansión, ¿debo suponer que es por tu regreso?

Beatrice miró hacia arriba, contemplando con sus ojos azules a Subaru, mientras murmuraba en aparente aburrimiento. Después la chica pareció perder interés: sus ojos volvieron al libro una vez más.

—Si has regresado, me hace creer que el alboroto de los últimos días finalmente se ha calmado.

—Sí, gracias a t… O, más bien, en verdad que me hiciste pasar un mal rato. ¡¿Tienes idea de lo asustado que estaba de que no me escucharas y no escaparas durante la operación?!

—Me pregunto si lo sé o si siquiera me importa. En primer lugar, nunca te pedí que te preocuparas por mí.

—Estoy bastante seguro de que dije que tengo una razón para preocuparme por ti. No creo que esté equivocado, ni en ese entonces ni ahora.

Las palabras de Beatrice no fueron de disculpa. Tampoco Subaru retrocedió ni un solo paso con su respuesta.

Cuando, en días anteriores al ataque del Culto de la Bruja, las palabras de Subaru le insistían a Beatrice en evacuar, ella las rechazó. Como resultaron las cosas, la mansión no había sufrido ningún daño, pero usar ese argumento sería como escoger después de lanzar la moneda.

—Mucha gente estaba preocupada por ti: Emilia y Ram en particular. Puedes hacerlo más tarde, pero debes pedirles una disculpa adecuada.

—¿Pedir disculpas? ¿Betty debería disculparse? Me cuesta entender por qué es necesario hacer tal cosa, ¿y con quién?

—No hagas escándalo por nada… Si vas a estar tan terca con esto, me disculparé con todos en tu lugar. Les diré que estabas llorando con lágrimas de gratitud cuando me dijiste que les agradeciera.

—¡No digas tales falacias! ¡¿Lágrimas?! ¡Me pregunto si alguna vez han corrido por mi rostro!

Sus provocaciones con una lengua frívola elevaron el volumen de la voz de Beatrice, como de costumbre. Curiosamente, esto llenó su propio pecho de profunda emoción, lo que hizo que Subaru entrecerrara los ojos.

Ahí estaba él, intercambiando palabras con Beatrice una vez más. Incluso después de que se separaron de una manera tan profundamente emotiva, a pesar de que todavía tenía una montaña de cosas que deseaba preguntarle, las cosas estaban tan revoltosas como antes.

Muy aliviado por ese hecho, Subaru dejó escapar un suspiro apagado.

—No estaría mal que le bajaras un poco al drama. No es malo llorar como Magdalena de vez en cuando, ¿sabes?

—Viniendo de un hombre que lloraba como un bebé en el regazo de la mujer que le gusta, esas palabras tienen cierto peso.

—¡¿No puedes olvidarte de eso ya?!

Eso sucedió en una ocasión, fue un momento en que los obstáculos infranqueables se acumulaban cada vez más y más, enviando sus emociones a acumularse como una presa hasta que se desbordaron. Cuando recordó ese instante, su rostro ardió tanto que sintió que podría incendiarse. De todos modos, sin embargo, el resplandor del precioso recuerdo ardía en su pecho al mismo nivel.

Tratando de ocultar esas emociones complejas, Subaru se aclaró la garganta y cambió el curso de la conversación.

—… Lo que haya sido. Me alegra que estemos sanos y salvos. Ahora es el momento de llegar a un entendimiento.

—¿Entendimiento? ¿No fuiste tú el que habló por su cuenta?, me pregunto. Siempre tan interesado.

—Sí, supongo que siempre soy egoísta. La mayoría de las veces que te hablo es así. ¿Recuerdas? Cuando jugamos a perseguirnos aquí en la mansión, cuando tuvimos el festival de nieve…

Beatrice entrecerró los ojos cuando Subaru comenzó a hablar de manera caprichosa. Con su mirada azul atravesándolo, Subaru hizo varios gestos mientras recordaba en voz alta.

Era como si estuviera eligiendo sus palabras con gran cuidado, sumergiéndose cada vez más en los recuerdos para sacar a relucir la verdad.

—También fue así durante el alboroto de la bestia demoníaca. En aquel entonces me ayudaste mucho cuando levantaste esa maldición.

—Detente.

—Como resultado, contraje una maldición aún más grande, lo que me llevó a un callejón sin salida. ¡Después de eso, para curarme, fue necesario perseguir a los urugarums en el bosque, así que…!

El rápido discurso de Subaru fue interrumpido poderosamente por una explosión de sonido seco.

Cuando miró, vio que la fuente de ese sonido era el regazo de Beatrice…, o, mejor dicho, el libro abierto que había cerrado tan severamente.

Sintiendo la irritación de Beatrice por ese gesto, Subaru frunció los labios con vergüenza.

Con Subaru callando, Beatrice lo fulminó con la mirada con un destello agudo en los ojos.

—¿Irías directo al grano?, me pregunto. Cobarde sin carácter.

—… Por supuesto.

Él fue incapaz de objetar por el insulto. Eso en sí mismo era prueba de que la chica lo había juzgado correctamente.

Había usado tantos trucos como se le ocurrieron para prolongar la conversación, manteniéndola tibia mientras posponía la conclusión; y de esto solo se podía culpar al débil corazón de Subaru.

Ya tenía dentro del pecho las palabras que debía preguntar. No necesitaba nada más que el coraje para ponerlas en su lengua.

Cerró los ojos, respiró hondo y se esforzó por escuchar su corazón latir. Después de eso, abrió la boca.

—¿Cuánto saben… tú y Roswaal sobre lo que pasó esta vez?

—…

Al recibir la pregunta proveniente de los labios de Subaru, Beatrice ocultó los ojos bajo los bordes de sus largas cejas.

El silencio resultante pesó mucho. Cuando se sintió muy largo, Subaru exhaló como si estuviera respirando con dificultad.

—… Beatrice.

Ella no respondió. Aunque ese hecho lo impacientaba, Subaru era consciente de su propia hipocresía.

¿Qué quería exactamente que dijera Beatrice? Incluso dentro de sí mismo, no había respuesta.

¿Quería que ella fuera una mente maestra con una comprensión de todo? ¿Una chica ignorante que no sabía nada al respecto? ¿Alguien que no era ninguna de esas cosas? Ni siquiera él lo sabía.

Finalmente…

—Para confirmar tu teoría…, ¿qué respuesta deseas de Betty?

—¡E-esto no se trata de plantear escenarios! Además, tampoco se trata de lo que quiero que digas. Lo que quiero es una respuesta a mi pregunta. ¡Quiero una respuesta más profunda que solo sí o no!

El inesperado contraataque hizo que Subaru embruteciera su voz involuntariamente. Pero la actitud fría de Beatrice hacia Subaru no lo hizo vacilar.

—A Betty le parece desafortunado que estés tan alterado, pero ¿tal vez no entiende lo que quieres decir? Betty no es tu educadora. Si esperas que ella te ilustre cortésmente en cada asunto, estás muy equivocado.

—¡Agh!… ¡No se ha acabado! Alguien me dijo que, si quiero saber qué piensa Roswaal, debería preguntarte. Lo siento, pero viendo la actitud que me estás dando, creo que tiene toda la razón.

—¿Quién dijo tal…? Aaah, ¿viste a la chica mitad bestia que recientemente regresó?

Cuando Beatrice pronunció las palabras «mitad bestia», palabras que él no pudo ignorar, ella hizo una cara adorable mientras chasqueaba la lengua. La niña procedió a cerrar un ojo, apuntando con un dedo a Subaru.

—¿La opinión de esa chica podría tener algún mérito?, me pregunto. Pero, aunque Betty y Roswaal están ciertamente conectados, eso no tiene nada que ver con este último asunto. Me pregunto si Betty siquiera sabrá algo de eso.

—Pero él te dejó en la mansión. Aquí, en esta mansión, sola, sin ningún plan para lidiar con eso.

—Dejó a Betty porque ella es al menos capaz de protegerse. ¿Eso es extraño de Roswaal?, me pregunto… Pero Betty no cree que lo haya hecho sin ninguna consideración.

La respuesta de Beatrice hizo que Subaru repasara sus recuerdos una vez más. Pero, cuando lo pensó, no pudo recordar ninguna contramedida por parte de Roswaal durante la batalla.

Rem, Crusch, Frederica y Beatrice; todas habían dicho que debía tenerlas, pero no pudo encontrar ninguna.

—¿No es solo que tú, yo y todos tenemos a Roswaal en muy alta estima? Todo el mundo dice que un tipo así debería tener un plan contra el Culto de la Bruja… ¡¡Espera, eso es!!

En ese instante, recordó algo como si los cielos le hubieran hablado. De acuerdo con su revelación, Subaru rebuscó en su bolsillo con gran prisa, presentándole a Beatrice la otra cosa sobre la que quería preguntarle. Y eso era…

—Beatrice, aquí. Mira esto.

… Un libro encuadernado en negro; sus páginas y contenidos estaban manchados de sangre.

Subaru tuvo la peor historia posible con su dueño original. Pensó que algún tipo de encanto extraño mantenía el contenido ilegible, haciéndolo poco más que un pisapapeles a menos que el lector compartiera la personalidad del propietario.

—Esto debería estar profundamente conectado con lo que trama el Culto de la Bruja. Si no me vas a mostrar lo que Roswaal realmente está pensando, al menos podrías decirme algo sobre este lib…

—… ¿Un Evangelio?

Cada vez más nervioso por la falta de respuesta, Subaru habló rápidamente hasta que las palabras se le quedaron atrapadas en la garganta. La dramática reacción de Beatrice cuando miró el Evangelio en la mano de Subaru incluyó una mirada de miedo en sus ojos.

Sus labios temblaban débilmente, casi como si no pudiera creer lo que veía.

—… Es un trofeo de guerra que tomé del cabecilla del grupo del Culto de la Bruja que tenía rodeada la mansión.

—¿Y… el dueño?

—… Él está muerto. Aplastado por una rueda de carro. Lo maté.

Cuando Beatrice hizo esa delicada pregunta, Subaru dijo la verdad con firmeza, sin apartar la vista.

Hablando estrictamente, Petelgeuse Romanée-Conti no había sido una persona. Había sido un espíritu maligno que empleaba el cuerpo de otros como anfitrión bajo su control. En consecuencia, la causa de la muerte que explicó Subaru podría no haber sido precisamente cierta.

Pero fue Subaru el que le dio a Petelgeuse el golpe final, arrebatándole la vida.

Sabiendo en su alma que nada menos que eso lo derrotaría, Subaru lo había matado calculadamente.

Petelgeuse Romanée-Conti fue el primero en ser asesinado personalmente por Subaru…

Subaru no diría que nunca dudó ni que no lamentaba haberse manchado las manos. No había intentado engañar a nadie, porque no podía mentirse a sí mismo.

El hecho de que él había matado a Petelgeuse y el hecho de que Petelgeuse lo había matado estaban grabados en su propio corazón, para nunca ser olvidados.

—…

Sin embargo, aunque Subaru había vertido muchos pensamientos en esas breves palabras, Beatrice no ofreció ninguna reacción. Todavía mirando el libro en la mano de Subaru, ella pareció susurrarle al objeto inanimado en lugar de responder a las palabras.

—Geuse…, ¿tú también… dejaste a Betty atrás?, me pregunto.

—¿…? ¿Quién es ese?

—… Nadie. Más importante aún… Si lo mataste, ¿qué le pasó al arzobispo de los Siete Pecados Capitales?… ¿Qué pasó con el factor de la Bruja de la Pereza?

—¿El factor de la Bruja?…

Las palabras que Beatrice mencionó representaron el turno de Subaru para mostrar su incomprensión.

Recordaba haber escuchado el término «factor de la Bruja» varias veces hasta la fecha. Sin embargo, el término había venido de la boca de Petelgeuse en cada ocasión; nunca pensó que conservaría algún significado después de la muerte del hombre.

El desconcierto de Subaru hizo que Beatrice bajara la cara; la confusión descansaba en sus ojos una vez más.

—Oye, no puedes arrojarle jerga a un tipo que no entiende las circunstancias. ¿Qué diablos es eso del factor de la Bruja? Honestamente, tengo la sensación de que no es nada bueno.

—¿No sabes? ¿Realmente podrías no saber? Si es así, ¿con qué propósito mataste a Pereza?… Además, ¿qué estaba haciendo Roswaal?…

—¡Todo lo que hice fue apagar las brasas que alguien me arrojó! En cuanto a Roswaal, ¡ese bastardo está en el Santuario! ¿Que qué está pensando? ¡Eso es lo que quiero preguntarte, maldición!

Subaru gritó, prácticamente rugiendo de impaciencia por una conversación donde ninguno se colaboraba con lo que preguntaba el otro. Cuando su feroz emoción se estrelló contra Beatrice, toda expresión desapareció instantáneamente del rostro de la niña. El silencio resultante hizo a Subaru caer en confusión.

La expresión de Beatrice fue una desprovista de feroz ira y tristeza, y tal vez de confusión y todo lo demás. La escena hizo que Subaru se quedara sin aliento; Beatrice dio un suspiro largo y profundo.

—… Todas las respuestas que buscas… ¿estarán en el Santuario?, me pregunto.

—¿Qué?

—La estrategia de Roswaal, el significado del Evangelio, incluso sobre el factor de la Bruja… Si deseas respuestas a todo esto, ve allí. Me pregunto si la chica mitad bestia te mostraría el camino.

—¡Espera un segundo! ¿Qué es esto de repente? Fuiste tan altanera todo este tiempo, ¿qué te hizo decidir hablar de repente? Además, sin necesidad de ir al Santuario, podrías…

—… Betty no hablará de eso. Betty tiene derecho… a no hablar de eso.

La obstinada respuesta silenció a Subaru. Recordaba que ella adoptó una postura de rechazo como esta anteriormente. Era exactamente el mismo rechazo que ella le había dado cuando él le ofreció la mano queriendo sacarla de la mansión a un lugar seguro.

En otras palabras, el resultado fue exactamente el mismo. —¡¿…?! ¡¿Estás planeando alejarme de nuevo?! ¡¿Otra vez, como antes?!

Desde atrás, en la dirección de la puerta de la biblioteca, sintió una fuerza sobrenatural torcer el aire para crear viento a presión. La distorsión se convirtió en un viento que atrapó a Subaru, arrastrando su cuerpo hacia la entrada para empujarlo afuera.

Fue una instancia extremadamente sometedora del poder mágico conocido como Pasaje.

—El camino hacia tus respuestas ha sido aclarado. ¿Betty dejará de consentirte?, me pregunto. Tu arrogancia caprichosa es realmente irritante.

—Beako… ¡Beatrice! —gritó él, estirando la mano. Pero, con rechazo en su mirada y postura, Beatrice rechazó el gesto.

La niña sobre el taburete cerró los ojos y sacudió débilmente la cabeza de un lado a otro.

—Quizá Betty no es una herramienta para tu conveniencia.

—…

—No soy un ser tan conveniente… que está aquí para decir lo que quieres escuchar… en el momento en que deseas escucharlo… de la manera que prefieras.

La voz de Beatrice pareció mancharse de ansiedad. Subaru no pudo ofrecer ninguna negación o queja.

No era que sus palabras hubieran dado de lleno en el blanco. Lo que sintió fue conmoción, como si lo hubieran golpeado desde una dirección completamente imprevista.

El enorme agujero en sus pensamientos le robó a Subaru el poder para resistirse. Pronto sería absorbido por la puerta, arrojado lejos y dejado fuera: detrás de la puerta, fuera de la biblioteca de libros prohibidos… y fuera del corazón de la chica conocida como Beatrice.

—¿Por qué… pones esa cara triste de nuevo?

Con los ojos bajos, no hubo respuesta de Beatrice para la última pregunta de Subaru.

—… ¡Daa!

—¡Gyaah!

Saliendo disparado desde la puerta abierta, Subaru cayó espectacularmente hacia atrás. El lugar era un corredor de la mansión, el resultado de haber sido teletransportado indiscriminadamente a través del Pasaje.

Pero esta vez no fue solo Subaru quien se vio envuelto en el Pasaje, sino…

—Se-señor Natsuki, ¿cómo salió del baño que acabo de usar?…

—…

—¡¿Y-y cuánto tiempo pretende quedarse sentado sobre mí?! ¡¡¿Podría, por favor, moverse?!! —Otto suplicó con una expresión patética en el rostro mientras yacía en el suelo con el trasero de Subaru sobre él. Sin embargo, lo único en la cabeza de Subaru en ese momento era el último instante con Beatrice.

¿Por qué había puesto una cara tan triste? Quizá esa respuesta también estaba…

—… Si voy al santuario, ¿lo descubriré también?

—¡No sé de qué habla, pero realmente me gustaría que se moviera lo antes posible! —Cuando Subaru murmuró, sumergido en pensamiento, Otto elevó la voz desde abajo, resentido porque Subaru seguía ignorándolo.

Parte 6

—Pero, en serio, ¿por qué salió del baño? Por favor, no me diga algo aterrador como que hay una puerta escondida o un pasaje oculto conectados al baño…

—No es eso, imbécil. Es un milagro de una sola vez causado por mi deseo de hacer una rutina de comedia de dos hombres contigo.

—¡Eso no me sirve, aunque para una respuesta que no responde nada, es bastante aterradora!

Tras reunirse con Otto a través de Pasaje, Subaru reprimió sus sentimientos de inutilidad por la conversación infructuosa con Beatrice, entablando una conversación típica con Otto en camino a la habitación de invitados. Tal como había dicho Beatrice, ella le aclaró el camino para llegar a las respuestas.

Aunque la manera contundente en que lo había hecho solo había aumentado sus preocupaciones y dudas.

—Haa… El futuro es siniestro, ¿eh?

—¿Qué pasa con ese suspiro?… ¿Acaso sugiere que la buena fortuna se le escapa de las manos?

—Es que tu futuro es tan sombrío. Estoy suspirando en tu lugar.

—¡Entonces, ¿es mi buena suerte esa que está dejando escapar?! ¡¿Podría no hacer esas cosas a mis espaldas?!

Incluso si fue incapaz de aclarar las complejidades dentro de su pecho, la lengua frívola de Subaru aún podía jugar perfectamente con la mente de Otto. En cualquier caso, la pareja llegó a la habitación de invitados en el transcurso de esta conversación tan trivial.

—Oh, veo que el Maestro Subaru está contigo. Prepararé té de inmediato.

Frederica, que había pensado que Otto regresaría solo, comenzó a servir una taza de té recién hecho cuando notó que Subaru estaba con él. Subaru, haciendo un sonido con la nariz ante el aroma cálido de las hojas de té, se sentó junto a Emilia en el sofá al fondo de la habitación. Él la miró de costado, justo a tiempo para que sus ojos se encontraran.

—Subaru, veo que estabas con Otto. Ustedes dos realmente se llevan bien.

—Aunque es algo que sigo repitiendo, te digo que te equivocas. Mi relación con él termina tan pronto como cumpla mi promesa de comprar todo su aceite. ¡Así que no veas más de lo que es!

—¿Qué, no puede aguantar el acto hasta el final, así que agrega un insulto? Qué espectáculo tan inútil.

Otto estaba dolido y cansado de que Subaru desviara el rostro e iniciara rutinas de comedia tsundere. Durante ese tiempo, Emilia llevo a su boca el té que le habían servido, tomó un sorbo y le dio a Subaru una pequeña sonrisa.

—Subaru, debes ser realmente terco para actuar así a pesar de que te hiciste amigo de Julius después de todo lo que sucedió.

—Se supone que los muchachos son tercos. Se podría decir que estoy hecho a la vieja usanza en cuanto a eso. Además, permítanme señalar que Julius y yo no somos amigos. Odiaré a ese tipo para siempre.

—Sí, sí.

Los labios de Subaru se tensaron cuando cierto joven apuesto surgió en su mente, pero Emilia miraba las cosas de manera diferente. Él comprendió con cierto desagrado que cuanto más decía sobre el asunto, más profundo era el malentendido.

—¿Acaso no es pintoresca la idea de que, cuanto más pelean, más cercanos se vuelven?

—Ya nadie dice «pintoresca»… Además, pensaba que las personas que discuten mucho se llevan mal, casi sin excepciones.

—Bueno, Subaru, cuando tú y yo tuvimos una gran discusión, ¿terminamos llevándonos peor?

—… Emilia-tan, te has vuelto buena en esto.

Subaru tenía una expresión incómoda en el rostro; Emilia lo tenía contra las cuerdas. La reacción de Subaru hizo que Emilia entrecerrara los ojos, su voz era prácticamente un susurro mientras continuaba:

—… Entonces, ¿pudiste hablar apropiadamente con Beatrice?

Emilia no le había preguntado si se habían reunido. Ella había preguntado si habían hablado.

Ella hizo esa pregunta porque no tenía dudas de que Subaru había llegado a la biblioteca de libros prohibidos. Él no estaba seguro de si debería llamarlo confianza, pero uno podría decir que su respuesta solo respondería a medias a dicha confianza.

—Nos reunimos. Me reuní con Beatrice. Pero, en cuanto a hablar apropiadamente con ella…, no estoy realmente seguro.

—… Ya veo. Pero pudiste verla, Subaru. En el tiempo que llevo en la mansión, ni Ram ni yo hemos podido encontrarnos con Beatrice ni una sola vez. Estoy un poco molesta por eso.

Emilia lo habló con el aire de un puchero, sacando adorablemente la lengua. Pero la falta de fuerza en la voz de Subaru aparentemente había transmitido algo, porque sus ojos violetas parecían dudar de sobre continuar sus palabras.

En lugar de Emilia, se produjo una respuesta en forma del débil sonido de la cerámica.

—Así que realmente puede entrar en la biblioteca de libros prohibidos de la señorita Beatrice…

—¿Qué, dudaste de mí?

Los hombros de Subaru se hundieron mientras actuaba un poco herido por el murmullo profundamente conmocionado de Frederica. Ella sacudió la cabeza.

—Teniendo en cuenta los muy pocos encuentros que he tenido con la señorita Beatrice durante mis más de diez años de servicio para el señor Roswaal, no podía dejar de dudar. Cuando me dijo «voy a echar chisme un rato con Beako. ¡Regresaré pronto!», o algo parecido, y salió corriendo, no tenía forma de confirmarlo por mí misma.

—Aah, err, realmente no puedo disculparme por decirlo así, ¿eh?

—Para ser honesta, pensé que pasarían horas hasta que pudiera ver a la señorita Beatrice…

Subaru, recordando cómo había dado una explicación poco convincente y salió corriendo, sintió vergüenza y reflexionó sobre el asunto. Mientras Subaru lo hacía, Frederica le dio importancia a la mirada que le dirigió a Emilia mientras continuaba sus palabras.

—Sin embargo, después, la señorita Emilia se tomó el tiempo para hablar exhaustivamente sobre cuán confiable se había vuelto el maestro Subaru, así que lo esperé con mitad de expectativas y mitad de preocupación.

—¿Eh?

—Espera un… ¡¿Frederica?!

La inesperada declaración de Frederica dejó a Subaru desconcertado y a Emilia fuera de sí. Emilia se puso de pie de un salto, con las mejillas rojas, moviendo vigorosamente una mano hacia Subaru.

—Errr, no fue así. Ciertamente, hablé con Frederica sobre ti, Subaru, pero ella está exagerando todo…

—No, la escuché hablar también. Para ser honesto, estaba pensando «señor Natsuki, suertudo sinvergüenza»…

—¡Incluso Otto ahora!

Expuesta no solo por Frederica, sino también por Otto, Emilia estaba roja hasta la punta de las orejas. Luego se dio una palmada en las mejillas sonrojadas, mirando furtivamente en dirección a Subaru.

La reacción de Emilia, una que raramente permitía que vieran, hizo que Subaru apretara fuertemente su puño.

—¿Por qué no hablas así cuando estoy cerca?…

—No puedo hablar así delante de ti, es vergonzoso… ¡Jo, Frederica! ¡Continúa!

­—Oh, aunque al principio haya tratado de suavizarlo, ese encanto infantil suyo se está quedando de lado.

Frederica escondió la boca mientras sonreía, desviando la mirada, de Emilia, que movía las cejas, hacia Subaru. Y dijo:

—Maestro Subaru, escuché mucho de usted por parte de la señorita Emilia… No, fue más que mucho.

—¡FRE… DE… RI… CA!

—Sí, sí, lo entiendo… Así que hablemos, maestro Subaru. Ya sea que haya encontrado la biblioteca de libros prohibidos o no, no se vuelve un obstáculo.

—¿Volverse un… obstáculo?

Incapaz de entender la esencia de la misteriosa frase, Subaru frunció el ceño con incomprensión. Mientras lo hizo, Emilia tocó suavemente el hombro de Subaru, asintiendo mientras ella continuaba.

—Subaru, no dudamos de que vieras a Beatrice, pero que esa chica responda a tus preguntas es otro asunto, ¿no? Quiero decir, tanto tú como Beatrice son realmente tercos…

—La forma excesivamente linda en que lo expresas me molesta un poco, pero tienes razón. ¿Entonces?

—Les hice una promesa a los aldeanos, y yo también tengo muchas cosas que quiero preguntarle a Roswaal…, así que le pedí a Frederica que me contara sobre el Santuario.

—…

La garganta de Subaru se cerró ante el hecho de que Emilia había actuado en aras de lograr el objetivo original.

El santuario que Emilia buscaba era el mismo que Beatrice le había revelado a él como el camino hacia las respuestas. Con una cara y una voz tan tristes, ella le había dicho que las respuestas a todas sus dudas estaban allí en el Santuario.

Había dicho, también, que la «chica mitad bestia» le mostraría el camino. En conclusión…

—¿Y Frederica te contó sobre el Santuario?

—Perdí ante la persistencia de la señorita Emilia. Me habían dicho que revelara lo menos posible sobre eso…, pero parece extraño ocultarlo de ustedes dos.

—Emm, yo también estoy aquí…

—Parece extraño ocultarlo de ustedes dos.

—¡¿Podrías corregir esa línea?!

Dejando a un lado los comentarios de Frederica y Otto, Subaru le sorprendió que la situación hubiera avanzado en su ausencia. Mientras él tenía este pensamiento, Emilia mantenía su mano sobre el hombro de Subaru, bajando las cejas.

—Subaru, ¿estuvo bien? ¿No estás molesto porque decidí sin ti?

—N-nah, no estoy molesto en absoluto. Lo intuí por mi parte, así que, en todo caso, es de gran ayuda.

—¿De verdad? Estoy tan feliz. Entonces, Subaru, hay un favor que quería pedirte…

Subaru todavía estaba fuera de balance, cuando Emilia se mostró aliviada, bajando los ojos al continuar. Cuando escuchó la palabra «favor», Subaru de repente sintió una mala premonición.

Una vez, en el pasado, la palabra «favor» había provocado algo exactamente de la misma manera…

—¡Espera! No me digas que ese favor es… que me quede aquí en la mansión.

—¿Eh?

—Si es así, ¡espera! ¡Hablemos de esto! Ciertamente, no puedo decir que esté en una condición física excelente, y Ferris dejó de ser mi médico, ¡pero no es como si viviera una vida de combate! En todo caso, pelear con la mente es donde realmente brillo; bueno, no, eso también está un poco equivocado, ¡pero…!

Los ojos de Emilia se abrieron mientras Subaru trataba desesperadamente de defender su caso. Pero ahora tal pasión era necesaria. La situación ciertamente se parecía a cuando se dirigían a la capital real con motivo de la selección real. Sin embargo, lo que era decisivamente diferente de entonces era la disposición en el corazón de Subaru.

No estaba siguiendo a Emilia sin un plan ni precauciones. Esta vez era diferente de lo que había sucedido antes.

—Ni siquiera trates de detenerme. Voy contigo. No puedo permitir que me dejes…

—Por supuesto que no te voy a dejar aquí. Ven conmigo.

—Si me dices que me vas a dejar, simplemente no, de ninguna manera, no h… ¿Qué dijiste justo ahora?

Cuando las feroces emociones de Subaru redujeron la amplitud de su vocabulario, las palabras de ella parecieron abofetearlo, haciéndolo volver a sus sentidos. Entendiendo esto, Emilia retiró la mano con la que estaba tocando a Subaru, tocándose el pecho mientras hablaba.

—Te lo dije: ven conmigo. Me preocuparía mucho sola.

—…

—Subaru, estoy… confiando en ti. Subaru, yo… necesito tu fuerza.

… Subaru no pudo expresar con palabras el impacto de la tranquila petición de Emilia sobre su corazón.

Su boca colgaba abierta. Con Subaru incapaz de decir palabra alguna, la expresión de Emilia se nubló de preocupación. Sus ojos violetas vacilaron mientras se acariciaba su largo cabello plateado y decía:

—Err… ¿Dije algo extraño?

—… Es como si mi motivación fuera un interruptor y lo tuvieras en tus manos, Emilia-tan. Lo puedes activar o desactivar; una palabra tuya, y todo pasa en automático. En serio, no puedo tener suficiente de ti.

Cubriéndose la cara con las palmas de las manos, Subaru elogió la gracia de Emilia con un profundo suspiro. —¿Eh? ¿Eh? —exclamó la confundida Emilia, golpeada por la declaración profundamente significativa, a lo que Subaru respondió «te lo devuelvo», sacando su propia lengua.

Después de todo, la sorpresa que Emilia le dio a Subaru fue aún más grande que la que él le estaba lanzando.

—Parece que han aclarado las diferencias.

—Sí, perdón por la escena de tortolos. Simplemente no pude evitarlo.

—¿Tortolos?…

Cuando Frederica trató de retomar el tema de conversación, Subaru se volvió para mirarla una vez más. A un lado, Emilia parecía tener un signo de interrogación flotando sobre la cabeza, pero inmediatamente recuperó la compostura y miró a Frederica.

Frederica asintió con la cabeza hacia las miradas, y sus ojos esmeraldas vieron a la pareja, mientras hablaba.

—Como les ha sido dicho, no tengo ninguna objeción en hablar sobre la ruta que los llevará al Santuario. Es solo que es necesario un poco de tiempo para prepararse… ¿Dos días, tal vez?

—Preparación… Ah, eso dejaría la mansión vacía. Eso no debería ser…

—No, me quedaré aquí en la mansión. Es el deber de la señorita Emilia y del maestro Subaru dirigirse hacia el Santuario. Administrar la mansión es el mío.

—¡Espera, ¿no vendrás con nosotros?! ¿Cómo se supone que debemos llegar al santuario, entonces?

Subaru se sorprendió. Nunca había esperado que ella se negara a ir con ellos.

La cooperación de Frederica se limitaba a que ella les contara sobre el Santuario, en lugar de guiarlos a él. Ahora entendía la fuente de la preocupación de Emilia durante la conversación anterior, pero Subaru simultáneamente notó algo más.

A saber, la forma en que Otto Suwen estaba recostado, con los brazos cruzados, extremadamente confiado, incluso se diría que estaba presumiendo.

—Oye, tú, ¿por qué esos aires tan arrogantes y seguros de sí? Estamos en medio de una conversación importante.

—Jo, jo, jo. Es un mal adivinador, señor Natsuki. En primer lugar, ¿no debería haberse preguntado por qué estoy asistiendo durante una conversación tan importante?

—Tienes un punto. Esto no es algo que un forastero debiera escuchar. Díganme, ¿esta mansión tiene un calabozo?

—¡Tales declaraciones no son a donde quiero llevar la conversación, ¿sabe?!

—La mansión tiene una celda, sí. Les puedo asegurar que es razonablemente cómoda.

—Señorita Frederica, ¿podría dejar esas preguntas sin responder?

Subaru lo había dicho en broma, pero había sacado a la luz la existencia de una celda y, con ello, el lado oscuro de la mansión Roswaal.

Por otro lado, los hombros de Otto se estaban hundiendo en desánimo después de recibir un ataque combinado, cuando…

—Hey, basta, los dos. No deben tratar a Otto como si fuera una especie de marginado.

En lugar de Otto, fue Emilia la que se puso de pie con justa indignación. Poniéndose las manos en las caderas, miró hacia el combo comediante en cuestión, Subaru y Frederica: ambos.

—Qué cosa tan terrible para decirle a alguien que hizo todo lo posible para ofrecer su cooperación. Y, sin la ayuda de Otto, sería realmente difícil ir al Santuario, ¿no?

—¡Ohh!… ¿Escuchó, señor Natsuki? ¡Así es como debió haber reaccionado!

—Aaah, ha pasado un tiempo desde que dije E. M. T. —(Emilia Maji Tenshi ‘en serio que Emilia es un ángel’)—, así que lo diré ahora. ¡¡E.… M.… T.!!…

—¿E.… M.… qué?

Cuando, de muy buen humor, Subaru invocó la vieja frase, Otto registró la puntuación más alta de desconcierto de ese día. Dejando a un lado su confusión, Subaru había comprendido las circunstancias de la declaración de Emilia.

—En otras palabras, Otto dijo que iría con nosotros hasta el Santuario. Para ser franco, habría tenido que dejarle a Patlash toda la conducción del carruaje, así que es de gran ayuda, pero…

—¿Pero qué? Esa forma de hablar implica algo. ¿Mi buena voluntad se ve enferma para usted?

—Lo siento, el único comerciante del que espero regalos es un tipo con una frutería y una cara aterradora. Eso podría ser mejor a nivel humano, pero es mucho más simple creer que un comerciante requiere más que buena voluntad para actuar.

Cadmon, Anastasia, Russel: le vinieron a la mente nombres y caras de comerciantes con los que había entrado en contacto en la capital. En términos de personalidad, Otto era el más cercano a Cadmon, pero en términos de tendencias mercantiles estaba más cerca del último…

—Puedo leer tu motivo oculto. Lo esencial es cooperar con Emilia para acercarse lo más posible a ella y causar una buena impresión en su patrocinador, Roswaal. Incluso más que comprar el aceite, el punto de venir con nosotros es acercarse a Roswaal, ¿verdad?

—Eh, em, sacar a la luz mis secretos más profundos es un poco…

—Otto…, ¿es eso cierto?

—¡Los ojos sinceros de la señorita Emilia son dolorosos dolorosos dolorosos! ¡Lo siento mucho! ¡Es en su mayor parte exactamente como él dijo! ¡Pero, créanme, no quise causar ningún daño, así que ¡perdónenme, por favor!!

Aunque Otto trató de ser desafiante, no le fue muy bien; acabó confesando y reconociendo la derrota ante la sinceridad de Emilia. Subaru agitó la cabeza con cansancio ante el comportamiento de Otto; esta vez fue su turno de darle una palmada a Emilia en el hombro.

—Bueno, no seamos demasiado duros con Otto. Lo haces parecer fácil, Emilia-tan, pero es muy difícil para alguien actuar en nombre de otra persona solo de buena voluntad desde el corazón.

—No creo que yo sea realmente tan buena persona…, pero ¿eso no iría para ti, Subaru?

—Agoto todos mis esfuerzos por Emilia-tan por mis propios motivos personales. Hmm, si es cien por ciento impuro, ¿eso lo hace puro?…

Todos quieren que otras personas piensen bien de uno. En el fondo, ese es el punto de partida para las acciones tomadas en el curso de las relaciones interpersonales. Dicho esto, la vida humana no era tan seca como para declararlo una regla de hierro. Era simplemente una cuestión de grises.

Los seres humanos eran simplemente demasiado complejos para expresarse en una sola oración.

—Incluso con tu motivo oculto a la vista, en realidad pensamos bastante bien de ti. Así que relájate ya.

—Eso no suena muy tranquilizador viniendo de usted, señor Natsuki, pero…

Subaru respondió al abatido Otto con una sonrisa burlona, antes de girarse hacia Frederica.

—Está bien, Otto está ayudando. Así que los tres podremos oírte hablar sobre el Santuario.

—Entendido. Por cierto, ¿el maestro ha hablado con alguno de ustedes sobre el Santuario?

Con Subaru y compañía sentados uno al lado del otro en el sofá, listos para escucharla hablar, Frederica les hizo esa pregunta. Al recibirla, Subaru y Emilia se miraron a la cara, y la segunda dijo:

—Para ser franca, no me dijo casi nada al respecto. Según los fragmentos que escuché, sonaba como una especie de base secreta a varias horas de distancia… El hecho de que fue la primera sugerencia para evacuar a la gente me hace pensar que no me equivoqué.

»Una vez… Roswaal me dijo que era un lugar que algún día sería… necesario para mí…

—¿Que sería necesario para ti algún día?…

La inesperada declaración dejó a Subaru mirando a Emilia, con sorpresa en los ojos. Esa mirada provocó que Emilia se disculpara bajando la mirada. Pero, antes de que Subaru pudiera hacer una pregunta de seguimiento:

—Suena como algo que diría el maestro.

Frederica cerró los ojos, y su tono sonó ligeramente divertido. Luego agarró el borde de su falda, haciendo una profunda reverencia. Y entonces…

—Ahora hablaré de cómo entrar en el lugar llamado Santuario de Clemaldy. No deben decir ni una palabra de esto a nadie más. Además, al ir al Santuario hay un nombre que no deben olvidar.

—…

—Garfiel. Debe prestar atención a la persona con ese nombre. En el Santuario, ese individuo es a quien usted y la señorita Emilia deben acercarse solo con la mayor precaución. Emociones complejas residían en los ojos esmeraldas abiertos de Frederica mientras ponía ese nombre en sus labios.

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