—Ah… Señor Ah-ah-ah-gi.

—Es Araragi.

—Lo siento. Me mordí la lengua.

Mientras conducía la bicicleta por una colina yendo a casa desde la escuela un viernes, frente a mí vi a una niña con coletas que cargaba una mochila, específicamente, a Mayoi Hachikuji, así que le di a los frenos, me detuve a su izquierda y la llamé, a lo que ella reaccionó pestañeando sorprendida y diciendo mal mi nombre, como siempre.

Aunque una parte de mí estaba emocionada porque mi nombre pudiera ser deformado de una nueva manera, yo, siempre perfeccionista, la corregí.

—No me conviertas en un secuaz que recibe su nombre por su falta de sentido común.

—Yo creo que sonó muy lindo.

—Sonó como todo un perdedor.

—Mmm. Bueno, pienso que podría ser sorprendentemente adecuado. —De la boca de la niña de quinto grado podían salir cosas muy infames—. En cualquier caso, me alegra ver que le esté yendo bien, señor Araragi. Es un placer poder encontrarme con usted de nuevo en este modo. ¿Cómo ha estado? ¿Ha pasado algo especial desde entonces?

—¿Eh? Oh, no, no realmente. Esa clase de cosas no son comunes. He llevado mi vida en paz. Paz, o tranquilidad, quizá. Oh, pero tengo la prueba de aptitud que será pronto, y no hay mucha paz o tranquilidad en mi vida cuando se trata de eso.

Fue hace unas dos semanas… El catorce de mayo, el Día de la Madre.

Aquel día me encontré con ella, Mayoi Hachikuji, en el parque y acabé envuelto en un caso especial como resultado… Bueno, lo que ocurrió no fue tan concreto como para ser llamado un caso, ni tan general para ser un suceso o evento, pero, de cualquier modo, resulté involucrado en una experiencia que no fue muy normal.

Cuando digo que no es normal, es porque no lo fue.

Al final fuimos capaces de resolverlo gracias a la ayuda de un desagradable sujeto, dígase Oshino, y Senjogahara…, y todo acabó bien, pero si lo que ocurrió el catorce de mayo fue destino y no casualidad, entonces cada día de las siguientes dos semanas de paz y tranquilidad también debieron haber sido destino y no casualidad.

Por lo que podía ver, a Hachikuji también le estaba yendo bien, lo que significaba que el incidente del Día de la Madre había tenido un final apacible. Esto era raro debido a que la experiencia no fue normal. En este aspecto, para mí…, para Hanekawa…, y para Senjogahara…, lo que vino después de nuestra experiencia no tan normal, las secuelas, en realidad fueron más duras de cargar… o mucho más crueles. Más miserables, incluso.

Mayoi Hachikuji.

En ese aspecto, la envidiaba.

—Oh, ¿sucede algo? Qué indecente de su parte, señor Araragi, mirarme con esos ojos tan apasionados.

—… ¿Qué ojos apasionados? —¿E indecente? Esta era una pasión inocente.

—Míreme un segundo más con esos ojos y me va a causar reflujo.

—¿Qué pasa con tu estómago?

Repelús, habrá querido decir.

Bueno, considerando sus circunstancias, no sería correcto envidiarla… Porque de cierto modo es Hachikuji la que tiene las más duras y crueles, no Hanekawa, Senjogahara ni yo. Estoy seguro de que muchas personas se inclinarían hacia esa perspectiva.

Mientras yo reflexionaba, dos estudiantes de preparatoria pasaron a la izquierda de mi bici. Las dos eran mujeres y usaban uniformes de una escuela que no era la mía. La pareja vio hacia mí y Hachikuji con clara sospecha y, ocultando la voz de forma nada sutil, murmuraron al pasar, creando una escena extremadamente mezquina… Supongo que ver al sénior de preparatoria Koyomi Araragi involucrado en una conversación seria con la estudiante de quinto grado Mayoi Hachikuji resultaba muy sospechoso para la moral ordinaria.

Todo está bien.

La fría mirada de la sociedad no me molesta.

No me había acercado a Hachikuji sin tener la resolución necesaria. Porque lo único que importaba era que ella y yo sabíamos la verdad. Los prejuicios superficiales no tenían fuerza contra la amistad que habíamos forjado.

—Santos cielos, señor Araragi, parece que esas dos pensaron que usted era un pedófilo. Mis sinceras condolencias.

—¡No digas esas cosas!

—No hay por qué avergonzarse. Ser amante de las niñas pequeñas no es contra la ley de por sí. Sus preferencias y predilecciones son solo suyas. Es solo que no debe practicar su filosofía anormal.

—Sabes, incluso si me gustaran las niñas, ¡seguiría odiándote!

No habíamos forjado ninguna amistad.

Parecía estar rodeado de gente como ella.

Eché un vistazo detrás.

Ahora estamos solos.

Así era por ahora.

—… Eres una niña terriblemente prometedora, ¿lo sabías? Pero, Hachikuji, ¿qué hacías vagando por aquí a esta hora? ¿Volviste a perderte mientras ibas a algún lugar?

—Esa es una forma muy grosera de decirlo, señor Araragi. No me he perdido ni una vez desde el día en que nací.

—Esa memoria tuya es muy impresionante.

—Me está haciendo sonrojar con sus cumplidos.

—No, realmente es impresionante. Es impresionante ser capaz de olvidarse de todas las cosas estúpidas e inconvenientes.

—Oh, para nada. Por cierto, ¿podría recordarme quién es usted?

—¡Ya me has olvidado!

Fue una respuesta impecable.

Tenía buen gusto.

—… En serio, aun así, aunque sea una broma, es deprimente ser olvidado por alguien, Hachikuji.

—Me olvido de todas las personas estúpidas e inconvenientes.

—¡Oye, no soy tan estúpido como para que me digas así! ¡Y dije cosas, no personas!

—Me olvido de todas las… cosas estúpidas e inconvenientes.

—Bien, bien, así… ¡no está bien! ¡No está nada bien! ¡No deberías llamar «cosas» a las personas!

—Pero usted mismo lo dijo.

—Calmada. No te pases de lista.

—Usted es muy egocéntrico, ¿no, señor Araragi? Muy bien, entonces. Seré considerada y lo diré de otro modo.

—Escuchémoslo…

—Personas estúpidas y convenencieras.

—…

Fue una conversación divertida.

Para ser honesto, tenía algunas dudas sobre mí mismo, sobre este preparatoriano llamado Koyomi Araragi que charlaba con una niña de quinto grado como si fuéramos colegas, pero se sentía muy similar a hablar con mis hermanas, quienes estaban en secundaria, así que… Además, quizá fuera por la diferencia entre las chicas de primaria y secundaria, pero Hachikuji no era extrañamente susceptible o peculiarmente cínica, y nuestra conversación tenía un mejor flujo que cuando hablaba con mis hermanitas.

—Aah…

Con un suspiro, bajé de la bicicleta.

Empujando su manubrio, comencé a caminar hacia adelante.

Hablar con Hachikuji era divertido, pero quedarme parado y extendernos demasiado podría tener un efecto adverso en mis planes para luego. No es que estuviera particularmente presionado por el tiempo, pero aun así decidí empujar la bicicleta mientras hablábamos. Mejor hablar y caminar que hablar sin movernos de sitio. Hachikuji debió haber estado paseando sin rumbo, porque caminó al ritmo de mi bici sin que yo tuviera que decirle nada. Apuesto a que simplemente no tenía nada qué hacer.

Había otra razón por la que decidí ponerme en marcha; volví a ver hacia atrás, pero al parecer no había necesidad de preocuparse por eso en estos momentos.

—¿Hacia dónde va, señor Araragi?

—Mm. A casa, por ahora.

—¿Por ahora? ¿Así que va a salir después?

—Sí, supongo… ¿Recuerdas lo que dije recién acerca de la prueba de aptitud que será pronto?

—¿Su habilidad, es decir, el valor de su alma se enfrentará a la realidad?

—No es nada tan grande… Esa realidad es simplemente si me graduaré o no.

—Ya veo. La realidad de si no se va a graduar.

—…

Significaba lo mismo, pero el matiz era muy evidente.

Que cosa tan truculenta es esto que llaman lenguaje.

—Señor Araragi, usted es una persona de mente conveniente, después de todo.

—Honestamente me haría más feliz si simplemente dijeras estúpido.

—No, nunca lo haría. Hay algunas cosas que es mejor darlas por supuestas.

—¡Pero no mejor callárselas, al parecer!

—Oh, em, no se preocupe. Yo tampoco tengo las mejores calificaciones, así que estamos en el mismo barco, el mismo barco, ¿entendido?

—…

Estaba siendo consolado por una niña de primaria.

En el mismo barco que una niña de primaria.

No solo eso, cuando hablaba de sí misma, no decía que fuera estúpida sino apenas que no tenía «las mejores calificaciones». Mayoi Hachikuji era astutamente engañosa.

—Bueno, la verdad es que es un tema incómodo para mí —dije yo—. Realmente voy a estar en problemas si no acabo bien esta prueba.

—¿Será expulsado?

—No importa qué tan especial sea la preparatoria, no voy a ser expulsado por una mala nota. Digo, si hubiera alguna escuela donde lo hicieran, no dejaría de sonar como una trampa para idiotas. Entonces, lo peor que puede pasar es que tenga que repetir un ciclo, pero… Pero quiero evitar eso.

De ser posible.

No, no de ser posible. Tenía qué.

—Jum. En ese caso, señor Araragi, ¿realmente está en posición para salir de nuevo hoy? Debería correr a encerrarse en casa y estudiar para su prueba.

—Un consejo sorprendentemente sabio, Hachikuji.

—¿«Consejo sabio»? ¡Sobran esas dos palabras, señor!

—¡¿Pero «sorprendente» estaba bien?!

Era una comediante innata.

—Bueno, no hay por qué preocuparse, Hachikuji, aunque sí le has dado al clavo. No necesito que me lo digan. Como verás, puede que vaya a salir, pero no es para jugar o para ir de compras. Voy a salir para estudiar.

—¿Hrm? —Hachikuji ladeó su cabeza como toda una adulta (solemne)—. ¿Entonces dice que va a estudiar en la biblioteca o algo así? Mmm. Personalmente, creo que el mejor entorno para estudiar es uno familiar en el que se pueda relajar, como su habitación… Oh, ¿o acaso irá a una escuela intensiva, o algo?

—Si tuviera que describirlo, diría que se parece más a una escuela intensiva —respondí yo—. Recuerdas a Senjogahara, ¿no? Bueno, ella tiene unas de las mejores notas en nuestro grado, y prometió asesorarme hoy en su casa.

—La señorita Senjogahara…

Hachikuji se cruzó de brazos y miró hacia abajo.

Esperen, ¿la había olvidado? ¿No porque fuera inconveniente, sino posiblemente por el miedo?

—Su nombre completo es Hitagi Senjogahara —traté de recordarle—. Ya sabes, la dama de la coleta que estaba conmigo el otro día y nos ayu…

—Oh, ¿esa tsundere?

—…

Sí la recordaba.

Al parecer, a Senjogahara se le estaba dando el título de «t[…]e» por todo el pueblo… ¿Ella estaría bien con eso? Tenía que preguntarle cómo la hacía sentir esto, solo para saber cómo reaccionar por mi parte.

—Era una mujer cuya tolerancia no tenía límite, según recuerdo. Me cargó sobre su espalda todo el tiempo mientras me mostraba el camino.

—¡Esos sí que son unos recuerdos muy embellecidos, ¿sabes?!

Senjogahara estaba funcionando como un trauma para Hachikuji. Considerando las circunstancias de cada una, casi tenía sentido…

—Mmm —murmuró Hachikuji con los brazos todavía cruzados—. Oh, pero… si mal no recuerdo, usted y la señorita Senjogahara son…, bueno, em, cómo decirlo.

Hachikuji parecía estar eligiendo sus palabras con cuidado. Tenía una buena idea de cuál era su pregunta, pero también me dio la impresión de que era reacia a decirlo de forma directa y estaba buscando una expresión distinta. Aunque yo no lo llamaría curiosidad, sí tenía interés en el proceso de selección al que tendría que someterse su vocabulario de estudiante de quinto grado, así que me quedé ahí y observé, sin darle escapatoria.

Finalmente, ella dijo —: Han formado un contrato de amantes, ¿correcto?

—¡No lo pudiste haber dicho peor!

Para sorpresa de nadie, terminé gritándole.

Otra interacción de manual entre nosotros.

—¿Disculpe? ¿Dije algo raro, señor Araragi?

—En la superficie no usaste ninguna palabra rara, pero son pocos los que no le hallarían algo podrido de fondo…

—Si la palabra «contrato» es el problema…, entonces ¿qué tal «transacción»? Una transacción de amantes.

—¡Lograste hacerlo peor! ¡Solo habla como una persona normal, no me importa!

—Jum. Muy bien, como desee. Hablaré como una persona normal. La normalidad es fácil para mí cuando lo intento. Aquí vamos. ¿Listo? Si no me equivoco, usted es el pretendiente de la señorita Senjogahara.

—… Em, supongo.

Ahora me estaba abordando con una locución terriblemente anticuada.

¿Esa era su idea de normalidad?

—Entonces, ¿esta aseveración de que ella le estará instruyendo no es más que un pretexto porque acabarán intercambiando caricias?

—…

Otra expresión anticuada.

Definitivamente algo no andaba bien con su vocabulario.

—Señor Araragi, si se me permite decirlo, visitar el hogar de su enamorada justo antes de la prueba de aptitud que determinará si puede repetir un grado, no es menos que un acto suicida.

—Lo que determina es si puedo graduarme. —Ella parecía pensar que yo era un gran idiota. Pobre cosilla, siento pena por mí—. Y tampoco lo llames «acto suicida».

—Está bien, entonces. No parece menos que un suicidio.

Estaba siendo molestado por una niña de primaria. Pobre cosilla, siento pena por mí. —¡Mucho ojo! —le advertí—, ya estás bastante crecidita, por lo que no tendré problemas en acabar contigo si te agarro y…

—¿Bastante crecidita?, ¿agarrarme? ¿Lo dice por mi trasero y mis pechos? Señor Araragi, ¿qué es exactamente lo que espera de mi cuerpo de estudiante de primaria?

—Silencio. Si no me has entendido, no distorsiones mis palabras de ese modo, no te hagas la listilla.

Le di un coscorrón a Hachikuji.

En venganza, Hachikuji me pateó en la espinilla.

Se declaró un empate, fruto del respeto mutuo.

—Bueno, como sea, Hachikuji, no necesitas preocuparte por eso… Senjogahara es ridículamente estricta en esas cosas.

—¿Es estricta con el estudio? Qué espartana. Ah, ahora que lo dice, ella no parece del tipo que disfrute tratar con tontos.

—Síp. Ella misma lo dijo.

Es por eso que encontraba insufribles a los niños.

Incluyendo a Hachikuji.

Quizá me encontraba insufrible a mí también.

Aunque, por supuesto, no solo hablaba del estudio cuando describía a Senjogahara como «estricta»… Bueno, dejémoslo en que es una estudiante modelo.

—Entonces es como el sargento Heartful.

—Sea quien sea, suena como el suboficial más amigable que haya habido jamás.

—Em, creo que la casa de la señorita Senjogahara estaba cerca de aquel parque…

—No, creo que ya te lo había dicho, pero ella se mudó hace mucho… Ya estuve ahí una vez, un poco antes de que te conociera, y está bastante lejos. Si voy a casa, cambio de bicicleta y me voy… Agh, ahora que veo la hora, parece que debo apurarme.

—Si tiene prisa, no seré tan grosera como para detenerlo.

—No, no es como si ya me tuvieran de espalda contra la pared o algo así.

Puede que estuviera yendo con Senjogahara, pero seguía siendo para estudiar, y, a decir verdad, no lograba entusiasmarme con la idea… Aunque, quién sabe qué clase de abuso desataría Senjogahara sobre mí si se lo dijera.

Santos cielos.

Hitagi Senjogahara.

También lo podríamos decir de Hachikuji, pero Senjogahara era realmente…

—Oye, Hachikuji…, ¿estás…?

Fue en ese mismo instante.

A mitad de la oración, escuché un sonido detrás de mí.

Un sonido.

El sonar de pisadas.

Un ritmo vívido y sostenido, menos parecido a una serie de pasos que a saltos, saltos en toda su definición, tap, tap, tap, tap, tap, tap: esa clase de pisadas.

No había necesidad de ver hacia atrás para confirmar.

Sí, supuse que no…

En términos de no poder gozar de paz y tranquilidad, yo estaba cargando con otra amenaza nefasta encima de la prueba de aptitud…

Justo cuando pensé que me la había sacado de encima.

Tap, tap, tap, tap, tap, tap.

Los pasos se acercaban más y más.

No era necesario que lo confirmara, pero aun así…

No pude evitarlo.

¡Taap!

Justo cuando acabé de girarme de forma reacia y recalcitrante…, ella saltó.

Ella, Suruga Kanbaru, estaba saltando por los aires.

No fueron solo unos cuantos pies, fue como si ejecutara un salto largo, como si el mismo aire la moviera formando una trayectoria que parecía ignorar la ley de la gravitación universal…, y pasó a mi derecha, todavía en el aire, casi al nivel de mis ojos.

Luego aterrizó.

Su cabello paró de revolotear cuando lo hizo.

Un uniforme escolar.

Esta vez, aunque no haga falta decirlo, era el de mi escuela.

Su pañuelo era el amarillo característico de los de segundo año.

Por cierto, saltar en el aire con uniforme significaba que su falda, modificada para ser más corta (por las tendencias de hoy en día) que las que se usan hoy en día, también se había levantado, pero, ya que usaba un short de ciclismo que le llegaba hasta las rodillas…, este gusto no se me concedió.

Su falda también cayó de vuelta en su lugar un momento después.

De repente noté un olor como el de caucho quemado.

La fuente parecía ser la fricción intensa entre el asfalto y las suelas de sus deportivas indiscutiblemente caras… En serio, ¿qué tan excepcionalmente atlética era?

Luego, nuestro as del baloncesto, Suruga Kanbaru, se dio la vuelta.

Aunque no era precisamente como de adulta, su expresión serena y dominante era algo de lo que la mayoría de los de tercer año no podrían presumir, y sus galantes ojos… miraban directo hacia mí.

Se puso la mano en el pecho como si estuviera a punto de hacer un juramento.

Luego mostró una pequeña sonrisa.

—Hola, Araragi-senpai. Qué coincidencia.

—¡Nunca había oído de una coincidencia tan premeditada!

Obviamente había corrido en mi dirección.

Cuando vi alrededor, Hachikuji había desaparecido por completo. A pesar de ser contundente y brusca conmigo, Mayoi Hachikuji era una niña sorprendentemente tímida, y, habiendo ejercido un juicio apresurado, se retiró rápidamente en consecuencia. Por supuesto, casi cualquiera hubiera huido si una mujer extraña viniera corriendo a una velocidad tan bestial (desde su posición debió haber parecido que Kanbaru iba directo hacia ella).

Aun así, no era muy amigable, ¿verdad…?

Bueno, está bien.

Cuando volví a ver a Kanbaru, ella estaba asintiendo una y otra vez como si estuviera totalmente encantada y profusamente motivada por alguna razón.

—… ¿Qué sucede?

—Nada, estaba repasando tus palabras, para grabarlas en lo profundo de mi corazón. «Nunca había escuchado de una coincidencia tan premeditada»… La línea perfecta para la ocasión, del tipo que todos querrían que se les ocurra, pero fallan. Eso es lo que yo llamo un ingenio agudo.

—…

—Sí, estás en lo correcto —dijo Kanbaru—. Vine corriendo tras de ti.

—… Em, sí. Lo sabía.

—Ah, entonces lo sabías. Cualquier plan de una polluela como yo es transparente para alguien de tu calibre, lo entiendo. Esto es incómodo, y no podría estar más avergonzada, pero estoy realmente impresionada.

—…

¿Cómo se supone respondas a eso?

Sabrá Dios que clase de expresión tendría grabada mi rostro en ese momento, pero Suruga Kanbaru no le dio importancia y me presumió su vívida sonrisa.

Fue tres días atrás.

Entonces caminaba por el pasillo, el mismo en el que Suruga Kanbaru se me acercó con sus pasos resonantes y comenzó a hablarme como si no fuera nada. Fue tan natural que terminé respondiendo normalmente, pero no dejaba de ser la estrella de segundo grado, una celebridad conocida en toda la escuela, alguien de quien sabía incluso yo, alguien de tercer grado ajeno a la farándula. La conocía, mas nunca habría imaginado involucrarme con ella de alguna forma…, así que me vi bastante sorprendido.

Pero lo que realmente me sorprendió fue su personalidad. Bueno, no sabría que nombre ponerle, pero estoy seguro de que es inusual… Suruga Kanbaru poseía un temperamento, un carácter que no había visto antes en mi vida.

Y.

Desde aquel momento, refiriéndonos a los tres días anteriores a este mismo instante…, he sido perseguido por ella, como ahora. Sin importar cuando, sin importar donde, sin importar quien pudiera estar observando; tap, tap, tap, tap, tap, tap, Kanbaru ha estado corriendo hacia mí.

—Dejando de lado los descansos —le pregunté—, ¿no tienes prácticas después de la escuela? ¿Siquiera deberías andar por aquí?

—Ajá. Qué astuto, tal como era de esperarse. Eres como el héroe de una historia de detectives, a quien nunca se le escapa ni la discrepancia más pequeña. Le habrías dado competencia a Philip Marlowe en el negocio, una competencia muy difícil, además.

—Simplemente es extraño, una jugadora de baloncesto de talla nacional no debería estar aquí a esta hora, así que deja los halagos.

Si con eso bastaba para enviar corriendo con su mami al héroe de una historia de detectives, entonces no es una serie que quiera leer.

Kanbaru tenía una sonrisa radiante. —Vaya palabras más modestas, nunca dudas en colocar la humildad apenas después de tu vida… Soy propensa a sobreestimarme y debería aprender de ti, comenzando ahora mismo. Ja ja, dicen que una manzana podrida hecha a perder el cesto, pero puedo sentir que crezco como persona solo por estar contigo. Ahora entiendo de qué va todo eso de «imitar al maestro».

No había malicia en su sonrisa.

…En lo que llevo de vida, yo había tomado que una «buena persona» era alguien como Hanekawa, pero estaba dudando si los especímenes definitivos en realidad eran más como Kanbaru.

En otras palabras, eran aún peores que Hanekawa.

Todavía más pesados que nuestra presidenta de clase.

—Pero ve, mi mano está así ahora mismo —dijo Kanbaru, extendiendo su brazo izquierdo.

Su brazo izquierdo, que estaba bien apretado por un vendaje blanco. Así en todo centímetro, desde cada una de las cinco puntas de sus dedos hasta su muñeca. Las mangas largas de su uniforme ocultaban el resto de su brazo, pero el vendaje probablemente se extendía hasta la altura de su codo. Había escuchado que hace poco había sufrido un percance durante un entrenamiento en solitario y se infligió un terrible esguince, o algo por el estilo… Bueno lo escuché como un rumor, justo antes de que Kanbaru me hablara.

Los rumores son rumores.

Suruga Kanbaru haciéndose un esguince a pesar de toda su destreza atlética y flexibilidad, fuera un entrenamiento en solitario o no, era difícil de creer, aun tomándolo con pinzas…, pero ya que su brazo estaba vendado, supuse que era la verdad. Todos cometemos errores, errar es humano, hasta los monos caen de los árboles.

—Como no puedo jugar, en el gimnasio solo le estorbo al equipo. Por eso ahora me abstengo de ir a las prácticas.

—Aun así, ¿no eres la capitana? Con todo y tu situación, seguramente va a caer la moral del equipo si no estás.

—Me decepciona que pienses que cargo con todo el equipo en la espalda. Mi equipo no es tan incompetente como para que su moral vaya a caer solo porque no estoy —dijo Kanbaru con un tono firme—. El baloncesto es un deporte riguroso. No puedes confiar en una sola persona para ganar el juego. Claro, resalto por mi posición y el rol que juego, pero solo es gracias a todos los demás. La admiración que se concentra sobre mí debería compartirse con todo el equipo.

—… Eh, supongo que tienes razón.

¿Cuál era la palabra para alguien como ella?

¿Decente? ¿Virtuosa?

La que haya sido.

Parecía que, en general y no solo ahora, Kanbaru era increíblemente sensible con la gente que insultaba a sus compañeros (no es que yo estuviera tratando de hacerlo). Cuando estaba en primer año, tiró una mesa cuando el periódico de la escuela la estaba entrevistando porque dijeron algo grosero acerca de una de sus compañeras mayores…, o eso decía el rumor (si tienes curiosidad, el rumor acabó siendo falso, pero había pasado algo similar).

—Jeje —escapó una risa de los labios de Kanbaru—. Ya sé. Estabas poniendo a prueba mi aptitud como capitana, ¿no es verdad?

—…

¿Ahora qué estaba diciéndome esta estudiante de segundo con su expresión tan triunfante y presuntuosa?

Ya quítame esa mirada de encima.

—Senpai mío, en pro de guardar tus palabras para futuras generaciones, será mejor que el escritor las ponga en negritas y subrayadas para que su impresión se vea impartida a los lectores. El peso que le pones a cada palabra es abrumador. «No es lo que se dice, sino quien lo dice»; a menudo lo dicen con sentido negativo, pero eres la única persona que lo vuelve positivo. Relájate, por favor. No planeo abandonar mis responsabilidades como capitana; no soy tan egoísta como para hacer esa negligencia. Soy consciente de que debo vivir para ser nuestro as y asegurarme de cumplir las rutinas de entrenamiento. Si acaso, deben concentrarse más fácil en la práctica gracias a mi ausencia. Cuando el demonio sale, los ratones hacen fiesta.

—El demonio, ¿eh? Bueno, de todos modos, me alegra oír eso.

—Deporte o no, solo es una actividad de un club para estudiantes. Más importante, nuestra escuela se enfoca en la educación. Al final del día, las extracurriculares son una forma, para nosotros los adolescentes, de crear recuerdos, así que deben ser divertidas, libres y amigables. Aun así, la mayoría de mis superiores no se habrían preocupado por tener algo que ver conmigo, pero tú no solo estás pendiente de mis relaciones, incluso piensas en mis compañeras de equipo. Me siento mal por preocuparte tanto. Esa profundidad de carácter expande mis propios horizontes…, y pensar que incluso jugarías el rol de villano por el bien del equipo de baloncesto. Solo iría tan lejos alguien que realmente se interesa por sus júniores. Nunca había conocido a una persona como tú, senpai.

—Yo tampoco había conocido a alguien como tú…

Ella estaba abriendo nuevos horizontes…

Era una fuente innata de amabilidad…

—Ya veo —dijo ella—. No hay mayor honor que escucharlo de ti. Jeje, ¿qué es este sentimiento?, ¿inspiración? Es como si al ser elogiada por alguien tan agraciado como tú, hubiera nacido una fuente nueva de valor en mí. Ahora siento que puedo hacer lo que sea. De este día en adelante, cada vez que me sienta desanimada, voy a venir contigo. Unas palabras de mi mentor harán que recobre la compostura, yo lo sé.

La sonrisa de Kanbaru se negaba a abandonar su rostro siquiera por un instante.

Su expresión casi la hacía parecer despistada…, pero no lo era, debido a la innegable fuerza que residía tras ella. Solo alguien con una confianza absoluta en sí podría portar esa sonrisa.

Pertenecíamos a mundos completamente diferentes.

Pertenecíamos a categorías completamente diferentes.

Bueno, eso estaba claro sin tener que decirlo…, aun sin contar nuestras personalidades, la chica atlética y estrella de la escuela, Kanbaru, y Koyomi Araragi pertenecían a mundos diferentes, categorías diferentes, era obvio, así que la pregunta era por qué alguien como Suruga Kanbaru había querido hablarme.

No solo lo quiso. Por qué seguía haciéndolo.

Por qué corrió hacia mí… y seguía haciéndolo.

No era posible que fuera, según sus propias palabras, porque se sentía desanimada y necesitara levantar los ánimos. Yo no tenía esa clase de poder sobrenatural. Si lo tuviera, no me importaría usarlo en mí mismo.

Ya había perdido la cuenta de las veces que había hecho esta pregunta durante los últimos tres días, pero la hice de nuevo —: Entonces, Kanbaru. ¿Qué quieres de mí?

—Ah, sí… —Había estado dando respuestas rápidas y elocuentes hasta ahora, pero por vez primera parecía buscar las palabras correctas. Pero solo tomó un segundo antes de que sus mejillas se iluminaran con una sonrisa y abriera la boca—. Debiste haber leído la sección internacional en el periódico de hoy, ¿no? Quería saber qué piensas sobre la situación política que se está dando en Rusia.

—¡¿Eventos actuales?!

Vaya tema para hablar, además. Apenas y sabía de política japonesa, ¿pero ahora íbamos a cruzar el mar para hablar de Rusia?

—Oh, ¿preferirías hablar de India? —ofreció ella—. Pero, como podrás adivinar, tristemente soy bastante deportista, alguien de exteriores que es débil en los temas relacionados con las TI[1]. Me siento más identificada con los problemas que enfrenta Rusia.

—No leí el periódico esta mañana. —Di una excusa tan descarada que ni yo mismo me la creería. En realidad, sí lo leí, pero no entendí lo suficiente como para participar en una discusión…—.

A pesar de todo, Kanbaru se limitó a decir: —Oh. —Y sus ojos se mostraron dolidos—. Bueno, eres un hombre ocupado. Sé que es posible que no tengas tiempo para leer el periódico en la mañana. Me disculpo, debí haberlo pensado antes de parlotear sin consideración. Podemos dejar el tema para mañana, en ese caso, si está bien para ti.

—Seguro…

—Qué generoso de tu parte. No esperaba ser perdonada tan fácil. Simplemente no hay manera de que alguien con tu seriedad no encuentre superficial a mi comentario, pero lo dejaste pasar sin siquiera dar rastro de tu descontento. Eso es a lo que llaman ser diplomático. Nunca pensé que pudieras llegar a gustarme más.

—Bueno, gracias…

—No es necesaria la gratitud. Solo estoy diciéndote lo que siento.

—…

Y, a pesar de todo, parecía muy inteligente.

Ser inteligente y atlética para nada está dentro de las reglas… No era como si Hanekawa y Senjogahara fueran malas en los deportes, pero no podían compararse con esta alumna de segundo grado. Seguro, Senjogahara podrá haber sido la estrella del club de atletismo en secundaria, pero la brecha en su currículo luego de iniciar la preparatoria no era perdonable…, menos aún si añadías sus circunstancias especiales.

Bueno, por supuesto que no creía en realidad que Kanbaru quería debatir conmigo sobre la situación política en Rusia; estaba claro que era un pretexto. No importaba cuántas veces le preguntara qué quería de mí, siempre actuaba así y evitaba darme una respuesta directa.

Debía tener algún objetivo, pero yo no tenía ni media pista.

 ¿Por qué diablos me estaba siguiendo a todos lados, y por qué tan repentinamente? Ella, la estrella de toda la escuela, y yo, un pobre diablo de tercer año, no teníamos nada en común.

Yo tendría que ser un total extraño para ella.

—Por cierto, ¿hoy te pasó algo extraño? —preguntó ella.

—¿Disculpa? No realmente… Todo ha sido normal. —Excluyéndola a ella. Bueno, también comenzaba a acostumbrarme a ella—. Me duele la cabeza por culpa de la prueba de aptitud que tendremos pronto, sería lo único.

—Oh, la prueba de aptitud, Mmm, sí. También es un dolor de cabeza para mí. Es toda una molestia para los que tenemos extracurriculares. Nuestra escuela prohíbe las prácticas desde una semana antes de la prueba, así que nuestra única opción es practicar en solitario.

—Ah.

Entonces así funcionaba. Tenía unos cuantos problemas entendiendo su lógica de que si la escuela lo prohibía tendría que practicar sola, en lugar de tomar un descanso y ya. Pero el suyo era un mundo diferente.

—Pero Kanbaru, ¿eso no es algo bueno, al menos desde tu perspectiva? Tu mano izquierda esguinzada debería curarse para entonces.

—¿Mmm? Oh…, es verdad. —Miró abajo, hacia su mano—. Impresionante, es que simplemente ves las cosas de un modo distinto. Siempre tratas de hallar la forma de hacer felices a todos a tu alrededor. Eres un verdadero maestro del pensamiento positivo.

—Oye, podría pensar positivo por un siglo y seguiría sin estar a tu nivel…

¿Qué clase de crianza creaba personas como ella?

Me dejaba perplejo.

—Sé que es un cliché —admitió ella—, pero el trabajo de un estudiante es estudiar. Aunque sean molestas, las pruebas de aptitud siguen siendo pruebas, y no tomaré las mías a la ligera.

—Lo bueno es que no fue tu mano derecha.

—Bueno, en realidad soy zurda —dijo Kanbaru­—. Ser zurdo significa que tienes que lidiar con montones de inconvenientes en tu día a día, pero, si hay algún lado donde puede ser ventajoso, es en el mundo de las competencias deportivas. Este derecho de nacimiento es mi tesoro.

—¿Ah, en serio?

—Mm. Es conocimiento básico para cualquier deportista. En Japón, los padres todavía suelen corregir la zurdera de sus hijos, así que solo uno de cada diez atletas, como mucho, es zurdo. ¿Cómo se te ocurre que se traduce eso en el baloncesto? Es un juego de cinco contra cinco, así que, en promedio, solo hay uno en la cancha. Y esa sería yo. Es una de las razones por las que pude convertirme en nuestro as.

—Ah… —me sentí convencido, pero no estaba seguro de qué.

—Aun así, cuando pasa algo como esto, aunque sea el resultado de mi descuido, todo lo que me queda es un montón de dificultades.

—Zurda, eh… Realmente no entiendo nada de eso porque no practico deportes, pero ser zurdo suena simplemente genial.

Honestamente, era lo que pensaba.

Bueno, era más una preconcepción, incluso un prejuicio, pero, de algún modo, cada detalle de lo que hacían los zurdos me parecía más elegante.

—Eso dices, pero ¿no eres zurdo también? Jejeje, me di cuenta al instante porque tienes el reloj en la muñeca derecha. Los zurdos se revelan pronto para sus compañeros.

—…

Usaba el reloj en la muñeca derecha solo porque se me daba la gana, pero ahora no me atrevía a decirle… ¿Iría tener que escribir y manejar los palillos con la mano izquierda en su presencia de ahora en adelante? Para mí los zurdos eran elegantes, pero no llegaba al punto de querer corregirme a la inversa…

—Entonces —dije yo—, tomar la prueba va a ser todo un desafío para ti. Con tu mano buena en ese estado, el examen de japonés va a ser una tortura.

—Cierto, pero ya que esta es una prueba de aptitud, no tendremos que escribir ensayos de ningún tema, y unos cuantos caracteres dibujados raros no deberían ser un problema. También estoy segura de que los profesores tomarán en cuenta mi situación. Perdóname, parece que te hice preocupar sin razón. Aun así, tengo que decir que realmente velas por tus kohai. Y decir que puedes preocuparte por alguien como yo porque estás tan relajado. No es poca cosa.

—… Eh, no estoy tan seguro sobre lo de «relajado». —Nada de eso. Dejando de lado la cuestión de si me preocuparía por mis júniores si estuviera relajado, no lo estaba para nada en ese momento—. De hecho, estoy a punto de ir a una sesión de estudio hoy.

—¿Una sesión de estudio? —La confusión de Kanbaru era evidente. No parecía estar familiarizada con esas cosas.

—Em, supongo que una forma simple de explicarlo sería que mis calificaciones hasta ahora no han sido las mejores… y tengo un registro de asistencia muy malo durante los primeros dos años de preparatoria, así que…

¿Por qué estaba teniendo que explicarle?

Estrella o no, era un año menor que yo, mi júnior.

—En resumen, esta prueba de aptitud es mi gran oportunidad de volver al juego. —Estaba tratando de buscarle el lado positivo. Me sentía pequeño.

—Mmm. Ya veo. —Kanbaru asintió—. Realmente no lo entiendo porque no soy de las que se matan cuando se trata de prepararse para los exámenes, pero, ahora que lo mencionas, mis compañeros se reúnen en la casa de alguien antes de un examen… o eso creo.

—Sí, eso mismo es lo que estoy haciendo.

—Ya entiendo. Entonces te diriges a la casa de un amigo. Pero —Kanbaru habló un poco insegura—, a diferencia de en los deportes, no veo cómo podría ayudar trabajar juntos.

—No te preocupes. Dije que era una sesión de estudio, pero será un encuentro de dos personas donde alguien más me va a estar enseñando, eso es todo. Es como si me dieran tutoría. Hay alguien en la clase con calificaciones ridículamente buenas y va a ayudarme.

—Eh… Ooh. —Como si acabara de recordarlo, Kanbaru añadió—: ¿Estás hablando de Senjogahara-senpai?

—… ¿Qué? ¿La conoces?

—¿Quién más podría ser si es alguien de tu clase con buenas calificaciones? He escuchado rumores sobre ella.

—Eh… Bueno, sí.

Senjogahara era famosa, después de todo. Quizá no debiera de ser sorpresa que alguien de segundo año supiera de ella.

¿Qué?

Pero esperen. Si de fama por buenas calificaciones hablábamos, la primera persona en venirte a la mente debería haber sido la aún más famosa Hanekawa, quien no cedió ni una vez su lugar en la cima de nuestro grado. Por lo menos, no tenía sentido decir que no podía ser nadie más. Además, si alguien menciona una sesión de estudio, ¿lo normal no sería asumir que era con alguien del mismo sexo y decir el nombre de un chico, y no el de una chica?

¿Por qué estaba mencionando a Senjogahara de la nada?

—Entonces no debería estorbarte —dijo Kanbaru—. Supongo que me retiro por hoy.

—Está bien.

Era muy propio de Suruga Kanbaru agregar el «por hoy» aun cuando sus visitas no fueran para más que saludar.

Se agachó y estiró las piernas.

Eran calentamientos.

Se tomó su tiempo para estirar el tendón de Aquiles, y luego…

—Qué la fortuna te sonría.

No mucho después de decirlo, inició una carrera en la misma dirección de donde vino, sus pasos resonaban tap, tap, tap, tap, tap, tap. Tenía piernas fuertes; no solo era veloz, tenía una rapidez anormal para alcanzar su velocidad tope. Aunque dudo que sus tiempos para cien y doscientos metros sean muy sobresalientes, debe ser un buen contrincante en distancias ultracortas como los treinta y cincuenta pies, incluso para el club de atletismo. En eso es que brillaba Suruga Kanbaru, una atleta especializada en baloncesto, deporte en el que debes correr en todas las direcciones dentro de un espacio de juego limitado…, y antes de que me diera cuenta, ya estaba fuera de mi campo de visión. Su falda corta volaba por culpa de sus movimientos vigorosos, pero seguramente eso no le importaba a Kanbaru, quien usaba un short de ciclismo tan largo como para extenderse debajo de su falda.

… Aun así, yo pensaba que sería mejor usar un chándal cuando corriera. De ese modo evitaría dar fuego a las viles esperanzas de los mirones como yo.

¡Lo único que puedo hacer es maldecir mi suerte!

Se sintió como si me hubieran sacado un peso de los hombros.

Este encuentro había sido relativamente corto, pero…, si no se daba prisa en revelar el motivo por el que me estaba siguiendo, no habría paz para mí, ya que esta situación podría extenderse por la eternidad. Claro, no me estaba causando algún daño real o perjuicio, así que dejarla, técnicamente, era una opción, pero esa personalidad de Kanbaru no era poca cosa para el aguante de una persona como yo. No, ¿habrá alguien que no se cansaría de hablar con ella? Si es que la hubiera…

Sí. Quizá Senjogahara fuera la única persona en esa lista.

—Señor Tararági.

—… Estás asintóticamente cerca de la pronunciación correcta si lo comparamos con el último nombre que me pusiste, pero, Hachikuji, no lo cantes como si fueras un perro de caricatura. Mi nombre es Araragi.

—Perdón. Me mordí la lengua.

—No, lo estás haciendo a propósito…

—Me nordí la lengua.

—¡¿O quizá no?!

—Trotamundeé.

—¡¿Y a dónde fuiste?!

De la nada, Hachikuji volvía a estar a mi lado.

Debió haber regresado después de darse cuenta de que Kanbaru se había ido. No podía estar seguro, ya que se trataba de Hachikuji, pero, viendo lo pronto que había regresado, quizá sintió la culpa de haber salido corriendo, dejándome solo. Quizá esta vez sí que había deformado mi nombre a propósito, para ocultar su vergüenza.

—¿Quién era esa persona? —preguntó ella.

—¿No te diste cuenta al vernos?

—Mmm. Ya que hablaba de usted como su senpai, poniéndome mi sombrero de detective, ¿será su kohai en la escuela?

—… Ese es un muy buen sombrero de detective.

Si yo fuera Kanbaru, aquí es donde hubiera citado a Marlowe o algún otro detective clásico para tirarle flores a Hachikuji, pero no… Por un momento pensé que podría actuar su papel, pero mi corazón se negaba a permitírmelo…

—Aun así, señor Araragi. Fui toda oídos, pero fue muy difícil entender lo que quería esa persona. Al final no pude ver el punto en su conversación. ¿Ella lo siguió para hablar sin un tema en particular?

—Em… Bueno, Hachikuji, no me preguntes, porque yo tampoco sé.

—¿No? No puedo evitar ser recipiente.

—¿Así que te convertiste en un basurero cuando desapareciste?

Reticente, asumo que quiso decir.

Decidí contarle a Hachikuji exactamente lo que estaba pasando. —Esa chica es una entrometida.

—¿Entrometida? ¿Como las que usan las mujeres para cubrirse las piernas?

—Esas son pantimedias.

—¿Está seguro?

—¿De verdad no conoces la palabra? Es una acosadora, me ha estado siguiendo sin importar cuánto trate de faldearla.

—¿Falda? ¿Se refiere a las que usan las mujeres para cubrirse las piernas?

—¿Cómo es que el señor Araragi que vive en tu cabeza llegó a obsesionarse tanto con las prendas que usan las mujeres debajo de la cintura?

Pensé un rato para ver si encontraba una palabra que Hachikuji pudiera confundir con short de ciclismo. Desafortunadamente, mi vocabulario no estaba a la altura del reto, así que me di por vencido y seguí con la conversación.

—No entiendo por qué, pero hace unos tres días que me ha estado siguiendo descaradamente para luego aparecerse y comenzar una conversación. Es unilateral y, como dices, no puedo descubrir qué es lo que quiere… No sé si pudiéramos decir que son conversaciones, y, honestamente, no tengo idea de cuál es su objetivo.

Su objetivo; bueno, debía tener alguno.

Pero yo no tenía ni la primera pista de cuál era.

Ella estaba desviando mis intentos de descubrirlo, con toda certeza.

Los campos de atletismo son el único lugar donde nos vemos los estudiantes de segundo y tercer año, lo que significa que casi nunca nos encontramos por coincidencia; en otras palabras, Kanbaru aprovechaba al máximo los pequeños recesos durante el día para encontrarme… Eso lo sabía de seguro, pero no mucho más.

—Mmm. Sabe, señor Araragi, ¿no hay una respuesta sencilla justo aquí? ¿No es simplemente que le gusta?

—¿Qué?

—Creo que dijo algo como eso.

—… Oh, supongo. No, dame un respiro. Solo era una forma de hablar. No soy el protagonista de un juego de citas y no es como si un día fuera a despertar para, de la nada, estar rodeado de chicas.

—Tiene razón. Porque si fuera el protagonista de un juego de citas, yo sería uno de sus objetivos marcados, y eso definitivamente no está pasando.

—…

¿Los niños de primaria sabían sobre los juegos de citas?

Aunque tampoco es que yo haya jugado alguno.

—Pero si lo fuera —continuó Hachikuji—, estoy segura de que yo tendría un alto nivel de dificultad.

—No, tengo la sensación de que serías pan comido…

De no ser por su atributo de timidez, todo pasaría muy rápido… En un juego con seis heroínas, ella sería alrededor de la cuarta en caer.

Por supuesto, si tomas en cuenta el asunto de la edad, es cierto que sería un personaje de dificultad alta.

—Kanbaru no —objeté yo— es de esa clase de… Ah, ahora que lo mencionas, creo que hay rumores de que salta de un romance desenfrenado a otro. Aun así, ella y yo no teníamos absolutamente nada que ver hasta ahora, ¿entiendes? A diferencia de ellos… a diferencia de Kanbaru y otros, no soy una celebridad de la escuela ni nada.

Pero, pensándolo bien, me di cuenta de que, cuando menos, sabía mi nombre y la clase en la que estaba, desde la primera vez que me habló.

¿Por qué?

¿Habrá sido que… le preguntó a alguien?

—Quizá lo vio recogiendo a un gato abandonado en la calle —dijo Hachikuji.

—Yo nunca he hecho eso.

De hecho, no me había encontrado ni una vez con uno de los supuestos gatos abandonados. En primer lugar, ¿un gato botado en una caja de cartón etiquetada con «adóptame, por favor» se quedaría en su lugar sin más?

Ese sería un gato muy bien entrenado.

—¿Entonces lo habrá visto recogiendo basura tirada en la calle?

—Espera, ¿acabas de poner a los gatos en el mismo nivel que la basura?

—Solo era una forma de hablar, como dice usted, así que deje de buscar razones para criticarme. Ese es un pasatiempo suyo muy vulgar, señor Araragi, el divertirse castigando a niñas pequeñas y débiles por cosas que nunca dijeron.

—Discúlpate con los gatunos. Los gatos pueden ser aterradores, ¿sabes?

—En cualquier caso, el amor a primera vista sí existe. Incluso se dice que, por lo general, las relaciones personales están basadas en primeras impresiones. Por lo menos, viéndolo de este modo se explica por qué lo están siguiendo, ¿no? —Hachikuji estaba gritando con alegría. Era una niña de primaria en ese aspecto—. Estoy segura de ello, la mujer en mí dice que no me equivoco. Entonces, ¿qué hará, señor Araragi? Por ahora, la chica solo está tirando el anzuelo, pero podría confesar sus sentimientos por usted en cualquier momento. ¿Qué va a hacer, qué va a hacer, qué va a hacer?

—Escúchame. No me gusta que la gente vea todo de forma romántica. ¿El «poder del amor», era como lo llamaban en los viejos filmes extranjeros? Imagina lo pacífico que sería el mundo si eso resolviera todo. Es imposible, no hay cómo. Tiene mucho más sentido que sea algún objetivo simple, pequeño y realista. —Y, de cualquier modo —dije yo—, ya conquisté al personaje más difícil de todos.


[1] Tecnologías de la Información.