—¡Huff… Puff… Jadeo… Ahh!

Resoplando y jadeando, ella cayó sobre el infernal verdor.

Sus descubiertos pies fueron rasgados por rocas y arañados por las espinas y ramas de las plantas del bosque, de las cuales, no reconocía ninguna, los cuatro miembros visibles a través de su corta vestimenta estaban manchados con sangre.

Los árboles bloquearon la luz del sol, aun así, el oscuro mundo debajo del pabellón estaba brutalmente húmedo, y ella sudó abundantemente. Correr hizo que su garganta ardiera, pero ella no tenía idea de donde podría haber agua potable.

Era lo mismo con la comida. Ella vio bayas, insectos y pasto, pero no podía adivinar cuales eran comestibles.

Para este punto, de hecho, ella no tenia de en qué dirección estaba yendo. El sol se había ocultado, privándola de cualquier método para determinar hacia donde estaba corriendo. Su camino no parecía estar dirigiéndose hacia el norte, pero ella no podía estar segura.

En la selva, los sonidos de los animales y las aves, el susurro de los árboles, todo se juntó para envolverla en un capullo de ruido. Ella nunca fue capaz de detectar nada tan ambiguo como una “presencia,” pero…

Si hubiera sabido que algo así pasaría, habría tomado un poco de entrenamiento de ranger.

—Oww, ow…

Odiaba la manera en la que su cabello se pegaba a su piel; trató de limpiar en sudor de su frente, pero inmediatamente se arrepintió. Solo logró que las heridas ahí le dolieran más.

¿Cómo es que esto siquiera paso?

No hubo respuesta. No había nadie a su alrededor para responder. Perdió a todos sus compañeros.

Habría sido fácil burlarse de ellos por ser ingenuos.

Otra posibilidad era que ellos solamente habían sido desafortunados, pero eso solo era un frío consuelo.

Esta era la realidad: ella y sus compañeros se lanzaron a una aventura, y fallaron, habían sido encaminados a eso. Eso era todo.

—¡Si solo… yo al menos… tuviera un arma…!

Su balsa se volcó, y para cuando ella llegó a la orilla del río, era demasiado tarde. Su equipamiento se había ido, junto con sus compañeros.

¿Por qué ella continuó corriendo en lugar de rendirse? Porque ella era una aventurera.

Y los aventureros no se rinden.

Era su derecho quejarse acerca de lo que estaba pasando, pero nunca retrocedían de ello.

Sobre todo, incluso si la situación parecía desesperada, no había terminado.

Ella no sabía dónde estaban sus compañeros. Eso significaba que aún había una posibilidad de que los encontrara después.

Mi hermana… estoy segura de que está bien… tiene que estarlo.

El pensamiento de su hermana mayor, con quien había estado trabajando, trajo una sonrisa a su rostro.

La última cosa que vio de ella fue su mano bajando de la balsa inclinada para sacarla del río donde había caído.

Su hermana, la líder del grupo y objeto del respeto de todos; era una joven druida.

Una persona que era uno con la naturaleza, seguramente ella estaba bien.

O eso se dijo la chica a si misma mientras corría desesperadamente a través del bosque.

¡Eso es! Puedo seguir el río.

Podría haber sido una táctica peligrosa a la luz de sus perseguidores, pero era mejor que correr sin rumbo a través de los árboles.

Si. Ella estaba huyendo. Desesperadamente, para poder sobrevivir. Y ellos lo entenderían completamente.

—¡¿Eeek?!

Siguiendo el sonido del agua, ella se abrió paso a través de los árboles para llegar al rio, y rápidamente reprimió un grito.

Ella encaró un objeto extraño.

Lucia como algo que había caído presa de un carnicero -empalado en una rama, guardado para ser comido después. O como una rana a la que unos niños habían torturado por diversión. O una marioneta enredada en sus propias cuerdas.

Era una persona.

Un cadáver. Esta persona murió de una forma horrible: un pico fue enterrado desde el ano hasta la boca, el cuerpo fue empalado sobre eso.

Trajo a su mente una serie de imágenes cómicas de un teatro de sombras que ella había visto.

—Qu… Urr… Ackk…

Difícilmente parecía real. Sintió que se retorcía por reflejo, con el contenido de su estómago levantándose hacia su boca.

Saboreó algo amargo. Un simple hecho brilló en su memoria: la última cosa que ella había comido era pescado asado. Ensartado y quemado.

—Oh… Ugh…

No pudo detenerse de caer sobre sus rodillas. No era lo correcto hacer eso, pero ella se dio cuenta demasiado tarde.

Ellos podían ser sentidos moviéndose cerca. No era que estuvieran tratando de esconderse. No eran capaces de eso.

Simplemente ella no prestó atención.

—¡Ee… No -ahh -ahhh!

Cuando, en pánico, ella trató de reaccionar, montones de pequeñas sombras ya estaban sobre ella. Abrumada, cayó hacia atrás, con su trasero hundiéndose en el barro.

¡¡Me voy a ahogar…!!

Su reacción fue instintiva; ella empezó a azotar sus brazos y piernas, agitándolos y pateando.

Contra tantos oponentes, por supuesto, tal resistencia era inútil. Todos los presentes sabían cómo iba a terminar.

—¡¿Hrk?!

Hubo un cacareo y algo atrapo sus pies. Ella dio un grito ahogado mientras sentía como sus piernas eran forzadas a abrirse.

Un palo crudamente afilado era impulsado con un estilo dramático, y ella se puso pálida.

—No… ¡N-no, no, no, no, nooo! ¡¡Como puede -no quiero morir… así…!!

¿Cómo pueden las cosas terminar así?

Ella no lo sabía.

Sería muy fácil burlarse y decir que ella era muy estúpida para saberlo.

Otra posibilidad era que ella había sido desafortunada; pero eso era un frío consuelo.

Cualquiera que fuera el caso, ella nunca se dio cuenta de que era su hermana la que estaba en aquel pico.

Ella ni siquiera pensó en eso como uno de los miembros de su equipo. Todo lo que supo era como ellos iban asesinarla.