Cielos, deberían dejar a los sacerdotes del Dios del Conocimiento hacer este tipo de cosas.

En la biblioteca, en un rincón del templo del Dios de la Ley, una joven acólita en edad de casarse hacía muecas.

En caso de cualquier eventualidad, los libros de esta biblioteca eran de un tipo diferente a los demás libros comunes y corrientes (por muy valiosos que fueran).

Lo mejor eran las viejas colecciones de jurisprudencia[1], pero las estanterías también estaban llenas de tomos prohibidos sellados, volúmenes mágicos y textos de ocultismo.

Muchas secciones de la biblioteca estaban bloqueadas con cadenas, incluso así; con demasiada frecuencia, ella podría acceder a los libros, pero estos estaban escritos en lenguajes incomprensibles.

La verdadera causa de la angustia de la acolita, era la presentación de los libros.

Para decirlo sin tapujos, los libros eran pesados.

Algunos tenían magnificas páginas en cuero, mientras que otros tenían pesadas cubiertas de acero, e incluso otros todavía estaban cubiertos con decoraciones…

Ella tenía que sacar esos enormes volúmenes de la estantería, llevarlos al atril para luego volverlos a poner en su correspondiente lugar cuando terminaba de leerlos. Era un trabajo pesado, y ella pensó que sería mejor si esto era manejado por un sacerdote del Dios del Conocimiento, alguien que estuviera acostumbrado a estas cosas.

…Desafortunadamente, no hay elección en este tipo de casos.

En esta ocasión, la casa del saber del Dios del Conocimiento había sido atacada.

Difícilmente podrían pedirles a estas chicas, maltratadas en cuerpo y alma, que tomaran aún más responsabilidades.

Y sobre todo…

—Lo siento mucho. Te he metido en un lío…

—¡Oh, ¡No, para nada! Estoy contenta de ser útil, aunque sea un poco.

La acólita sonrió al arzobispo desde donde esta estaba sentada, aunque sabía que la sacerdotisa no podría verla.

Esta honorable persona vino aquí tan emocionada… ¿cómo podría hacer menos que esto?

Sword Maiden, la mujer sobre cuyos hombros descansaba toda la iglesia, había cambiado mucho en el último año.

Para mejor, por supuesto.

Hasta hace poco, ella simplemente había tratado de hacer demasiado. Era como si no se considerara humana.

E incluso así, de vez en cuando, la acólita veía a Sword Maiden tener una mirada en su rostro como la de una niña perdida.

En noches tranquilas, por ejemplo.

Como su ayudante, la acólita había visto a Sword Maiden salir corriendo de su cama para lanzarse en un rezo implorante ante el altar.

Pero… ¿por qué?

—Pero dígame, mi Señora. ¿Le ha ayudado? ¿Ha aprendido algo?

—Tomando prestada una frase, —dijo Sword Maiden, mientras una risita se le escapaba, —ni siquiera un poquito.

Últimamente, cada vez más a menudo, ella había comenzado a mostrar más delicadeza, y más placer en lo que hacía.

En el transcurso del año pasado, ella había dejado de ir al altar en medio de la noche.

Si realmente todo esto era gracias a ese extraño aventurero, entonces la acólita tendría que asegurarse de agradecerle apropiadamente.

Aunque tengo que admitir que no me la imagino haciendo pucheros como un niño…

—Hmm…

A pesar de que esta le devolvía una sonrisa, Sword Maiden seguía leyendo el recopilatorio de jurisprudencia y precedentes legales.

Su mano derecha tocaba gentilmente una tablilla de arcilla, mientras que la izquierda recorría rápidamente el libro en el atril.

Ella afirmaba que las sutiles diferencias de textura en el papel y la tinta le permitían descifrar las palabras. Eso era muy sorprendente, pero lo que realmente impresionó a la acólita era que Sword Maiden podía entender por completo el lenguaje.

Algunas personas optaron por no aprender los lenguajes antiguos, porque temían poder adquirir conocimiento herético. No querían tropezar con ninguna maldición que pudiera estar escondida en el texto, o enloquecerse debido a verdades inimaginables con las que podrían entrar en contacto.

Pero siendo la lectura y la escritura habilidades tan valiosas, ¿podría cualquier explorador permitirse el lujo de ser analfabeto?

Si iba a enfrascarte en la batalla, tenías que conocer con quien vas a pelear.

Eso era cierto incluso con los goblins; e incluso más para los terribles hechiceros o los malvados Dioses Oscuros….

—…Ahh, ahora… Esto, lo recuerdo.

El repentino comentario de Sword Maiden hizo que la acólita volviera en sí.

—¿Tiene sentido ahora, mi señora?

—Sí. hee-hee… Me pregunto qué podría hacer él con esto. Creo que podría ser útil que él lo sepa.

Pero supongo que él realmente no estaría interesado.

Ella sonó un poco decepcionada cuando cerró la cubierta de metal pesado y soltó un ligero suspiro.

—Me disculpo de nuevo, pero ¿podrías traer pluma y papel, y preparar una paloma?

—Esta no es otra de sus cartas de amor, ¿verdad?

La acólita sonreía sarcásticamente mientras ponía el dedo en la llaga con su comentario, provocando un —¡Que mala eres! —junto a las mejillas hinchadas de Sword Maiden.

—Le escribiré a Su Majestad y al líder de los elfos. ¡Sé cómo separar mi trabajo de mi vida privada, sabes!

La acólita asintió obedientemente mientras abría un cajón, sacaba pergamino de piel de cordero y una pluma, y preparaba una vela y un sello de cera.

Ella podía traer a la paloma después de que la carta fuera escrita. Y entonces les pediría a los dioses que la protegieran en el camino.

Si Sword Maiden lo decía, entonces ciertamente, esto tenía que ver con el destino del mundo.

—Supongo que todas las formas de vida siguen en peligro, y aún hay muchas aventuras por experimentar, ¿no es así?

—Ciertamente. Nos enfrentamos a un enemigo muy poderoso. Uno muy aterrador. El mundo aún puede ser aniquilado.

—Pero, —susurró Sword Maiden poniendo un dedo en su mejilla, sus labios suavizándose como pétalos recién cortados.

—Si él puede salvar a la gente, entonces nosotros debemos salvar el Mundo.


[1] Jurisprudencia. Es la interpretación legal de un caso jurídico. Normalmente se encuentran en libros recopilatorios que pueden usarse para juicios futuros.