1

“Entonces, ¿Tiene algo que decir, Sir Julius?”

“No, nada en absoluto. Todo fue de acuerdo al reporte.”

Dos hombres hablaban en la oscuridad de una habitación intacta por los rayos del sol. El espacio pertenecía al capitán de los guardias en la guarnición de los caballeros, adyacente al palacio real. Marcus estaba sentado en su escritorio oficial, con Julius de pie muy recto frente la mesa.

“No podría presentar ninguna queja si fuera a expulsarme de los Caballeros de la Guardia Real por mi falta de conducta. Haga su voluntad, capitán.”

Julius sacó su espada de la vaina en su cadera y la ofreció sobre el escritorio. La visión de Julius ofreciendo su espada provocó un profundo suspiro de Marcus.

“Entonces, durante la discusión sobre la selección real, detuviste a un hombre relacionado con una de las candidatas, lo llevaste hacia la plaza de marcha, lo golpeaste sin razón, y lo mandaste a la enfermería. A juzgar solo por el contenido de este documento, no puedo simplemente dejar que esto pase con una palmada en la muñeca.” Pero la mayor incógnita era qué demonios estaba pensando el “mejor” de los caballeros cuando hizo tal cosa. Naturalmente, la sangre de caballero en Marcus no era tan delgada como para no arriesgarse a adivinar. Continuó, “Estoy en libertad de tomar en cuenta las circunstancias. Muchos de tus compañeros caballeros en la plaza de marcha me han suplicado que muestre indulgencia. Habiendo dicho todo esto, en efecto fuiste demasiado lejos.”

Las heridas aguantadas por el joven en la plaza de marcha excedieron con creces lo que era tolerable para un combate de práctica. “¿Hasta ese grado encontraste imperdonable que empañaran tu orgullo de caballero?”

“Adornar esto solo dará lugar rencores personales. Mis defectos personales son los únicos culpables. Por favor, capitán, no gaste más palabras en mi beneficio.”

Julius no cedió, mansamente esperaba su castigo hasta el final. Marcus bajó la vista, considerando qué palabras usar a luz de su inquebrantable postura. Luego, Ferris abrió la puerta, entrando a la habitación con su gastado uniforme de guardia y una actitud casual.

“Hola, disculpen por hacerlos esperar. ¡Su querida Ferri ha regresado!”

Al ver a Marcus y Julius uno frente al otro, Ferris llevó una mano a su boca y sonrió maliciosamente.

Miau, ¿Ferri llegó en un mal momento? Están compartiendo miradas tan apasionadas…”

Marcus replicó, “…Deja ese parloteo inútil y reporta, mocoso precoz.”

“Ohh, capitán, estas mostrando tus verdaderas emociones.”

“Supongo que debería comportarme ante mis hombres como en público… Bueno, está bien. Haz tu reporte.”

Con Marcus alejándolo, Ferris se puso junto a Julius.

“De acuerdo con las órdenes del capitán, Ferri sanó completamente a Subawu. Sus heridas están cerradas, sus huesos remendados, incluso sus dientes fueron restaurados. Estará totalmente bien.”

“Bien hecho. ¿No se te pasó algo?”

“Si a Ferri se le pasó, no se podía encontrar en primer lugar. No hay problema con su cuerpo… Sin embargo, no se puede decir lo mismo de su corazón.”

Las orejas de gato de Ferris se crisparon mientras le lanzaba a Julius una mirada desafiante de reojo.

“Eres realmente suave, Julius. ¿Cuántas chicas has desmayado con esa reflexividad y devoción? Incluso estás haciendo palpitar el corazón de Ferri.”

“No sé de qué hablas, Ferris.”

“No necesitas seguir haciéndote el duro. Esa chica con buenos instintos ya se dio cuenta, y todavía funciona en el tipo que no, así que, ¿por qué preocuparse? ¿O crees que la querida Ferri llega como cabeza hueca y no se da cuenta de lo que Julius y el capitán están pensando?”

Cuando Julius se mantuvo en silencio, los ojos de Ferris se entrecerraron con mayor deleite.

“Tee-hee, eres tan liiindo cuando estas callado. Pero no te preocupes. —Ya que lo sometiste a tanta tortura, no necesitamos preocuparnos por otras personas que vengan detrás de él y no sepan cómo detenerse.”

Las palabras vacilantes de Ferris arrancaron una leve sonrisa de Julius. Marcus, habiendo escuchado su conversación en silencio, asintió e indicó su entendimiento de la decisión de Julius.

“Los jóvenes sin duda estaban de nervios por cómo la declaración del mocoso degradaba la clase caballeresca. Ser asignado a la guardia real significa una gran habilidad con la espada y un orgullo equivalente.”

El descontento de los caballeros, creado por la conducta de Subaru en la conferencia de la selección real, había estado en busca de un lugar para explotar. Marcus continuó, “Si alguien más se hubiese adelantado y comenzado una confrontación, el muchacho bien podría haber perdido la vida por su insolencia.”

Ferris retomó dónde Marcus lo dejó y señaló lo que había concluido Julius.

“Así que un caballero tenía que detener a Subawu antes de que pudiera pasar. De no haber sido por Julius, Ferri podría haber tenido que encargarse de eso…”

Julius explicó, “Se trata de usar la persona adecuada para el trabajo correcto. No podemos hacer que te conviertas en su enemigo cuando tienes que sanarlo. Además, parecería más natural si yo fuera quien lo hiciera. También podría decir… Confiaba en que podría lograrlo de la mejor manera.”

Marcus comentó, “Sin duda fue correcto dejar un oponente más débil en manos de Julius. Practica con tu espada más seguido, ¿por qué no?”

“¡Nooo! Blandir espadas te deja todo sudado y te hace callos. Miau, ¡Ferri nunca podría mostrarle estas palmas blancas como perla a Lady Crusch otra vez!”

Marcus, viendo a Ferris ignorar las ordenes de su capitán tan casualmente, suspiró con aspecto resignado.

“Sir Julius Juukulius, este es su castigo. —Por cinco días, está suspendido de sus obligaciones y se le prohíbe entrar a la guarnición o al palacio real. Retendré su espada hasta que ese tiempo haya pasado.”

“—Como ordene.”

Julius, cerrando sus ojos como si digiriera el castigo declarado, entregó a Marcus su espada de caballero. Marcus, aceptando el arma que era el mero símbolo de su orgullo como caballero, sacudió su cabeza en silencio.

“Lo siento. Propiamente hablando, esta no era una carga que habrías tenido que soportar.”

Julius refutó, “Capitán, usted siempre lucha por el mejor resultado posible. Los Caballeros de la Guardia Real una vez fueron disueltos, pero hoy, se jactan de ser los hombres más fuertes valerosos por su causa.”

Ferris intervino, “Es cierto. Ferri nunca le diría esto a nadie más aparte de Lady Crusch, pero ten más confianza en ti mismo, capitán.”

Marcus respondió sin rodeos, “¡Si vas a decir cosas como esa, ponte ropa propia de un hombre!”

Ferris se encogió de hombros como si dijera, Esa es la orden que nunca obedeceré. Marcus dejó con cuidado la espada de Julius sobre la mesa, antes de sentarse de nuevo en su asiento.

“El asunto esta concluso. Hay otros asuntos que debo atender. Disformar.”

Las palabras formales de Marcus anunciaron que había regresado a su persona pública.

Cuando los otros dos dejaron la habitación, la atmosfera se volvió tranquila una vez más. Marcus, ahora solo, se recargó en su crujiente silla y miró hacia el techo. El asunto en su mente era aparte del combate de práctica, y trataba sobre un reporte que había recibido de los guardias castillo después de acabada la conferencia.

“‘Si un intruso en el castillo lleva la cresta familiar del halcón, déjenlo pasar’…”

Eso decía la orden emitida para los guardias en la entrada del castillo. Esa orden era la razón por la que los guardias habían solicitado instrucciones de Marcus luego de haber capturado al viejo relacionado con Felt.

En otras palabras, la aparición de un intruso estaba grabada en piedra desde un principio.

Cuando la cara de payaso del hombre que había emitido la orden llegó a su mente, Marcus apretó los dientes.

“Maldito seas, Roswaal. ¿Qué demonios estas planeando…?”

Su duro rostro se consumía en irritación mientras pensaba hasta dónde podría llegar el excéntrico.

2

“Miau, el capitán tampoco es muy suave. Él vio todo lo sucedido, ¿entonces por qué no puede solo dejarlo pasar?”

“Permitir que tal acto quede impune sería inaceptable incluso bajo esas circunstancias. Yo tampoco desearía eso.”

Ferris miraba desde un costado al apuesto rostro de Julius mientras ambos caminaban por el corredor de la guarnición lado a lado.

Los labios de Ferris hicieron un puchero ante la aparente satisfacción de Julius.

“Entonces, Julius, ¿qué vas a hacer miau?” Preguntó Ferris.

“Naturalmente, seguiré la orden de mi capitán y pasaré un tiempo en la mansión. Le explicaré la situación a Lady Anastasia… Mi única preocupación es si ella podrá tomarse las cosas con calma mientras tanto.”

“Pero te gusta eso de ella, ¿verdad? ¡Ferri puede decirlo!”

Las mejillas de Ferris se hincharon mientras interpretaba por sí mismo las palabras de Julius. Después, Julius miró a su compañero con orejas de gato como si acabara de recordar algo.

“A propósito, Ferris, sobre el chico de antes…”

Antes de que la pregunta fuese completamente formulada, Ferris respondió, toda la calidez se había ido de sus labios.

“Esta con Lady Emilia en este momento. Después… se estará quedando en la mansión Karsten para convalecer.”

Aceptando la respuesta, Julius cerró sus ojos y reflexionó un momento.

“Convalecer… ¿es eso? Parecería que ha sufrido una herida mucho más grave que cualquiera antes vista.”

“No oíste ni una palabra sobre eso de tu querida Ferri.”

El comportamiento de Ferris, sin embargo, volvió esta situación tan clara como el día. Julius pudo adivinar lo que había ocurrido desde que le entrego a Subaru a Ferris. El astuto joven pronto llegó a su respuesta.

“—Causar dolor a otros realmente está en la naturaleza de Lady Emilia.”

“¿Estás pensando, ‘A pesar de que podría llevar una vida mucho más prudente’?

“No. Esa misma naturaleza es la que le permite vivir tan noble y agraciadamente como ella lo hace. No me digno a desear que cambie. Por lo tanto, todo lo que puedo hacer es esperar que viva más honestamente, más genuina, sin nada de qué avergonzarse.”

Julius levantó la mirada y continuó su caminata. Ferris lo siguió medio paso detrás, con las manos cruzadas tras su espalda e inclinando su cuerpo hacia enfrente mientras miraba a Julius.

“¿Eso va para el chico también?”

“Eso va para todos, Ferris. Esa es la verdadera razón por la que empuño una espada.”

—Probablemente se quiebre, pensaba Julius.

Si iba a darse por vencido, hacerlo renunciar en ese momento y lugar sería un acto de misericordia.

Pero si—solo si—todo eso no era suficiente para doblegarlo, entonces…

“No sería tan malo intercambiar espadas con un tonto lleno de ideales una vez más.”

“Bueno, incluso si eso es lo que piensas, Julius, Subawu podría no querer hacer eso de nuevo después de la paliza publica que le propinaste. Oye, oye…”

“¿Qué pasa?”

“Muchas cosas se juntaron a causa de ese duelo, pero él te puso de nervios sooolo un poco, ¿no es así?”

Con las palabras de Ferris, aparentemente para ponerlo a prueba, Julius se detuvo y miró alrededor.

“Ferris, me heriste. Soy un caballero. Sin embargo, imperfectamente, ese es el precepto por el que vivo.”

Julius, juzgando su propia conducta para no tener nada de qué avergonzarse, miró directamente a Ferris.

“Un disgusto… quizá él fue eso, un poco.”

“Bueno, puso un poco nervioso a Ferri, ¿sabes?”

Los dos intercambiaron risas como si fuera la broma más divertida que alguna vez habían compartido. Finalmente llegaron a la entrada de la guarnición y se dieron un apretón de manos. Julius dijo, “Está bien, debemos partir. Deseo profundamente que tú y tu señor permanezcan con buena salud.”

“Lady Anastasia probablemente se quejará, así que, buena suerte con eso, Julius… Puedes dejarle todos los platos rotos a Ferri.”

Ferris saludó casualmente antes de darse la vuelta y marcharse.

Julius miró desde atrás mientras su amigo partía—y un enemigo tomaba su lugar.

“Lady Anastasia ascenderá a Reina.”

“Nah-ah. Lady Crusch es la más adecuada para el trono.”

Y así, los caballeros intercambiaron sus declaraciones de guerra antes de regresar con sus respectivos maestros.

Los rayos del sol poniente se vertieron desde el cielo del ocaso, pintando de rojo equitativamente a todos los que moraban en la capital real.

—De tantas maneras, la selección real ya había comenzado.