Se terminó la larga noche, y el sol del alba se alzó en el cielo. El monstruo regresó de acuerdo a la orden de Zagan. No sabía de dónde había sido invocado, pero ellos vivían en otro lugar.

La cueva prontamente comenzó a colapsar después de eso, y Zagan tomó a Nephie, Chastel, Manuela, e incluso a Barbarus, y tuvo que escapar. Bueno, él pensó que lo lograron con bastante tiempo.

En realidad, no debieron de haberlo logrado, pero cuando la esperanza estaba perdida, los tres caballeros se apresuraron a entrar, preparados para morir. Gracias a que ellos tomaron a Chastel y Manuela, ellos la lograron. Zagan no creía que serían útiles, pero en sus últimos momentos, en verdad lo habían sido.

… Bueno, lo hicieron mientras gritaban sobre cómo lo harían porque:

—¡Nosotros solo nos enfocamos en la Señorita Chastel y la seguridad de los pueblerinos, no estamos pensando en cooperar con un malvado mago en lo más mínimo!

De esa forma, tomaron a Chastel, e incluso recuperaron la espada santa que Barbarus había tomado. Al final, él no tuvo la oportunidad de hablar con ella después de que perdiera la consciencia.

Manuela también regresó a su casa junto con Chastel, dejando estas entrometidas palabras:

—Definitivamente hablaremos de esto a solas, ¿cierto?

Y así, los tres, Zagan, Nephie y Barbarus fueron dejados observando a la colapsada cueva. Mientras miraban la destruida roca, Zagan preguntó a Barbarus.

—Bueno, ¿qué hacemos? ¿Quieres continuar?

—… Eh, ¿de qué estas hablando luego de haberte enfrentado a ese monstruo?

De alguna forma u otra, Zagan tomó al monstruo ─ aún no estaba seguro si debería ser llamado “demonio” ─ bajo su servicio, y parecía que incluso eso rompió la enemistad de Barbarus.

—Entonces, ¿qué será? Te ibas a disculpar con un rico licor, ¿cierto?

—Sí, espera con ansias una bebida de clase alta.

—Bien, bien.

Barbarus se recuperó lo suficiente que él podía ponerse en pie, y luego se fue a algún lugar. Probablemente estaba planeando una vez más cómo tomar la cabeza de Zagan. Pero, eso está bien. Ciertamente era un hombre así ─ pero eso difícilmente garantizaba su muerte ─ él tenía un lado que era difícil de odiar. De esta manera, le dejó vivir.

Y entonces, Zagan finalmente se encontraba a solas con Nephie.

¿Qué hago, cómo lo puedo decir?

En este pasado medio mes, se volvió más capaz de tener una conversación cara a cara, pero no estaba seguro de cómo comenzar una de nuevo, y, de cualquier manera, ni siquiera había pasado un día desde que lastimó a Nephie y la rechazó haciendo que se marchara. El sudor se juntó en su frente, pero la primera en hablar fue Nephie.

—Maestro, quiero estar a su lado.

—… ¿Estás segura? Te lo dije, no te fuerces.

—Usted está bien, maestro.

Puede que Zagan haya sido encantado por ella.

Qué, se ha vuelto más fuerte, ¿verdad?

Mucho más que Zagan, quien titubeaba en decirle una sola frase. Él la miro devuelta, en conflicto.

—Pero no será como antes.

—… ¿No lo será?

—Sí, no lo será.

Zagan se arrodilló ante ella y la miró directamente a sus ojos azul profundo. Tenía que decirle algo.

Que ella ya no más estaría sola. Incluso si él tuviera que usar todo su poder como Rey Demonio para protegerla. Por lo que quería que ella se quedara a su lado, por siempre. Y más que nada ─

Me gusta Nephie, la amo.

Le rogaría que volviera después de haberla corrido y herido una vez. Tenía que transmitirle esos sentimientos a ella, pero no podía ponerlo en palabras. Tomó un aliento callado, y luego abrió la boca.

—Quiero que me llames por mi nombre, no “maestro”.

Los ojos de Nephie se abrieron ampliamente.

—¿Tengo que hacerlo?

—Sí, tienes. Si me llamas maestro, sería como si siempre fueras una simple esclava, y yo solo tu dueño.

Las pestañas de Nephie se mecían en confusión.

—Yo no quiero una esclava, una asistente, o una estudiante, yo quiero ese tipo de relación.

—¿E-ese tipo…?

Sus orejas puntiagudas se sacudían rápidamente. Zagan abrió la boca y mientras su voz se quebrantaba, dijo.

—La clase donde yo… t… e…

“Te amo.”

Esas simples palabras atoradas en su garganta, y no podía decirlas. Su garganta se secó y no podía hablar, y sus rodillas temblaban, más que Barbarus cuando lo pateo, más que cuando Zagan se enfrentó a ese demonio. Al final de su conflicto, lo que dejaron su boca fueron estas palabras:

—Tú eres mía. Siempre, por nuestra vida entera, hasta que uno de nosotros muera, no, ¡incluso si morimos!

Habló, y luego se desplomoó abatido.

¿¡Por qué no simplemente le puedo decir que la amo!?

Que se enamoró de ella la primera vez que la vio. Que quería que ella lo quisiera, y que había estado dando vueltas hipnotizado estas últimas dos semanas. Que la lastimó simplemente porque era un cobarde. A pesar que quería dejar esos sentimientos al desnudo, Zagan no pudo. Mientras lágrimas se acumulaban en sus ojos por su impotencia, Nephie contestó como siempre.

—¡Cierto!

Y asintió como siempre ─ y luego dio una sonrisa como una floreciente flor.

Nephie… sonrió…

Era la primera vez que Zagan miraba tal expresión. No pudo evitar ser conmovido por ello, y Nephie tomó los restos de su collar. Había estado alrededor de su cuello hace unas escazas horas. Y porque usaron la llave, no fue destruido.

—¿Me lo pondrías, de nuevo, por favor?

—Espera, obviamente eso no está bien, eso es de un esclavo…

Nephie coloco su dedo índice contra los labios de Zagan mientras hablaba.

—Está bien. Maestro…

Nephie se detuvo, preocupada, en medio de su oración.

—Zagan-sama, esto es lo que primero nos conectó, ¿no es así?

Zagan tomó el collar que una vez removió. No había sido capaz de decirle sus sentimientos, y, aun así, Nephie le pidió que reemplazara el collar. Casi como un anillo de compromiso.

Aunque era un anillo un tanto perturbador para llamarlo anillo de compromiso. A pesar de eso, sin duda alguna, era “prueba” para ellos.

—Seguro, lo entiendo.

Zagan una vez más puso el collar alrededor de su cuello. Se miraba como un desagradable pedazo de metal, que sellaba la magia de Nephie y la esclavizaba. Pero entre ellos, tenía exactamente el significado contrario. Entonces, Nephie ladeó su cabeza preguntando.

—¿Eh, Zagan-sama?

—¿Qué?

—¿Exactamente qué tipo de relación sería si no es como esclava, asistente o como estudiante?

La cara de Zagan se tensó.

¡Eso es lo que yo quisiera preguntar!

Zagan no podía decir simplemente “quiero que seamos pareja”, y sufrió en silencio.

Yo, un Rey Demonio, tomé a una esclava elfo como mi esposa, pero ¿cómo la amo?

Rezó desde el fondo de su corazón que alguien se lo dijera.