—Rayos…A-Apesta a moho, —se quejó la Elfa Mayor. El nido combinaba los olores de unas antiguas ruinas, junto a la podrida pestilencia del típico hábitat de los goblins.

—B-Bueno, es un edificio antiguo … Toma esto, encenderé una luz, —dijo la Sacerdotisa
—¡Hup! — Ella gruñó de forma linda mientras golpeaba el pedernal y encendía una antorcha.

Estaban en el centro de la sala preparada contra los incendios que los elfos habían colocado en la estructura, por lo que la luz era limitada y débil. Aun así, era suficiente para que todo el grupo la viera. La Sacerdotisa pasó sus ojos por los rostros de sus compañeros y entonces dio un suspiro de alivio.

El pasaje del otro lado de la puerta era bastante claustrofóbico. No era tan chico como para forzarlos a gatear, pero tampoco iban a poder separarse lo suficiente para formar una línea de batalla. Posiblemente era del tamaño ideal para los goblins, pero en cuanto a todo el grupo…

—¡Ugh, no me gusta esto! —dijo la Elfa Mayor. —Una trampa de picos podría acabar con todos nosotros.

—Preferiría preocuparme por mi habilidad de poder avanzar hacia el frente, —añadió el Sacerdote Lagarto.

—Sí, hay posibilidades que el enano se quede atorado.

El Chamán Enano parecía indignado, pero de forma sabia, decidió no mencionar su objeción sobre el asunto.

—Andando, —dijo toscamente Goblin Slayer, el grupo se formó y comenzó a caminar en línea recta.

La Elfa Mayor iba al frente, Goblin Slayer justo detrás de ella, seguidos por el Sacerdote Lagarto: técnicamente ellos eran la línea frontal. En la retaguardia iba la Sacerdotisa, agarrando nerviosamente su bastón, y el Chamán Enano al final de la formación.

El serpenteante pasadizo, cada vez más profundo, se inclinaba suavemente hacia la izquierda y hacia la derecha a lo largo del camino. El eco retumbante que escuchaban debía tratarse del agua de la represa sobre ellos.

Odio los túneles estrechos como éste, pensó la Sacerdotisa. Si los goblins llegaban desde el frente, no podrían huir. Si llegaban por atrás, el grupo estaría igualmente atrapado.

El fétido aroma del lugar. La envolvente sensación de terror. Un olor que ella conocía bastante bien de algún lado, de algún momento. La Sacerdotisa miraba a su alrededor con rapidez, llevada por la sensación de que, si no prestaba demasiada atención, perdería el rastro de donde se encontraba.

—Al menos no tenemos que preocuparnos por nuestras pisadas —dijo la Elfa Mayor sin miramientos. Quizás ese comentario era una de las razones por la cual la Sacerdotisa soltó un suspiro de alivio. El aire en el túnel pareció aligerarse de repente.

—Y no parece que tendremos que preocuparnos por que rompan la pared detrás de nosotros— agregó el Chamán Enano.

—Si es que no hay puertas ocultas —dijo Goblin Slayer.

—Y si no encuentran los cuerpos en el exterior —añadió el Sacerdote Lagarto.

—Continuemos —dijo la Sacerdotisa con voz temblorosa, tragando saliva de forma bastante sonora. —Cuidadosamente.

—Sí. Especialmente considerando que… ¿Cómo se llamaba…?

Mokele Mubenbe —contestó la Elfa Mayor mientras media su siguiente paso. —¿Cierto?

—Sí, ese, —continuó Goblin Slayer asintiendo. —Algo se las ingenió para ponerle una silla de montar. No podemos bajar la guardia.

El Sacerdote Lagarto agarró su Garra Espada con mas fuerza, mirando a su alrededor.
—¿Crees que fue uno de esos pequeños diablillos?

—¿Alguien le confiaría un dragón a los goblins, fuera de otro goblin?

El Chamán Enano pasó su mano gentilmente por la pared del pasaje. —He conocido gente vulgar y miserable[1], pero los goblins establecen un nuevo nivel de bajeza —dijo mientras negaba resignado con la cabeza. —Miren esto. Antes había dibujos justo aquí y ellos…

Las ilustraciones pudieron haber mostrado la historia de las ruinas, o quizá eran una advertencia para los intrusos. Lo que antes habían sido esos dibujos, ahora estaban embadurnadas y rotas por las travesuras de los goblins. Esto sugería que la destrucción no era un acto deliberado de blasfemia por parte de los goblins. Si ellos realmente fueran sirvientes del Caos que intentaban desacreditar las marcas del Orden, hubieran hecho un trabajo más meticuloso.

En vez de eso, las escenas estaban rotas en algunas partes, pintados en otras, destruidos en algunos lados y dejados intactos en otros pocos.

—… Como niños que se aburren de un juguete, —susurró la Sacerdotisa, calmada. Y estaba justificado; estaba claro que este acto de destrucción del trabajo de otro era sólo por pura diversión. La Sacerdotisa sabía muy bien cómo era cuando ese sentimiento era dirigido a seres vivos.

—…

Pudo haber sido el terror o la ansiedad lo que le hicieron cerrar con más fuerza su mano derecha sobre su bastón de Monje, mientras su mano izquierda ajustaba el agarre sobre la antorcha. Ella repetía el nombre de la Madre Tierra en cada respiro.

Quizá fue por eso que ella fue la primera en notarlo cuando llegó traído por la brisa que atravesaba las ruinas, combinado con el sonido del agua.

—¿Una…voz? —dijo de repente, deteniéndose.

—¿Qué sucede? —preguntó Goblin Slayer cuando lo notó. Ese hecho hizo que la Sacerdotisa sintiera una pizca de alivio. Era un recordatorio de que él la protegía. Que todos ellos lo hacían.

Ella se dio cuenta que estaba comparando de forma inconsciente al grupo con ellos y bajó la mirada, avergonzada.

—Yo sólo… Escuche una voz…

—¿Oíste una voz?

—Vino de adelante, creo…

Goblin Slayer contestó sus inseguras palabras con un gruñido. —Hmm. ¿Tú qué opinas?

—Bueno, esperen un segundo. He estado completamente concentrada en este piso… —La Elfa Mayor alzó la vista con sus orejas ahora levantadas, preparadas para captar cualquier sonido.

Fwip, fwip. Sus orejas revoloteaban gentilmente.

—…Sí, la oigo también. La voz de una persona. No puedo decir si es de un hombre o de una mujer.

—Así que hay algo más vivo aquí además de los goblins, —dijo el Chamán Enano frunciendo el ceño sorprendido. —Supongo que deberíamos estar felices, pero el rescatarlos se añadiría a nuestra lista de problemas.

—No hay garantía de que sea un prisionero, —añadió el Sacerdote Lagarto, girando sus ojos hacia arriba mientras tocaba la punta de su nariz con la lengua.

—Pero si hay alguien atrapado aquí abajo… —La Sacerdotisa levantó la antorcha lo más alto que pudo, como si la usara para alejar el miedo y la indecisión en ella. —Entonces, tenemos… ¡Tenemos que ayudarlos…!

—Sí, —Goblin Slayer respondió sin siquiera vacilar. Volvió a revisar el escudo en su mano izquierda, luego giró hacia su muñeca derecha y ajustó el agarre de su espada. —Eso no cambia lo que debemos hacer. Andando.

Poco después, el grupo llegó a una escalera en espiral que se alargaba desde lo más profundo de las ruinas hasta lo más alto. Incontables túneles se diversificaban desde ella en varias direcciones como una telaraña.

La voz resonante se podía oír desde abajo… muy, muy abajo, como si sonara desde las profundidades del infierno.

§

—Vaya, definitivamente huele a nido de goblins.

El grupo decidió abrirse camino hacia las profundidades usando la escalera, guiados por los sentidos de la Elfa Mayor.

La escalera estaba anclada a la pared de piedra, descendiendo hacia las profundidades. Los escalones eran angostos y no había baranda para sostenerse. Cada uno de ellos colocó una mano en la pared y avanzaron lentamente, muy lentamente.

—Parece un hormiguero, ¿no creen? —dijo el Sacerdote Lagarto observando que muchos de los túneles llevaban a otras zonas más profundas dentro de la fortaleza.

—Mmm, parece que hacen muy buenas torres ¿no creen? —respondió el Chamán Enano.

Los diques y las fortificaciones a la orilla del río habían soportado batallas por al menos un eón. Pronto solo cinco aventureros intentarían derribarlas. Nadie podría culparlos por sentirse un poco tensos.

—¡Eep! —la Sacerdotisa cerró los ojos y se inclinó contra la pared mientras un ventarrón atravesó el atrio. La fuerza del viento ya era bastante mala, pero también trajo consigo el fétido y rancio olor que indicaba que había cosas malas adelante.

—Q-Quizá debemos atarnos a una línea de seguridad para que…

—No, —dijo Goblin Slayer, rechazando bruscamente la propuesta de la Sacerdotisa. —Iremos en una sola fila. No sabemos si los goblins podrían llegar por enfrente o por la retaguardia.

—Sí, podría ser peligroso restringir aún más nuestros movimientos —dijo el Sacerdote Lagarto desde la retaguardia de la formación, este giro sus ojos y golpeó el suelo con su cola mientras decía. —Pero no temas, si fueras a caerte solo agárrate de mí cola y continúa.

—Preferiría no caerme, pero… muy bien, hare lo mejor que pueda —asintió la Sacerdotisa, asegurándose de que sostenía su bastón y la antorcha con fuerza para que no se cayeran.

En ese momento, las orejas de la Elfa Mayor se movían rápidamente.

—¿Goblins?

—¿Qué más podría ser? —El grupo entero se detuvo en el acto detrás de ella y prepararon sus armas. —Tenemos una luz. Nos notaran cuando nos acerquemos.

—No podemos dejar que escapen con vida.

—Goblin Slayer-san, ¿qué debemos hacer?

—Ya sea que haya un cautivo o no, debemos llegar al final de las escaleras —dijo Goblin Slayer sombríamente. —Y luego, debemos regresar hasta la superficie.

—Ya sabes lo que dicen de los laberintos —comentó el Chamán Enano, mientras su voz adoptaba un tono melodioso. —Entrar fácil es, pero salir divertido no es.

—Mmm —el Sacerdote Lagarto gruñó, asintiendo.

—Puede que no sea posible que evitemos el combate —dijo la Sacerdotisa. —Y si somos descubiertos…

¿Qué pasará entonces?

La sangre desapareció de sus mejillas de la Sacerdotisa y de pronto sintió que su equilibrio le fallaba.

Ropas rasgadas. El grito de un Guerrero. Las voces angustiosas. La horrible visión del elfo capturado. Las mujeres en pinchos.

Todas estas memorias pasaron por su mente, haciendo que su respiración aumentara. Sintió que sus dientes temblaban.

Ella luchó por mantenerlos quietos y controlar su respiración. Forzó sus piernas, que amenazaban con fallarle, a mantenerse rectas.

—…Tratare de lanzar Silencio de nuevo.

Ella usaría otro de sus preciosos Milagros. Goblin Slayer hizo unos cuantos cálculos mentales.

—Si todo sale bien, quizá podamos descansar cuando lleguemos al fondo —dijo el Chamán Enano mientras metía la mano en su bolsa de catalizadores, mirando atentamente hacia la oscuridad de lo que parecían ser escaleras interminables. —Este lugar tiene que ser demasiado grande como para patrullarlo por completo en una sola patrulla, incluso para los goblins.

—Basándonos en lo que robaron, Goblin Slayer-dono, ¿a cuántos diría usted que nos enfrentaremos?

—Incluso tienen lobos —respondió Goblin Slayer. —No hay duda que están operando a una escala masiva.

—Aun así, seguramente no son los suficientes como para mantener esta fortificación por completo.

—Seguramente.

—Bueno eso lo resuelve, —la Elfa Mayor sonrió ampliamente, dándole una palmadita en el hombro a la Sacerdotisa. —¡Vamos, tú sigues!

—¡Bien! —La Sacerdotisa asintió y se mordió el labio. Sabía lo qué pasaría si no hacían esto. Dio a su cabeza una sacudida vigorosa, haciendo volar los recuerdos de su cabeza. Para entonces tomar profundo respiro.

Ella colocó ambas manos en su bastón, conectando su alma a la Madre Tierra que habitaba en las alturas.

—¿Qué hay del cuerpo? —pregunto el Sacerdote Lagarto.

—Déjalo caer, —respondió Goblin Slayer de inmediato, sin miramientos. —No será inusual que un goblin caiga por estas escaleras.

—¡Aquí voy! —la Sacerdotisa sostuvo su bastón, relajándose en la calidez de su antorcha mientras ofrecía las estrofas de su rezo. —Oh Madre Tierra que rebosas de piedad, concédenos la paz para aceptar todas las cosas.

De un momento a otro, todos los sonidos cesaron.

El goblin que emergía del corredor abrió los ojos de par en par ante la sorpresa de un grupo de aventureros que se acercaban con nada más que la protección que ofrecía la luz de una antorcha.

La flecha de la Elfa Mayor perforó la garganta del goblin antes de que pudiera avisar a alguno de sus compañeros. El goblin agitó sus brazos como un molino como si estuviera nadando en el aire mientras se tambaleaba hacia el frente; Goblin Slayer le dio una fuerte patada.

El goblin cayó, desapareciendo en la infinita y espesa oscuridad.

Mientras continuaban bajando las escaleras, las orejas de la Elfa Mayor continuaban moviéndose sin descanso. Era difícil estar completamente seguro de lo que se escuchaba. Ella mantenía los ojos alertas en caso de que algún goblin se les acercara.

Ahí.

Ella levantó rápidamente tres dedos de una mano antes de sacar una flecha de su carcaj, preparar su arco y luego disparar.

La flecha voló de forma silenciosa, encajándose en el ojo del centinela que portaba una lanza, atravesando su casco en el proceso. Éste giró y se desplomó por la escalera.

Su compañero guardia le apuntó y se rio, luego este inclinó la cabeza en duda al notar con sorpresa que su voz no hacia sonido alguno. La Elfa Mayor pasó a su lado, mientras que detrás de ella, Goblin Slayer rompía el cráneo del goblin como si fuera un pedazo de madera.

La cabeza se abrió y los sesos se derramaron. Goblin Slayer lanzó al segundo goblin al abismo para luego continuar su camino.

El tercer goblin, aunque atónito ante la serie de eventos que se desarrollaban, estabilizó la lanza en su mano.

Este se encontraba cara a cara con un enano y una chica humana. Sólo le tomó un instante el enfocarse en la chica, pero encontró su camino bloqueado por la palma del enano. Antes de que supiera qué estaba pasando, había un puñado de polvo en sus ojos, y un instante después, la cola del Sacerdote Lagarto había barrido sus pies haciéndolo tropezar.

Todo lo que le quedaba era la caída.

El túnel en forma de un sacacorchos continuaba sin parar. Uno podía sentirse mareado al contemplar su escala.

Todo sonido se había desvanecido y la única cosa que podían ver era la luz que llevaban. Sólo olían agua burbujeante y su propio sudor.

La Sacerdotisa se tambaleó, atacada por un repentino mareo. Incluso mientras trataba de entender lo que sucedía, su inestable cuerpo se encontró envuelto por la cola del Sacerdote Lagarto.

Ella miró apresuradamente hacia atrás. El hombre lagarto giró los ojos hacia arriba mientras se tocaba la nariz con la lengua. Este parecía estarle diciendo, No te preocupes.

La Sacerdotisa agitó su cabeza, luego miró al frente de nuevo con la antorcha y su bastón bien agarrados y comenzó a seguir a la espalda frente a ella. El Chamán Enano tuvo la amabilidad de disminuir su paso por ella. Goblin Slayer y la Elfa Mayor se mantenían vigilantes como siempre.

¡Tengo que seguir rezando…!

Ella hizo un par de exhalaciones profundas y forzó todo pensamiento irrelevante fuera de su mente para continuar ofreciendo su súplica a la Madre Tierra.

Ella estaba de pie detrás de sus compañeros, rezando. Empezó a dudar si era realmente útil.

Pero la duda llevaba a la muerte en momentos como este. Y ella no dejaría que eso superara su oración a los dioses.

Todos están aquí, y yo estoy con ellos. Me protegen, y yo los protejo.

Ella respiró profundamente una vez más.

Incluso en estas oscuras profundidades, ella tenía amigos a su lado, y su alma estaba en contacto con la Madre Tierra que moraba en el cielo.

Seguramente no había nada que temer.

§

Plop, plop. Cinco o seis cadáveres de goblins flotaban en la superficie del agua.

En el fondo del vasto túnel había un canal de agua. ¿Había sido el milagro Silencio, o simplemente la distancia, lo que había impedido a los aventureros escuchar cualquier sonido cuando los goblins golpearon la superficie?

Apresada y guardada, lo que quedaba del agua del río continuaba su cauce corriente abajo.

—Quizá los pequeños demonios piensan envenenar el agua —susurró el Sacerdote Lagarto cuando el sonido regresó al mundo. Considerando que represaron al río, ese sería el siguiente paso lógico. Corriente abajo no sólo se encontraba la villa élfica, sino también la ciudad del agua.

—Los goblins siendo goblins, su líder seguramente estará planeando algo, —asintió el Chamán Enano.

—¿Cuál es el caso, de pensar como lo hacen los goblins todo el tiempo? —dijo la Elfa Mayor frunciendo el ceño. Le dio al casco de Goblin Slayer un par de buenos golpes. —Terminarás como él.

—Tenía la extraña suposición que te lo tomarías un poco más en serio —exclamó el Chamán Enano. —Esto es sobre tu hogar, después de todo, —añadió entre dientes, provocando un
¡¿Quieres repetirlo?! —de la elfa. Ellos lograron mantener sus voces lo suficiente bajas para evitar que el Sacerdote Lagarto no tuviera que intervenir.

Goblin Slayer, completamente inmóvil, sacó una cantimplora de su bolsa de objetos y la destapó. Tomó varios tragos a través de su visor y luego se lo ofreció a la Sacerdotisa que estaba arrodillada cerca de él. Ella la tomó con expresión vacía, su pálido rostro mostraba que intentaba recuperarse.

—Bebe

—Uh, c-claro, gracias…

—No, —respondió Goblin Slayer negando con la cabeza —Nos ayudaste.

La Sacerdotisa sostuvo la cantimplora con ambas manos, llevándosela a los labios con un poco de vergüenza. Tenía la más pequeña y penosa sonrisa en su rostro. Ya no estaba tan tensa, y eso no era algo malo.

Habían pasado un obstáculo.  Una cosa a la vez.

Ella bebió de forma ruidosa, dos tragos, luego tres. Luego dejó salir una bocanada de aire satisfactoriamente y volvió a colocar el corcho en la cantimplora.

—Muchas gracias, —dijo ella, regresándole la cantimplora; él la tomó en silencio y la regresó al interior de su bolsa.

Goblin Slayer utilizó su hacha para acercar a uno de los cuerpos que flotaban, tomando la espada de su cinturón. Puso la hoja en su propia vaina y el hacha en el cinturón del goblin para después alejarlo de una patada.

—La voz se ha detenido, —murmuró Goblin Slayer.

Las orejas de la Elfa Mayor se movían rápidamente. —Sí. —Ella asintió. —No estaba segura por completo mientras bajábamos, pero ahora no creo escucharla más.

—Llegamos muy tarde.

La Elfa Mayor, entendiendo sus palabras, frunció el ceño. Rápidamente revisó el estado de la cuerda de su arco, la volvió a anudar, luego se aseguró que tuviera flechas mientras se ponía de pie. —…Esa no es excusa para retroceder ¿o sí?

—Ciertamente, incluso así. —El Sacerdote Lagarto estuvo de acuerdo, haciendo una floritura con su Garra Espada en mano. —Venimos aquí por una batalla, y nuestros enemigos se encuentran frente a nosotros. No tenemos razones para no continuar empujando nuestra ventaja.

Le ofreció su escamosa y abultada mano a la Sacerdotisa.

—Estoy bien, —dijo ella con una pequeña sonrisa y luego se incorporó utilizando su bastón como apoyo. —Oh, la antorcha…

—…Mmm —dijo finalmente Goblin Slayer, girando la cabeza de lado a lado. —Dejaré que te encargues de ella.

La Sacerdotisa secretamente soltó un suspiro aliviado cuando lo vio dirigirse audazmente hacia frente de la línea. Para poco después, darse cuenta que la había dejado a cargo de la luz, ella asintió con seguridad.

—Sostén esto un momento por favor, —dijo la Sacerdotisa pasando la antorcha al Chamán Enano. Luego sacó una linterna de su equipaje y transfirió la llama ahí.

—Vaya, ¡sí que vienes preparada!

—Una linterna es indispensable en una aventura, —respondió ella sacando el pecho llena de orgullo.

El Kit de Herramientas para Aventureros era un paquete que no siempre era útil como lo aparentaba, pero en esta ocasión estaba demostrando su valor. Ella cerró el obturador para evitar que saliera más luz de la necesaria y luego lanzó la antorcha en el río con un pequeño “¡Yah!” Hubo un psss y un poco de humo blanco y la antorcha ya no estaba.

—…Muy bien, sigamos.

El resto del grupo asintió y todos siguieron a Goblin Slayer intentando hacer el menor ruido posible.

Afortunadamente, el río los ayudaba a cubrirlo.

Goblin Slayer le habló con cautela a la Elfa Mayor. —¿Cómo está al frente?

—Están ahí. —Ella posicionó sus piernas como una liebre que está a punto de correr, pero continuó caminando rápidamente. —Parece haber una especie de… ¿piedra de molino o un gran mortero? Junto con cinco… quizá seis de ellos, divirtiéndose.

—Sin hechizos, —dijo Goblin Slayer cambiando el agarre de su espada en la mano derecha. —Nos encargaremos de ellos.

—Pero… —el Sacerdote Lagarto se lamió la nariz con la lengua. —¿Cómo piensas atacar?

—¿Silencio de nuevo? —sugirió la Elfa Mayor, luego añadiendo para sí misma Estaría de acuerdo con eso mientras sacaba una flecha.

Goblin Slayer miró a la Sacerdotisa, cuyo rostro estaba pálido, y negó con la cabeza.
—Intentaremos otra cosa.

—¡Estoy b-bien…!

—No quiero usar la misma táctica dos veces seguidas. —dijo Goblin Slayer mientras metía la mano en su bolsa. —¿Tenemos algo de pegamento?

—Justo aquí. A montones. Dame un segundo, —dijo el Chamán Enano rebuscando en el interior de su bolsa de catalizadores. Después de un rato, asintió y sacó varias botellas pequeñas todas selladas.

—Bien, —dijo Goblin Slayer inmediatamente. —Todos, denme sus calcetines.

La Sacerdotisa puso una mano en su muslo, de pronto sintió su rostro sonrojarse; la Elfa Mayor solo puso una mirada confusa. —¿Para qué quieres eso? —preguntó ella.

—Voy a usarlos.

El Sacerdote Lagarto asintió sombríamente. —¿Quieres los míos también?

—Si es que tienes alguno.

§

El goblin había terminado su trabajo y estaba de buen humor. Casi nunca había estado borracho, pero estaba seguro que así debía de sentirse.

El alcohol robado casi nunca llegaba a sus manos… las botellas solían estar completamente vacías mucho antes de que llegaran a esta parte tan profunda. Tenía la duda de si los chicos de arriba estaban repartiendo las ganancias justamente, pero así eran los goblins. Ellos nunca solían pensar en sus camaradas, por lo que cada quien tomaba un extra para sí mismo, y antes de que lo notaran, ya todo se había agotado.

Pero este magnánimo goblin subterráneo los perdonaría.

No porque supiera que él haría lo mismo si estuviera en los pisos superiores, nada tan razonable como eso. Estaba contento de estar enfadado con los bastardos desconsiderados de arriba, sin importarle el hecho de que se estuviera comportado como ellos.

No, la razón era porque trabajar en los pisos inferiores tenía sus beneficios.

Con un gesto casual, el goblin ajustó la decoración que pendía de una cadena alrededor de su cuello. Luego se sentó con pereza en el círculo hecho por sus compañeros y tomo la comida que estaba en el centro.

Arranco un dedo del brazo podrido y lo lanzó a su boca. Lo masticó para luego soltar un respiro profundo.

Trabajar aquí abajo es lo peor, dijo, tratando de que sonara bien a pesar de estarse quejando.

Hubo un coro de confirmación del resto, luego alguien desgarró una pierna de la cena.

Alguien más, incapaz de dejarlo pasar, hizo un escándalo y trató de tomar la pierna, hasta que finalmente se partió en dos, y el goblin que empezó el pleito tuvo algo para sí mismo.

Mientras masticaban su carne, los goblins se quejaban de que los que los altos mandos no los entendieran.

Uno de ellos arrancó un lindo globo ocular color ámbar de su comida, y comentando, Ellos simplemente no lo entienden. Para luego proceder a tragárselo.

Las quejas de los goblins se volvieron más y más ruidosas, pero claro, el trabajo que les pedían hacer no era tan demandante. Era solo la manera de ser de los goblins el estar convencido de que otros lo tenían más fácil.

Después de la floja comida, los goblins se pusieron de pie. Entre ellos estuvieron de acuerdo que un Rhea no era tan delicioso como un elfo, y que un elfo no era tan sabroso como un humano.

Ahora sus estómagos se encontraban bien y satisfechos, y parecía que no habría nada más que hacer, salvo echarse una siesta hasta que hubiera más trabajo que hacer.

El goblin soltó un largo bostezo, cuando…

—¿…?

Bueno, miren eso.

¿Qué era lo que rodaba hacia sus pies? ¿Una antorcha extinguida?

¿Qué demonios? El goblin la miró estúpidamente.

—¡¿…?!

Un segundo después algo pesado y húmedo lo golpeó en la cara. Intentó chillar, pero otra de esas cosas lo golpeó, esta vez en la boca.

Intentó quitárselo, pero su mano quedo atrapada también y no pudo liberarse.

—¡¡GROBB!!

—¡¡GRB! ¡¡GBBOROB!!

Mientras se desplomaba en el suelo, los otros goblins lo señalaron y se rieron de él. También se habían burlado de los goblins que se habían desplomado de la escalera más temprano durante el día.

—¡¿GBOROB?!

Esta vez, las cosas chocaron contra los goblins que se reían. Dos más intentaron quitárselas de sus caras, gritando en agonía. Eran tres en total.

Los otros dos finalmente entendieron que esto no era una cuestión de risa y sacaron sus espadas robadas.

Uno de ellos puso algo que parecía un silbato de alarma en sus labios…

—Uno.

…y de pronto encontró su garganta atravesada por una daga que voló desde la oscuridad. La sangre brotó desde la herida con un sonido parecido al de un silbato.

—¡¿GOBBRB?!

Atravesando el sonido vino un aventurero con una mugrienta armadura, corriendo hacia ellos desde río abajo. En su mano derecha una espada. En su izquierda un escudo. Los ojos del goblin se abrieron por la sorpresa. ¡Un aventurero! ¡Lo odio! ¡Era él!

—¡GBRO! ¡¡GGBORROB!!

Olvidó todo pensamiento de llamar a sus compañeros o ayudarlos, en vez de eso se lanzó a pelear. La recién robada espada de un aventurero estaba bien afilada, no era ningún cuchillo oxidado.

—Hmph.

Goblin Slayer, sin embargo, detuvo el ataque con facilidad usando su escudo. De hecho, rechazo el ataque totalmente. Goblin Slayer atrapó el corte ansioso del goblin, el cual se quedó encajado en su escudo, para luego retroceder.

—¡¿GOBBR?!

El goblin perdió el equilibrio y cayó con pesadez, luego se puso de pie de forma inestable.

Inmediatamente después de eso, notó un bump. El goblin dejó de respirar, sin saber por qué.

Él nunca hubiera imaginado que había sido una flecha con punta de brote lo que se había alojado en la parte trasera de su cabeza.

Se tambaleó hacia delante, sus ojos sin vida ya no percibían lo que estaba pasando con sus compañeros.

—¡¿GOBB… GRB?!

—¡¿GROBBR?!

Los otros goblins, finalmente quitándose los globos pegajosos de sus rostros y bocas, casi no podían hablar.

Un instante después, la Garra Espada del Sacerdote Lagarto rebanó torsos de sus piernas mientras Goblin Slayer atravesaba un cuello.

Acabar con cinco goblins sólo había tomado unos diez o veinte segundos. Eso sí que era tener experiencia.

—Tres… cuatro, y cinco. —Goblin Slayer contó los cuerpos luego se giró hacia la oscuridad. —Ese fue un tiro impresionante.

—He estado practicando. —La Sacerdotisa salió de la oscuridad, sosteniendo su bastón de monje. Una expresión de vergüenza apareció en su rostro ante el simple elogio de Goblin Slayer. Sí, la criatura se había distraído con la antorcha, pero ella le había dado de manera justa, el resultado de su propio trabajo duro.

Ella levantó el calcetín que el goblin arrancó de su rostro y lo hizo a un lado. —…Ugh, creo que ya no puedo usar esto. —Ella dijo decepcionada. Había sangre, baba y moco en él. Podía lavarlo tres veces y aun así no querría usarlo de nuevo.

—¿Ponerles rocas a nuestros calcetines, cubrirlos de pegamento y lanzárselos a los goblins? —La Elfa Mayor, quien también había proporcionado su calcetín para la causa, estaba recuperando su flecha de uno de los cuerpos. —Te lo juro, tienes la imaginación de un niño travieso.

—Pero funcionó. —dijo simplemente Goblin Slayer volteando hacia el cuerpo a medio comer.

Era tal la masa de sangre y viseras que era imposible saber de qué genero había sido, hasta que tomó una insignia de estado azul, había sido un hombre.

—Me pregunto si tenía familia. —dijo el Chamán Enano, dando una ojeada y tomando un pedazo de un zafiro cubierto de sangre. —O un grupo… dudo que estuviera solo.

—Es lo más probable —contestó Goblin Slayer, girando la cabeza y posando su mirada en las herramientas que los goblins habían usado para su “trabajo”.

La Elfa Mayor miró una de ella con una expresión que decía “¿qué es esto?” antes de que entendiera lo que estaba observando y dio un salto hacia atrás. —¡¿Eek?!

Era una piedra de molino… o mejor dicho, una prensa. Al girar una manivela el aparato se movía, aplicando presión a lo que sea que estuviera dentro de ella. Era la clase de cosa que se utilizaría para obtener aceite de las aceitunas o el jugo de las uvas. ¿Entonces qué habían estado presionando los goblins con ella?

La respuesta era aparente.

¡Ergh… Ah…! —la Sacerdotisa hizo unos pequeños sonidos entrecortados y casi tira su bastón.

En las ranuras de la maquina se podían ver restos de delgadas manos y pies, aun con los espasmos derivados de sus últimos vestigios de vida. Le pertenecían a una joven mujer cuyos ojos vidriosos aún estaban mirando hacia el cielo, su lengua colgaba fuera de su boca.

Era espantosamente claro qué habían intentado aplastar los goblins y cómo. Esto como un método de tortura, era visceral. Como una forma de ejecución, era más que sádico.

No.

La Sacerdotisa entendió rápidamente lo que todo eso significaba.

La pila de armadura femenina maltratada en el rincón.

La espada pulida que Goblin Slayer recuperó del goblin.

La insignia de nivel zafiro que había estado colgando del cuello de uno de los cuerpos.

Los músculos en el brazo que ahora colgaban inertes.

Todo esto mostraba que la joven mujer había sido una aventurera.

Y esto llevaba a una innegable conclusión: los goblins habían hecho esto por pura diversión.

—…

Era una escena nauseabunda, pero, aunque pálida, la Sacerdotisa tragó el amargo líquido que tenía en la boca de vuelta de dónde provino.

Quizás (desafortunadamente), ella se había acostumbrado a este tipo de cosas. Quizá era algo a lo que tenía que acostumbrarse. No lo sabía.

Mientras se arrodillaba, rezándole a la Madre Tierra, un líquido espeso y pegajoso salpico del suelo y ensució sus botas blancas.

La sustancia rojinegra que los goblins habían estado exprimiendo con la maquina goteaba a un pequeño canal en el piso y de ahí al río.

—Hmm, —el Sacerdote Lagarto dijo girando sus ojos. —Si ellos estaban poniendo esto en el río, ¿no sería una especie de veneno?

—Bien podría serlo, —Goblin Slayer se arrodilló y recogió una pequeña muestra de la sustancia viscosa, frotándola entre sus dedos. A pesar de que sólo era una pequeña gota en el inmenso río, probablemente sería fatal para cualquier individuo. —Es como si estuvieran pensando “todos ustedes han estado bebiendo, viviendo y bañándose con agua llena de la sangre y el excremento de sus compañeros”.

—Hrr-ghh… —inmediatamente la Elfa Mayor se arqueó casi vomitando. La Sacerdotisa rápidamente le ofreció una cantimplora con agua, pero ella respondió, —No, gracias.

—Supongo, entonces, que debemos considerar esto como una forma de maldición. —dijo el Sacerdote Lagarto.

—¿Así que tú también piensas eso? —Goblin Slayer tomó un respiro. —Esa…cosa…

—¿Te refieres a Mokele Mubenbe?

—Sí, eso. —Goblin Slayer asintió. —Esto debe significar que él que lo capturo era una especie de hechicero.

—Y un goblin… —la Sacerdotisa tembló ante el pensamiento.

Una cueva oscura. Mujeres desmayadas. Y un goblin chamán riendo sobre su trono.

Todo encajaba con las memorias grabadas en su mente. Ella apretó su bastón con más fuerza.

—¿…Chamán?

—Quien quiera que sea, no debemos tomárnoslo a la ligera, —murmuró el Chamán Enano, para luego mirar a Goblin Slayer y al Sacerdote Lagarto con sorpresa. —Me sorprende que los dos estén tan calmados…

—No es la forma de ser de mi pueblo el mantener a un prisionero con vida por placer, pero matar es nuestra vocación. —El Sacerdote Lagarto negó lentamente con la cabeza, casi contemplativo. —Es considerado como una costumbre apropiada el abrir las entrañas de un gran guerrero y comerse su corazón.

—Yo, creo que pasarán unos cuantos días antes de que quiera volver a comer carne. —Gimió el Chamán Enano.

—Y así es como son los enanos —dijo la Elfa Mayor con una valiente carcajada.

Goblin Slayer miró al Chamán Enano y asintió. Luego caminó hacia la Sacerdotisa con su típico caminar atrevido y la miró desde arriba.

—Goblin Slayer-san, uh…

—Nos detendremos aquí, —dijo él lentamente. —Cuando la hayamos enterrado, descansaremos.

§

Finalmente decidieron darle al cuerpo aplastado y destruido de la aventurera un necesario entierro en el mar.

Envolvieron el cuerpo en una manta para ocultar sus heridas y luego la pusieron a flotar en el canal que llevaba hacia el río.

Oh Madre Tierra que rebosas de piedad, por favor, por tu divina mano guía el alma de aquella que ha abandonado este mundo.

El rezo de la Sacerdotisa se aseguraba que el alma de la mujer llegará al cielo y la invocación del Sacerdote Lagarto permitía que ella pudiera regresar al círculo de la vida.

Ellos no esperaban que alguna patrulla llegara a revisar el fondo de la torre (los goblins eran holgazanes de por sí), así que el grupo encontró el lugar más limpio que pudo, extendieron unas mantas y fueron a dormir.

Dormir… Serían afortunados de conseguir unas pocas horas como mucho. Realmente no les ayudaría a recuperar mucho de su fuerza. Lo que era importante, sin embargo, era que sus hechiceros recuperaran la energía espiritual que habían utilizado.

—…

Goblin Slayer se recargó contra la pared del cuarto de tortura, abrazando la espada que había tomado. No quería encender un fuego, en parte por las runas de protección élficas en este lugar, pero sobre todo no quería que el humo alertara a alguien de su presencia. En vez de eso, el grupo descansó reuniéndose alrededor de la linterna, con los obturadores cerrados para mantener la luz al mínimo.

El Sacerdote Lagarto se sentó en la postura del loto, sus manos formando mudras[2] y con los ojos cerrados, como si estuviera meditando. El Chamán Enano había tomado unos cuantos tragos de vino y luego se echó, descansó la cabeza en sus manos y pronto estaba roncando vigorosamente.

Y luego estaba la Sacerdotisa, su pequeño cuerpo revestido en una manta en un rincón. Incluso desde la distancia, su rostro se veía pálido y sin vida.

—¿Por qué no estás dormido? —una voz le preguntó de repente.

—Estoy descansando. —Goblin Slayer respondió de forma casual.

Era la Elfa Mayor regresando de su turno como vigía, parada frente a él con la mirada irritada.

Goblin Slayer levantó lentamente su casco para mirarla. —Con un ojo abierto.

—Oye, no puedo ver cuantos ojos tienes ahí. —Respondió molesta. Puso sus manos en sus caderas resoplando de manera molesta, sus largas orejas moviéndose, luego se sentó pesadamente junto a él. Era un movimiento tan natural que ni siquiera pidió permiso a Goblin Slayer.

—Ella no se veía nada contenta, ¿eh? —la Elfa Mayor soltó la cuerda de su arco para luego volver a reajustarlo.

—Lo imagino. —Goblin Slayer dijo a su lado. —Si sólo consideramos nuestras acciones, somos exactamente como los goblins.

Él se refería estrictamente al hecho de dejar los cuerpos de sus compañeros en el río.

Habían llegado demasiado tarde… ya fuera por minutos, horas o quizá días. De otra forma, quizá uno o dos de los aventureros podrían seguir con vida.

Nunca, bajo ninguna circunstancia, podía volver a pasar lo que sucedió en el templo con aquellas monjas.

—Perecieron y luego los lanzamos al río. Es lo mismo. —Goblin Slayer concluyó secamente.

La Elfa Mayor se mordió el labio por un momento, sin ser capaz de decir algo, entonces negó con la cabeza en desacuerdo. —…No es lo mismo.

Goblin Slayer soltó un ligero gruñido de molestia.

—No somos como los goblins. Y si dices de nuevo que lo somos, me voy a poner furiosa. —Ella lo miró con los ojos entreabiertos.

—Incluso puedo llegar a patearte. —murmuró, sonando seria mientras lo hacía.

Goblin Slayer recordó aquel momento, en unas ruinas en algún lugar, cuando ella le dio una patada en serio. Había sido hace como un año atrás. Incluso llegó a sentir nostalgia por ello.

¿Pero cuánto tiempo había sido eso para un elfo?

—Ya veo, —Goblin Slayer asintió soltando un profundo suspiro. —…Tienes razón.

—Será mejor que lo creas.

Y con eso, los dos dejaron de hablar. El relajante sonido del agua corriendo parecía fuera de lugar. Pero de vez en cuando se oía las carcajadas de los goblins escaleras arriba, recordándoles donde se encontraban realmente.

Las orejas de la Elfa Mayor se sacudieron. Goblin Slayer volteó a verla, pero ella negó con la cabeza indicando que no era nada.

—Ya veo. —Goblin Slayer exhaló una vez más antes de quedar en silencio.

—¿Hmm? —dijo la Elfa Mayor inclinando la cabeza, pero su casco apenas se movió en cuanto él respondió sólo con dos palabras.

—Lo siento.

La Elfa Mayor se encontró a si misma parpadeando en sorpresa.

¿Acaso Orcbolg acaba de… disculparse?

Era algo bastante inusual. Para ocultar la sonrisa que se estaba formando rostro, frunció el ceño y preguntó bruscamente. —… ¿Por qué?

—Al final, volví a mencionar a los goblins de nuevo.

Tonto. La Elfa Mayor se rio tontamente. Como el sonido del agua corriendo, su risa parecía un sonido muy dulce para aquel lugar.

—¿Quééé? ¿Era eso lo que te molestaba?

No hubo respuesta.

Ambos se conocían poco más de un año, pero era el tiempo suficiente para poder saber cómo era alguien.

Puse el dedo en la llaga.

La Elfa Mayor se rio, sonaba tan clara como una campana, luego dejó su gran arco en el suelo al lado de ella. Abrazó sus piernas hacia su pecho y descansó su cabeza en el hombro de Goblin Slayer.

—Ya me conoces… no son una gran fan de matar goblins.

Eso simplemente tenía sentido.

Antes de que ella conociera a Orcbolg, incluso cuando era una aventurera de Porcelana, nunca había ido a una misión para cazar goblins. Pero el número de aquellos trabajos había aumentado drásticamente desde que había empezado a trabajar con él.

Ella no tenía ningún problema con explorar cuevas. Y luchar contra monstruos estaba bien, rescatar cautivos era mejor, eso era genial.

Pero esto simplemente es diferente.

Enfrentarse a goblins con Orcbolg de alguna manera no era igual que con otros aventureros. No había sensación de logro. La Elfa Mayor difícilmente podría llamarlas aventuras.

Pero, aun así.

—Mi hogar está en peligro.

Era algo obvio, pero aun así dijo aquel pensamiento.

Ella percibió, más que ver, cuando el casco de Goblin Slayer se movió.

La Elfa Mayor cerró los ojos por un momento. El olor a aceite y a sangre. Realmente era hedor terrible.

—Odiaría que mi hermana se casara con goblins holgazaneando por los alrededores.

—…Ya veo.

—Normalmente, sería yo la que se estaría quejando… Oye, quiero decir, no es como si realmente esté enojada o algo así.

—No. —dijo Goblin Slayer negando con la cabeza. —No me molesta.

—¿No? —La Elfa Mayor ladeó la cabeza en señal de sorpresa. Sus orejas se agitaron.

—No. —repitió brevemente Goblin Slayer. —Porque no sé cómo es tener una aventura.

Huh. —susurró la Elfa Mayor y Goblin Slayer volvió a suspirar. —Es verdad.

—Muy bien, de acuerdo. —Empezó la Elfa Mayor, sonando casi como si cantara. —¿Qué tal si decimos que estamos a mano? —Ella levantó un dedo en el aire y trazó un círculo.

—Creo que… —Goblin Slayer estuvo a punto de responder, pero luego vaciló. Él nunca encontraba las palabras que quería, y finalmente su respuesta estuvo carente de pasión como siempre. —Está bien.

—¡Bien! —La Elfa Mayor se levantó con un salto. Dio un fuerte bostezo, como si fuera un gato, y gentilmente estiró su pequeño cuerpo. Dejó salir un largo suspiro y luego preguntó. —Así que, ¿qué hacemos ahora?

Goblin Slayer respondió inmediatamente. —Prepararemos una trampa y luego nos dirigiremos hacia arriba.

—¿Una trampa? —sus ojos brillaron y sus oídos se agitaron.

—Lo entenderás pronto. —Goblin Slayer lo hizo sonar como si fuera algo bastante molesto de hacer. La Elfa Mayor tan solo resopló. De acuerdo.

—¿Pero… ahora vamos a subir?

—Estamos enfrentándonos a goblins que se han establecido en este edificio. Tengo una clara idea de lo que están pensando.

—¿…?

—Los más importantes entre ellos harán su base ya sea en el nivel más alto o en el más bajo.

—Ahh.

Ahora tenía sentido. La Elfa Mayor asintió, sonriendo. A los peores villanos les gustaban los lugares más altos.

—El único problema es esa… cosa.

—¿Mokele Mubenbe? —La Elfa Mayor suspiró nuevamente. —No puedo creer que no puedas recordar su nombre aún.

—…Quien sea capaz de controlar esa bestia probablemente es un hechicero.

—Un hechicero. Hmmm.

La Elfa Mayor se cruzó de brazos, luciendo muy ella, pero rápidamente abandonó su contemplación. Pensar en eso ahora no le traería ninguna respuesta. Ellos podrían pensar en eso cuando llegará el momento.

Cómo sea, puede ser un goblin chaman o un goblin lo que sea, aun así, voy a dispararle.

—¿No lo averiguaremos en cuanto lleguemos ahí?

—Eso no serviría, —dijo Goblin Slayer negando decididamente con la cabeza.

La Elfa Mayor negó también, como si le dijera, No tienes remedio. —Sí, lo hará. Pero tú eres nuestro único especialista en la línea del frente. Ahora, lo más importante es que duermas un poco, Orcbolg.

—…Sí.

—Con ambos ojos cerrados.

—…Trataré.

—Te despertaré en un rato.

—Gracias.

—Sí. Bueno, de otra forma no podré dormir.

—Muy bien.

La Elfa Mayor le hizo un gesto tranquilizador con la mano y luego tomó el arco entre sus dedos. Se movió con facilidad entre los durmientes, para revisarlos, y luego finalmente se sentó en su propio lugar en una esquina del cuarto.

A su lado estaba la Sacerdotisa, envuelta en su manta. La Elfa Mayor le dio una gentil palmadita. La manta se movió, se agitó un poco y luego volvió a quedarse quieta.

Podías subir las sábanas para ocultarte hasta donde quisieras, pero no podías ocultar tus sentimientos ante los sentidos de un elfo.

§

—Demonios, ¿por qué los antiguos no pudieron instalar un elevador?

Varias horas después, una vez que se encargaron de algunos detalles, el grupo había empezado a subir por las escaleras de caracol.

La Elfa Mayor tenía una buena razón para quejarse. Habían bajado por esas mismas escaleras el día anterior, ahora estaban obligados a subir por ellas de nuevo. El cambio en dirección era un triste consuelo.

—¡C-Cuidado, no hables tan fuerte…!

Alguien podría escucharte. La preocupación de la Sacerdotisa era natural, y sin ningún lugar a donde correr, estarían obligados a pelear, si los goblins llegaran a aparecer.

El grupo no ha cambiado su formación desde que se detuvieron a descansar (cuando… ¿el día de ayer? Su sentido del tiempo era confuso) pero aun así…

—Bueno, —dijo el Chamán Enano, —es una fortaleza grande. Debe de haber alguno si lo buscamos. —El enano respiraba con dificultad. Parecía que su pequeña complexión hacía que el ascenso fuera más difícil para él. El enano tomó la cantimplora de vino de su cinturón y lo destapó, dio unos cuantos tragos y se limpió las gotas restantes de su barba. —Pero después de todo el trabajo que he hecho, no tengo ningún interés en buscar un elevador.

—Además de que puede requerir una llave para activarse. Una con una correa azul, por ejemplo.

—¡Aarrgh…! —La Elfa Mayor chilló, agitando sus orejas con disgusto. El calmado comentario del Sacerdote Lagarto hizo que fueran tres contra uno. —¡Orcbolg, di algo!

—Si encontramos uno, lo usaremos, pero no tenemos tiempo para buscar.

Sin apoyo de su lado tampoco, La Elfa Mayor cedió, simplemente carraspeó y continuó subiendo las escaleras.

Cada uno de ellos iba completamente vigilante. Incluso la Sacerdotisa, observando su bastón ansiosamente, mantenía su vista en los alrededores. Seguía lanzando miradas hacia su espalda… sin duda esto era resultado de sus peores recuerdos.

Ellos podrían llegar desde atrás.

Ellos podrían romper a través de la pared cuando menos lo esperas.

¿Habría alguna puerta oculta? No habían pasado alguna por alto, ¿verdad?

—Ups… —dijo la Elfa Mayor, la Sacerdotisa se estremeció.

—¿Qu-Qué sucede?

—Faltan las escaleras.

—Oh… —Ella podía ver que la Elfa Mayor estaba en lo correcto. Justo delante de ellos la espiral de las escaleras estaba interrumpida por varios peldaños destruidos.

Cabía la posibilidad de que pudieran saltar aquella brecha… siempre que no pensaran siquiera por un segundo lo que podría pasarles si caían. Podían oír el eco del agua abajo, muy, muy abajo.

Si alcanzaban a caer en las escaleras por debajo de ellos sería una forma de salvarse, pero si no lo lograban, la caída seguramente los mataría. Si tenían suerte, morirían de forma inmediata. Pero si no, se romperían las piernas y se quedarían ahí abajo, esperando a morir. De cualquier forma, sería el final de su aventura.

¿Acaso los goblins habían rodeado la brecha de algún modo, o continuaban haciendo pruebas para lograrlo?

—No veo ningún guardia, —murmuró Goblin Slayer. —Si fuera mediodía lo entendería, pero no me gusta esto.

—Yo creo que el problema más grave ahora es qué hacer con la escalera, —dijo la Elfa Mayor frunciendo el ceño. Levantó el pulgar, intentando calcular la distancia. —Yo podría saltar esa brecha, pero no creo que todos podamos hacerlo; por ejemplo, el enano, y el enano, o el enano.

—Escúchame bien, tú…

Eso fue todo lo que el Chamán Enano pudo decir. La Elfa Mayor se cruzó de brazos pensativa. —Quizá podamos unir ambos lados con una cuerda, —dijo ella. —Podríamos tomar el camino largo también, pero no tenemos tiempo ¿o sí?

—Eso es perfecto, —dijo la Sacerdotisa asintiendo alegremente. —¡Sacaré un poco! —buscó entre su bolsa, sacando rápidamente un gancho. El Kit de Herramientas de Aventurero. Ella se alegró de que el kit, que ella había traído “por si acaso”, les estuviera siendo bastante útil. Lo que, es más, la mayor tranquilidad que sentía, era sentirse útil para el grupo.

—¿Crees que llegue? —preguntó ella.

—Inténtalo. —Respondió Goblin Slayer.

Respondiendo con un —De acuerdo. —La Elfa Mayor tomó la cuerda y dio un ligero salto. Su agilidad solo podía ser igualada por un selecto número de hombres bestia o elfos oscuros.

Ella aterrizó en el extremo opuesto de la brecha con un movimiento parecido al de un ciervo saltando, murmurando un Whoop mientras ella mantenía su equilibrio cuidadosamente. —Tan solo necesito ajustar esto, ¿no?

—Sí. —Goblin Slayer asintió y tomó la cuerda de su lado. —¿Así que debemos amarrar esto a nuestros cinturones y saltar…?

—Si no llego al otro lado, tendré que usar un hechizo, —dijo el Chamán Enano mirando hacia la fosa con expresión preocupada. —Por mucho que odie hacerlo, en favor de nuestras necesidades estratégicas… ¿Qué me dices tú, Escamoso?

—Ahh, mientras haya asideros y puntos de apoyo en las paredes me las podré arreglar. —El Sacerdote Lagarto mostró sus filosas garras en sus manos y pies, moviendo sus dedos deliberadamente. —Más bien, me preocupa maestro hechicero, que nuestra señorita Sacerdotisa salte. Quizá sería mejor si yo la cargara.

—Uno a la vez entonces, —dijo Goblin Slayer. —¿Estarás bien?

—¡Oh, sí! —la Sacerdotisa fue la primera en tomar la cuerda que ofrecía. Con un gruñido, ella se la ató con cuidado y apretadamente alrededor de sus estrechas caderas, luego colocó su bastón entre la cuerda y el pequeño espacio en su espalda para que no se le cayera.

—M-muy bien, ¡por favor n-no me sueltes…!

—Mmm. Eres bastante ligera. Aquí vamos…

El Sacerdote Lagarto, junto con la Sacerdotisa agarrada de su espada, clavó sus garras en la pared de roca e impulso su cuerpo hacia arriba.

—¡¿Eep?!

—Ahora agárrate fuerte. ¡Oh Gran Velociraptor, atestigua mis hazañas!

Lo que sucedió a continuación era algo digno de atestiguarse. Colocando las garras de sus manos y pies en las aberturas de las piedras, el Sacerdote Lagarto comenzó a reptar hábilmente a través de la brecha.

Sin embargo, por muy impresionante que fuera, no era rápido; si hubiera un arquero esperando en algún lugar de la escalera, habría sido un blanco excelente. Tanto Goblin Slayer como la Elfa Mayor miraban hacia la oscuridad, manteniendo su mirada alerta en caso de que alguna amenaza surgiera.

Cuando llegaron al otro lado de la brecha, la Sacerdotisa le dio un asentimiento de respeto al Sacerdote Lagarto. —L-Lamento el inconveniente. Y gracias…

—No necesitas agradecerme. De hecho, creo que necesitas un poco más de carne en tus huesos.

—T-trataré… —dijo ella, ligeramente apenada. El Sacerdote Lagarto hizo una mueca en señal de aprobación, luego le sacó la cuerda e hizo el viaje de regreso. Después, regresó cargando al Chamán Enano, y una vez contento con que todos hubieran pasado, Goblin Slayer saltó la brecha. Con toda su armadura y cota de mallas puesta, él era sin duda el que más peso llevaba encima, pero logró llegar con espacio de sobra.

Sin embargo, cuando él se tambaleaba durante el aterrizaje, la Sacerdotisa se apresuró a poner una mano en su brazo para detenerlo. —¿E-Estás bien?

—Sí, —dijo Goblin Slayer asintiendo con la cabeza y añadir a continuación —Estoy bien.

—Rayos, desearía que me hubieran cargado. —comentó la Elfa Mayor.

—¡Ja! ¡Ja! ¡Ja! Bueno, tal vez haya otra oportunidad, —respondió el Sacerdote Lagarto alegremente.

—¡Te voy a tomar la palabra! —dijo la Elfa Mayor, deteniéndose de repente. —¡Hey, miren, ahí está! ¡Hay un elevador!

—Hmm —dijo Goblin Slayer con considerable interés mientras se dirigía a inspeccionar el dispositivo.

Tenía un par de puertas dobles que se replegaban dentro de las paredes, y lo que parecía ser un panel de control justo al lado de ellas. Se dio cuenta de que justo era este el tipo de cosas, que uno se encontraba en ruinas como ésta.

—¿Lo habrán estado utilizando los goblins? preguntó en voz alta el Sacerdote Lagarto.

—Buena pregunta, —dijo el Chamán Enano. —No puedo decirlo con seguridad…

—Parece que está funcionando perfectamente. Pero… Hmm, ¿qué es esto? —el Sacerdote Lagarto, probando el panel de control con una garra de sus dedos, descubrió un teclado. Contenía cuadrados con números en ellos, aparentemente esperando ser presionados. —Así que no funciona con una llave, sino con un código.

—¡Ah! —la Sacerdotisa, al ver el teclado, aplaudió y comenzó a hurgar entre su equipo.

Ella saco la llave que había recogido del goblin en la entrada de la fortaleza. Era una placa de oro con números tallados y una cuerda como un collar.

—¿Qué tal esto? Al principio pensé que tal vez las llaves estaban numeradas individualmente, pero…

—Sí, los goblins nunca harían contabilidad de esa manera, —dijo la Elfa Mayor encogiéndose de hombros, y Goblin Slayer estuvo de acuerdo. Ya no había ninguna duda al respecto.

—Pruébalo.

—¡Sí, señor! —Sosteniendo la placa de oro, la Sacerdotisa cuidadosamente ingresó los tres dígitos en el teclado.

Sintieron un ligero escalofrío cuando algo profundo y lejano gimió, y finalmente hubo un chillido cuando la máquina se detuvo.

Las puertas del elevador se abrieron en silencio.

—Parece que tuve la idea correcta, —dijo la Sacerdotisa, pasando una mano por su pequeño pecho con un suspiro de alivio.

El interior del elevador era una caja de piedra, igual que el exterior. No era obvio si el ascensor se movía de forma mágica o mecánica, pero….

—Al menos, no hay nada aquí tan simple como para que los goblins pudieran operarlo. —contestó Goblin Slayer, mirando el interior y usando su espada como un palo para empujar y pinchar dentro. —Sin embargo, los he visto usar baldes de agua en pozos.

—Eso es suficiente para causarme escalofríos. —Detente ya. La Elfa Mayor agitó su mano. No quería imaginar la posibilidad de que el aparato se soltara mientras estaban en él, haciéndolos caer en picada hasta el fondo.

—Vamos… —apuró la Sacerdotisa con decisión en su voz y agarrando su bastón con firmeza. Esto a pesar de que había palidez en su rostro, una inconfundible rudeza en su expresión apareció, junto a un ligero temblor en sus manos. —Tenemos que… detener a los goblins…

Aquella declaración obtuvo una respuesta inmediata de Goblin Slayer. —Sí.

La expresión de la Sacerdotisa se suavizó un poco.

Goblin Slayer miró a su alrededor, a su grupo.

La Elfa Mayor estaba hinchando su modesto pecho como para decir que, claramente estaba lista.

El Chamán Enano buscaba entre sus catalizadores con indiferencia.

El Sacerdote Lagarto hizo un extraño gesto con las palmas de las manos mientras giraba sus ojos.

Goblin Slayer observó cada cara y luego revisó su propio escudo, armadura, casco y espada.

Sin problemas.

Su plan ya estaba en marcha.

Sólo había una cosa por hacer.

—Mataremos a todos los goblins.

Todos los aventureros asintieron y luego subieron al elevador.

—Asumo que esta cosa va hacia arriba, —dijo la Elfa Mayor, —pero esto se podría poner feo muy rápido.

—Podría. —Goblin Slayer asintió.

Las comisuras de los labios de la elfa se levantaron, murmurando sarcásticamente, —Infierno, esto es el infierno… Sí, claro.

Entonces las puertas se cerraron sin hacer ningún sonido.


[1] En esta oración el Chamán Enano llama “filisteos” a los goblins. Este es una palabra muy rebuscada para referirse a las personas de espíritu vulgar, de pocos conocimientos e insensibles a las artes o la literatura. El termino se originó durante los conflictos de los Filisteos y los Israelitas en el siglo XII a.C.

[2] Mudra es un gesto realizado con las manos, de carácter sagrado realizado por practicantes del budismo e hinduismo. Según sus practicantes cada mudra posee cualidades especificas dependiendo de cómo se realicen.