1

—Hablemos del hombre Wilhelm Trias.

Wilhelm nació como el tercer hijo de la familia Trias, una familia de nobles locales en el Reino de Lugunica.

La familia Trias era una antigua e histórica familia a la que se le otorgo tierra a lo largo de la frontera al norte al borde del Santo Reino de Gusteko. Dicho esto, su fama como familia de guerreros era una cosa del pasado; para el tiempo del nacimiento de Wilhelm, se había convertido en una pequeña y débil familia señorial, con solo un pobre feudo y una minúscula población a su nombre.

En términos reales, no era más que un ejemplo de nobleza cayendo de la gracia.

Los hermanos de Wilhelm estaban muy alejados de él en edad, y su educación no tuvo conexión con la herencia del liderazgo de la familia. Además, el, sin la aptitud de gobierno civil de sus hermanos, encontró el manejo de la espada como el único camino que conduce a un futuro.

La espada decorando el gran salón de su mansión fue alguna vez usada por una línea de hombres en la familia Trias para ganar fama como guerreros para el reino, pero para la actual familia Trias, era simplemente una espada atesorada para ser admirada en una pared.

Incluso Wilhelm no recuerda que lo provocó.

Pero cuando sacó la atesorada espada, la cual nunca antes había puesto sus manos encima, fuera de su vaina, la manera en que fue al instante cautivado por la belleza del acero—eso, recordaba claramente.

Antes que lo supiera, había estado tomando la espada de la familia por si mismo a las montañas atrás, blandiéndola desde la mañana hasta la noche.

La primera vez que tomó la espada, tenía ocho; se acostumbró a la longitud y el peso de la hoja, y cuando sus extremidades crecieron de manera que ya no fueran desiguales, Wilhelm tenia catorce, y era el mejor espadachín del dominio.

–Iré a la capital y entrare a la armada real. Luego me convertiré en un caballero.

Y fue a los catorces años que Wilhelm dijo esas palabras y escapó de casa, cargando el deseo ignorante que cualquier niño había pensado alguna vez.

El provocador fue en una noche de tormenta cuando tuvo una discusión con su hermano mayor. Su hermano había empezado un sermón sobre “¿Qué harás en tu futuro? a Wilhelm, inmerso solo en la espada y dispuesto a asociarse con los mocosos y sinvergüenzas del territorio.

Al blandir una espada, se había sentido cada vez más fuerte, y eso por sí mismo lo había hecho feliz. Y así, las palabras de su hermano mayor hacia su menor, sin ninguna ambición para el futuro, fueron muy estrictas. Había apilado argumentos sólidos sobre argumentos sólidos, y Wilhelm deficiente en palabras, dijo esas palabras antes de salir corriendo por la puerta.

Siguió esas palabras con su frase típica, “¡No puedes entender como me siento!” y se marchó, y en verdad, el resultado fue que Wilhelm dejo su familia con nada más que una espada y una pequeña cantidad de dinero.

Fue una salida no planificada, pero Wilhelm fue capaz de llegar a salvo a la capital real.

Wilhelm, triunfante cuando llego, se dirigió al Palacio Real con toda prisa, y los registros señalan que entró a la armada real como un soldado común.

Si hubiera sido en la era actual, un rufián callejero llegando en un intento de pasar por las puertas del castillo bajo tales circunstancias habría sido justa y correctamente rechazado. Sin embargo, en ese tiempo, había una guerra civil con una alianza de tribus semi-humanas centradas en las tierras orientales del reino—la Guerra Demi-humana había continuado por mucho tiempo, y la urgencia era tan grande que ningún número de voluntarios parecía suficiente.

Fue entonces que un chico aparición, mostrándose a sí mismo de tener una habilidad justa con la espada. Fue recibido con las manos abiertas, y Wilhelm entro a la armada real sin el más mínimo obstáculo,

Por lo tanto, desconectado de contratiempos o dificultades, Wilhelm entro al campo en su primera batalla.

Ahí, por primera vez, el chico llego a conocer la muralla llamada realidad. Su habilidad con la espada, sin contrincante en su tierra natal, no sirvió de nada contra los veteranos del campo de batalla, y fue confrontado por su propia imprudencia y engreimiento.

Tal fue la dificultad de la juventud, el bautismo de la primera batalla

—Si. Por derecho, debía ser así para cualquiera.

Pero en verdad, sin haber estado nunca en combate real, la habilidad de Wilhelm con la espada fácilmente superaba a quince juventudes puestas juntas.

–¿Qué? Realmente no eran tan fuertes como esperaba.

En su primera batalla, el chico soldado había construido una montaña de cadáveres semi-humanos, y desde la cima de ese montículo, apuñalo su espada en sus atacantes.

Nadie podía contemplarlo y no sentir miedo del futuro manchado de sangre que los aguardaba.

La fuerza anormal de Wilhelm con la espada fue multiplicada a lo largo de los días en que blandió la espada en su tierra natal. Desde la mañana hasta el anochecer, hasta que su energía se agotara, Wilhelm había vivido al continuar blandiendo la espada—cada día, desde la edad de ocho hasta los catorce, seis años sin ninguna pausa.

Incluso una vez que entro a la armada real, su estilo de vida de dedicar cada momento libre a la espada no cambió.

Dentro de la misma unidad, hubo quizás una o dos personas que se acercaron a Wilhelm, pero él rechazo sus intentos, sumergiéndose solo en la espada por días y meses hasta que el chicho se convirtió en hombre.

Sin ser roto por la realidad, pero insatisfecho consigo mismo, Wilhelm continuó blandiendo la espada en el campo de batalla, incapaz de deshacerse de la tristeza dentro de él.

Con su espada, al desgarrar la carne de otros, bañándose en su sangre, y tomando la vida de sus oponentes, demostró que él era más fuerte—y él sabía que solo en esos momento una alegría oscura brotaba dentro de él.

Mientras el conocimiento de su habilidad con la espada se expandía, el nombre del espadachín de origen rural que rechaza toda promoción, a caballero o a cualquier cosa, se hizo conocido en ambos, la armada real y la Alianza Semi-humana por el nombre alternativo del Demonio de la Espada—un demonio de la espada, corriendo a través del campo de batalla, y sonriendo solo al cortar a una persona.

Era un nombre que se volvió sinónimo con susto y odio, y tanto amigos como enemigos se alejaron de él.

Sus hazañas fueron incontables, y aun si, nadie trataba de promover a Wilhelm a caballero.

Él no se asociaba con otros, estoicamente dedicándose a la espada, arrasando en el campo de batalla sin cuidado por sus aliados, saltando en la formación enemiga, bailando mientras hacía florecer flores de sangre.

Tal hombre no podía ser digno de un título florido tal como “caballero.”

En un reino con una larga tradición de caballería, la existencia de Wilhelm fue aborrecida como un intruso sin importar sus muchos servicios a la nación.

Y Wilhelm mismo nunca pensó en cambiar esa situación.

No pensaba como un caballero, con su alto orgullo, respeto por la vida de los demás, y sus tendencias de pulir la nobleza de sus propias almas. Cuando él peleaba, él mataba personas; hacia su sangre fluir y rompía sus vidas en pedazos. Él, quien tomo más disfrute en eso que nada, no era apto para el título de caballero, y si eso lo detenía de ser capaz de disfrutar eso, no quería tener nada que ver con ser un caballero.

Su anhelo por la batalla fue deformado, pero a lo largo del tiempo, el corazón del joven hombre llamado Wilhelm se pudrió.

Y fue cuando tenía dieciocho—cuando había estado en la armada real por tres años, y cuando nadie en la armada no conocía el nombre del “Demonio de la Espada”—que nació una brecha en ese corazón.

2

Ella tenía un pelo hermoso, largo y rojo, y desde un lado, su cara era tan linda que lo hizo temblar

Con la ampliación de las líneas de batalla, Wilhelm fue temporalmente enviado de vuelta a la capital desde las lineas delanteras, forzado a tomar un descanso que él decía que era innecesario

Separado del campo de batalla, y del desenfrenado aroma a sangre, pólvora, y muerte. Wilhelm, con demasiado tiempo en sus manos, escapo de las puertas del castillo con su amada espada en mano, dirigiéndose a las partes más bajas de la capital.

Desde que huyo de su propia familia, la atesorada espada que había tomada con él en lugar de un regalo de despedida se había desgastado mucho, pero a lo largo de diez años, se había acostumbrado a esa amada espada como ninguna otra. No era como si no pudiera usar otras espadas, pero cuando estaba decidido a tomar la vida de otros, esa espada era sin duda la mejor

Caminando completamente solo, Wilhelm se dirigió a una calle en el barrio inferior sin signos de vida. Su destino era el borde de la capital real, un distrito en decadencia que había sido abandonado en medio de su construcción.

La capital pasó del Distrito de los Nobles a través de Calle Mercader, continuando a través de los Comunes, y el distrito abandonado aparentemente se había concebido un camino atrás, pero la construcción había sido abortada bastante tiempo antes y no había señales de que se reanudara pronto. Se diría que es probable que se mantenga así hasta que se resuelva la guerra civil.

–…….

En la mañana, el distrito sin terminar no tenía signos de vida humana, y si existía alguna, seria escoria reuniéndose ahí no por una buena razón. Eran cobardes que se separarían como crías araña si un pequeño antagonista los golpeaba.

Últimamente, si siquiera aquellos criminales se habían acercado al Demonio de la Espada, completamente devoto a la espada, sin miedo y desprevenido cuando entró al distrito sin terminar en sus días libres.

–Igual de bien, supongo.

La razón porque Wilhelm blandía su espada en la ciudad baja en lugar de los patios del Palacio Real era para que sus oídos no fueran interrumpidos por voces molestas, sumergiéndose a sí mismo en un mundo silencioso donde estaba solo.

Wilhelm ya no ansiaba medir su habilidad al cruzar su espada con otros.

Se volvió hacia el espadachín que imagino en el fondo de su mente, contraatacando su acero desenvainado. El entrenamiento que había continuado desde su juventud siempre había sido Wilhelm cruzando espadas con la persona que consideraba su mayor enemigo.

–¿Acaso no te ves mal?

Sus ojos rebosaron con sed de sangre; sus labios estaban contorsionados en locura.

El espadachín de ojos vicios con quien cruzó espadas cada día era su reflejo en el espejo.

—Para Wilhelm, su mayor enemigo era siempre el mismo.

Esto no era en un sentido filosófico, sino, una vista realística de su poder.

En el campo de batalla, se enfrentó a sus oponentes—en otras palabras, tomó sus vidas. Habiendo sobrevivido en el campo de batalla, en el borde de la vida y la muerte, no había nadie en el campo de batalla hasta la fecha que había sido más poderoso que él.

¿Entonces que rival digno había para cruzar espadas con él, un hombre que no podía matar sin importar que tan duro intentara?

Por lo tanto, durante su descando, fue a un lugar vacio de otros para sumergirse en una danza de espadas contra si mismo.

Por que fue solo allí, en un drama de espadas que nadie debería anhelar en realidad, que realmente sintió lo que significaba estar vivo—

–Ah, lo siento mucho.

Ese día, la vista de una Hermosa chica fue el elemento extraño que se incrusto en el mundo del Demonio de la Espada.

Para blandir su espada y encontrarse a si mismo en un combate mortal—Wilhelm, en su camino al distrito sin terminar con ese meta, se detuvo cuando notó un invitado diferente que se le había adelantado.

Normalmente, el corazón del distrito sin terminar que Wilhelm usaba era un espacio completamente vacío. El suelo estaba comparablemente nivelado, y la amplitud lo convertía en un lugar adecuado para él—y sin embargo, un elemento extraño descansaba en el lugar de relajación de Wilhelm, inclinando su cabeza ligeramente hacia él.

–Y pensar que alguien vendría a un lugar como este, y tan temprano en la mañana—

–……

La chica se dirigió a Wilhelm con una pequeña sonrisa.

Pero Wilhelm respondió al saludo con un simple golpe de su amenazante aura para alejarla.

Sintió como si estuviera echando a un insecto molesto. Un aficionado dentro de tal presión empezaría a correr precipitadamente; incluso un hombre de habilidad probablemente percibiría el nivel de habilidad de Wilhelm y haría lo mismo.

Pero la chica no hizo nada de eso.

–…¿Qué pasa con esa cara tan aterradora?

Ella paró el antagonismo de Wilhelm, continuando sus palabras como su fuera nada.

Wilhelm se sintió molesto, chasqueando su lengua.

Este era un oponente sobre quien tal hostilidad no era efectiva—en otras palabras, alguien completamente alejado de las artes marciales. Por lo menos, alguien en quien la hostilidad fue efectiva habría mostrado alguna reacción al aura de Wilhelm.

Pero para alguien desconectado de tales cosas, era simple coerción. Dependiendo del oponente, alguien incluso podría entenderlo como un simple estrechamiento de ojos.

En el caso de la persona delante de él, era un brillante ejemplo de este último.

–Mujer, ¿Que estás haciendo aquí en una mañana como esta?

Hablo de manera agresiva, pero ella aun no retiraba su mirada de Wilhelm.

La chica hizo un pequeño “hmm…” ante las palabras de Wilhelm, luego dijo, “Me gustaría preguntarte lo mismo, pero eso sería un poco rudo, ¿verdad? Tu cara dice que no tienes sentido del humor.”

–Hay muchos hombres peligrosos en esta área, no puedo aprobar que una mujer camine sola.

–Ah, ¿Estas preocupado por mí?

–Es posible que yo sea uno de esos hombres peligrosos…

Wilhelm respondió sarcásticamente al comentario alegra de la chica, haciendo un sonido con la empuñadura de su espada para anuncia la presencia de su espada. Pero la chica no se fijó en la acción de Wilhelm, señalando detrás suyo mientras decía, “Por aquí.

La chica, sentada en una escalera, movió su dedo hacia un edificio opuesto al que se apoyaba. Ya que era un lugar que Wilhelm no podía ver desde su posición, frunció sus cejas al ser invitado a acercarse.

–No hay nada que tenga que ver…

–No te preocupes por eso, ven, ven.

La mejilla de Wilhelm se contrajo ante el tono, como el que se usa para mimar a un niño, pero se calmó a sí mismo y se acercó a ella. Camino al lado de la mujer más arriba de la escalera , inclinándose para mirar lo que había al otro lado.

–……

En el otro lado, rayos calientes del sol mañanero estaban brillando en un amplio y amarillo campo de flores.

Con Wilhelm sin palabras, la chica bajo su voz y le confeso su secreto en un susurro.

–Dejaron de mantener este distrito hace bastante tiempo, ¿verdad? Pensé que nadie vendría, así que planté unas flores. Vine para ver los resultados por mí misma.

Wilhelm había caminado por ese camino varias veces, pero en ninguna notó la presencia del jardín de flores, a pesar que todo lo que hubiera tomado para verlas era estirar su espalda un poco alto y ampliar su visión.

Con la boca de Wilhelm manteniéndose cerrada, la chica miro al lado de su cara y preguntó, “¿Te gustan las flores?”

Se volvió hacia ella, viendo la pequeña y amable sonrisa que su rostro mostraba mientras él miraba.

“No, las odio” respondió en una voz baja, curvando sus labios.

3

Desde entonces, Wilhelm y la chica continuaron encontrándose de vez en cuando.

En sus días libres, Wilhelm caminaría hacia el distrito sin terminar en la mañana, solo para descubrir que ella había llegado por delante de él, bañada por un viento tranquilo mientras observaba las flores.

Entonces, cuando ella notaba que Wilhelm había llegado, le preguntaría, “¿Ahora te gustan las flores?”

Él lo negaría con un movimiento de su cabeza, sumergiéndose a sí mismo en blandir la espada, actuando como si hubiera olvidado su existencia.

Cuando su sudor fluía y levantaba su cabeza, terminando su lucha mortal consigo mismo, vería a la chica aun allí.

–“Realmente tienes un montón de tiempo libre”, diría él siempre en una voz sarcástica.

Pensó que, poco a poco, la cantidad de tiempo que pasaban hablando gradualmente incrementó.

Siempre hablaban después que él hubiera terminado de blandir la espada, pero empezó a intercambiar unas cuantas palabras antes de empezar también, y las conversaciones después que terminara de blandir su espada también se volvieron algo más largas.

Gradualmente, fue a ese lugar a una hora aún más temprana, algunas veces llegando al jardín de flores antes que la chica. “Ah, viniste temprano hoy,” diría la chica, mientras una sonrisa arrepentida se apoderaba de ella.

—Deben haber sido tres meses desde conocerla así antes que intercambiaran nombres.

La chica se nombró a si misma Theresia, añadiendo un, “Por ahora,” sacando su lengua un poco.

Cuando Wilhelm respondió a su introducción, hizo un puchero cuando lo escucho decir, “Te he estado llamando la Chica de las Flores hasta ahora.”

Pensó que intercambiar nombres significaba entrometerse mutuamente en las circunstancias del otro hasta cierto punto. Hasta la fecha, sus intercambios habían sido tranquilos e inofensivos, pero su calidad comenzó a cambiar constantemente.

Un día, Theresia le preguntó, “¿Por qué blandes la espada?”

Sin dudarlo un segundo, Wilhelm respondió, “Porque es todo lo que tengo.”

Como era típico, la vuelta de Wilhelm al deber militar fue recibida con dias llenos del aroma a sangre fresca.

Con el tiempo, la guerra civil con los semi-humanos se había intensificado; una y otra vez, el casualmente completaba sus misiones, deslizándose a través de la magia enemigo hacia su flanco, cortándolo de pies a cabeza.

Corrió sobre la tierra, atravesó el viento, se adentró al campamento enemigo, y envió volando la cabeza del general. Volvió a su propio campamento con la cabeza empalada en la punta de su espada, y fue bañado en miradas de aclamación y de temor, exhaló.

Repentinamente, notó que en el campo de batalla bajo sus pies, incluso cuando la sangre fluía, había flores creciendo, moviéndose con el viento.

Y ahora, sin ser consciente de ello, se preocupó de pisar sobre ellas.

–¿Do you like flowers now?”

–No, las odio.

–¿Por qué blandes la espada?

–Porque es todo lo que tengo.

Este su intercambio como ritual con Theresia—cuando hablaban acerca de flores, Wilhelm era capaz de responder con una pequeña sonrisa. Pero cuando hablaban acerca de la espada, de alguna manera, se sentía doloroso decir su típica respuesta.

¿Por qué blandía la espada?

No tengo nada más, pensó día tras día, y ahí, su proceso de pensamiento había terminado.

Cuando realmente se preguntó eso en busca de una respuesta, Wilhelm volvió hacia atrás al día donde por primera vez sostuvo una espada en su mano.

En ese momento, Wilhelm aun no sabía que la espada en su mano seria bañada en sangre.

Cuando Wilhelm se vio a si mismo reflejado en la luz que brillaba en la hoja de acero. ¿Qué había pensado?

Un día, aun en un vórtice de pensamiento, incapaz de encontrar una respuesta, sus pies lo llevaron al lugar de siempre.

Sus pasos se hicieron pesados, porque estaba lleno de tristeza por la forma en la que se presentaría ante la chica que lo esperaba.

Quizás esta era la primera vez en su vida en la cual que se había preocupado acerca de tal cosa.

¿Había continuado blandiendo la espada sin necesidad de pensar?

Justo cuando se había decidido a dar una respuesta tan desagradable…

–…Wilhelm.

…la chica, allí delante de él, miro hacia atrás con una pequeña sonrisa mientras decía su nombre.

—De repente, su alma se estremeció.

Sus pies se detuvieron, y no pudo evitar sentir nauseas.

De repensé, Wilhelm fue asaltado por una realización que parecía aplastar su cuerpo.

Cuando trató de dejar de lado todo con tal conclusión, que había blandido la espada sin pensar, una variedad de cosas en las que había dejado de pensar y que había dejado de lado brotaron de repente.

No entendía la razón. Lo que lo inicio todo no estaba escrito en piedra. Ese momento, el baluarte que había levantado hace mucho tiempo había abruptamente llegado a su límite.

¿Por qué blandió la espada?

¿Por qué había empezado a blandir la espada?

Ansiaba el brillo de la espada, la fuerza, la pureza de vivir por la hoja.

También había eso. También estaba eso, pero seguramente, había empezado en algún lugar más.

–Tengo que hacer lo que mis hermanos mayores no pueden.

Era porque blandir la espada era un campo en gran medida ignorado por sus hermanos mayores.

Incluso así, era porque sus hermanos buscaban proteger su familia de su propia manera que él, tan inútil para ellos, buscó por sí mismo, un camino diferente para defenderlos.

¿No era eso porqué estaba cautivado por la fuerza y el brillo de la espada?

–¿Ahora te gustan las flores?

–…No las odio.

–¿Por qué blandes la espada?

–Es todo lo…no pude pensar otra forma de proteger a otros.

Desde entonces, el anterior intercambio de ritual de palabras dejo de ser.

En su lugar, pensó que sus temas cambiaron un poco. Antes que se diera cuenta, se estaba dirigiendo ahí no con el fin de blandir la espada, sino para encontrarse con Theresia.

En un lugar donde debería haber estado blandiendo la espada sin pensar, su cabeza de alguna manera encontró eso insuficiente, y los temas se fueron alejando de la espada.

Hasta entonces, su estilo de pelea había sido cargar por si solo hacia la formación enemiga y tomar tantas cabezas como podía, pero en algún momento, eso cambio a él corriendo por los alrededores concentrado en disminuir el daño en sus aliados de cualquier forma que pudiera.

La vista de él priorizando la seguridad de sus compañeros sobre la matanza de sus enemigos naturalmente resultó en un cambio en como otros lo veían.

Viejos camaradas de Guerra que se habían mantenido con desde sus dias de mal comportamiento están tanto encantados por su cambio como en conflicto con él…

…ya que el número de personas que le hablo y con los que él hablaba se incrementaron.

Anteriormente desconocidas votos para su promoción a caballero surgieron, y paso solo una pequeña cantidad de tiempo sopesando el asunto antes de aceptar.

En lo profundo, él, también, encontró tener tal prestigio mejor que no.

–Hubo votos para mi promoción, así que me convertí en un caballero.

–Ya veo. Felicitaciones. Eso te acerca un paso más a tu sueño ¿no es así?

–¿Sueño?

–Tomaste la espada para proteger a otros, ¿no es verdad? Y un caballero es alguien que protege a los demás.

Sintió que, dentro de las cosas que quería proteger, su cara sonriente destacaba entre ellas.

4

Más tiempo pasó.

Habiéndose convertido en un caballero, y entrando en contacto con más personas en la armada, la información llegando a sus oídos naturalmente se incrementó.

La guerra civil estancada continuó, con un avance en un frente junto con un retiro del siguiente. Wilhelm, también, experimento no solo batallas victoriosas, sino también derrotas.

En medio del camino, paso sus dias luchando por proteger a los que estaban al alcance de su espada, mientras lamentaba amargamente aquellas cosas que estaban fuera de él.

Fue por casualidad que escuchó que los fuegos de la guerra se habían desplazado a la tierra de la Casa de Trias.

Ese hecho llegó a los oídos de Wilhelm de un compañero reciénte dentro del ejército. Es decir, que la guerra civil que había comenzado en el este del reino se había ampliado, llegando hasta el dominio de Trías en el norte.

No hubo ninguna orden.

Siempre que el caballero no olvidara la posición que se le había dado, no estaba permitido para el actuar por sí mismo. Pero para Wilhelm, aceptando una vez más sus sentimientos de cuanto por primera vez agarro una espada, tales cosas no tenían importancia.

Para el momento en que llego a su amada tierra natal, la armada enemiga ya lo había convertido en un mar de llamas.

Cuando el escenario que había abandonado hace más de cinco años antes se desvaneció ante la realidad de una vista más sangrienta, Wilhelm, saco su espada, levantó su voz, y se precipito a los campos incendiados.

Cortó a sus enemigos, pisó sus cadáveres, y gritó hasta que su garganta se secó mientras se bañaba en las salpicaduras de sangre.

Los números del enemigo eran abrumadores. No había refuerzos, y era un territorio débil en fuerza de batalla en primer lugar.

Hasta ese punto, intentó pelear la batalla con solo su fuerza, pero aprendió el precio, tomando una herida tras otra—volviéndose incapaz de moverse.

Colapsando encima de un monto de cadáveres, aplastado ante los números de la fuerza enemiga que no mostraba signos de acabarse, Wilhelm entendió que la muerte se estaba acercando a él.

La amada espada que había estado con él por un largo tiempo cayó a su lado, ya que sus dedeos estaban demasiado entumecidos y desgastados para sostenerla en alto.

Con sus ojos cerrados, miro atrás hacia la mitad de su vida, durante la cual no había hecho nada más que blandir una espada.

Era un vida solitaria—una vida sin nada.

Junto con esa conclusión vino una vista momentánea—y durante el camino, una cara tras otra apareció frente a él. Las recordó una por una: sus padres, sus dos hermanos mayores, los malos amigos con los que se juntaba dentro del dominio, sus camaradas y superiores en la armada real—y finalmente, la de Theresia, con flores detrás de ella.

–No quiero morir…

Debía haber sido su sueño vivir por la espada y morir por la espada. Pero frente al actual resultado de su manera de vivir, dedicando todo al acero, Wilhelm, con el final que debía haber deseado frente a sus ojos, fue golpeado por el insoportable sentimiento de soledad.

El soldado enemigo que había matado a tantos de sus camaradas no haría honor a las palabras que había dejado escapar. Inhumanamente en cuerpo, ellos blandieron sus grandes espadas sin piedad hacia Wilhelm—

–……

—El eternamente recordaría la belleza del corte que arremetió.

Una tormenta de espadas sopló, y en el curso, los miembros, cabeza y torso del semi-humano fueron limpiamente cortados.

Un gran rugido se esparció dentro de la fuerza enemigo, pero el veloz brillo plateado era más rápido, fácilmente infligiendo muerte en grandes cantidades.

Sangre salpicada se levantó, los llantos de muerte no cesaron, y las vidas de los semi-humanos fueron cosechadas.

Los cortes demasiado vividos no se detuvieron incluso cuando golpeaban alguien, logrando no tener expresión cuando sus vidas fueron apagadas.

Si tales actos eran de crueldad o misericordia, nadie lo sabía.

En cuanto a lo se sabía, solo había una cosa—

—Él no podía alcanzar ese nivel de la espada incluso si dedicaba toda su vida a ello, o una eternidad.

Él había vivido al blandir la espada, dedicando la mayoría de su no tan larga vida a ese propósito. Y debido a eso, fue Wilhelm quien pudo con agudeza comprender      la superioridad de la esgrima repetida una y otra vez frente a sus ojos.

Así, también, el hecho que era un nivel al que él, un hombre sin talento, no llegaría nunca.

Si Wilhelm había creado un valle de niebla sangrienta en su tierra natal, era realmente un mar de sangre que se extendía ante sus ojos. La montaña literal de cadáveres apilados uno encima de orto no tenía comparación.

El brillo plateado no termino su baile hasta que el último semi-humano invadiendo las tierras Trias había terminado de respirar.

Habiendo observado la abrumadora masacra hasta el final, fue cargado por los camaradas de la armada real que llegaron tarde. Gritaron varias cosas y atendieron sus heridas, pero Wilhelm nunca quitó sus ojos de la vista.

Finalmente la esbelta espada larga se detuvo, y el espadachín finalmente se alejó.

Wilhelm se estremeció cuando notó que el espadachín no había sido bañado ni siquiera en una sola gota de sangre.

Extendió su mano, pero no pudo alcanzar la espalda alejándose.

Probablemente, la distancia entre ellos no era solo física.

Fue cuando volvió que escucho el verdadero nombre del que poseía el alias de Santo de la Espada.

Fue más o menos al mismo tiempo que el nombre de la Espada Santa comenzó a resonar en todas las tierras en lugar de Wilhelm, el Demonio de la Espada.

Santo de la Espada—en algún momento, fue ese el ser legendario que venció a la Bruja que traía calamidad sobre el mundo.

Hasta ese día, los hombres amados por el dios de la espada eran de sangre de una única familia, era a través de esa línea de sangre directa que un súper hombre de una generación nacía uno tras otro

El nombre del Santo de la Espada de esa generación nunca había sido hecho público ni una sola vez—así también, hasta ese momento.

5

Fueron varios días después que sus heridas de batalla hubieran curado que se dirigió al lugar de siempre.

Agarrando la empuñadura de su amada espada, Wilhelm tranquilamente piso la tierra mientras se dirigía al jardín de flores.

Estaba seguro que ella estaría ahí.

Y de acuerdo con su firme creencia, Theresia estaba sentada en ese lugar, al igual que siempre.

–…….

Antes que ella pudiera voltearse, Wilhelm saco su espada y salto hacia ella.

Justo antes que el corte semicircular cortara la cabeza de la chica—ella agarro la punta de su espada con la punta de sus dedos, deteniéndola.

Un sonido de asombro se mantuvo en la garganta de Wilhelm mientras una sonrisa malévola apareció en sus labios. “Humillante.”

–¿…Es así?

–¿Te estabas riendo de mí?

–…….

–¡¡Adelante, ríete, Theresia…no, Santa de la Espada—Theresia Van Astrea!!

Con toda su fuerza, levanto alto su espada e intentó cortarla de nuevo, pero lo esquivo por un pelo con un movimiento tranquilo.

Un momento después que el baile de su cabello rojo robara la atención de sus ojos, sus pies fueron barridos por debajo de él, incapaz de detener su caída mientras era cruelmente enviado al suelo.

Incluso sin una espada en su mano, la hoja del Demonio de la Espada no podía legar al Santo de la Espada.

Un muro indestructible, una diferencia absurda era ahora evidente entre ellos.

–Ya no vendré aquí más.

Varias veces, Wilhelm intento cortarla, y cada vez, fue golpeado por un contraataque y mandado al suelo.

En algún punto, su amada espada fue arrebatada de él, y descanso en la mano de ella, y fue golpeado por la empuñadura hasta que fue incapaz de moverse.

Tan lejos. Demasiado débil. No podía alcanzarlo. No era suficiente.

–No sostengas una espada con…esa cara…

–Lo hago, porque soy la Santa de la Espada. No entendía la razón por la que lo era, pero la entiendo ahora.

–¿Razón, dices…?

–Tú blandes la espada para proteger a otros. Creo que yo también puedo hacerlo.

Fue Wilhelm quien le dio a Theresia, la chica que amaba las flores, quien no podía encontrar sentido en agarrar una espada, una razón—tanto más porque ella era más fuerte que nadie, mas lejos del alcance de la espada de cualquiera.

–E-espera, Theresia… 

–…….

-¡Te arrebataré de la espada. Como si me importara tu bendición o tu posición. No subestimes el blandir de la espada…o la belleza de la hoja, Santa de la Espada…!

La mujer no se detuvo. Su espalda desapareció en la distancia.

Todo lo que fue detrás era un solitario y egoísta demonio, hablando de la espada hacia ella, quien era amada por la espada.

Después de eso, esos dos nunca se encontrarían ahí otra vez.

6

El Demonio de la Espada desapareció de la armada real; en su lugar, el nombre de la Santa de la Espada se difundió dentro de él.

Una caballera que tenía el valor de mil de hombres—con la dura lucha de Theresia, la encarnación de esas palabras, la guerra civil se inclinó a su favor. Aunque era una sola persona, sus artes marciales estaban más allá de cualquier ser, y el alias de Santa de la Espada resonó—incluso los semi-humanos versados en las antiguas leyendas se desesperaron.

Tomo dos años después que la Santa de la Espada emergiera en el campo de batalla para que guerra civil terminar.

La Alianza Semi-humana perdió a sus líderes, y cuando las conversaciones de paz se llevaron a cabo en algún lugar entre los líderes actuales de ambos lados, se anunció que, la lucha entre los que portaban espadas había llegado a su fin.

Bendecidos por el fin de la larga Guerra civil, la capital real lentamente se abrió y empezó a florecer.

Una ceremonia había sido planeada donde una ponderosa y hermosa Santa de la Espada recibiría varias medallas. Personas de todo el reino viajaron a la capital para vislumbrar a Theresia, la pelirroja Santa de la Espada—la heroína cuya pasión y por sí sola, había puesto fin al largo sufrimiento de la guerra.

—Fue cuando el Demonio de la Espada inesperadamente descendió, como para dividir esa pasión.

Los soldados en guardia se agitaron por la increíble aura saliendo del hombre con una espada desenvainada en su mano. Pero no fue nadie más que la Santa de la Espada, la flor de la ceremonia, quien los detuvo y avanzó al frente.

Cada uno volvió su espada hacia el otro, casi como si estuvieran caminaran sobre un escenario preestablecido.

Con su largo y rojo cabello bailando en el viento, nadie pudo no mantener el aliento frente a la vista de ella enfrentándose al intruso. Era difícil encontrar las palabras para una apariencia con tal belleza tan refinada, y al mismo tiempo una con la espada.

La amenazante aura del individuo enfrentándose a la Santa de la Espada era el polo opuesto. Tanto el manto marrón sobre él como la piel debajo de ella estaban sucias por la lluvia y barro seco. Incluso la espada en su mano era pobre comparado la santa espada ceremonial que la Santa de la Espada sostenía. La hoja  de la espada estaba torcida, y con un oxido marrón rojizo sobre ella.

Aunque el rey estaba sentado en el mismo salón en el que estaban, detuvo a los caballeros de intentar ayudar a la Santa de la Espada. Cuando la Santa de la Espada dio un paso adelante y empezó a atacar, todos mantuvieron sus barbillas cerradas, y ninguno dijo nada, observando en silencio.

Al inicio, sin duda muchos encontraron a las dos figuras desapareciendo de su vista.

Una hoja chocó contra otra hoja una y otra vez; agudos sonidos se dispararon hacia los espectadores.

Había una cadena de brillos y sonidos de acero cuando las dos figuras danzaban en el escenario a una velocidad vertiginosa.

Pronto, aquellos observando el espectáculo habían perdieron la voz, con sus corazones yendo y viniendo, abrumados por un vasto sentimiento de admiración.

Ellos batallaron con una fuerza increíble, cambiando el lugar donde estaban parados, desde el suelo hacia las paredes hasta el mismo aire mientras el movimiento de espada de los dos luchadores se veía cada vez menos. Algunos incluso se dieron cuenta que la vita les había hecho llorar.

Pero mientras escuchaban la orquesta de hierro haciendo eco, se estremecieron instintivamente, intoxicados por la vista sublime.

Ellos pensaron, ¿Es este realmente un nivel que las personas pueden alcanzar?

¿Puede la belleza de la espada verdaderamente inculcar sentimientos tan profundos en otros?

Sus movimientos se entremezclaron, con espadas chocantes, puntas parpadeantes y repetidos retrocesos.

Y Finalmente…

–…….

…la descolorada hoja se partió en dos, su punta fue enviada a volar, girando una y otra vez en el aire.

Entonces, la mano en la cual descansaba la espada ceremonial de la Santa de la Espada—

–La victoria…

–…….

–La victoria…es mía.

La santa espada fue soltada al suelo haciendo un ruido, y la punta deformada de la espada rota se detuvo antes de la garganta de la Santa de la Espada.

El espectáculo hizo que el tiempo se detuviera, y todos supieron,

La Santa de la Espada había perdido.

–Eres más débil que yo, así que ya no tienes por qué empuñar la espada.

–¿Si no soy yo…entonces quién lo hará?

–Cargaré con tu razón para empuñar una espada. Tu solo necesitas volverte…mi razón para blandir una.

Él levanto la capucha de su manto. El rostro de Wilhelm miró a Theresia desde debajo de la oscura y sucia tela.

Theresia sacudió su cabeza un poco ante el comportamiento de Wilhelm.

–Eres una persona terrible. Haces que la determinación y decisión de una persona se desperdicie completamente.

–Cargare con todo lo que se desperdicie. Puedes olvidarte de agarrar una espada y solo aceptarlo… Sí, eso es. Puedes plantar flores y vivir en paz y silencio detrás de mí.

–¿Protegida por tu espada?

–Si.

–¿Me protegerás?

–Si.

Theresia coloco su mano contra el plano de la espada empujada hacia ella, dando un paso delante.

Los dos se encontraron uno frente a otro, lo suficientemente cerca para sentir el asiento del otro.

Lagrimas brotaron de los ojos húmedos de Theresia, pero solo transmitieron su pequeña sonrisa al caer.

–¿Te gustan las flores?

–Deje de odiarlas.

–¿Por qué blandes la espada?

–Para protegerte.

La distancia se cerró cuando sus caras se acercaron; y finalmente, desapareció.

Cuando ella se apartó del toque de sus labios, las mejillas de Theresia estaban rojas. Gentilmente miro a Wilhelm y pregunto, “¿Me amas?”

Él apartó su cara y dijo, “—Sabes que lo hago.”

Justo entonces, la gente cautivada por el baile de las espadas volvió a sus sentidos, y una gran multitud de guardias se acercó. Los hombros se Wilhelm se tranquilizaron cuando vio caras familiares entre los soldados corriendo hacia él.

Las mejillas de Theresia se hincharon ante su actitud despectiva.

Sus sonrisas eran como aquellas que habían intercambiado el día que pasaron viendo las flores.

–Algunas veces una mujer quieres escuchar las palabras.

–Er.

Rascando su cabeza con una expresión culpable en su cara, Wilhelm miró a Theresia, acercando su cara a su oído mientras susurraba, “Algún día, cuando tenga ganas.”

Y así, paso por alto las palabras embarazosas.

7

—Corrió como el viento, y la reluciente atesorada rasgó la piel de piedra con facilidad.

–¡¡Ooooooooooo—!!”

El grito que el viejo espadachín levantó parecía dejar un rastro detrás. Sangre de ballena fue escupida de herida fresca de la hoja, pintando el cielo de escarlata.

Él apareció herido por todo su cuerpo.

Como antes, sangre parecía estar goteando de su hombro izquierdo, pero la sangre esparcida que había manchado su cuerpo entero se había mezclado con su propia sangre, volviéndola  color negro.

Durante tan breve periodo de tiempo, nada más se podía esperar de la magia curativa que detener el sangrado y recuperar una pequeña cantidad de resistencia. Aún estaba en un estado grave, le dijeron que debía tener descanso completo.

Pero viendo a Wilhelm como estaba en ese momento, nadie podía verlo como un anciano en las puertas de la muerte.

Viendo el brillo en sus ojos, viendo la fuerza en sus pasos mientras avanzaba, viendo la viveza de los cortes de la espada que sostenía, escuchando el grito desgarrador haciendo eco, y cautivados por la luz tenue de su alma, nadie podía ver la vida acumulada del anciano como la de un tonto.

Su espada avanzo, un gritó se levantó, y el enorme cuerpo sufriente de la Ballena Blanca se sacudió en intenso dolor.

Con la bestia demoniaca aplastada bajo el Gran Árbol, incapaz de moverse, el Demonio de la Espada corriendo a lo largo de su espalda no dudo en usar su espada. El corte empezó en la punta de su cabeza corrió por su espalda y llegó a su cola, y cuando el Demonio de la Espada se paró en el suelo, se dio la vuelta a la derecha, cortando si estomago en su camino de vuelta a la cabeza.

En un movimiento—afilado, profundo, y muy, muy largo—el único destello de plata cortó a la Ballena Blanca en dos.

Con un salto, el Demonio de la Espada cayó sobre la punta de la nariz de la inmóvil Ballena Blanca una vez más.

Sacudió la sangre de su espada manchada mientras él y la Ballena Blanca se veían a los ojos—con sus destinos fusionándose en uno.

–…No tengo intención de hablarte mal. No sirve de nada explicar lo bueno y lo malo a una bestia. Entre tú y yo, solo está la ley de la vida y la muerte: El débil es cortado por el fuerte.

–…….

–Descansa—Eternamente.

Dejando detrás un leve susurro, la luz se desvaneció de los ojos de la Ballena Blanca.

Su enorme cuerpo se aflojó, y cuando colapsó, la tierra tembló; y las gotas de su sangre fresca formaron un rio fangoso.

Nadie podía poner en palabras el sentimiento de sangre corriendo bajo sus pies.

Un silencio cayó sobre la Carretera Liphas. Y entonces—

–Se acabó, Theresia. Finalmente…

Encima de la cabeza de la inmóvil Ballena Blanca, Wilhelm volvió su cara hacia el cielo.

Cuando la atesorada espada cayó de su mano, levantó esa mano para cubrir su rostro, y con una voz temblorosa, el desarmado Demonio de la Espada dijo, “Theresia, yo…”

La voz era áspera, pero dentro de ella había un amor ilimitado y profundo.

–¡¡Te amo—!!

Esas eran las palabras de amor que solo Wilhelm sabia. Cosas que nunca le había dicho.

Contenían sentimientos acumulados durante muchos años, palabras que no había dicho ninguna vez a la persona que más amaba, hasta el día que la perdió.

Finalmente, tras el paso de décadas, Wilhelm había dicho las palabras con las que debió haber respondido su pregunta hace mucho tiempo.

Encima del cadáver de la Ballena Blanca, con su espada soltada, el Demonio de la Espada gritó su amor por su difunta esposa, y lloró.

8

–…Aquí, la Ballena Blanca ha caído.

De manera entrecortada, el sonido de una voz agitada hizo eco sobre el silencio de la llanura nocturna.

Ante esa voz, el hombre, sin palabras, levantaron sus rostros.

Sus miradas se derramaron sobre una joven mujer avanzando calmadamente al frente en el lomo de un dragón terrestre blanco.

Su largo y verde cabello estaba desordenado, y estaba cruelmente adornada por heridas sufridas en la batalla, su cara manchada por su propia sangre, un estado muy lamentable para que la vieran.

Y sin embargo, en sus ojos, la chica nunca había brillado más.

Eso era natural para aquellos que juzgaban el valor de los demás por el brillo de sus almas

–……

Con los caballeros observándola, la joven mujer levanto su rostro y respiro profundo.

Habiendo prestado su atesorada espada, la vaina de Crusch estaba vacía.

En consecuencia, empujo su puño hacia el cielo, como para mostrar su mano cerrada a todos los presentes mientras anunciaba:

–¡¡La Bestia Demoniaca de la Niebla que amenazó al mundo durante sus cuatro siglos de vida—ha sido asesinada por Wilhelm Van Astrea!!

–¡¡—Aye!!

–¡¡En esta batalla, somos victoriosos—!!

Con su lord proclamando fuertemente la victoria, los caballeros supervivientes levantaron gritos de alegría.

Con la niebla desapareciendo de las llanuras, los signos de la noche volvieron una vez más—una noche adecuada, con luz de luna iluminando a las personas en el suelo a lo largo y ancho.

Y ahí, después de cuatrocientos años, la Batalla contra la Ballena Blanca llego a su fin.