El cantar de un pájaro, cheep-cheep-cheep. La luz del alba que se filtraba a través de las ventanas. Una atmósfera que sólo podía ser encontrada en las profundidades de un bosque.

Cualquiera de estos detalles habría sido suficiente para despertar a la Granjera de su letargo, pero no fue ninguno de éstos fue lo que realmente la despertó.

—Mmmn, hggh-ahhh…

Ella empujo hacia un lado la cobija hecha de pelaje, estirándose ampliamente sobre la cama. La fresca brisa matutina era agradable en su cuerpo desnudo.

Sin embargo, no había tiempo para saborear esa sensación.

Algo la había despertado de su sueño.

Clank, clank. Era el golpeteo metálico que se podía oír desde la habitación de huéspedes contigua.

—… ¡Cierto! —la Granjera se dio una vigorizante bofeteada en cada mejilla, para luego empezar a embutir su voluptuoso cuerpo en su ropa. Se colocó la ropa interior a toda prisa, abrochó los botones de su camisa, y entonces…

¡Mis pantalones! ¿Qué pasa con mis pantalones…?

No cabía duda de que ella no tenía sobrepeso, pero por alguna extraña razón ella no podía ponérselos. Sus dedos se resbalaban, quizás debido a su apuro.

—¡Oh, por el amor de…!

Ella chasqueó su lengua y decidió que no era algo por lo que normalmente debería de preocuparse de todos modos. En su lugar, empujó la cortina que separaba la habitación de la sala de estar, mientras vestía sólo una camisa sobre su ropa interior.

—¡B-Buenos días!

—Hrm…

Como ella esperaba, él estaba allí.

Él estaba con su habitual casco de acero de aspecto barato y su mugrienta armadura de cuero, su espada de una longitud inusual en su cadera y el pequeño y redondo escudo en su brazo izquierdo.

También llevaba su bolsa con artículos variados; parecía listo para partir de viaje en cualquier momento.

Ella murmuró —Umm —o algo por el estilo como una manera de desviar su atención para luego abrazar su propio brazo. —… ¿Ya vas a partir?

—El escondite de los goblins está seguramente río arriba, —dijo él, asintiendo bruscamente. —Si terminaran vertiendo veneno en el río, sería el fin de todos.

—Sí, eso sería malo, —dijo la Granjera con una sonrisa contradictoria. Su cabeza estaba llena de pensamientos sobre el clima, y el sol, y su tío. Todo le daba vueltas y vueltas…

—Er, bueno… Ten cuidado, ¿está bien?

Esas fueron las palabras que finalmente salieron de su boca… esas obvias y simples palabras.

Él asintió, contestándole: —Lo tendré.

Para luego dirigirse hacia la puerta con paso decidido.

Mientras lo veía marcharse, la Granjera abrió la boca varias veces, pero cada vez que lo hacía, la volvía a cerrar sin decir nada.

—Tú también… —Con la mano en la puerta, Goblin Slayer sacudió su cabeza ligeramente.
—Todas ustedes.

Después hubo un sonido de una puerta abriéndose, y otro cerrándose.

La Granjera dejó escapar un suspiro. Apretó su mano contra la cara para después pasarla a través de su cabello.

Oh, por el amor de… Un suave gruñido escapo de su boca.

De repente, el sonido del roce de las telas y una voz aparecían detrás de ella.

—… ¿Se ha ido?

—…Sí. —La Granjera asintió ligeramente para luego frotarse la cara. Finalmente, se dio la vuelta poco a poco. —¿Hubieras deseado tener la oportunidad de decirle adiós?

La Recepcionista, todavía en su camisón de noche, murmuró, —No realmente, —mientras se rascaba la mejilla torpemente. Ella le ofreció una débil sonrisa a la Granjera. —Yo no… no quiero que me vea antes de estar maquillada.

—No puedo decir que no te entienda, pero…

La Recepcionista podía no haberse maquillado ni peinado. Pero, aun así, por lo que a la Granjera respecta, La Recepcionista podía jactarse de poseer una belleza más que natural.

Sin embargo, tanto la Recepcionista como la Granjera tenían casi la misma edad. La Granjera sabía lo que ella sentía por él y era de hecho, dolorosamente consciente de ello. Sin embargo, aun así…

—Me gusta que él pueda ser capaz de verme en la forma en que normalmente me arreglo.

—… Realmente envidio tu coraje, —dijo la Recepcionista, de algún modo sonando triste.

La Granjera trató de distraerla agitando sus manos de forma negativa. —Sólo trato de no pensar sobre ello, eso es todo.

Ninguna de las dos dijo en qué estaban tratando de no pensar:

Que cada despedida podía ser la última.

§

El muelle élfico: En un conjunto de hojas que salían hacia el río como un puente, los aventureros estaban reunidos.

—Mm… Hmm… —La Elfa Mayor entrecerró los ojos como un gato y dio un gran bostezo; ella aún estaba medio dormida. Los otros aventureros, sin embargo, ya estaban ocupados cargando el equipaje en el bote.

Los vehículos marítimos élficos eran elegantes embarcaciones en forma de lágrima tallados de las platinadas raíces del abedul blanco.

—¡Y levanta, y tira, y amarra, y arroja!

El Chamán Enano estaba ocupado alineando tablas de madera a lo largo de la borda como escudo, convirtiendo la pequeña embarcación en un tosco buque de guerra.

—… No podría hacerse un poco más… ¿bonito? —preguntó el elfo con el casco resplandeciente, haciendo una mueca de horror.

—Me temo que no se le puede pedir peras al olmo. No tenemos muchos de estos, y tuve que conseguirlos lo más rápido posible. No hay tiempo de preocuparse por cómo se ve. —El Chamán Enano soltó un molesto resoplido mientras se alisaba su blanca barba. —No es como si estuviera feliz de colgarlos de esta manera de todos modos.

Si hubieran tenido más tiempo hubiera sido otra cosa, pero ante la necesidad, esto era lo máximo que se podía lograr. El elfo debió haberlo reconocido, porque en lugar de seguir quejándose, extendió su mano hacia el viento.

Oh sílfides del bosque, justas doncellas de los vientos, concédanme el favor más raro entre ustedes… bendice nuestra nave con favorables brisas.

Hubo un silbido mientras el viento soplaba al mismo tiempo que el cantico del elfo, y este comenzó a arremolinarse alrededor del barco.

—Tengo cierta afinidad con las hadas gracias a que soy un elfo, pero sigo siendo un explorador, un rastreador. Te pido que no esperes milagros.

—Créeme, no los espero, —dijo el Chamán Enano con una sonrisa pícara mientras miraba de reojo a la Elfa Mayor. —Todo el mundo es bueno en ciertas cosas… y en otras cosas no lo es.

—… Uaaaah… —la Elfa Mayor aún estaba frotándose los ojos, sus largas orejas caían lastimosamente. No parecía que fuera a estar completamente despierta hasta haber pasado todavía un tiempo.

—¿Y dónde está su hermana mayor? —dijo el Chamán Enano.

—… Tal parece que las dos hermanas se quedaron hablando hasta muy entrada la noche.

—Todavía entre los brazos de Morfeo, ¿eh?

El elfo con el casco resplandeciente dejó escapar un suspiro, luego frunció el ceño como si la cabeza le doliera. —Los humanos son bastante diligentes… Mi nueva hermana menor podría aprender algo de ellos.

Él estaba mirando a los dos clérigos, que ya estaban arriba del bote ofreciendo sus oraciones a los dioses.

—Oh Madre Tierra, que rebosas de piedad, por tu divina mano, guía el alma de los que ya hemos partido de este mundo…

¡Oh gran ancestro que caminó por el Cretácico, concédenos un mínimo de tu tan gran éxito en batalla!

La Sacerdotisa se aferraba a su bastón de monje e imploraba a la Madre Tierra que les mantuviera seguros durante su aventura.

El Sacerdote Lagarto estaba haciendo extraños movimientos con las palmas de sus manos, implorando a sus ancestros por ayuda en el combate.

Incluso aunque estas no eran peticiones formales para milagros, no había duda de que la protección otorgada por los dioses estaría con ellos.

—Fiu… —Finalizadas sus oraciones por el momento, la Sacerdotisa se puso de pie y secó el sudor de su frente mientras el bote era mecido suavemente por la corriente. —No estoy tan segura de que debamos rogar a los dioses por favores como este. Deberíamos intentarlo por nosotros mismos hasta que entendamos dónde estamos siendo insuficientes. —La Sacerdotisa parecía que podía tropezar y caerse en cualquier momento; ahora una mano escamosa la sostenía, y el Sacerdote Lagarto asintió.

—No creo que le moleste mucho que pregunte. ¿Por qué rezarle a un dios que no te garantiza la victoria incluso después de haber entregado todo en una gran batalla, dedicando todos tus esfuerzos?

—Creo que eso puede estar un poco más allá de lo que estoy hablando.

Una de ellos era una clériga devota y una sierva de la Madre Tierra.

El otro era un Sacerdote Lagarto que veneraba a sus antepasados, los temibles nagas.

Pero esta diferencia no significaba necesariamente que tuvieran que estar en conflicto.

—De todos modos, hagamos nuestro mejor esfuerzo. —La Sacerdotisa asintió para sí misma, agarrando con fuerza su bastón de monje.

—¿Ya terminaste? —preguntó Goblin Slayer mientras salía de la cubierta inferior.

Sus brazos estaban llenos de provisiones y equipamiento para dormir, mientras recorría con la mirada los escudos que habían sido colocados contra los costados de la nave.

—Oh sí. Los escudos están montados, hemos rezado nuestras oraciones y también tenemos la bendición del viento de nuestra parte.

—Ya veo, —murmuró Goblin Slayer. —Gracias por su ayuda.

—¡Oh, para nada!

La Sacerdotisa tenía una gran y brillante sonrisa en su rostro; Goblin Slayer le asintió con la cabeza, y luego bajó apresuradamente hacia el muelle. Las grandes hojas se estremecieron ligeramente bajo el peso de él y su equipo, y una onda recorrió la superficie del agua.

—Te agradezco la ayuda.

—No te preocupes por ello, —respondió el elfo con el casco resplandeciente sin miramientos. —Sin embargo, —añadió, —si quieres agradecérmelo, trae a mi joven cuñada de vuelta sana y salva.

—Muy bien —respondió Goblin Slayer sin dudarlo. Se giró para mirar a la chica en cuestión, que todavía parecía peligrosamente dormida.

La Sacerdotisa se esforzaba por hacer callar al Chamán Enano, quien estaba sugiriendo que un buen chapuzón en el río le haría bien a la elfa.

—Acepto, —dijo Goblin Slayer.

—Muy bien, —respondió el elfo. Su rostro se relajó en lo que podría haber sido un gesto de alivio, pero rápidamente lo volvió a tensar. Luego metió la mano en la bolsa de artículos que tenía atada a la cadera y sacó un pequeño frasco de rica miel dorada.

—Esto es un elixir, —respondió el elfo. —Un remedio secreto transmitido entre los elfos. Se dice que está hecho con una combinación de hierbas, una variedad de savia de árboles y jugos de frutas, junto con un ritual para los espíritus. La parte superior esta sellada con una hoja de Athelas[1], de manera que el elixir solo se pueda beber una vez.

Goblin Slayer tomó el frasco sin decir una palabra y la puso en su propia bolsa de objetos.

—Si no vuelvo, por favor cuida de las dos mujeres.

—Acepto.

—Y de los goblins también.

—Pero por supuesto. —El elfo asintió y luego, después de pensarlo un momento, agregó sombríamente, —… Puede que ella no sea perfecta, pero ella ahora es mi cuñada menor, y la conozco desde hace mucho tiempo. Cuídala.

—Mientras esté en mi poder hacerlo, lo haré.

Incluso el elfo, con toda su larga vida de por medio, pareció sorprendido por la respuesta de Goblin Slayer. —Tú no te tomas nada a la ligera, ¿verdad? —dijo el elfo, su expresión se suavizo un poco… pero habló en voz en una voz tan suave que solo los árboles podían escucharlo. Luego continuó, —Los ancianos han recibido algún tipo de noticias del pueblo del agua.

—¿Oh?

—… Pero incluso yo no soy lo suficientemente maduro para los estándares de los elfos más viejos. No puedo adivinar cuál es el siguiente movimiento que los ancianos planean hacer.

La imaginación élfica abarcaba un vasto período de tiempo. La cosa más pequeña y aparentemente insignificante podría tener innumerables ramificaciones en los años venideros.

Las acciones que tomaran aquí, ahora, probablemente serían igual. El elfo con el casco resplandeciente rechinó los dientes. Él iba a ser el próximo líder y, sin embargo, ni siquiera se le había dicho cuáles eran las noticias.

No es que no pudiera hacer suposiciones, por supuesto. Pero una suposición era una suposición. No era un hecho.

Mientras no supiera qué ondas se podían formar en la superficie, sólo podía permanecer en silencio.

Goblin Slayer miró al silencioso elfo y gruñó. Para luego, lentamente, como si nada hubiera pasado, abrir la boca.

—Además, ten cuidado con el río.

—Ustedes son los que deberían tener cuidado, —dijo el elfo delicadamente, sintiéndose un poco extraño por la indiferencia en las palabras de Goblin Slayer. —Creo que habrá niebla hoy.

Sus orejas se mecían como hojas cuando captó el sonido del viento y mirando la pálida luz del cielo matutino dijo.

—Los goblins no son el único peligro en este bosque. En un momento inapropiado, la naturaleza misma puede ser tu enemiga. Ten esto en cuenta a medida que avancen. —Porque después de todo… El elfo con el casco resplandeciente y Goblin Slayer miraron hacia el bosque. —Ustedes también se dirigirán hacia la oscuridad.

—Hacia la oscuridad, —repitió suavemente Goblin Slayer.

El mar de árboles que se extendía hasta el origen del río albergaba una oscuridad impenetrable.

Había una brisa cálida que traía consigo un aire húmedo y espeso. Justo como el interior de un nido de goblins, pensó Goblin Slayer. Y eso era un hecho.

¿Qué debería hacer el, entonces? Lo consideró durante un instante y para luego formular su plan.

—…Tengo una petición adicional.

—¿Cuál es? —el elfo lo miró inquisitivamente.

—Preparar otro bote.

—Lo haré. —Asintió el elfo, haciendo el ademan característico de promesa de su gente.

Al ver esto, Goblin Slayer dijo, —Por cierto, —casi como si se le acabara de ocurrir algo. —Me he estado preguntando. ¿Es cierto que ustedes los elfos no conocen el concepto de lo que es “levantar y limpiar”?

—Lo tenemos, —respondió el elfo con el casco resplandeciente, luciendo muy fastidiado.
—Pero algunas hermanas no.

—… Ya veo.

§

La niebla resultó ser una verdadera bendición.

Bloqueaba el sol, empapando todo con su halo blanquecino, de modo que incluso los objetos a una corta distancia eran vagos y borrosos.

Los goblins no pensaban en la niebla como una bendición; para ellos, era algo natural. Cuando le pasaba algo bueno a un goblin, este no sentía gratitud hacia nada ni nadie. Debido a que los goblins eran comúnmente atormentados, y engañados hasta el cansancio, era justo que a veces les sucediera algo decente.

No era diferente ahora.

El goblin al que se le había dicho que observara el río a través del bosque lo notó de inmediato. Había estado holgazaneando en su tarea, así que chilló y chilló cuando sucedió.

Era el “anochecer”, cuando el sol detrás del velo de la niebla justo acababa de salir.

Mezclado junto con el gorgoteo de la corriente del río, El goblin escuchó el sonido de un crujido acercándome.

Los feos ojos del goblin guardia se agrandaron; El miró hacia la niebla y escuchó con toda la atención que pudo.

Sí, ahí estaba.

Crunch, crunch. No había duda: el sonido provenía de río abajo, desde la dirección del poblado de los elfos.

¡Los elfos, que continuamente miraban con desprecio a los goblins, pensaban que simplemente podían subir por este río!

—GROORB.

Cuando divisó la delgada silueta de un marinero emergiendo a través de la neblina, el goblin se relamió sus labios.

Si se trataba de un elfo, podrían golpearlo hasta matarlo y hacer un banquete con su cuerpo.

Si era una elfa, podrían convertirla en portadora de sus crías.

Cualquiera que fuera el caso, él los había encontrado primero, así que tenía que ser el primero en disfrutarlos, ¿no es así?

No pensó ni por un segundo que la única razón por la que cualquiera de estos resultados fuese posible era exactamente porque sus compañeros estuvieran con él.

—¡GRORO! ¡¡GROOBR!!

El goblin se puso los dedos en su boca y emitió un silbido muy tosco.

—¡¿GROB?!

—¡GOORBGROOR!

Los goblins, que habían estado durmiendo, no estaban contentos por haber sido levantados tan temprano. Pero ellos también, se despertaron bruscamente en cuanto vieron el barco élfico.

¡Elfos! ¡Aventureros! ¡Presas! ¡Comida! ¡Mujeres!

—¡GORBBR!

—¡GOBGOROB!

Tan calladamente como pudieron, se susurraron mutuamente sus deseos lascivos, tomaron su equipamiento y se movieron deprisa hacia sus queridas monturas.

Bueno, no digamos queridas. A ellos no les importaban mucho los lobos que cabalgaban.

—¡GOROB!

El guardia, que ahora se jactaba de líder, dio una orden, y los jinetes goblins salieron al galope.

A diferencia de los caballos, los lobos no hacen ruido de galope cuando se acercan. Y mientras tuvieran el bozal puesto, tampoco aullaban. Los goblins (excepto los hobs) podían cabalgar sobre caballos si lo deseaban, pero los lobos eran más convenientes.

Los goblins golpearon cruelmente a los costados de sus monturas, presionándolos a ir hacia delante.

—¡¡GROOROGGR!!

Primero, se ocuparían del capitán. Luego, del remero[2]. Seguidamente, subirían a bordo y terminarían el trabajo.

Los goblins hacían muecas y se reían sin tapujos, imaginando las caras de pánico de los elfos. La visión de la orgullosa gente del bosque derramando sus entrañas en la cubierta sería realmente placentera.

Esas oscuras ideas hicieron que los goblins agarraran sus armas con mucha más fuerza. Llevaban rudimentarias lanzas de piedra y flechas, junto con hondas. A pesar de lo primitivas que eran estas armas, eran lo suficientemente potentes como para arrebatar una vida.

—¡GGRO! ¡GRRB!

El guardia aulló calamitosamente, y los otros goblins chasquearon sus lenguas. El guardia se estaba creyendo demasiado. Los demás goblins tendrán que corregir este asunto más tarde.

—¡GRORB!

—¡GGGROORB!

Ignorando al ruidoso guardia, los otros goblins sostenían sus armas en posturas de ataque y tensaban sus arcos listos para disparar.

El guardia rechistaba esto con gusto, pero cuando descubrió que nadie lo escuchaba, levantó desanimadamente la lanza de su mano.

Espoleando a sus monturas, los goblins comenzaron su ataque.

Apuntaron en dirección al crujiente barco; puesto que no había un líder que coordinara su ofensiva.

—¡GORB! ¡GBRROR!

Casi la mitad de las flechas que llovieron del cielo simplemente cayeron al agua.

Algunas, no obstante, no solo flechas, sino también lanzas y piedras de las hondas, lograron acertar al remero.

—¡…!

¡El maldito estaba muerto! Ese era el pensamiento colectivo de cada goblin presente. Algunos incluso lo celebraron.

Pero…

—¿…?

Sin ni siquiera un estremecimiento o un sonido, el remero continuó remando la embarcación.

¿Es que el ataque no había sido lo suficientemente intenso? ¿O el remero había, por pura suerte, evitado una lesión fatal?

Sorprendidos, los goblins se prepararon para otro ataque. Pero en ese instante:

—¡Uno…!

Un guerrero con una mugrienta armadura de cuero saltó en medio de ellos y cortó la garganta del guardia.

—¿¡GBBOOROB!?

El monstruo gritó y se desplomó, y Goblin Slayer lo pateó fuera de su camino, en dirección hacia el río.

El sonido del goblin cayendo al agua era la señal.

—¡Bbffah!

La señal era para el segundo barco siendo arrastrado por el viento tras el primero.

Este barco, cuyos lados estaban protegidos con escudos defensivos y que contaba con la bendición de los espíritus del viento, no se veía afectado por las flechas.

La Elfa Mayor arrojó la cubierta hecha de piel que había estado ocultando a la embarcación y se levantó de donde estaba escondida tras el blindaje.

—¡Tú apestoso, estúpido, pequeño y feo hijo de…! ¡Cómo te atreves a acercarte tanto a mi hogar!

Todavía apoyada en una rodilla, ella sostuvo su gran arco en un movimiento elegante y disparo tres flechas con puntas de brote simultáneamente. Volaron por el aire con un silbido.

—¡¿GOOB?!

—¡¿GROBO?!

Los proyectiles atravesaron los ojos y las gargantas de los jinetes goblins, tirándolos de sus lobos como si ya se estuvieran ahogando. La implacable técnica de la Elfa Mayor no se vio afectada en lo más mínimo por el balanceo del barco o por la niebla que oscurecía su visión.

Sus largas orejas se movían en todas direcciones, captando cada sonido del campo de batalla.

—¡Orcbolg! ¡Vienen por la derecha!

En lugar de una respuesta, ella escuchó el grito ahogado de un goblin, —¡¿GBOR?! —para luego ella asentir con satisfacción.

—No obstante, tengo que decir que, preparar un segundo bote solo para distraerlos con sonidos similares me parece una pérdida de tiempo…

—Es cierto, necesitó Marineros hechos de Colmillos de Dragón y todo, —se quejó el Chamán Enano sacando su hacha y echando un vistazo desde detrás de los escudos para divisar mejor el terreno.

Los dos Guerreros Colmillo de Dragón, que habían sido vestidos con túnicas y colocados en el primer barco, continuaron remando lealmente incluso frente al ataque. Flechas y lanzas habían atravesado sus cuerpos en gran parte vacíos, u ocasionalmente se habían clavado en un hueso.

—Oh, pero tenemos que reducir nuestra velocidad… —La Sacerdotisa se llevó el dedo índice a los labios, incluso mientras se acurrucaba y se aferraba a su bastón de monje. —Goblin Slayer-san está en la orilla y todo eso.

—Mmm. También iré a tierra, así que por favor convéncelos de que vayan más despacio.

Preparado con una Garra Espada en su mano, el Sacerdote Lagarto gritó:

—¡Hrrraaaaahhhahhhh! —y se lanzó disparado hacia los goblins de la orilla, agitó la cola, aplastando el cuello del primer monstruo con el que se encontró.

La Sacerdotisa gritó de miedo y se agarró como pudo de los escudos mientras el barco se mecía con la fuerza de su salto.

—¡¿No puedes saltar un poco más discretamente?! —Preguntó el Chamán Enano. Para luego llamar a la Sacerdotisa, —¿Sigues a bordo?

—¡E-Estoy bien!

Se suponía que la Sacerdotisa y el Chamán Enano se debían mantener alejados de la conmoción, por lo que su tarea principal era lidiar con los goblins que abordaran el barco.

—Huh, no te preocupes. ¡No permitiré que… se acerquen a nosotros! —La postura de la Elfa Mayor no flaqueo ni un centímetro, incluso cuando soltó otras tres flechas.

Tres gritos la siguieron. Su habilidad con el arco bordeaba lo mágico.

—Nueve… ¡Diez!

—¿¡GROOBOO?!

Goblin Slayer había saltado hacia la niebla, confiando en la suerte de golpear algo, giró su escudo hacia la izquierda. El borde pulido y afilado desgarró a través de la cara de un goblin.

Él se movió de nuevo, confiando en que los gritos lo guiaran, perforando la garganta de la criatura con su espada.

El monstruo agitó los brazos, tratando de sacar la espada; Goblin Slayer lo pateó y sacó la daga de su cinturón.

Goblin Slayer giró la daga con un agarre inverso cuando escuchó el aullido de los lobos acercándose. Incluso mientras hacía este movimiento, su mano izquierda buscaba en su bolsa de objetos para luego sacar una correa de cuero con piedras atadas a cada extremo.

—Hmph.

Dejó volar la correa; esta giró, rozando el suelo, y de algún lugar en la niebla llegó el chillido de un lobo.

—¡¿GORB?!

A eso siguió el sonido de algo derrumbándose en el suelo, y el grito de un goblin.

Las bolas se habían enredado alrededor de las piernas de una de las bestiales monturas.

Sin detenerse, Goblin Slayer saltó en esa dirección, cortando la garganta del goblin que había caído.

Para él, había poca diferencia entre la oscuridad de una cueva y la visibilidad limitada de la niebla.

—Once.

Por lo tanto, era Goblin Slayer quien tenía la ventaja al saltar en esta vorágine de eventos.

Después de todo, los goblins apenas podían distinguir quién era amigo y quién era enemigo. El golpe descuidado de un arma podía golpear a un aliado. A diferencia de en cualquier cueva, era difícil confiar en el número para superar al enemigo.

No es que a ningún goblin le preocupara realmente lo que les sucediera a los demás, pero odiaban el perder un escudo que podría haberlos protegido.

—… Una patrulla, o tal vez un encuentro al azar.

—¡¿GOROOB?! ¡¿GROBOR?!

—¿Entonces estás de acuerdo?

El Sacerdote Lagarto pateó a uno de los jinetes, agarró al lobo por el hocico y abrió sus mandíbulas hasta desgarrarlas por pura fuerza.

Estar en el calor del combate lo hacía sonar animado, pero era la sangre a su alrededor lo que aceleraba los pensamientos del hombre lagarto.

—Si se supone que esto es una emboscada —dijo Goblin Slayer, destrozando la columna vertebral del jinete tirado en suelo y murmurando —Doce —mientras sonaba un grito ahogado. —Carecen de poder ofensivo.

Mientras él se levantaba, lanzó su daga hacia la niebla, provocando un alarido.

—No podemos dejar que ninguno de ellos regrese a su hogar con vida.

—¡Ja-ja-ja-ja! ¿Acaso íbamos a hacerlo?

El Sacerdote Lagarto barrió el suelo con su cola, golpeando a un goblin detrás de él contra un árbol, haciendo pedazos su columna.

Trece. Seis, tal vez siete quedaban aún. Goblin Slayer agarró una lanza a sus pies.

—En ese caso…

Él levantó su escudo y avanzó, desviando la daga envenenada de un goblin escondido entre la niebla, eliminándolo con su lanza.

Podía sentir que no había atravesado lo suficiente. Al instante, empujó al goblin con el asta del arma para evitar que el monstruo se moviera para luego aplastarle la cara con su escudo.

La criatura cayó con su frente hecha trizas, y Goblin Slayer se dispuso a aplastar su garganta.

—Catorce. —Goblin Slayer extrajo su lanza del monstruo muerto.

—…deberíamos terminar esto antes de que se disipe la niebla.

Y eso es exactamente lo que hicieron.

§

—… ¿Me pregunto si las flores estarán floreciendo?

El murmullo vino de la Sacerdotisa, poco después de que el grupo derrotara a los jinetes goblin.

Los únicos sonidos eran la corriente del agua, los crujidos de los remos y la suave respiración de los cinco aventureros.

A medida que avanzaban río arriba, incluso los animales que vivían en los árboles parecían contener la respiración.

El sol subía más alto y la niebla comenzaba a disiparse, pero la espesa vegetación de los alrededores proyectaba oscuras sombras. La claridad no regresó, y había algo extraño en todo eso, como si estuvieran entrando en las profundidades de una cueva.

Tal vez esa era la razón por la cual la Sacerdotisa respondió a la inesperada y cada vez más notable dulzura en el aire de la manera en que lo hizo.

La Sacerdotisa se aferró a su bastón de monje, pero la Elfa Mayor sacudió su cabeza. —No lo sé, pero… nunca había oído hablar de una flor que oliera así.

—Su territorio está cerca, —dijo calmadamente Goblin Slayer, manteniendo su mano en el arma que había robado de los goblins. Era un garrote que parecía ser de una rama de un árbol podado, y tenía inquietantes manchas de color rojo oscuro aquí y allá. Las salpicaduras eran de cuando había sido usada para aplastar las cabezas de personas… y goblins.

Al final, más de veinte goblins y sus monturas yacían muertos en el río. No podían haber dejado los cadáveres al aire libre; demasiadas posibilidades de que hubieran sido descubiertos por otro grupo. Y no hubo tiempo para enterrarlos tampoco.

De todos modos, si los cadáveres fueran arrastrados río abajo, los goblins de río arriba no se enterarían…

Y los peces carnívoros del río probablemente se librarían de los cuerpos por ellos.

Esto le había dado a la Sacerdotisa cierta intranquilidad, pero el Sacerdote Lagarto le había dicho que esa también era una forma de entierro.

—La niebla está empezando a despejarse. Tal vez deberíamos comenzar a prepararnos. El mismo Sacerdote Lagarto estaba ahora intentando ver lo más lejos posible entre la niebla. Con un movimiento de su mano, hizo parar a uno de sus dos Guerreros Colmillo de Dragón, el que había estado pilotando el bote. El esquelético marinero levantó el remo y se sentó, abrazándolo.

—No sería un problema pequeño si nos descubrieran por el sonido del remo.

—Oh, ¿debería orar por el milagro de Silencio…? —preguntó la Sacerdotisa.

—Todavía no, —dijo Goblin Slayer, sacudiendo la cabeza. —Ya hemos usado un Guerrero Colmillo de Dragón dos veces, y Garra Espada una vez.

—El guerrero con el casco se giró hacia el Sacerdote Lagarto como buscando confirmación, para lo cual el clérigo asintió afirmativamente.

El grupo tenía un total de siete milagros. Ahora les quedaban cuatro, y la única magia que tenían a su disposición pertenecía completamente al Chamán Enano, que podía usar otros cuatro hechizos. El grupo estaba bendecido con considerables recursos mágicos, pero seguía siendo importante llevar la cuenta de cuántos milagros y hechizos estaban disponibles.

Además, Silencio por sí solo no era garantía de que evitaran el combate.

—Sigue guardando tus milagros.

—De acuerdo. —La Sacerdotisa sentía que no había sido de mucha utilidad en la batalla anterior. Ella asintió sin entusiasmo. —¿Uh? —La Sacerdotisa parpadeó, se frotó los ojos y miró entre los escudos que estaban protegiendo el bote.

—Jo, ten cuidado ahora, —dijo el Chamán Enano, agarrando a la chica de la cintura para detenerla.

—Por supuesto, —dijo la Sacerdotisa, mirando a los alrededores con muchísima atención.

Ella había visto una sombra delgada elevándose a través de la niebla.

No era un árbol. Su silueta parecía demasiado extraña como para ser vegetación.

De pie junto a la orilla del río, la cosa deforme parecía casi la presa de un verdugo acollarado[3], empalado en ramitas…

—… Es eso un… ¡¿tótem?! —Un grito ahogado escapó de la garganta de la Sacerdotisa.

Era un cadáver. Los restos terrenales de alguien que había sido atravesado, desde la entrepierna hasta la boca.

Al haberse expuesto el cadáver en este cálido y húmedo lugar, había comenzado a pudrirse, sus jugos se habían expandido en el interior hasta el punto de que ahora vagamente parecía humano. A juzgar por la armadura oxidada, había sido una mujer. Sin embargo, el cadáver había sido tan devastadoramente carcomido por los insectos, que ahora ni siquiera estaba claro a qué raza había pertenecido originalmente.

—¡Ugh…! —La Elfa Mayor sintió que estaba a punto de vomitar, pero obligó a bajar aquello que quería salir.

Era obvio por qué los goblins habían expuesto el cadáver.

Crueldad.

Una atrevida declaración al mundo entero de que éste era su territorio, y una burla brutal a cualquiera que pudiera atreverse a entrar en él.

Ellos simplemente querían ver a cualquier intruso aterrorizado, asustado, colérico, o al menos enfurecido.

¿Por qué razón pondrían los goblins un trofeo como este, un objeto en la entrada que no tenía ningún propósito defensivo?

—¿Fue empalada viva, o montada en esa lanza después de morir…? —preguntó el Sacerdote Lagarto, mientras miraba a su alrededor juntando las manos en oración. —…Por lo menos, ha tenido suerte de seguir siendo parte del ciclo natural.

El motivo de su sorprendido gesto quedó claro: había más de un tótem.

Había un bosque de ellos.

Los cadáveres empalados en lanzas bordeaban la orilla del río como árboles a lo largo de una carretera. Algunos eran solo huesos; en otros, la carne aún no había comenzado a pudrirse.

Algunos tenían una amplia cantidad de cicatrices recientes, mientras que otros se habían hinchado con gas de manera casi cómica.

Algunos de los cadáveres parecían ser mercaderes, mientras que otros llevaban ornamentos que hacía que pareciesen aventureros.

¿Cuántos habían sido asesinados?

¿Cuántos habían sido utilizados como juguetes por los goblins?

—Ergh… —La Sacerdotisa se llevó una mano a la boca, ¿y quién podía culparla? Se agachó, con el rostro pálido, mientras su bastón de monje traqueteaba contra la cubierta del barco.

—¡Hrrrgh…! —La Sacerdotisa se aferró al borde del barco, y vació el contenido de su estómago en el río. Lo que había finalmente conseguido era el darse cuenta de que el olor dulce por el que se había preguntado antes era el hedor de los cadáveres pudriéndose.

Durante un año y medio, ella había sido testigo de la crueldad de los goblins y se había acostumbrado de alguna manera, pero incluso ella no podía soportar esta escena.

Hubo una serie de salpicaduras mientras vomitaba en el agua.

—Toma, mastica esto. Y toma un trago de agua. —El Chamán Enano le frotó la espalda con suavidad.

—…Ur… Urgh. G-Gracias… —Su voz era débil, su garganta le quemaba.

Con ambas manos, ella tomó las hierbas y el agua que él le tendió, masticando las hojas lentamente.

—… Entonces, ¿Esto es lo que nos va a pasar si perdemos esta pelea? —La Elfa Mayor debe haberse sentido tan mal como la Sacerdotisa, porque su siempre pálida piel ahora estaba totalmente descolorida. Ella soltó una maldición sin tapujos. —Esto no es una broma.

—Estoy de acuerdo, —dijo Goblin Slayer. —No es una broma.

El casco de metal de aspecto barato miraba hacia el frente.

Allí, entre la niebla, una extraña figura se alzaba como una montaña.

La cosa apareció como una sombra oscura entre la blanquecina niebla.

Inesperadamente, un viento fétido apareció, apartando la niebla de los alrededores.

—… Huh, —dijo la Elfa Mayor, sus labios seguían apretados pero su tono aún era funesto.
—Así que aquello es «Aquel que detiene las Aguas» …

¿Cómo describir a esta cosa?

Estaba hecho con grandes bloques de piedra caliza, un templo o un santuario… o incluso tal vez una fortaleza.

La elegante estructura, que se había mantenido desde la Era de los Dioses, estaba ahora desgastada, cubierta de musgo y enredaderas. Sin embargo, la construcción, construida para detener el río, casi no parecían el tipo de ruinas que los goblins encontrarían fáciles de conquistar.

—Estaba justo al lado, muchacha. ¿Realmente no sabías nada de esto?

—Oye, este era el territorio de Mokele Mubenbe. —La Elfa Mayor frunció los labios y agitó sus orejas como si le estuviese reprochando al Chamán Enano. —Es posible que los ancianos de la aldea conocieran algo al respecto. A lo mejor hasta mi hermana había oído hablar sobre esto.

—Así que realmente no sabías nada, —bromeó el Chamán Enano, provocando un molesto siseo de la elfa.

Su discusión era tan enérgica como siempre, y tal vez eso fue deliberado. Después de la terrible visión que acababan de ver, cualquiera querría cambiar el estado de ánimo del grupo.

—Lo que nos tiene que preocupar ahora es la fortaleza de los goblins, —dijo Goblin Slayer, mirando a su alrededor. —Detén el barco. La niebla se está disipando.

—¡A la orden! —dijo el Sacerdote Lagarto, gesticulando con su mano una instrucción rápida al Guerrero Colmillo de Dragón. El esqueleto acercó el pequeño barco a la orilla.

Goblin Slayer puso una mano en el garrote de su cinturón y se arrodilló junto a la Sacerdotisa.

—¿Qué piensas?

—Er… ¿Qu-Qué pienso yo? —La sangre se había drenado de su cara, y ella sacudía la cabeza apáticamente de un lado al otro. —Tenemos que… hacer… algo…

—Sí.

—Si nosotros… s-simplemente dejamos esto…

—Sí. —Su voz era tranquila como la de ella, pero no débil. —No vamos a simplemente dejarlo así.

La Sacerdotisa tragó pesadamente. Goblin Slayer vio que ella movía su mano hacia su propia armadura, y él recogió el bastón de monje para ayudarla. La Sacerdotisa apretó el bastón contra su pecho con ambas manos, como si lo estuviera abrazando, y luego se puso inestablemente de pie.

Ella se obligó a relajar sus rígidos músculos faciales y mirar a través de la visera de Goblin Slayer.

—… Porque… son goblins.

—Sí. —Asintió él. —Son goblins.

—Aguanta, Corta-barbas. —El Chamán Enano se lanzó a tierra cuando el barco élfico llegó silenciosamente a la orilla. El ató hábilmente el bote, asegurándolo a un árbol cercano. —Cómo has dicho, la niebla se está despejando. Y pronto será de noche. Entrar a hurtadillas es algo que va a tomar algunos preparativos.

—En ese caso… —La Elfa Mayor intentó dos o tres veces chasquear los dedos, pero terminó simplemente chasqueando la lengua ante el lamentable sonido de chasquido que obtuvo.
—…En ese caso, ¡tengo una idea!

§

Algún tiempo después.

El grupo se deslizaba como un desfile de sombras bajo la iluminación de las lunas gemelas.

A través de la maleza, haciendo a un lado las hojas y las ramas, mantuvieron su postura lo más baja posible, moviéndose tan rápido como la noche se los permitía.

El único sonido proveniente de ellos fue el suave susurro de una oración proveniente de la Sacerdotisa: —Oh Madre Tierra que rebosas de piedad, concédenos la paz para aceptar todas las cosas…

Ella corrió a través del silencio absoluto tan rápido como pudo, el sudor corría por su frente, sus manos se aferraban a su bastón de monje.

A medida que se acercaban, el dique y la fortificación de los goblins se alzaba extrañamente frente de ellos.

La forma en que las rocas se habían apilado y tallado era trabajo de los enanos.

La forma en que las estructuras habían sido construidas sin molestar a los árboles de su alrededor era obra de los elfos.

Los preparativos contra los ataques deben provenir del conocimiento de los hombres lagarto o los humanos.

Aquí y allá, una piedra había sido desplazada por los goblins, mancillando este lugar.

¿Para qué podría haberse construido este lugar? Se preguntó la Sacerdotisa de repente.

Un santuario, un templo, una torre, un castillo, un dique, un puente… Parecía ser todas estas cosas, y a la vez ninguna de ellas.

Fuera lo que fuera la estructura, ahora era un nido de goblins, y para desafiarlos se necesitaría más de un milagro de la Madre Tierra, sin importar cuán misericordiosa fuera.

Ese era el por qué los aventureros tenían algo más que los defendiera.

Una niebla blanca que parecía levantarse por cuenta propia, fssh, fssh.

También era extremadamente caliente.

Hasta cierto punto, eso era de esperarse (estaban en una selva tropical, después de todo), pero también era agotadoramente húmedo. Las vestimentas de la Sacerdotisa habían absorbido suficiente agua como para hacerse más pesadas, y su sudor hacia que su ropa se pegara a ella de la forma más desagradable. Ella se había arremangado las mangas por necesidad, pero en ningún momento había dejado de orar.

Había alguien más que tampoco había detenido su trabajo… el Chamán Enano.

Él sostenía una piedra, que brillaba al rojo vivo, en sus toscas manos. La fuente de calor de la niebla, estaba en esa piedra… en la salamandra que vivía en su interior.

Danzante llama, salamandra de flamas. Concédenos una parte de eso salamandra.

El espíritu de fuego invocado por el hechizo «Encender» evaporó el agua con la que los espíritus del aire estaban tan impregnados. El resultado era como estar rodeados en niebla.

El Chamán Enano miró con suspicacia a la Elfa Mayor mientras ella soltaba un pequeño resoplido triunfante.

Ella se está volviendo tan mala como Corta-barbas.

No obstante, el Sacerdote Lagarto venía del Sur, la Elfa Mayor era de este mismo bosque, y el Chamán Enano tenía bastante control sobre el fuego. El espeso calor hizo que sus movimientos fueran más rápidos, en todo caso.

La Sacerdotisa resollaba y resoplaba, y la expresión de Goblin Slayer no podía ser vista.

El Sacerdote Lagarto levantó la vista hacia una torre de observación en lo alto de la fortaleza de los goblins. Con su visión térmica, pudo detectar a un goblin con lanza tomando una siesta alegremente.

Sin problemas. Asintió con la cabeza a Goblin Slayer, quién entonces lideró al grupo hacia adelante nuevamente.

Las puertas de la fortaleza estaban ahora prácticamente frente a sus narices.

La enorme y gruesa puerta era característicamente de fabricación élfica, hecha de una robusta y antigua madera. No había rastro de metal en ninguna parte de ella, pero la durabilidad de la misma era incuestionable.

Al principio, parecía ser una sola pieza, pero en la esquina derecha de la enorme puerta se podía divisar un contorno cuadrado. Una puerta dentro de otra puerta, tal vez una Portilla[4].

Goblin Slayer hizo señas a sus compañeros para que esperaran en los arbustos y luego jaló el garrote desde su cinturón.  La Elfa Mayor trepó a un árbol, sus largas orejas se movían mientras ascendía; ella alcanzó una rama y se sentó sin siquiera perturbar a una sola hoja. Puso una flecha en su arco y la tenso en silencio, mientras que, en la parte inferior, el Sacerdote Lagarto ajustó la empuñadura de su Garra Espada.

En cuanto a la Sacerdotisa y al Chamán Enano, estos continuaron entonando sus milagros y su magia respectivamente. El silencio se prolongó y la neblina siguió creciendo.

Los labios de la Sacerdotisa formaron brevemente las palabras Ten cuidado. Goblin Slayer asintió.

Cuando él abandonó la burbuja de silencio, el color y el clamor de la vida volvieron repentinamente al bosque. Las hojas crujían mientras el viento soplaba a través de ellas. El río borboteaba. Él podía oír su propia respiración desde el interior del casco.

—Hmm. —Se paró por un momento frente a la puerta antes de golpear pesadamente sobre ella. Luego, con una agilidad que desmentía el peso de su armadura de cuerpo completo, clavó sus dedos en las vetas de la madera y trepo por ellas.

La reacción llegó un poco después.

—¿GROB?

La portilla de salida se abrió, y un goblin, probablemente un centinela, asomó la cara.

La Elfa Mayor estaba preparada para disparar su flecha en ese instante, pero Goblin Slayer no se movió. Un segundo, y luego un tercer goblin salieron por la pequeña puerta.

El chasquido de lengua de la Elfa Mayor fue silenciado por la oración de la Sacerdotisa, por lo que nadie la escuchó.

Un cuarto monstruo emergió del interior, y tras esperar exactamente cinco segundos, Goblin Slayer se movió.

—¡¿GORAB?!

Saltó desde arriba, aterrizando de golpe en la espalda del último goblin que salió. El impacto robó el aire de los pulmones de la criatura, por lo cual, no hizo ningún ruido.

Goblin Slayer desenfundó el garrote.

Hubo un sonido seco de algo rompiéndose, y el cráneo del goblin se dobló en una dirección y un ángulo igualmente imposible.

Goblin Slayer agarró la espada del cinturón del cadáver que se contraía. —Uno…

—¿GBBR?

El primer goblin, sorprendido por el repentino grito, comenzó a darse la vuelta y…

—¡¿GORB?!

Una flecha con punta en forma de brote silbó a través de la noche, atravesando a la criatura de oreja a oreja, entrando directamente por su oreja derecha y saliendo por la izquierda. El goblin se desplomó sobre sus rodillas como una marioneta con las cuerdas cortadas, y en un instante después, el segundo goblin yacía muerto.

A pesar del shock de la emboscada, los dos monstruos restantes habían comenzado a actuar.

Pero los aventureros eran demasiado rápidos para ellos.

Un goblin se giró hacia el enemigo que tenía detrás y encontró su cara destrozada con el garrote.

—Dos, y…

—¡¿GRRB…?! —La criatura cayó hacia atrás, agarrando su nariz aplastada; Goblin Slayer salto inmediatamente sobre él. Para entonces ya había soltado el garrote, desenvainando la espada robada de su vaina. Cubrió la boca del goblin con la palma de su mano izquierda, y con la mano derecha apuñaló sin piedad la tráquea de la criatura para luego cortarla.

—Con este son tres…

Y eso significaba que quedaba uno.

Este último goblin era un poco más listo que los otros; al menos había captado que dos de sus compañeros habían sido asesinados. Este estaba recuperando el aliento, antes de abrir la boca para gritar pidiendo refuerzos, pero antes de que tuviera tiempo de levantar la voz, encontró una flecha atravesando en su garganta.

El goblin se tambaleó hacia adelante con la fuerza del disparo.

—…Cuatro.

Goblin Slayer confirmó con sus propios ojos que las cuatro criaturas habían dejado de respirar y luego echo un vistazo dentro de la portilla. Estaba oscuro, pero todavía había dos lunas en el cielo proporcionando iluminación.

Pasando la puerta había una plaza abierta. No había señales de goblins en las inmediaciones

Sin embargo, por muy indolentes que los goblins pudieran ser, la ausencia de los guardias no pasaría inadvertida por mucho tiempo.

Goblin Slayer afianzo la pequeña puerta con una estaca y luego hizo un gesto en dirección de los arbustos.

La Sacerdotisa dejó escapar un largo suspiro y corrió hacia él.

—… ¿Estás bien? ¿Estás herido, o…?

—No, no lo estoy.

Tras ese momento, el pequeño pecho de la Sacerdotisa se relajó, aliviada.

El Sacerdote Lagarto emergió con la misma rapidez, casi reptando por el suelo, y el Chamán Enano avanzó tras él. Al final de todos venía la Elfa Mayor, saltando del árbol y dirigiéndose hacia la puerta tan rápido que casi no dejó ni sombra tras ella. No sería agradable si la persona que debía asegurarse de que todos llegaran a su destino de forma segura fuera descubierta.

—Se supone que debo ser la exploradora, pero me sentí justo como una asesina en este momento, —dijo. —¿Qué es lo que sigue?

—No me gusta, pero tendremos que preparar un asalto frontal. —Goblin Slayer limpió su espada con los harapos de un goblin y la devolvió a su vaina. Luego tomó el hacha de uno de los monstruos y la aseguró sin contemplaciones en su cinturón. —Lo siento, —dijo, —pero parece que no habrá tiempo para descansar. Los necesito en primera fila ahora.

—Precisamente, Precisamente, —siseó el Sacerdote Lagarto. —Nunca he sido de los que hacen menos que destacar en el frente de batalla.

Sólo le quedaba un milagro. Habían dejado al Guerrero Colmillo de Dragón para proteger el bote, por lo que su Garra Espada y su fuerza eran con todo lo que podían contar.

Pero para el Sacerdote Lagarto, eso era suficiente.

—Me quedan tres a mí, —dijo el Chamán Enano, frotando suavemente su barba.

—Y en cuanto a mí, uh… —La Sacerdotisa contaba con sus dedos. —Dos más.

—De acuerdo.

Eso significaba seis hechizos en total.

Eso sería una verdadera ventaja para un grupo de aventureros regular. ¿Pero sería suficiente para asaltar esta fortaleza?

Habían empezado con once, por lo que habían agotado aproximadamente la mitad de su suministro hasta el momento.

—… —La Sacerdotisa sacudió la cabeza, tratando de despejar la repentina oleada de malos pensamientos que la invadía. Lo que había sucedido en su primera aventura no tenía nada que ver con esto. Ni siquiera los muertos que había visto en su camino hasta aquí importaban ahora.

—Umm, ¿qué debemos hacer respecto a la luz…?

—Nada de luces hasta que estemos adentro.

Los goblins podían ver bien en la oscuridad. No necesitaban antorchas para moverse por la noche. Entrar al patio con antorchas encendidas sería tan bueno como pedirle a los goblins que vinieran a buscarlos.

—Una vez entremos, la trataremos como cualquier otra cueva, —dijo Goblin Slayer.

—Muy bien. Prepararé algunas antorchas, entonces, —respondió la Sacerdotisa.

—Por favor hazlo.

Mientras hablaba, Goblin Slayer sacó su daga.

—Er, —suspiro la Sacerdotisa. Ella hizo una mueca y dejó escapar un suspiro resignado.
—¿Tenemos que hacerlo…?

—Sí. —Goblin Slayer giró el cuchillo en su mano y luego caminó hacia el goblin con la cara destrozada.

La Elfa Mayor, captando el momento, rápidamente acomodo su ropa, asegurándose de que todo estuviera listo.  La sangre se drenó de su cara, y sus orejas se inclinaron con pesadez. —…Agg, ¿hablas en serio?

—A menos que tengas un paquete de perfume.

—O-oye, nunca imaginé que un viaje a casa fuera a significar i-ir a cazar goblins…

—Es parte del trabajo.

Goblin Slayer no prestó atención a su excusa mientras abría el vientre del goblin. El sacó las entrañas humeantes, y la Sacerdotisa las envolvió en un pañuelo que ella había sacado, con el rostro inexpresivo.

La Elfa Mayor retrocedió con una especie de sonido ahogado; el Chamán Enano rápidamente la detuvo con su mano.

—Tienes que saber cuándo rendirte.

—Sólo se necesitan agallas[5], —comentó el Sacerdote Lagarto desde donde se había movido para evitar que ella escapara, mientras desviaba la mirada hacia un lado.

—¿Huh…? No, de ninguna manera, ¡tiene que haber algo más que podamos…!

—Cierra el pico.

Fue, tal vez, solo el nivel de experiencia de la Elfa Mayor lo que la salvó de gritar.

§

Los aventureros se deslizaron a lo largo de la pared, con la Elfa Mayor a la cabeza como exploradora.

La torre estaba en ruinas, la puerta devastada, la naturaleza reclamaba para sí misma la estructura, y no había escasez de sombras en las cuales esconderse.

Y por la misma razón, muchas sombras en las que monstruos y trampas podrían estar ocultos.

La Elfa Mayor se lamió los labios, tratando de decidir dónde podía poner sus pies sin molestar a la maleza. Si algún goblin centinela los encontraba, eso significaría una alarma, y eso no sería para nada divertido.

—Gracias.

¡Dios Mío! La Elfa Mayor parpadeó de sorpresa. ¿Acaso Orcbolg estaba agradeciéndole?

Los humanos no eran los mejor equipados para avanzar sigilosamente por la noche con solo la luz de las estrellas y un par de empañadas lunas para guiarlos.

—Los humanos lo tienen difícil cuando quieren hacer algo así, ¿eh? —dijo.

—L-Lo siento… —respondió la Sacerdotisa.

—No es problema. No te mortifiques por eso. —La Elfa Mayor negó con su mano sin girarse en absoluto. —…Ooh. —En ese momento, sus puntiagudas orejas se movieron, como si fueran sopladas por la brisa.

Ella entrecerró los ojos; estaba mirando a un goblin que rondaba, con una lanza apoyada en su hombro.

Había cierta distancia entre ellos. Los aventureros no habían sido detectados todavía. Pero el goblin se dirigía en esa dirección. Era un centinela.

La Elfa Mayor saco una flecha de su carcaj y la colocó en su arco.

—¿Qué debo hacer?

—Dispara.

Su arco vibró casi al mismo tiempo de que él terminara de hablar. El goblin, atravesado por la garganta, agitó los brazos incomprensiblemente mientras caía al suelo. Hubo un amortiguado mullido en la hierba, pero eso fue todo. Ningún otro guardia parecía haber notado lo que pasó.

La Elfa Mayor dejó escapar el aire que había estado conteniendo y comenzó a moverse de nuevo, Goblin Slayer y los demás la siguieron a corta distancia. Ella agarró la flecha de entre el cadáver del goblin cuando pasaron por su lado.

—Ugh… —Ella hizo gestos de asco ante la sangre negra del goblin, mientras agitaba la flecha para limpiarla. —No quiero ensuciarme más de lo que ya estoy…

—Ni que lo digas, —asintió la Sacerdotisa con una voz realmente lamentable. La Elfa Mayor asintió compasivamente.

Estas dos dulces jóvenes estaban cubiertas en su totalidad de la cabeza a los pies de una inmundicia indescriptible. Era maloliente y pegajosa, y por más que estuvieran acostumbradas, todavía las enfermaba un poco. Era necesario, pero nunca divertido.

—Argh, se rompió la punta… Esto es lo peor.

—Bueno, si esto es lo peor, entonces quizá nunca seremos descubiertos. — dijo el Sacerdote Lagarto, mientras se deslizaba hacia el frente, este levantó la cabeza como una serpiente.
—Pienso que las cosas serán un poco más problemáticas cuando entremos en la torre.

Sus ojos estaban enfocados hacia delante, en la enorme puerta de madera que impedía la entrada a la torre. Era sin miramientos inmensamente gruesa, y no era la única puerta de este tipo. Un montón de ellas rodeaba el muro exterior de la estructura.

—He oído que las tumbas reales a veces están provistas con entradas falsas, —añadió el Sacerdote Lagarto. —Tal vez esta torre sea de ese tipo.

—¿Quieres decir que todas son… falsas? —La Sacerdotisa asomó la cabeza para mirar, cuidando de no ser vista por los goblins. La enorme y pesada puerta, se levantaba imponente bajo la pálida luz de la luna, apenas aparentaba ser algo menos que real. —Ciertamente no lo parece…

—Seríamos afortunados si se tratara de una simple escultura, —respondió el Sacerdote Lagarto. —Si eso fuera una trampa, dudo en pensar qué sería de nosotros al final.

—…

Durante unos segundos, la Sacerdotisa miró en silencio a las puertas de las ruinas. Algo se sentía extraño en ellas, algo que no podía explicar. Ella trató de pensar que era…

—… Bueno, no creo que tengamos que preocuparnos tanto, —dijo con una risita tras un momento y señaló con un pálido y delgado dedo hacia la puerta. —Miren cómo la maleza ha sido pisada por allí.

—¡Dios mío, en efecto…!

La puerta falsa, el juego mental de algún antiguo elfo o algo similar, ahora se había vuelto inútil por el paso del tiempo y la estupidez de los goblins. Los goblins sin pensarlo usaban la puerta para entrar y salir, por lo que la maleza y plantas de alrededor estaban pisoteadas.

—Supongo que esto nos deja con el mismo problema con el que comenzamos, —dijo la Elfa Mayor molesta. —Goblins.

Uno o dos guardias estaban haciendo rondas, se veían aburridos.

—El camino más rápido sería eliminar a los guardias y robar la llave.

—Eso sería cierto si los goblins supieran cómo cerrar las puertas, —dijo el Chamán Enano, quitándose una hoja que tenía en la barba y dejando escapar un suspiro pensativo. —Como mínimo, tenemos que acabar con el de la derecha al mismo tiempo que con el de la izquierda si no queremos ser descubiertos.

—Eso no es problema, —dijo Goblin Slayer. —Conozco ocho formas diferentes de matar goblins silenciosamente.

—¿De verdad? —Preguntó la Sacerdotisa, sorprendida.

—Eso fue una broma, —continuó Goblin Slayer, sacudiendo lentamente su cabeza de lado a lado cubierta por el casco. —Conozco muchas más.

A la luz de la evaluación de la Elfa Mayor sobre que las flechas son un bien escaso aquí, se decidió que Goblin Slayer y el Chamán Enano tomarían la ofensiva. Cada uno de ellos preparó su honda, se movieron a una distancia más cercana a sus objetivos, y soltaron las piedras casi al mismo tiempo.

Las rocas volaron por el aire, encontrando infaliblemente la garganta de un goblin y la cabeza de otro.

—¡¿GRORB?!

—¡¿GBBO?!

El primero se derrumbó con su tráquea cruelmente aplastada; el otro se puso de pie con dificultad, agarrándose la frente. No obstante, antes de que la criatura pudiera gritar, el Sacerdote Lagarto saltó hacia él, como si esto fuera un baile. Con su Garra Espada cortó la garganta del monstruo antes de que éste pudiera hacer un sonido.

Así, los guardias fueron eliminados sin hacer ningún ruido, el silencio del patio frente a la puerta continuaba inalterado.

—…Aprendí también a usar la honda, pero no parece haber sido de mucha ayuda, —dijo la Sacerdotisa desanimada.

—No te preocupes, hay un momento y un lugar para cada talento, —dijo la Elfa Mayor, dándole una palmadita en la espalda.

El Sacerdote Lagarto le dio a su Garra Espada una buena agitada para desprenderle la sangre, para luego comenzar a arrastrar los cadáveres de los goblins. —Debes hacer lo que puedas, —señaló mientras los metía en unos arbustos. Mientras la Elfa Mayor se aseguraba de que estuvieran bien ocultos, el Chamán Enano hurgaba entre las armas de los goblins, seleccionando una lanza de mano.

La sostuvo a la luz de la luna: la punta de hierro brillaba, estaba bastante afilada. Sin óxido, tampoco.

—Sabes, para un montón de goblins en una fortaleza en ruinas, tienen armas bastante espléndidas. Me pregunto si se las quitaron a un aventurero.

—Quizás había un comerciante de armas entre aquellos que mataron, —dijo Goblin Slayer.
—O tal vez ya estaban aquí…

—Hrm, —murmuró el Chamán Enano, sacudiendo la cabeza ante los pensamientos en voz alta de Goblin Slayer. —¿Quién podría decirlo? Parece antiguo a primera vista, pero a veces los productos se crean con la intención de verse desgastados.

—¿Cuáles son las posibilidades de que fuera forjado aquí?

—Eso puedo descartarlo, —dijo el Chamán Enano con confianza. —El fuego no puede ser usado aquí. No se puede hacer nada de herrería sin un hechizo especial de los elfos.

—… Hrm, —gruñó Goblin Slayer. —En cualquier caso, lo único que sabemos con certeza es que un goblin estaba llevándolo. ¿Encontraste alguna llave?

—Sí, aquí, —dijo la Elfa Mayor, entregándosela. Era una vieja llave que había estado colgando del cuello de un goblin minutos antes. Tenía la forma de una insignia con números grabados en ella, colgados de una cuerda áspera y deshilachada.

—Bien. —Goblin Slayer la sostuvo con fuerza, examinándola de cerca. —Entraremos, y luego iremos tan lejos como podamos, —dijo.

—¿Es esa nuestra, eh, estrategia?

—Sí.

Como de costumbre, la Sacerdotisa no pudo evitar sonreír ante su comportamiento. Rápidamente ella se arrodilló y sostuvo su bastón de monje. —Oh Madre Tierra que rebosas de piedad, —entonó, orando por la paz de todos los goblins que habían muerto hasta ahora, y de todos aquellos que habían sido asesinados por ellos. —Por favor, por tu divina mano, guía las almas de aquellos que han dejado este mundo.

El grupo de aventureros esperó hasta que ella terminara con su oración de descanso eterno, para luego apresurarse hacia la puerta.

Goblin Slayer deslizó la llave en la cerradura, haciéndola girar. Hubo un clack hueco.

—No encaja.

Eso significaba que tenía que haber alguna otra puerta en algún otro lugar. Él chasqueó la lengua y sacó la llave.

La Sacerdotisa abrió su bolsa, despejando algo de espacio. —Dámelo, yo puedo llevarla.

—Sí, por favor.

Ella tomó la llave, la guardó, dejando escapar un suspiro.

—Supongo que eso hace que sea mi turno, —dijo la Elfa Mayor, agachándose confiadamente delante de la cerradura. Su capacidad para forzar tales dispositivos, que según ella había aprendido para entretenerse, había demostrado ser muy valiosa para el grupo.

Ella usó una ganzúa para hurgar en la cerradura, moviendo las orejas en busca del suave clic que anunciaría su éxito. Cuando llegó por fin llego el momento, ella anunció, —Excelente, —e hinchó su pecho con orgullo. —Está desbloqueada.

—Bien, ahora, antes de que la abramos…, —dijo el Chamán Enano. Él se agachó junto a ella y hurgó en su bolsa de catalizadores, sacando un pequeño pedazo de tela.

La Sacerdotisa inclinó su cabeza en confusión, preguntando titubeantemente —¿Qué estás haciendo?

—Tengo que poner un poco de aceite aquí, —el Chamán Enano guiñó un ojo. —No queremos que empiece a chirriar, ¿verdad?

—¡Oh, yo te ayudaré!

—Yo tomaré la derecha entonces, y tú tomarás la izquierda.

Él arrojó hacia la Sacerdotisa un trapo empapado en aceite, y ella se puso manos a la obra. Ella demostró ser una excelente limpiadora, gracias a su larga experiencia con las tareas en el Templo. Pronto, la puerta había sido cuidadosamente engrasada, y los aventureros la empujaron sin hacer ningún ruido.

Ellos se deslizaron tan silenciosamente como pudieron entre las sombras para luego cerrar la puerta tras ellos. El resto de los goblins todavía no se habían dado cuenta de que sus compañeros habían sido asesinados.

Si se hubieran dado cuenta, no hubieran llorado ni se habrían lamentado por el hecho, sino que habrían pensado tan sólo en cómo castigar a los aventureros responsables.


[1] Athelas, o también conocida como Hoja de Reyes o Aseä Aranion, es una planta medicinal utilizada dentro de la literatura de la saga “El Señor de los Anillos”. En el relato Aragorn Elessar utiliza la planta para curar a Faramir, Éowyn y a los hobbits Frodo y Pippin.

[2] Remero o también conocido como bogador son las personas encargadas de remar para desplazar las embarcaciones.

[3] El Verdugo Acollarado es una especie de ave originaria de Australia que se alimenta principalmente de insectos y lagartijas pequeñas. Su nombre se origina de la costumbre de empalar presas en superficies puntiagudas para alimentarse después con ellas.

[4] Portilla o Poterna se le llama a la puerta secundaria en las fortificaciones normalmente oculta que se usaba para entrar o salir de los recintos sin llamar la atención o ser vistos.

[5] La frase original es “It just takes guts”, El Sacerdote Lagarto está haciendo un chiste de doble sentido, ya que guts significa tanto entrañas como agallas.