El lugar era extraño, misterioso.

El sol se estaba alzando, un indicio de luz se alza desde más allá del horizonte. El cielo, que era visible desde las ramas, era de un color azul muy pronunciado.

Goblin Slayer buscó a través de su bolsa de objetos en la luz del amanecer. Desde el área para dormir, más allá de las redes de los insectos, vinieron unos suaves gemidos y unos gentiles ronquidos.

Eran el Sacerdote lagarto y el Chamán enano, los cuales aún seguían dormidos. El enano seguramente no se levantaría hasta la hora del desayuno, pero el hombre lagarto se despertaba al amanecer.

En el caso de las mujeres, la Sacerdotisa ya estaría levantada atendiendo sus oraciones de la mañana. La Recepcionista se despertaba todos los días a la misma hora, la cual era antes del desayuno: ella decía que era lo más conveniente para en trabajo. La Granjera pronto se despertará también.

La Elfa mayor arquera había tomado el primer turno de la guardia tal como lo había planeado, para poder dormir hasta que alguien la despertara.

Un grupo que no dejaba que sus hechiceros descansaran lo suficiente era un grupo que estaba destinado a ser prontamente destruido. La Elfa mayor arquera y Goblin Slayer intercambiaron turnos en la vigilancia. Mientras pasaba, Goblin Slayer estaba un poco feliz de tomar el segundo turno.

Desde la medianoche hasta el amanecer, él no tenía ganas de dormir. La oportunidad de dejar que alguien más vigilará desde el atardecer hasta el punto más oscuro de la noche mientras él descansaba, era algo nuevo este año, un pequeño…

—Lujo quizás. —Él puso unas fragantes hierbas a través de la visera de su casco y las masticó. Un amargo sabor se espacio a lo largo de su garganta, estimulando su concentración. Él se acostó en las hojas por segunda vez.

Si, este lugar era algo misterioso.

Goblin Slayer ajustó su agarre en su espada para así poder desenvainar en cualquier momento.

¿Podrían los goblins confabularse y atacar a la mitad del día?

Atacar a un grupo de aventureros armados, tal vez asumiendo que el elemento sorpresa sobrepasará cualquier disparidad de armamento.

¿Era posible?

Sobre todo, porque la manada de lobos también era algo para considerar. Los goblins ya eran bastante malos por su cuenta, pero también tenían un contingente de jinetes. Imagina los recursos que deben gastar para su manutención.

Y aun así son capaces de hacerlo.

Comida, establos, equipamiento y entretenimiento… si, entretenimiento.

¿Era por eso que ellos atacaban los botes?

Ellos estaban localizados justo al lado de la villa de los elfos. ¿Por qué habrían hecho una operación tan elaborada?

¿Por qué? ¿Qué estarían planeando?

Goblin Slayer mascaba la hoja una, dos, tres veces más.

Sus pensamientos vinieron en una ráfaga de ideas inconexas, borboteando para luego desaparecer.

Repentinamente una voz llamo su atención.

— ¡Despierten, levántense!  ¿Dónde creen que están bufones?

Un soplo de aire que pasaba a través de los árboles traía esa pregunta consigo.

Goblin Slayer desenvaino su espada y saltó en su lugar para pararse. Se encontró con una espada de obsidiana.

Con gran molestia, el miro al dueño de aquella arma.

Alguien estaba parado cerca de ellos, habiendo apartado las redes que los bichos habían tejido. El sol estaba a la espalda de aquel extraño, sin embargo, una cosa era clara, él era un elfo…

— ¿Un elfo?

—En efecto. Y este es nuestro territorio.

El que habló tan orgullosamente era un guerrero elfo, joven y hermoso… como todos los elfos lo eran. El vestía una armadura de cuero, cargaba un arco y tenía atado a su cintura un carcaj de flechas que tenían puntas hechas con brotes.

Lo más notable de todo era la armadura que protegía su cabeza. Era un casco resplandeciente hecho de mithril.

El elfo con el casco resplandeciente miro de manera siniestra a Goblin Slayer.

—¿…Realmente peleas con esa espada? —preguntó el elfo.

—Contra goblins, sí— respondió tranquilamente Goblin Slayer.

La afilada mirada del elfo se movió desde la espada de tamaño extraño hasta la sucia armadura de cuero, después al casco metálico de aspecto barato.

— ¿Eres alguna clase de guerrero bárbaro? Y un enano…

—…Y un hombre lagarto, a tu servicio—. El Sacerdote lagarto, que se había sentado mientras tanto, junto sus palmas en un gesto extraño. El Enano chamán, quien ya se había levantado, estaba ahí sin hacer ningún intento por esconderse. Ser atacado por los elfos mientras dormía era la máxima humillación para los enanos.

El elfo miró a cada uno de los tres por turnos, habiendo más o menos reunido la información de quienes y que eran ellos.

—Así que, aventureros…

—Aproximadamente.

—…En efecto, ¿Fueron ustedes quienes pelearon contra los goblins el día de ayer?

Goblin Slayer asintió con su sucio casco.

—Ya veo — dijo el elfo, con sus ojos estrechándose y sus manos recorriendo su espada. —Nosotros acabamos con los que ustedes dejaron atrás.

Ante ese comentario, Goblin Slayer gruño. Ese intento de esparcir una enfermedad en el nido había sido frustrado. Por otra parte, los goblins que habían escapado habían sido asesinados, tal vez era algo bueno después de todo.

El elfo no sabía qué decir ante esta actitud no intimidada.

—…Solo tengo una pregunta que hacerte, —dijo el Elfo bruscamente.

— ¿Cuál es?

—La flecha que perforó a uno de los goblins parece ser de uno de nuestros camaradas.

El elfo con el casco resplandeciente sacó el proyectil en cuestión. Tenía una punta hecha con un brote. Estaba cubierta por la oscura sangre de un goblin, pero la punta estaba defectuosa, colgando en un ángulo extraño.

—No obstante, sabemos que esta chica jamás usaría una flecha tan brusca.

—……

—Dime que le hicieron. Tu respuesta decidirá tu destino, el cual está en mis manos…

Goblin Slayer no dijo ni una palabra, pero el Hombre Lagarto sacerdote y el Enano chamán se miraron el uno al otro y se encogieron de hombros.

—Tú debes ser aquel que cantó un poema épico en lugar de una canción de amor.

—De hecho, parece que fue ese mismo amor quien te enderezó.

—… ¡¿Qué?! — El elfo con el casco resplandeciente fue lanzado para un bucle. Agarró su espada con más fuerza, como si estuviera listo para levantarla en cualquier momento. Su semblante pálido, el orgullo de su gente, se puso rojo rubí al instante, y él se sacudió violentamente.

— ¡T-tu, asquerosa alimaña …! ¿En qué parte del mundo te…?

— La chica que estás buscando, —dijo Goblin Slayer con un suspiro inusual. —Es esa de ahí, ¿no?

— ¡Hrk …!

En un abrir y cerrar de ojos, el elfo salió de ahí disparado.

—Hija de Starwind, ¿estás ahí?

Saltó varios metros en un solo salto elegante; cuando encontró el refugio, arrancó la red de insectos sin dudarlo.

— ¿Si?

— ¿Huh?

—… Ah.

El de pronto frunció el ceño. Antes de él había tres mujeres jóvenes, mujeres jóvenes quienes, despertadas por la conmoción de afuera, se habían levantado rápidamente para ver qué estaba pasando.

Tres personas, seis ojos, que se abrieron para mirar al elfo intruso.

Estaban en medio de una aventura, claramente, y nadie en esa posición se cambiaría deliberadamente a un pijama para dormir. Pero eso no significaba que estuvieran felices de que algún extraño las viera descansando.

Y había otra cosa.

En un rincón del área para dormir, una bola de mantas se movió y retorció.

—…¿Qué está pasando? El sol apenas ha salido …

La Elfa mayor arquera bostezo, se estiró como un gato y salió de debajo de sus mantas. Se frotó los ojos, se rascó la cabeza y miró a su alrededor sin expresión.

— ¿Buh? ¿Hermano mayor? ¿Qué pasa, viniste a buscarme?

— ……

La Sacerdotisa parecía estar a punto de llorar, la Granjera frunció el ceño y la Recepcionista tenía una sonrisa suave en su rostro.

El elfo con el casco resplandeciente tragó saliva.

Luego retrocedió, como si fuera arrastrado por una cuerda, cuando las chicas comenzaron a gritar.

—… Buen trabajo de guardaespaldas, —dijo cuando aterrizó, tosiendo una vez. —Aprecio que hayan traído a mi cuñada aquí. Una compensación será preparada para ustedes. Que sus honores viajen por un camino seguro a casa.

—Estos son mis amigos, hermano. —La Elfa mayor arquera asomó la cabeza fuera del refugio y le dirigió una mirada fulminante, pero el otro elfo solo se encogió de hombros con elegancia.

— … Eso son elfos para ti, ellos solo …

Pero cualquier comentario grosero destinado a terminar esa frase, incluso Enano chamán tenía la sensatez suficiente para callarlo.

§

— Pido disculpas por llamarte de vuelta cuando justo acabas de irte de viaje.

— ¿Acabo de irme? Ya han pasado años. De hecho, ha pasado mucho tiempo, hermano.

—… Apestas a humano. —El elfo con el casco resplandeciente frunció el ceño mientras caminaba al lado de la Elfa mayor arquera, quien caminó con un paso confiado a través del bosque.

Su mirada pudo haber sido inspirada en parte por la actitud impertinente de su cuñada, pero probablemente se debió a las miradas que recibía desde atrás mientras guiaba al grupo. Específicamente, de las tres mujeres.

—Entiendo lo que hay en tu corazón, —le dijo el Sacerdote lagarto al elfo, sacando la lengua. —Mi gente vive en un gran bosque de su propiedad, pero el reino de los elfos es realmente sorprendente.

—Ha estado creciendo desde la Era de los Dioses. Un mortal que entre no podría esperar encontrar la salida nuevamente en su vida.

No se podía culpar al elfo por el tono orgulloso en su voz. El bosque era de hecho como un gran y verde laberinto. Había una cantidad excesiva de enredaderas, enormes árboles que bloquean el camino y caminos tan estrechos que incluso las bestias salvajes no podrían atravesarlo. La maleza parecía estirarse para atrapar a uno por el pie. Ya era bastante difícil para los aventureros; debe haber sido un gran esfuerzo para la Recepcionista y la Granjera.

El hecho de que todavía avanzaran relativamente sin obstáculos hacia el interior era en sí mismo un signo de la hospitalidad de los elfos. Explicó en parte por qué las mujeres se conformaron con mirar en lugar de quejarse en voz alta.

—Pero, —dijo el elfo con una mirada dudosa detrás de él, —pensar que Orcbolg, de cuyo nombre he oído, resultó ser… así.

—No sé qué dice la gente sobre mí, —dijo Goblin Slayer con indiferencia, provocando un resoplido del elfo.

—Tu forma de hablar, —dijo, —deja mucho que desear.

—Lo que es más importante, cuéntame sobre esos goblins.

—No eran especialmente inusuales, como cualquier goblin. — No importa tanto. A veces hay más, a veces menos. —Recientemente hace calor. ¿Esas criaturas no se multiplican en el calor?

—¿Recientemente?

—Los últimos diez años más o menos. Ha sido así desde que comenzó ese furor por los Dioses Oscuros.

—¿Es así?, —dijo suavemente Goblin Slayer. —Hace poco…

—Si los goblins no son una amenaza lo suficientemente grande para obligarnos a construir fortalezas, entonces no vale la pena preocuparse.

—No tienes que actuar de manera distante, —dijo la Elfa mayor arquera. —Solo dile que una boda no es el momento para hablar de goblins.

—Los niños deben ser vistos y no escuchados, —dijo el elfo con el casco resplandeciente a su joven prima.

—No soy una niña, —dijo la Elfa mayor arquera. Sus labios se torcieron en un puchero, pero fue claro por el movimiento de sus largas orejas que todavía estaba de buen humor.

La Sacerdotisa, quien constituía la parte trasera del grupo, le susurró suavemente a la Recepcionista, —… ¿Entonces supongo que los elfos realmente no se molestan con los goblins?

—¿Qué, tú también? —respondió la Recepcionista con un guiño. —Si eso es lo primero que piensas en esta situación, debes tener cuidado de que ya no te contagie más.

—Errr, he-he…

La Sacerdotisa se rascó la mejilla y se echó a reír como para pasar el tema, haciendo que la Recepcionista murmurara, —Dios mío.

Luego continuó, —En realidad, incluso muchos aventureros élficos actúan así, especialmente si acaban de abandonar el bosque. —No es que no tengan una sensación de peligro, sólo una escasa comprensión de la escala.

El hecho más básico sobre los goblins era que tenían la inteligencia y la fuerza física de los niños humanos, que eran los monstruos más débiles. Los elfos bien podrían tener miedo solo de cosas mucho más grandes y poderosas.

—Después de todo, tienen esas historias de testigos oculares.

— ¿…? ¿De qué?

— Las batallas de los dioses.

Oh. La Sacerdotisa jadeó y luego se cubrió la boca rápidamente. No era imposible que algunos de los elfos ancianos fueran de hecho así de viejos.

Esto habría sido un tiempo atrás, antes de que todas las cosas fueran decididas por el lanzamiento de los dados. Una época apenas conocida incluso en mitos y leyendas.

—Espíritus malignos, dragones, dioses oscuros, reyes demonio y toda clase de criaturas horribles vinieron de otro plano.

Tenía sentido, entonces, que los elfos consideraran a los goblins como una molestia en comparación.

Sí, ocasionalmente alguna alma desafortunada moriría en sus manos. Pero para aquellos destinados a una vida tan corta, ¿qué diferencia hacían algunos años? Comparando esto con el tipo de cataclismo que ocurre solo una vez cada década, siglo o milenio…

—No importa lo que hagan los goblins, no van a causar algo así, —explicó la Recepcionista.

—…Huh, —dijo suavemente la Granjera. —¿Ves?, —Respondió la Recepcionista.

La Sacerdotisa, sin embargo, miró al suelo con una tristeza inexpresable.

Los goblins no importaban. Apenas valía la pena tomar nota. —Sí, tienes razón, —dijo tan despreocupadamente como pudo, pero mirándolo a él.

Estaba casi a la cabeza de la fila, como el que estaba en la primera fila del grupo, poniendo al resto entre él y ella. Ella quería decirle algo, pero dudó.

Entonces vio su oportunidad ser robada por el elfo con el casco resplandeciente.

—De hecho, hay algo más en mi mente que la boda, —dijo.

—¡Oh! ¡Le diré a mi hermana que dijiste eso!, —exclamó la Elfa mayor arquera. El Enano chamán le dijo que no gritara, pero ella lo rechazó.

—Parece que «Aquel que detiene las Aguas» se está acercando a la villa últimamente.

—¿De qué estás hablando?

—Una cosa antigua que vive en el bosque. Siempre hemos recibido instrucciones de no ponerle una mano encima, —dijo el elfo a Goblin Slayer.

—Oh-ho, —dijo el Sacerdote lagarto en voz baja. —¿Y cuánto tiempo, si puedo preguntar, ha estado viviendo esta cosa antigua?

—No lo sé, —respondió, —pero ya se llamaba viejo incluso cuando yo era joven.

—¿El Triásico, entonces? O el Carbonífero, o el Cretáceo… —el Sacerdote lagarto comenzó a murmurar cosas al parecer importantes para sí mismo, antes de finalmente, asentir sombríamente. —Mmm, muy intrigante.

—Sea lo que sea, su territorio está separado del nuestro. Emerge sólo raramente, pero…

—La verdad es que nunca lo he visto, aunque la gente sigue diciéndome que está allí, —dijo la Elfa mayor arquera, sus oídos temblaron mientras pensaba. Ella volteo a ver a su primo. —¿Realmente existe?

—He visto pistas varias veces. Mi abuelo afirma que una vez vio a la criatura.

—¿Hace cuántas eras fue eso? —la Elfa mayor arquera se echó a reír.

En ese momento, el viento sopló. Era un viento fresco, dulce y veraniego, lleno de aromas a hojas y hierba.

Sopló a través de los árboles como si pudiera continuar para siempre. ¿Y de dónde vino?

La fuente bostezó en medio del bosque, un gran espacio que se extendía desde el cielo hasta la tierra.

¿Era una villa con forma de bosque? ¿O era un bosque que parecía una villa?

El pabellón se extendía a alturas insondables, las casas hechas de enormes árboles ahuecados. Senderos tejidos de enredaderas y hojas estiradas entre ellos.

Y los elfos, hermosos elfos con atuendo impecable, recorrieron esos caminos como si bailaran por el aire.

Los patrones que adornaban la corteza de los árboles eran muchos y variados, y el silbante sonido de las hojas impregnaba el aire con su música.

Capas tras capas de árboles se extendían hacia arriba, la villa se alzaba tan alto que amenazaba con raspar el cielo.

—W-wow…— la Granjera parpadeaba, sus ojos brillaban al sonido de su asombro escapar. Ella nunca había visto una cosa así en su vida, mucho menos imaginar que podría experimentar algo así en lo que lleva vivido.

Este era el tipo de lugar que ella imaginaba cuando su viejo amigo hablaba sobre convertirse en un aventurero. Ella tomó un paso al frente, luego dos. Ella se encontraba a su lado, y más allá del grupo se encontraba una gran galería en espiral que recorría todo el exterior de la villa. Ella se encontraba deseando acercarse más y mirar, pero él le advirtió al respecto, —Es peligroso. Te caerás.

—Oh sí. Pero mira… ¡esto es increíble!

Todavía agarrándola del brazo, Goblin Slayer solo dijo, —Sí.

La Granjera inflo sus mejillas en desdén, pero había menos cosas insignificantes que atender. Apoyándose en él, ella miró alrededor de la villa de los elfos como si pretendiera quemarla en su memoria.

—Elegante. Ustedes elfos saben cómo construir—, El Enano chamán comento con un toque de decepción (así es, de derrota) en su voz.

—Eso es normal—, El Sacerdote lagarto dijo. —Mi propia villa esta un bosque también, pero no luce ni remotamente cerca a esto.

El Enano chamán miro hacia el elfo con el casco resplandeciente. —… No creo que hayan recibido ayuda ¿o sí?

—Las hadas nos ayudaron, enano—, el elfo respondió. —Naturalmente.

—¡Hah! Eso es realmente impresionante. ¿Entonces no lo construyen con sus propias manos?

La sorpresa colectiva del grupo era sin duda esperada. La Elfa mayor arquera soltó una pequeña risa, inflando su pequeño pecho y codeando ligeramente a la Sacerdotisa, quien se estaba agarrando de su bastón de monje. —¿Bastante genial, no?

—Sí, ¡bastante genial! Ella asintió hacia la arquera, quien estaba guiñando malévolamente. —No sabía que existía un lugar tan maravilloso en este mundo.

—¡Heh-heh-heh! ¿Enserio piensas eso? ¡Ah, por favor …!

La Elfa mayor arquera sacaba su pecho mientras se llenaba más y más con orgullo. La Recepcionista comenzó a reírse. — La capital era un lugar bastante impresionante, pero esto…

La capital humana era acogedora, pero seguramente la escala de tiempo en la que se había construido era diferente. Este lugar no fue hecho por las manos de cualquier persona más bien levantada por la naturaleza misma, realmente una obra de los dioses.

La Elfa mayor arquera corrió al frente de la línea con pequeños saltos como un ave. Cuando ella abrió sus labios, las palabras que entretejió eran en el melódico lenguaje de los elfos.

—Buenos días y buenas noches, por la luz del sol y de las lunas dobles, de la hija de Starwind a sus amigos…

Ella giro hacia ellos y abrió ampliamente sus brazos. Su cabello se mecía tras de ella como un cometa.

—¡Bienvenidos a mi hogar!

Su sonrisa era tan amplia como un capullo floreciendo.

§

Ellos cruzaron a través de un corredor tejido de ramas y encontraron que su habitación era el hueco de un gran árbol zelkova. Una cortina de enredaderas colgaba en la entrada de la gran cámara.

Una alfombra de musgos largos se extendía sobre el piso, además había un escritorio y sillas que parecían ser nudos extendidos del árbol mismo, hojas casi transparentes se arremolinaban en frente de la ventana, permitiendo que la luz vespertina entrara con su ligera calidez. Las cortinas de enredaderas por aquí y por alla deberían ser las puertas de entrada a los dormitorios.

(IMAGEN)

La única cosa en la habitación que sugería el trabajo de cualquiera que no fuera la naturaleza era un tapiz élfico que parecía haber sido tejido de hilos del roció matutino. La delicadeza, las fluidas ilustraciones que mostraban una seria de historias que se remontaban a la Era de los Dioses.

A diferencia de los mitos y las leyendas que los humanos cuentan, había posibilidades que los elfos observarán la historia con sus propios ojos.

El lugar no tenía chimenea, por obvias razones, pero la calidez del árbol, contrastada por la brisa, lo hacía perfectamente cómoda.

Incluso más, ya que toda la habitación era cubierta por el aroma de la madera.

La Granjera tomó un profundo respiro, saboreando el olor, y dejándolo escapar lentamente.

—¡Esto es increíble! Yo solo he escuchado de esto en historias.

Ella se sintió mal, de alguna manera, entrar a la habitación usando sus sucias botas de cuero. Ella se arrastró tan calladamente como pudo, un paso, luego dos.

Mientras se acercaba a una de las sillas, descubrió que hongos crecían de ella formando un cojín.

Ella sonrió: era realmente como esos viejos cuentos de hadas. Ella intentó sentarse gentilmente. El cojín se sintió suave y esponjado debajo de ella mientras se hundía en el. Ella se encontró exhalando en admiración.

—Wow… Esto es genial.

—Um, muy bien… ¡déjame intentarlo…!

Empuñando su bastón de monje nerviosamente, la Sacerdotisa se dejó caer en una de las sillas. Los hongos soportaron con excelencia su ligera complexión.

— ¡Eek! ¡Ack! —ella exclamó, como una niña pequeña, provocando una ligera risa de la Recepcionista.

Esa clériga era como una niña tratando de actuar como adulta. Ella siempre tomaba la oportunidad de tener algo de diversión siempre que se presentará.

—He conocido a algunos aventureros elfos, pero nunca he sido invitada a sus hogares—, ella dijo, mientras miraba con atención la habitación. Ella pasó su mano sobre el tapiz en la pared. Este mostraba un héroe mitad elfo y sus compañeros peleando por la Lanza del Dragón. Debió haber sido una escena militar épica.

—¿Cómo la habrán hecho? — La Recepcionista pregunto. —¿Es esto algo que las hadas también hicieron?

—No fue hecha, pero tu conjetura no es del todo errónea—, el elfo con el casco resplandeciente respondió, con un toque de cortesía hacia la conocedora humana. —El bosque nos confiere su afecto y crea las formas de todas estas cosas, una expresión de su poder.

—Ellos dicen que uno va a los enanos por sus resistentes viviendas, a los elfos por su comodidad, y a los hombres lagarto por sus fortalezas—, el Sacerdote lagarto dijo, meneando su cola con gran interés sobre la alfombra de musgo. El dejó escapar un respiro, aparentemente aliviado que incluso su larga, y pesada cola no dejó marca sobre la alfombra del piso. —Pero vaya, las casas élficas son intrigantes a su manera.

—Escuchar eso de un hijo de los nagas es realmente un cumplido—, el elfo dijo con un elegante ademán. Una muestra de respeto, uno supondría, para los valientes y antiguos hombres lagarto quienes conocen tanto sobre el ciclo de la vida. El añadió autocriticándose, —Es una lástima que, incluso tan ocupado como lo estoy con las preparaciones para esta jovial ocasión, no tuve el tiempo para hacer sus dormitorios más apropiadamente acogedores…

La Elfa mayor arquera, sin embargo, le dio un despiadado codazo con su brazo y dijo con sus ojos tapados, —Ahora, hermano, no busques cumplidos.

—Erk…

—No me importa que tan ocupado estuviste, apuesto a que esto tomó meses.

Ella resopló y tomó un salto largo sobre la alfombra de musgo y directo hacia una de las sillas.

— ¡Me quedo con esta silla! — ella exclamó, aterrizando en el cojín de hongo del asiento con la mejor vista de las ventanas.

La Elfa mayor arquera parecía que elevaría sus pies en cualquier momento. —Qué falta de modales, — su primo frunció el ceño. —Si ella estuviera aquí para ver esto, creo que te diría una o dos cosas al respecto.

— ¿Acaso escuchaste eso? No está casado todavía, y ya está diciendo cosas como ‘ella esto’ y ‘ella aquello’ ¡como si fuera ya su esposa! —Ella soltó una risa con un sonido como el de una campanilla, completamente ignorando la reprimenda de su primo. —Entonces. ¿Qué hacemos ahora?

— Hrm. Sin dudarlo ustedes están agotados de su largo viaje, por lo tanto, hemos preparado un baño y puesto un almuerzo para ustedes.

El elfo con el casco resplandeciente frotó su sien como si estuviera luchando con un dolor de cabeza, pero mantuvo la dignidad característica de su gente. Tal vez estaba acostumbrado a ser molestado así por su próxima-a-ser cuñada. Después de todo, ellos estuvieron juntos dos mil años antes de que ella se fuera.

— ¿Qué preferirían hacer?, preguntó.

—Sacaré el equipaje, — Goblin Slayer respondió inmediatamente. —Goblins podrían aparecer.

A estas alturas, no necesitamos explicar las reacciones de sus compañeros a este comentario.

El elfo del casco brillante se encontró a sí mismo mirando la escena con asombro. La Elfa mayor arquera reposo su mano sobre su mejilla y saludo con la otra. —Me quedaré aquí, también. Nunca sabes cuándo Hermana Mayor vendrá por aquí. —Ella soltó una risa forzada, que los otros estaban acostumbrados a escuchar. Por lo tanto, todos asintieron al unísono.

—Yo creo que me zampare algo de comida mientras las damas se bañan y arreglan.

—Yo creo que aceptare y seguiré ese plan.

—¿Están-están seguros? — La Recepcionista pregunto, parpadeando de sorpresa. Tan a menudo como ella se hacía cargo de aventureros, ha habido pocas oportunidades de ellos de mostrar cariño hacia ella. Una expresión ambigua apareció en su rostro para esta poco común situación, ella asintió de manera titubeante. —Si ustedes están seguros de que nosotros vayamos primero…

—Nosotros iremos primero a nuestra manera. ¿No se debería dar a las mujeres prioridad para atender su apariencia?

— Si ese es el caso, muchas gracias. Seré más que feliz de ir a lavarme el polvo y sudor. La recepcionista asintió una vez más, esta vez excusándose, pero sin ninguna objeción.

La sacerdotisa se levantó de su silla de hongo y caminaba hacia Goblin Slayer.

— ¿Qué sucede? — Goblin Slayer pregunto, volteando hacia ella. Ella lo detuvo con un pálido dedo.

—Goblin Slayer, señor, debe asegurarse de comer y asearse, ¿está bien?

—Si.

El no sonó muy feliz al respecto, pero la Sacerdotisa estaba satisfecha. Ella saco e infló su pequeño pecho triunfante.

La Granjera sonrió a desgana. —Oye, no estés agarrando nuestras cosas de chicas, especialmente los cambios de ropa. —Ella conscientemente hizo el comentario. Mientras ella le advirtiera, sabía que el seria cuidadoso, pero si ella no decía nada, bueno, el sería capaz de ser un total despistado.

—… ¿Qué son esos? — El sonaba un poco preocupado ahora.

La Granjera asintió. —Nosotras agarraremos algunas prendas después de nuestro baño, trata de recordar que bolsa las sacaste.

— Okay.

— ¡Pero no mires lo que hay dentro!

— …Quizás alguien más fuera de mi debería manejar estas bolsas.

—¿Qué? —resonó la voz de la Elfa mayor arquera, mientras sus orejas se agitaban y una sonrisa cruzaba su cara. Ella estaba más que segura que dejando a Orcbolg manejando todo el equipaje sería mayormente entretenido que dejando que cualquier otro lo hiciera.

—Supongo que, si dos mil años no te cambiaron, unos pocos más tampoco lo harían, — el elfo con el casco resplandeciente dijo con un suspiro. Él sintió que alguien lo golpeó en la espalda, pero extrañamente muy abajo.

Él volteó para ver la cara barbuda del Enano chamán, con una expresión muy familiar en ella. 

—Bueno, vamos entonces, Senior novio, —el enano dijo. —Estoy seguro que las señoritas están más que ansiosas por tomar su baño. —Él le dio al elfo otro golpe alentador y una risa estruendosa. —A diferencia de los elfos, nosotros somos mortales que no pueden aferrarse a cualquier pequeñez.

§

—¿Quieres saber porque nosotros los elfos no comemos carne?

—Correcto. Solo quiero entender porque estoy siendo alimentado con nada que no sean hojas y frutos.

—Es una cuestión de balance. Oh mi amigo que habita en la tierra.

—Te refieres a que es un problema de números, entonces, ¿debido a los animales que habitan el bosque? …Oh-ho, este platano es delicioso.

—Pruebe esta bebida también, honorable sacerdote con escamas. Esto lleva tapioca.

—Ah, la raíz de yuca. Mi gente conoce como hervirla y comerla. Quizás este es el secreto detrás de esos dulces asados.

—Ahora, entonces, para que un animal crezca hacia la adultez toma muchos años, pero la fruta madura en el árbol por no más de un año, y el suministro es abundante.

—Hmmm… Entonces, creo que debe ser agradable no tener que preocuparse por tu producción de alimento.

—Lo que es más importante, nosotros no tenemos que temer ser comidos por animales, ni la necesidad de salir del bosque.

—Te refieres a que el ecosistema estaría en peligro si ustedes tienen que cazar por su sustento diario. ¡Vaya!, en efecto, en efecto.

—Sí, debido a que solo consumimos hojas, frutos, y bayas. ¿Lo ves ahora, enano?

—Lo entiendo, pero eso no significa que tenga que agradarme.

El Enano chamán observo el plato de hongos en frente de él, balbuceando para sí palabras sin nada de tacto.

El gran salón estaba construido debajo de las ramas salientes de un árbol imponente que servía además como comedor. En lugar de lámparas, varios bulbos cerrados llenos de «chispa de mar» colgaban alrededor del comedor, y las mesas se encontraban rebosantes de comida.

Había uvas y plátanos, tapioca, y ensaladas que consistían una mezcla de hierbas y vegetales, además de vino de uva y bebidas hechas de tapioca. Cuando se trataba de elegancia y atmósfera, así como la calidad y la cantidad de comida, incluso el Enano chamán no podía encontrar nada sobre lo cual quejarse.

Y sin embargo…

—No puedo verme a mí mismo comiendo insectos…

—Son rápidos de reproducir, y hay una gran variedad de ellos. Y, sobre todo, son deliciosos.

En el plato enorme en frente del enano había una pila de escarabajos grandes, hervidos y con sus conchas removidas. El jalo una pierna de uno y la remojo en salsa; cuando lo mordió, lo encontró crujiente y agradable a su paladar.

Él tenía que admitirlo, estaba delicioso.

Para los enanos, la comida era no menos importante y no menos honrada que las gemas y las joyas. Y el siendo un enano, Enano chamán, por su barba, que no negaría que algo estaba delicioso.

Pero, pero, aun así.

—Siguen siendo insectos, ¿no es así?

—Yo los encuentro placenteros.

—¡Hrmp! ¡Un familiar de la selva en este lote, tu eres…! —El Enano chamán miraba al Hombre lagarto sacerdote, quien chasqueaba sus labios mientras masticaba un insecto, con concha y todo.

Talvez podrían mantener esto de verse como un insecto. O de pérdida agregarle un poco de sal.

El platillo tenía una buena mezcla de ingredientes, pero era muy obvio que uno estaba comiendo insectos. Eso era suficiente para hacer que el Enano chamán perdiera su apetito.

—¡Oh, está bien! Supongo que esto me deja con los dulces asados.

—Oh, ¿No te comerás lo tuyo? Supongo entonces, que, me serviré una de esas patas…

—Tonto, — Él dijo, golpeando la estirada, y escamosa mano. —¡Un enano nunca comparte su comida con otra persona! —El enano comenzó engullendo los dulces asados en su boca.

El centro húmedo del dulce tiene una dulzura única; se decía que es la receta secreta de los elfos. Tal vez había algo de miel en ello; de cualquier manera, era nutritivo, y él nunca se cansaba de ellos no importando la cantidad que comiera.

El Enano chamán había estado poniendo comida en su boca, migajas cayendo sobre su barba, por alguna razón cuando se congeló, comenzó a tener un pensamiento.

—No me digas. ¿Estos dulces tienen insectos, no es así?

—Dejaremos eso a tu honorable imaginación, — dijo el Elfo con el casco resplandeciente, a lo cual se dibujó sobre la cara del Enano chamán una expresión difícil de describir. El miro el dulce a medio comer en su mano y entonces lo arrojó a su boca como si estuviera diciendo oh, bueno, y masticando ruidosamente.

Mientras el Hombre lagarto sacerdote miraba al enano, sombríamente tocaba la punta de su nariz con su lengua y abría su mandíbula para hablar.

—Que tanto residiremos en su fortaleza… ¿es esta la palabra apropiada en el caso de los elfos?

—Este no es un lugar preparado para la batalla, pero en la medida como el Jefe viva aquí, no estás equivocado.

—Entonces debería ciertamente mostrar mis respetos a su jefe.

Esto causó una tenue sonrisa aparecer sobre los labios del Elfo con el casco resplandeciente. —Una audiencia con ustedes ya está planeada. De hecho, todo aquel que visita el bosque es como si estuviera ante el jefe.

—……Ahh.

El Hombre lagarto sacerdote entrecerró sus ojos y estiró su cuello. El techo, que de hecho era el fondo del árbol masivo sobre ellos, era por lejos, iluminado por el gentil brillo de las chispas del mar.

Se escuchaba un ligero crujido de las hojas por el viento, acompañado del sonido del agua brotando de las raíces.

Mientras un elfo no sea asesinado o no deseen la muerte para sí mismos, ellos seguirán viviendo.

Entonces, qué sucede, o ¿qué pasa si uno de ellos desea la muerte…?

—Ya veo.

Todo era parte del bosque. Parte de la naturaleza. Parte del ciclo. Uno simplemente se esfumaba y se unía a aquello que ya se encontraba ahí.

El jefe vivía aquí. Este mismo era el jefe.

Mirando con admiración, el Hombre lagarto sacerdote colocó las palmas de sus manos juntas en un extraño gesto. Aunque lo imaginaban de manera diferente, los hombres lagartos también veían regresar al círculo de la vida como un tipo de muerte ideal.

—Ofrezco mis más sinceras gracias para lo que hemos sido otorgado tocar incluso el hilo de las prendas de aquel que vigila este gran bosque.

—Tus gracias son aceptadas, —dijo el elfo, mirando sobre el Enano Chamán, que balbuceaba preguntándose porqué tanto alboroto. —Saber que hay alguien más allá de los árboles que entiende es una alegría inesperada. Puedo preguntar… ¿Qué es lo que opina de este lugar?

—Oh, mi leve observación sugiere que todos están ocupados.

Y realmente lo estaban.

El gran salón estaba decorado con muchos tejidos en preparación para la boda, junto con las cuerdas de las arpas hechas de seda de araña. Pero con la excepción de algunas pocas sirvientas, no había signo de nadie en los alrededores, mucho menos de entretenimiento.

—¿Todo esto tiene que ver con la boda?

—No todo, —respondió el elfo, tomando un sorbo de su bebida de tapioca como si estuviera juntando las palabras. El vaso del que bebía era un cuerno de alce pulido, sin detalles tallados, y aun así era una obra de arte. —Han estado apareciendo muchos fuegos fatuos en el bosque últimamente. Muchos han ido a investigar.

—Para ver a «Aquel que detiene las Aguas», ¿no es así?

—Parece que hay cosas en el bosque que incluso los elfos no entienden, —Dijo el Enano chamán con una sonrisa desagradable.

No dejando que la sonrisa de su boca desapareciera, el elfo respondió, “Entonces déjame preguntarte algo, Oh enano: ¿conoces todas las cosas que duermen en las profundidades de la tierra?

—… Tomaré tu punto, — El Enano chamán gruñio. —Me atrapaste ahí.

—¡Heh-heh-heh! Mi senior Goblin Slayer de seguro preguntaría si esas cosas son obra de goblins, —El hombre lagarto sacerdote dijo, riendo felizmente entre dientes y agarrando otra pierna de insecto. El dejo salir la idea de su mente de que Goblin Slayer no tendría nada de qué quejarse si hubiera algo de queso alrededor.

—Sobre eso, —el elfo dijo.

El Hombre lagarto sacerdote asintió sombríamente. —Mm. Queso es la leche de una vaca o cordero o similar, fermentado, como dicen ellos…

—Eso no es a lo que me refería… ¿Es el realmente el famoso Orcbolg, el cazador de goblins? ¿El hombre más puro en la frontera?

—De hecho, él es.

—El casi no lo parece.

El Hombre lagarto sacerdote puso los ojos en blanco en su cabeza. —Sé que él puede aparentar ser no impresionante al primer indicio. Pero ¿qué te hace decir eso?

—Mi prima parece haber tomado cariño por él, —el elfo dijo irónicamente, sonando como un hermano mayor preocupado por su hermana pequeña. —Ella tiene más bien… una personalidad única, casi como la de alguien que conozco… Erm, supongo que no hay necesidad de ocultarlo de ustedes. Es casi como yo.

—¡Ho! Eso es todo, er, eh, Senior Novio, —dijo el Enano chamán, sonando revivido mientras agarraba una copa de cuerno. El vino era ligero, pero alcohol es alcohol. Seguía siendo bueno para emocionar a un enano. —¿Acaso no hay nada que puedas hacer para frenarla un poco?

—Nosotros intentamos instruirla en artes más femeninas. Tejido, música, canto, y más otras artes.

—¿Y funcionó?

—…… Desperdiciamos dos mil años en el proyecto.

—Ya veo… —Y esto es lo que obtuvieron para mostrar por ello. Los tres se miraron uno al otro y asintieron al unísono.

—Aunque, todavía lo digo, ella no es una mala jovencita.

—Sí, lo sé. La respuesta del Enano chamán fue breve, estirándose para agarrar una pierna de insecto. El exigió sal mientras masticaba la pierna, salsa salpicando en todas direcciones mientras él devoraba la carne.

El eructo diligentemente seguido de otro trago a su vino, así como de otro eructo.

—Debo admitir su inhabilidad para comportarse como una dama no me agrada, y deseo que algunas veces se calmara y controlara como su edad, —Dijo el Elfo.

El Hombre lagarto sacerdote entrecerró los ojos. —Hmph, — El Enano chamán resopló, como si él no fuera realmente feliz con la aseveración. —Mientras ella no nos detenga, querido Novio, nosotros seremos felices de tenerla.

§

Un golpeteo podía ser escuchado, como el sonido del agua al caer, así como verse una brisa blanquecina.

¿Una cascada? Sí, definitivamente hay una.

Pero no era como aquellas que caen de la superficie de la tierra. No el tipo que brilla por el sol.

Este era un río que corría del interior de la tierra, desde la cascada, desde el gran tronco y más allá hacia los cielos.

Pasando el gran salón y descendiendo unas escaleras, se encontraba otra vasta cámara.

Era una gran caverna de piedra tallada por el agua hace muchos miles de años, trabajada para tener esa forma. La roca había sido trabajada por el incesante flujo hacia una espectacular caverna de roca caliza. Estaba comenzando a parecer una selva que además tenía estalagmitas creciendo del suelo, y estalactitas colgadas del techo como hojas.

Era un bosque de roca. Un río que fluía a través de él, terminando en una cascada y un profundo, y oscuro lago.

El lago emitía un ligero brillo esmeralda.

El agua en si no era la fuente del brillo; era el musgo.

El musgo, que llenaba el fondo del lago, era reluciente.

—Oh… wow…

Esto es lo que significaba quedarse sin habla.

La Granjera temblaba ante el escenario fuera de este mundo, incapaz de decir nada en absoluto. El húmedo, pero fresco aire subterráneo soplaba a través de su desnudo, y bronceado cuerpo envuelto en una toalla.

Ella miró detrás para observar a la elfa sirvienta yéndose con las prendas que la Granjera se quitó.

La Granjera miró dudosamente a la Recepcionista, quien se encontraba tras ella.

—¿R-realmente crees que está bien para nosotros meternos en el agua?

—Ellos dicen que este lugar lo utilizan para bañarse, así que creo que estaremos bien.

Tal vez ella estaba acostumbrada a este tipo de cosas, porque parecía que no dudaba en exponer su pulida belleza.

La Recepcionista tomó una pequeña mirada alrededor para luego meter un dedo en el agua. Esa especial frialdad del agua de manantial subterránea envió un toque helado por todo su cuerpo. Ella soltó un aullido involuntario, provocando que la Sacerdotisa se riera.

—Es más cálida que el agua que utilizamos para bañarnos en el Templo, — dijo la Sacerdotisa, deslizando sus delicadas piernas en el lago, cerrando sus ojos como si saboreara la sensación.

—Ustedes las sacerdotisas siempre parecen ser buenas para este tipo de cosas, — La Recepcionista balbuceo con algo de resentimiento, después del cual ella se deslizó lentamente hacia el lago.

La Granjera, poco dispuesta ser la última en la orilla, se armó de coraje y cargó hacia el agua.

—Eee… ¡C-cielos…!

La Granjera sintió el musgo bajo sus pies. Ella pensó que estaría a punto de resbalarse, pero casi inmediatamente encontró que podia mantener su peso firmemente. El agua era fría al entrar, pero pronto ella se acostumbró a ello y lo encontró agradable.

Ella pensó que estaría bien aquí.

Ese pensamiento le dio el coraje para sumergirse hasta sus hombros, el agua soportaba su peso, mientras se balanceaba gentilmente de un lado a otro en su abrazo.

—Ahh… —La Granjera se encontró a sí misma soltando un simple, y relajante sonido, haciendo que su cara se enrojeciera. Ella miró de reojo a las otras dos chicas, cuyas expresiones eran muy similares a la de ella. Eso le ayudó a relajarse.

—Tienes razón, es más cálida que agua de pozo, — ella dijo. —Me pregunto por qué.

—Escuche una historia una vez que dice que un río de fuego fluye debajo de la tierra, —dijo la Sacerdotisa. Ella ladeó su cabeza ligeramente. —Me pregunto si es por eso. —Posiblemente La Elfa mayor arquera o el Enano chamán podrían decirle.

—Ustedes los aventureros vaya que son especiales, — la Granjera dijo. —Siempre yendo a lugares como este.

—No siempre, —La Sacerdotisa respondió con una sonrisa ambigua.

Cavernas, ruinas, ruinas, ruinas, cavernas, cavernas, ruinas, cavernas…

Cuando reflexiono sobre sus aventuras, se dio cuenta que la mayoría fueron en cuevas o ruinas. Y la mayoría de las ruinas desaparecieron debido a que se quemaron completamente, o explotaron, o fueron inundadas con gas tóxico…

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—Bueno, veras, no siempre.

Ella tendrá que charlar con Goblin Slayer sobre evaluar sus acciones con un poco más de cuidado.

—Muchas personas se vuelven aventureros con la esperanza de encontrar tesoros ocultos, — La Recepcionista comentó. Ella agarraba su cabello con una mano para mantenerlo fuera del agua mientras escuchaba la conversación de las otras chicas. —La confianza ofrecida a algunos mercenarios sin hogar y la concedida a un aventurero establecido es muy diferente.

—Oh sí, eso tiene sentido. —La Granjera asintió vigorosamente, gotas de agua volaban de su corto cabello. —Algunas veces las personas se detienen en la granja pidiendo por algo de comer, pero siempre estoy algo asustada de viajeros al azar.

¿Y Alojamiento? De ninguna manera. Ella meneó su mano enfáticamente.

—Las Porcelanas, también. Er, no tanto como las jóvenes sacerdotisas viajeras.

—Yo ya soy Acero, de todas maneras, —respondió la Sacerdotisa. El ligero asomo de orgullo de su voz hizo que la Recepcionista sonriera incluso más.

La todavía joven (a pesar de sus dieciséis años) chica puso una mano sobre su modesto pecho, como si una placa de acero estuviera colgando de este incluso ahora.

No ha pasado mucho desde que ella aprobó la entrevista de promoción y fue promovida al octavo rango.

—Aventureros… ni que lo digas, aventureros, —mirando hacia la Sacerdotisa, dijo la Granjera también. —Recuerdo que seguido pensaba sobre aventureros cuando era una niña.

—Eras bastante entusiasta sobre ellos, ¿no es así? —preguntó la Recepcionista, inclinando su cabeza. Una gota de agua cayó de la estalactita, provocando pequeñas ondas sobre la superficie del lago.

—Er, ¿quién?, ¿yo? N-no los aventureros en sí, no, —La Granjera dijo, sacudiendo su mano de una manera que generaba más ondas en el agua.

—Ahh, —la Recepcionista dijo asintiendo. —Las princesas, ¿entonces?

—No digas eso.

—O tal vez ¿las novias de los héroes?

—¡No me hagas decirlo!

La Granjera se hundió en el agua hasta las mejillas como si tratara de esconder la vergüenza en su rostro. Ella se quedó ahí en silencio, soplando burbujas hacia la superficie, como una pequeña niña.

Por un momento, el único sonido en la caverna era el cauce del río subterráneo.

Piensa por un momento… ¿Era realmente inusual eso?

Los chicos siempre deseaban ser héroes, o caballeros, o cazadores de dragones, o aventureros. Las chicas también tienen sus sueños.

Princesas o doncellas de los santuarios, hermosas novias. Tal vez, esperanzadas, esperaban que algún día un hada los llevara con ellos a su hogar.

Pero al final, sus deseos eran solo deseos, y los sueños solo sueños…

—Pero… — La única palabra de la Sacerdotisa era como una gota de agua, y como esta, también, resonó en la cueva. —Creo que ser una novia seria lindo.

§

—Voy a comenzar con los preparativos, —dijo Goblin Slayer, sin dejar escapar un respiro. El equipaje había sido colocado en sus respectivas habitaciones.

—¿Huh? —Exclamó la Elfa mayor arquera. Ella estaba hundida entre una colección de prendas, tomándose su tiempo tranquilamente. Algunas de las piezas eran triángulos invertidos, otras como grandes tazones; ella las observaba con una mezcla de oohhs y aahhs.

—Lo siento, no he limpiado todavía, —ella dijo.

—Me dijeron que no tocara nada.

El comentario de la Elfa mayor arquera era sin malicia; al contrario, el de Goblin Slayer, sonó frío.

El obedientemente no toco ni vio las prendas de las chicas, así como su ropa interior. En cambio, el trajo el resto del equipaje en su usual silencio.

Al inicio la Elfa mayor Arquera, descansando en una silla, declaró que lo ayudaría… y este era el resultado.

—Limpia antes de que el resto regrese.

—…Si, claro, lo sé.

Goblin Slayer ni se preocupó en mirarla mientras le hablaba, provocando que la Elfa mayor arquera hiciera un poco de pucheros. Ella fue la única que hizo un desastre, y lo sabía, entonces lenta pero constante recogió toda la ropa interior.

—Hombre, mira esta pieza. Es enorme. Podría poner toda mi cabeza aquí.

—No me muestres eso. Y no esparzas la ropa alrededor.

—No te preocupes, ¡estoy trabajando en ello! —insistió la Elfa mayor arquera, pero luego se puso de pie ligeramente.

—¿Qué sucede?

—El trabajo me está dando sed. Pensé que ambos podríamos tomar algo.

—Ya veo.

El solo contestaba por cortesía, pero ella lo tomo como un acuerdo y se dirigió hacia la cocina.

Ella pensaba y revisaba el contenido de los estantes (también huecos en el árbol).

—Hey, Orcbolg, —dijo ella, mientras sus orejas se movían hacia atrás, —¿creo que haré algo de té para ti también? Solo para intentar.

—Si me lo das, yo me lo tomaré. —Él pareció no leer nada entre líneas en la oferta.

—Hmm, —dijo la Elfa mayor arquera, sonando disgustada. Pronto, ella estaba preparándose para preparar el té.

Primero, ella tomó algunas hierbas y especias, los cuales ella tomó casi de manera aleatoria, y comenzó a pulverizarlas con un gran cuchillo de obsidiana. Tanteando las medidas, ella las colocó en tazas hechas de bellota huecas y vertió agua sobre ellas.

La jarra estaba hecha de mithril, una pieza única que podría mantener el agua fría casi de manera indefinida.

Los Enanos consideraban el acero su sirviente y el mithril su amigo, pero sería equivocado imaginar que los elfos no conocerían de metalurgia. Después de todo, lo que viene de las entrañas de la tierra también es parte de la naturaleza. El Elfo con el casco resplandeciente podría haber dicho, —Ellos amablemente cambian su forma por nosotros.

Normalmente, toma algo de tiempo hacer una infusión fría, pero en esta tierra, toma menos de lo requerido. Cualquier elfo, incluso si no eran lanzadores de hechizos, podrían amablemente pedirlo, y la naturaleza se doblegaría a sus servicios.

Para el momento que la Elfa mayor arquera hizo unos círculos en el aire de manera perezosa con su dedo índice, el agua en las tazas ya se había entintado con color.

Ella ofreció una de las tazas a Goblin Slayer, quien se había acomodado en el suelo y estaba desempacando su propia maleta.

—No prometo nada con respecto al sábado, espero que no te importe.

—Okay, —dijo Goblin Slayer, tomando la taza. En el mismo movimiento, engullo el té a través de las aberturas de su visera. —Mientras no esté envenenado, no me importa.

—Gee, me halaga.

—Solo quise decir lo que dice, —dijo Goblin Slayer con indiferencia. —No tenía la intención de halagarte.

Con otro resoplido, la Elfa mayor arquera se sentó en la silla, dejando que sus piernas cuelguen. Ella tomó un sorbo de su té, ignorando la manera en que el cojín de hongos se movió debajo de ella.

—Hey, esto está bastante bueno, —dijo ella, parpadeando. Entonces ella comenzó a sonreír malvadamente como un gato. —Entonces, ¿qué es lo que andas haciendo, Orcblog?

Goblin Slayer estaba sentado firmemente en el piso, haciendo algún tipo de trabajo.

El jalo tres tiras de piel de vaca y las enredó en un montón, casi como si estuviera haciendo una cuerda. La Elfa mayor arquera trepó sobre su silla y miró sobre sus hombros, observando los complicados movimientos de sus dedos. El revoloteo inquieto era característico para ella.

—¿Recuerdas al campeón goblin?

—…Si.

Para Goblin Slayer la pregunta no era importante, pero provocó que la Elfa mayor arquera frunciera el ceño profundamente.

Esa no era la batalla que ella deseaba recordar. Esa dolorosa derrota en el laberinto debajo de la ciudad del agua se mantenía como un recuerdo desagradable.

—Eso fue hace casi un año. ¿Cómo podría olvidarlo? Sacar ese recuerdo de mi mente tomará por lo menos unos cientos de siglos.

—Esto es un pequeño detalle que estoy preparando para encuentros como ese, o para el goblin paladín que enfrentamos.

—Hmmm…

Goblin Slayer trabajaba mecánicamente, tejiendo las tiras juntas. Las tres tiras al unísono parecían ser difíciles de romper.

—Podría llamarlo algo muy pequeño. Es solo una soga.

—Le atare una roca muy pesada al final.

La soga era inusualmente larga. Podría medir fácilmente unos tres metros cuando estuviera lista.

Aunque, para la Elfa mayor arquera, sentarse y tejer calladamente pedazos de cuero juntos no parecía muy aventurero que digamos.

—…Estoy impresionada que pienses hacer algo increíblemente pesado.

—Esto no se vende en ninguna tienda.

—No es a lo que me refería. — La Elfa mayor arquera suspiro, sus palabras mitad serias y mitad sarcásticas. A continuación, un segundo suspiro. —Si fuera yo haciendo esto… —Ella tomó una de las tiras de Goblin Slayer con una mano, junto con una de las gemas para resortera del equipaje del Enano chamán. —¡Creo que haría algo como esto!

—… ¿Qué es lo que tienes ahí?

En vez de responder, la Elfa mayor arquera puso su dedo en el medio de la tira y comenzó a girarla. La piedra al final se balanceo en un arco amplio, silbando a través del aire.

—¿Escuchas el sonido que hace?

—Sí, ¿Qué tiene que ver el sonido?

—¡Es divertido!

—…Hrm.

Goblin Slayer giro su casco metálico, ató con seguridad una roca pesada al final de su trenza de cuero.

El deslizó sus dedos justo al final del nudo, agarrando la soga; entonces él le dio un giro para revisar el peso.

El debió haber encontrado el peso agradable, porque había terminado de envolver la roca con la soga, dándole los toques finales a la herramienta.

—Estoy pensando en hacer varias. He escuchado de este tipo de cosas antes.

—Genial. ¡Tomaré una, entonces!

—¿Qué tal esta que acabo de hacer?

—No, ¡una diferente!

—No me importa.

Tal vez era porque la Elfa mayor arquera estaba absorta en la diversión que estaba teniendo en ese momento. O tal vez, haber regresado a su propia casa después de tanto tiempo, la hicieron bajar su guardia.

Cualquiera que sea la razón, algo pasó que normalmente sería inadmisible para ella.

Ahem.

Ella no se percató de la persona parada en la puerta hasta que la escucho toser.

—¿Puedo preguntar qué está pasando aquí…?

La voz sonaba melodiosa incluso cuando estaba enojada. No queda más que decirlo, su dueño tiene orejas con forma de hoja.

Era una mujer con ojos dorados y un cabello parecido a los cielos llenos de estrellas. Una simple mirada confirmaba su nobleza. Su pálido cuerpo, envuelto en un vestido de hilos plateados, era grácil y alto.

El pecho que empujaba contra la ropa, sin embargo, daba la impresión de abundancia.

Algunas veces una persona no podría describirlo no por la falta de palabras, sino porque ella sobrepasaba la imaginación.

La princesa del bosque, su cabeza adornada en una corona de flores, cubría una delgada expresión facial.

La Elfa mayor arquera saltó rápidamente sobre sus pies.

—¡¿Qu-qu-qu-qu-queeee?! ¡¿Hermana Mayor?! ¡¿Por qué estás aquí?!

—¿Por qué no lo estaría? Escuché que venias a celebrar conmigo, entonces pensé en pasar a saludar…

—Err, ja-ja… Es-esto, este, esto no es lo que parece…

—Has traído un gran suministro de ropa interior lasciva.

Oh, hermana, ¿tú conoces sobre ropa interior? —murmuró la Elfa mayor arquera, sus palabras no se perdieron a los hábiles oidos de su hermana élfica.

—Y ¿Qué sobre eso? —preguntó su Hermana, provocando un sonido ahogado de la Elfa mayor arquera.

—Er, uh, estas cosas no son mías…pertenecen a mis amigas, ¿okay?

—Incluso peor, entonces. Revisando las pertenencias de otras personas.

—Awww…

—Cambiando de tema, tu… —Y una vez que las palabras comenzaron, llegaron como un torrente, casi como un poema épico.

—Tu piel está en un terrible estado. Tu cabello está todo despeinado. ¿has olvidado tomarlo todo con moderación? ¿estás cuidando de ti apropiadamente?

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—Se lo peligroso que es estar de aventuras, y sé que descuidada puedes ser, y ¿estas realmente bien?

—Estoy preguntando si estás evitando misiones raras, y entonces dime si ha sido un error cuando tomas esas misiones.

—Después de todo, ellos dicen que todo el mundo, incluso los demonios son secunda clase comparado cuando un humano está preparando planes maliciosos.

—¿Cuántas veces te he dicho que tienes que escuchar atentamente a las personas y entonces pensar todavía más cautelosamente antes de actuar?

Al fin, la Elfa con la corona de flores, quien había llevado a cabo su sermón a su pequeña hermana con la más alta elocuencia y pose, se tranquilizó una vez más.

—He sido terriblemente ruda contigo.

—…

Goblin Slayer no habló inmediatamente. El giro con su casco metálico hacia la elfa, permaneciendo en silencio por un momento, para finalmente asentir con su cabeza y decir, —Todo está bien.

La Elfa con la corona de flores, se enfocó en su hermana una vez más y comenzó asiduamente a organizar la ropa interior, dando un ligero suspiro.

—Y… tú, —dijo ella, entrecerrando sus ojos y una sonrisa creciendo en sus mejillas y labios, —debes ser Orcbolg.

—Esa chica me llama constantemente así.

Ah, entonces eres tú. —La elfa aplaudió con sus manos.

—Sabía que en persona no serias para nada como en ninguna de tus canciones.

—Canciones son canciones, —dijo Goblin Slayer, agitando su cabeza, —Y yo soy yo.

—Entonces… —Jee-jee. Su risa era como una campanilla. Sonaba muy similar como la de la Elfa mayor arquera. —Gracias por siempre cuidar de mi hermana. ¿Espero que no te esté causando muchos problemas?

—Hmmm, —Goblin Slayer gruño, su mirada moviéndose al interior de su visera.

Las orejas de la Elfa mayor arquera se cayeron.

—No, —dijo él finalmente con un movimiento lento de su cabeza. —Ella es por lo general de ayuda.

Esto causó que las orejas de la arquera se animaran.

—Si alguna vez conoces otro arquero o cazador, o incluso un explorador, por favor no vaciles en dejar a mi hermana a un lado.

—Capacidad no es lo único que…

Pero Goblin Slayer se detuvo a mitad de su oración.

—¿Hmmm? —La Elfa mayor arquera recargo su cabeza. Ese tipo de comportamiento era inusual para él. —¿Qué pasa, Orcbolg?

—Hmm. Nada.

¿Hmmm? —la Elfa mayor arquera replicó, siguiendo su mirada.

Ella encontró una sirvienta (sin necesidad de decir, otra elfa) arrodillándose y esperando instrucciones.

Ella estaba medio en las sombras, y su cabello estaba largo de un solo lado de su cabeza.

—Ah, ella es… —La Princesa elfa con la corona de flores se calló de repente como si fuera imposible hablar.

—Ya sé.

El casual comentario causó que los hombros de la sirvienta temblarán con sorpresa.

Goblin Slayer se levantó y caminó audazmente hacia ella.

—Hey, uh, ¿Orcbolg?

El ignoró los intentos de la Elfa mayor arquera de detenerlo, solo deteniéndose completamente en frente de la asistente. Entonces, sin titubear, él se arrodillo frente a ella para quedar mirada con mirada.

—Yo los mate.

La sirvienta lo miro a él, su mirada titubeaba. Goblin Slayer asintió y continuó: —Yo los maté a todos.

Escuchando eso, una única lágrima cayó del ojo de la chica recorriendo su mejilla.

Una sacudida de su cabello reveló el lado derecho de su rostro. La hinchazón con forma de uvas ya se había ido para este entonces.

Ella alguna vez también una aventurera.

§

—Correcto. Él fue el que la ayudó aquella vez. Como lo pensé.

Una suave brisa comenzó a soplar a través de la habitación, atrapando el cabello de la Elfa mayor arquera. El respirar del bosque. La respiración de su hogar.

Ella respiró profundamente, llenando su pequeño pecho con todo el aire que pudiera tomar. Entonces respondió, —Orcbolg no estaba solo, sabes.

—Sí, lo entiendo.

Una de las puertas en la habitación de huéspedes llevaba a un balcón. Estaba formada por grandes ramas, conectadas por enredaderas que tejidas juntas formaban un lugar para pararse.

Este tipo de arquitectura sólo podría encontrarse entre los elfos, pero lo que realmente resaltaba era el paisaje.

La villa élfica estaba localizada en un amplio espacio entre un mar de árboles, parecido a un atrio gigante.

Desde este lugar todo podía ser visto a la vez…aquí, uno podía sentir el viento soplar alrededor de todo.

Su propia condición como princesa élfica previnieron que la Elfa mayor arquera conociera que existían habitaciones para huéspedes hasta este momento.

Ellas dejaron a la sirvienta con Goblin Slayer; este parecía ser el mejor lugar para perder el tiempo hasta que ella dejara de llorar.

La Elfa con la corona de flores acomodaba su cabello revuelto por el viento y giraba lentamente hacia la Elfa mayor arquera.

—Tú la salvaste. Tú y tus amigos.

—Tenía que hacer algo para mostrar mi lado bueno.

Ella dejó el bosque a su propia insistencia, después de todo. Ella soltó una triunfante, y nasal risotada.

En respuesta, la Elfa con la corona de flores hizo bizcos hacia su hermana pequeña. Ella reposó su brazo sobre la hiedra que servía como pasamanos, recargándose sobre esta.

—Y ahora lo tienes, dijo ella. —¿Entonces, es eso suficiente?

—Suficiente ¿Que?

Kachukahatari. Ir de aventuras.

Las orejas de la Elfa mayor arquera comenzaron a temblar un poco.

—Enfrentas grandes peligros por una módica cantidad de recompensa, ¿no es así?

—Er, así es…

No había nada más que decir. El estatus de Aventurero solo era garantizado por el reino humano, pero aun así seguía siendo una empresa mercenaria. Uno se adentraba en las profundidades con arma en mano, cortando y rajando a su paso y terminar ser cubierto de sangre y lodo.

Juventud y muerte iban mano a mano en esta profesión.

Desde que dejó su hogar, la Elfa mayor arquera se adentró en todo esto.

—Luego está el asunto con tus compañeros. Un hombre lagarto es una cosa, pero no puedo aprobar que estés junto a un enano día y noche.

—¿Qué no eres la hija de un jefe élfico, incluso si no siempre actúas como tal?

La Elfa mayor arquera frunció el ceño ante este comentario adicional.

Ella por supuesto era una princesa élfica, pero estaba aquí haciendo el trabajo sucio de los humanos. Junto, así como su hermana dolorosamente lo recalco, un enano.

La Elfa mayor arquera conocía muy poco sobre como una hermana pequeña debería supuestamente comportarse en una situación así. Ella por lo menos adquirió suficiente moderación en dos mil años para no dejarse llevar por sus emociones, lloriqueos, y quejas.

—Ciertamente, no hay…

—¡No! Definitivamente no hay nada.

A pesar de sus intentos de permanecer tranquila, no pudo evitar reírse de esto.

Si, antiguas canciones de amor contenían algunas baladas que hablaban del amor entre elfos y enanos, pero era seguro decir que esas rimas no la describían.

Sin importar que su hermana pequeña reía y movía su mano en señal de rechazo, la Elfa con la corona de flores dejó escapar un triste suspiro.

—… Y luego está el.

—¿Orcbolg?

—Si.

La otra elfa asintió, su mirada perdiéndose en el horizonte. El bosque parecía extenderse infinitamente más allá de la villa. Estos árboles han estado creciendo desde la Era de los Dioses. Este bosque.

Las hojas se estremecían ligeramente con cada corriente de aire, y el aleteo de las aves podía ser escuchado.

Había una parvada de flamencos rosa pálido. La cortina de noche comenzaba a caer sobre el bosque.

—Yo pensé que él sería como el héroe de la canción. —dijo la Elfa mayor arquera, el viento acariciando sus labios mientras sonreía suavemente.

¡El Rey Goblin ha perdido la cabeza por un golpe crítico!
Azulado, brilla el acero de Goblin Slayer en el fuego.
Así, el repugnante plan del rey llega a su fin,
Y la encantadora princesa se acerca a su salvador al fin.
¡Pero él es Goblin Slayer! En ningún lugar permanecerá,
y habiendo jurado vagar, a su lado a nadie tendrá.
Solo el aire a su alcance la doncella agradecida tendrá…
El héroe ha partido, así es, sin nunca mirar atrás.

La Elfa mayor arquera recito las rimas con solo el viento de acompañamiento. Era una canción sobre el valor. La historia de un héroe más allá de la frontera que peleaba solo contra los goblins.

El asesino de estos pequeños demonios: Goblin Slayer.

A pesar de su tono audaz, mientras el viento se llevaba las palabras, están parecían inmensamente tristes.

La Elfa con la corona de flores agito sus orejas como si estuviera despejando las sílabas del aire.

—…Él definitivamente no se parece en nada de eso.

—Bueno, es solo una canción. —La Elfa mayor arquera levanto un pálido, y delgado dedo, dibujando un circulo en el aire.

Una canción es una canción, y él es el.

—Aun así, —dijo ella, —debo admitir que una espada de mithril es ir demasiado lejos.

La elfa con la corona de flores, bajo sus ojos mientras su hermana pequeña se reía. Si un hombre hubiera estado presente, posiblemente se hubiera postrado con la esperanza de desaparecer su tristeza.

Una princesa de los elfos mayores debe ser la cúspide de la belleza en todo momento y en toda ocasión.

—¿Por qué estas con un hombre como él?

—¿Por qué? Hermana, es porque…

¿Por qué estoy con él?

Hmm. Obligada a considerar la pregunta, la Elfa mayor arquera se sentó en el pasamanos… otro paso en falso y.

Ella lanzaba sus piernas hacia el frente de manera que su cuerpo se inclinara hacia atrás, provocando que los ojos de su hermana se abrieran de par en par.

La Elfa mayor arquera, sin embargo, la ignoro. Ellas han sido así durante dos milenios. ¿Por qué preocuparse ahora?

Realmente me pregunto por qué.

En un principio, era porque necesitaba a alguien que matara goblins. Ella comenzó a interesarse más debido a que él era un tipo de humano que nunca había visto antes, y entonces…

—Desde siempre lo único que él ha hecho es luchar contra goblins, y pensé que era mi trabajo mostrarle lo que es realmente una aventura por una vez en su vida.

Sí, eso debería de ser. Y debido a eso se había sentido cada vez más atraída por la caza de goblins y la aventura. Ella contó con sus dedos, y descubrió que ha tenido más de diez aventuras con él, en el transcurso de más de un año de conocerse.

—Cuanto más le conozco, menos siento que puedo abandonarlo, como que… ¿nunca me he cansado de él? Tal vez sea eso, eso es todo.

—… ¿Y es por eso que continúas cazando goblins?

—Solo de vez en cuando.

La Elfa mayor arquera repentinamente levantó las piernas, balanceándose hacia atrás por el aire, de modo que terminó colgando boca abajo del pasamanos como un murciélago, desde donde miraba a su hermana. Ella sonreía maliciosamente como un gato.

—Y en cada ocasión, me aseguro de que esté en primera fila en una aventura real.

—Sabes…, —dijo la Elfa con la corona de flores, su voz temblaba mientras ella miraba en dirección hacia la habitación de huéspedes, —…como resultara esto, ¿no es así?

La Elfa mayor arquera nunca perdió la ambigua sonrisa en su rostro. Tampoco continúo hablando.

Ella no tenía que hacerlo; la desesperación de un elfo que sentía que vivir era una carga no necesitaba explicación.

—¿Entonces por qué…?

—Cada uno de nosotros solo tiene una vida, hermana, —dijo la Elfa mayor arquera, volteandose de nuevo por el aire. aplaudió con sus manos para quitarse el polvo, dejando que el viento acomodara su cabello mientras asentía. —Ambos, humanos y elfos. Enanos y hombres lagarto no son diferentes. Todos somos iguales. ¿Verdad?

—¿Es posible que tu…?

Pero antes de que la Elfa con la corona de flores pudiera terminar su pensamiento, un intenso aullido explotó como si viniera de las profundidades de la tierra.

El sonido, no muy diferente a un trueno, provocó que una parvada de flamencos comenzase a volar por en pánico.

El crujido de los árboles continuo, junto a una nube de polvo.

—Hermana, ¡agáchate!

—¡¿Qué?!

La Elfa mayor arquera instantáneamente se movió para cubrir a su hermana. Ella instintivamente movió su mano hacia su espalda, pero su gran arco estaba en la habitación de huéspedes.

Ella chasqueó su lengua, pero sus orejas comenzaron a temblar, y una sonrisa estremeció la comisura de sus labios.

Ella levantó su mano, y un instante después, su arco cayó sobre este.

—¿Qué sucedió?

—Te pido amablemente que no tires las armas de la gente, por favor.

Ella ni siquiera tuvo que darse la vuelta.

Había un hombre allí, con un casco de acero barato y una sucia armadura de cuero, con una espada de una extraña longitud en la cadera y un pequeño escudo redondo atado a su brazo izquierdo.

Goblin Slayer en su armadura completa, salió de la habitación tan calmado como siempre.

—¿Son goblins?

—No lo sé.

Él lanzó el carcaj hacia ella, y rápidamente lo ató a su cintura, sus orejas temblaban.

—Por favor… Cuida de mi hermana.

—Lo haré.

Goblin Slayer sacó una honda de su bolsa de artículos y cargo una piedra. Se agachó sobre una rodilla, cubriendo la cabeza de la otra elfa con su escudo.

—Mantente agachada. Vuelve arrastrándote a la habitación.

—¡¿T-te atreves a pedirme que me arrastre…?!

—Si aparecieron goblins aquí, es probable que haya arqueros entre ellos.

La Elfa mayor arquera miró de reojo a su hermana sin habla por el rabillo del ojo, sonriendo todo el tiempo, y luego saltó al pasamanos del balcón.

Ella mantuvo el equilibrio sin ningún problema, y luego dio otro salto. Subió por el tronco del gran árbol y luego por la orilla de una de sus masivas ramas.

Ella era tan ligera como solo un elfo podía ser, ni siquiera rompió una rama o perturbó una hoja.

—…Mm… ¡¿Hmmm?!

En ese momento sus ojos se abrieron de par en par, ella vio algo que no podría ser verdad.

Era una bestia enorme. Pisaba la tierra con piernas como pilares, y su cola provocaba un sonido audible al cortar el aire.

Algo como un abanico brotaba de su espalda, y su cuerpo, tan grueso como un muro, estaba cubierto de una dura piel.

La bestia barría los árboles con cuernos como lanzas, y su lomo, que parecía un trono, tenía que tener al menos 15 metros de altura.

La bestia giró su cuello largo como una cuerda, abriendo sus grandes, y colmilludas fauces.

—¡¡MOOOKKEEEEELLL!!

—Ya veo, —dijo Goblin Slayer, mirando a la bestia desde el otro lado del balcón mientras el aire retumbaba. —Así que eso es un elefante.

—No, ¡no lo es! — le gritó la Elfa mayor arquera.

Esta era la primera vez en su vida que había visto a esta criatura. Pero todo elfo que había crecido en la selva lo sabían.

Emera ntuka, mubiel mubiel, nguma ¡monene! —Asesino de los monstruos acuáticos, criatura con un abanico en la espalda, el Gran Señor de las Serpientes

En otras palabras…

¡¡Mokele Mubenbe…!! —«Aquel que detiene las Aguas».