Qué calor.

En el momento en que salgo por la puerta, un calor sofocante envuelve todo mi cuerpo. Solo con una pequeña caminata, siento el sudor correr lenta y constantemente.

Después del viajecito en el elevador sin aire acondicionado, salgo de los apartamentos. De manera sucesiva, las personas, que al igual que yo se dirigen al trabajo, avanzan a paso rápido.

La mayoría de las personas que se dirigen a la estación andan con la cabeza gacha, similar a la marcha de un zombi.

Ya estamos en julio.

Sin embargo, todavía no ha terminado la temporada de lluvias, por lo que el nivel de humedad en el aire es terrible.

Hoy el cielo está igual de nublado, y no sería extraño que la lluvia cayera en cualquier momento.

Tanto Kanon como Himari han estado algo deprimidas desde el día del festival cultural.

Se la pasan sonriendo como de costumbre, pero no hay una alegría penetrante en estas.

Himari va a su trabajo presa del pánico, con el temor de que esa mujer la descubra en cualquier momento, y, en cuanto a Kanon, la sombra que se refleja en su expresión se va incrementando.

Sin embargo, no se me ocurre nada en particular que pueda hacer por las dos en la actualidad.

Soy muy consciente de mi propia incompetencia.

Cuando llego cerca de la tienda de conveniencia frente a la estación, un sonido agudo que no oí ayer pasa de repente por mis oídos, y por reflejo termino levantando la cabeza.

La tienda de productos generales que está al lado de la tienda de conveniencia no ha abierto todavía, pero hay campanas de viento colgando de los aleros de esta.

Cuando el viento sopla leventemente, las campanas hacen un sonido agudo y refrescante.

Repentinamente se me ocurre que me gustaría escuchar ese sonido y caminar mientras como algo que me refresque.

Si hablamos de refrescante…, supongo que una cerveza estaría perfecta, ¿no? Sin embargo, no es algo comestible.

Transpirar con alguna comida picante y sentirse refrescado…

No, no se puede, aquellas dos no parecen llevarse bien con la comida picante.

Pensando tales cosas mientras camino, antes de darme cuenta, ya he llegado a la estación.

Haa… Supongo que hoy también será dar lo mejor en el trabajo. Los bonos deberían estar pronto.

Mientras me doy ánimos, pongo un pie en un tren que excede la tasa de abordaje.

El supermercado en la tarde está lleno de madres con sus niños de la guardería, office ladies y tíos como yo que regresan de su trabajo.

El suelo del interior del establecimiento está algo sucio, probablemente porque ha llovido desde el mediodía.

Ahora que lo pienso, hace mucho tiempo que no paso por el supermercado a esta hora del día.

Para empezar, más que todo, es Kanon la que hace las compras habituales, por lo que la frecuencia en la que me paso por el supermercado ha disminuido drásticamente.

Mientras recuerdo con algo de nostalgia la vista del interior del establecimiento, me dirijo a las secciones donde se ubican los artículos por los que vine.

Me siento extraño con solo caminar por una ruta diferente, ya que siempre había estado yendo directamente a la sección de alimentos preparados, hasta que empecé a vivir con ellas dos.

Ya contacté con Kanon en la hora del almuerzo y le dije «yo iré a hacer las compras de hoy».

Como es natural, sorprendida respondió con «¡¿qué te pasa tan de repente?!», y, cuando le respondí «ya que está lloviendo, sería un problema para ti», ella envió un «me has salvado» junto con un emoji de un conejo cute.

Quiero hacer las compras por mí mismo hoy… Esa es la verdad, pero sigue siendo cierto que hacer compras en un día de lluvia es un fastidio y un gran lío.

Pongo los artículos deseados en mi cesta y ya de paso compro la cerveza baja en malta.

Mientras termino de registrar y empaquetar en las bolsas sin perder tiempo, una de las secciones de servicio capta mi atención.

Eso…

Abriéndome camino entre la ola de gente, consigo «eso», y lo coloco en el fondo de mi maleta para que no se moje por la lluvia.

Tadaima.

Cuando llego a casa, Kanon y Himari están en la mesa de la cocina.

Ambas miran en mi dirección mientras mueven la boca masticando.

Sobre la mesa hay papas fritas.

Estoy familiarizado con esas. Su sabor y su textura crujiente son adictivos. Cuando me paso por la tienda de conveniencia, ocasionalmente las compro junto con la comida.

«¡Pero no las coman ahora! ¡Ya casi es hora de la cena, ¿saben?!».

Tal vez no pudieron soportarlo debido a la ligera hambre de Kanon.

No sé si es porque han escuchado el regaño que hice dentro de mi cabeza, pero las dos se apresuran en masticar las papas fritas que se habían llevado a la boca.

—Komamura-san, okaerinasai.

Okaeri. Kazu-nii, gracias por hacer las compras de hoy. ¿Qué compraste?

Urgido por Kanon, saco el plato principal de hoy de la bolsa del supermercado.

—Eso… ¿es somen?1

—Oh, qué bueno. Huele a verano.

—Hmm. Ya hace calor, así que pensé «¿por qué no hacer algo refrescante de vez en cuando?».

—También es fácil de hacer, ¿sabes? Entonces, herviré agua inmediatamente.

Sin demora alguna, Kanon toma una olla. Y yo le doy una revisada al congelador para asegurarme.

En efecto. Hay hielo.

Luego pongo en el refrigerador el alcohol que compré…

Cuando miro las latas de la cerveza baja en malta, me entran unas ligeras ganas de beber.

—Komamura-san. ¿Va a beber ya? Sin embargo, por favor, dese un baño primero, ¿vale? —Himari me advierte cortésmente, y alicaído me dirijo al baño.

Hoy me toca de primeras el baño, ¿eh?…

Es más sabrosa si la dejo refrigerar, vamos a aguantarnos un rato.

Salgo de la bañera y cojo una toalla de baño del depósito.

Esta toalla de baño azul, que aún está como nueva, es la que me dio Yuuri antes.

Antes no estaba en el depósito, pero fue añadida desde ese día.

Cierto, el día en que se me confesó Yuuri…

Inevitablemente recuerdo ese momento, y mi ritmo cardíaco se acelera.

«No, no, no» Eh, ¿no es este el estado de acondicionamiento del perro de Pávlov?

Incluso cuando me seco el cuerpo con la toalla de textura suave, la escena de ese momento revolotea por mi cabeza.

«… ¡Hombre, cálmate, cálmate!».

A pesar de que ya lo he repetido unas cuantas veces, aún no logro acostumbrarme para nada.

Tengo la intención de que se vuelva como algo completamente normal.

Después de todo, a pesar de haber sido un gran shock para mí lo de Yuuri, es lo único en lo que pienso con calma.

Sobre la mesa ya está listo el somen. Y, por supuesto, también el mentsuyu.2

Traigo el ventilador de la sala de estar y lo pongo en la cocina.

El agua está tibia, pero, como es lógico, después de tomar un baño en esta época se siente el calorcito.

La bolsa donde venía el somen ha quedado sobre la mesa, y baila levemente por el viento generado por el ventilador.

Himari rápidamente la atrapa a medio vuelo.

—La atrapé —dice sonriendo de manera triunfante, y luego la tira en la caneca de la basura.

Inesperadamente, sus reflejos son buenos. Supongo que es porque tiene experiencia con el kendo, ¿no?

—Dejaré aquí los condimentos como el cebollín y el jengibre para que los agreguen a su gusto, ¿vale? —dice Kanon mientras coloca unas ollas en el fregadero.

Dirijo mi atención al mesón de la cocina, y en adición hay perilla, ajonjolí y una bolsa de tenkasu.3

—Además, hay okra en el refrigerador. Si quieren, díganme para cortarlo, ¿vale? Si me preguntan, lo recomendaría, ya que va bien con el atún.

Hasta ahora he comido somen nada más que con mentsuyu, por lo que para mí las palabras que dice Kanon son todo un shock cultural.

Ciertamente, a medida que lo comes, el sabor se vuelve monótono…

Siempre me presionaba a comerlo, diciendo «no hay de otra», y me preguntaba si estaría bien añadir condimentos. Ya veo…

Termino pensando en ese ser que he sido hasta ahora, que no pudo llegar siquiera a una idea tan simple solo porque le parecían un grano en el culo las preparaciones para alimentos.

Quizá soy una persona con una carencia para sustentar mi propia vida, una persona menor a la que venía pensando…

Me pregunto si los tíos de mi misma generación que viven por su cuenta lo hacen mejor que yo.

—Entonces, ¿comemos?

Por poco y me carga una ligera depresión, pero por ahora solo voy a pensar en comer.

Itadakimasu.

Al mismo tiempo cogemos los palillos sobre el tazón que contiene el somen.

Ahora que lo pienso, Kanon hirvió un paquete entero de somen.

Es un poco… No, siento que la cantidad es bastante… Bueno, ya que está Kanon, no hay problema, ¿verdad? Todo pinta a que ella se lo comerá todo.

Sumerjo el somen en el mentsuyu, y, en el momento en el que sorbo, el sonido refrescante de las campanas que vi esta mañana frente a la estación resuena en mi cabeza.

En efecto, se siente el verano japonés.

A pesar de que el final de la temporada de lluvias no ha llegado.

Disfrutamos llenándonos con el somen y luego charlamos sin movernos.

—Aah. Comí mucho.

—Estoy repleta.

Me alivia ligeramente ver como las dos se reclinan en el espaldar de la silla, pareciendo complacidas.

Es la primera vez desde el festival cultural que veo una expresión de tranquilidad libre de cualquier tensión en esos rostros.

Entonces, recuerdo:

—Me he acordado de que traje esto de camino. —Cuando lo saco de la maleta, Kanon y Himari quedan sorprendidas.

—¿Esto es tanzaku? Ya casi es Tanabata, ¿verdad?4Tanzaku son unos papelitos con los que pides deseos y los pones sobre unas ramas de árboles de bambú en el festival del tanabata (festival de las estrellas), que se celebra el 7 de julio o el 7 de agosto.5

—Los tenían en el supermercado. Parece que pondrán los bambúes hasta el siete.

—Eh, pero ¿por qué los trajiste Kazu-nii? Pensé que eras del tipo que ni por asomo haría esta clase de cosas.

Ante la pregunta de Kanon, se me atascan las palabras.

Ciertamente, soy esa clase de tipo. Me pregunto por qué es que lo traje, eh.

Ni yo mismo entiendo muy bien el porqué.

—No lo sé… Pensé que, ya que estamos en estas, porque no aprovechamos y experimentamos este evento de primera mano, aunque sea por un rato.

Me doy cuenta después de decirlo.

Quiero hacer recuerdos con las dos.

Este día a día en el que hemos vivido como si no fuera la gran cosa tiene su fecha de expiración…

No estoy seguro de si habrán escuchado el sonido de mi corazón, pero, por un momento antes de recoger los tanzaku, ambas ponen una expresión sombría.

—Bien, lo pondré en el bambú mañana cuando vaya de compras. Pero ¿qué deseo, eh?

—¿Sobre qué deberíamos escribir?…

—Cierto… ¿Qué tal «quiero cinco trillones de yenes»? (Kazuki)

—¡Eso nunca va a suceder! (Kanon)

—Yo me conformaría con una cantidad menor, así que quiero unos trescientos millones de yenes…  (Himari)

—¡¿Eso te parece una cantidad menor?! (Kanon)

—Pero, Himari, incluso si recibieras tal cantidad de dinero tan de repente, probablemente sería todo un lío gastarlo, ¿sabes?

—¡Espere, creo que sería aún más difícil para usted gastarlo, Komamura-san, ¿verdad?!

No puedo evitar reírme ante las dos, que quedan envueltas por mi broma.

Sin embargo, al escuchar «un deseo propio», lo primero que se me cruzó fue dinero, ¿eh?

Aunque cuando era niño pedía por montones nombres de juegos y juguetes, diciendo «quiero este y ese y aquel».

Esto de volverse un adulto es tan patético…

Kanon está tomando un baño y Himari se toma un descanso viendo la televisión.

Casualmente, miro los dos tanzaku sobre la mesa de la cocina.

«Deseo comer un montón de dulces deliciosos».

«Poder volverme una ilustradora».

Al lado de los tanzaku donde están los deseos de las dos, escrito uno con la letra de cada una, hay uno sin nada escrito.

Yo aún no he escrito mi deseo.

Esperen, incluso yo tengo un deseo.

Pero es algo que por ningún motivo debe surgir ni en escrito ni ser pronunciado.

«Que este estilo de vida continúe para siempre».

Soy consciente de que no debería escribirlo y, de hecho, ni siquiera pensarlo.

Pero…

—…

Después de estar perdido ante las dudas, cojo el bolígrafo.

«Buena salud». Al final, lo que escribo en el tanzaku es un deseo tibio que choca con lo que realmente siento.

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  1. Un tipo de pasta japonesa que tiene cierta popularidad en el verano.
  2. Mentsuyu es un caldo o base de sopa muy utilizado en Japón para hacer udon y otros tipos de pasta caldosos.
  3. Se llama tenkasu a unos trocitos crujientes de masa de harina frita presentes en la cocina japonesa. Por ejemplo, en el takoyaki, el okonomiyaki y el udon.