En el momento en el que ellos desembarcaron de su transporte, el calor del verano asaltó al grupo, junto con un gran estruendo. Gente yendo y viniendo del camino de losa. Conversaciones de todo tipo. El rio rugiendo en su camino al pueblo. El viento soplando.

Por un momento, el abrumador sentimiento de actividad dejo a la Granjera que debía de haber un festival por ahí o algo así.

“W-wow…”

“¿Estas bien?”

Ella sintió una gentil mano apoyándola, protegiéndola de un repentino hechizo de mareo.

“Er… si… bien,” respondió, asintiendo hacia alguien. Ese alguien era una persona con la que rápidamente había formado una amistad en el último año: la Recepcionista del gremio de aventureros. Esta última estaba impecablemente vestida, como siempre. Hoy, ella llevaba un vestido blanco que le recordó a la Granjera que ella era una funcionaria pública – en otras palabras, parte de la nobleza. No era lo que normalmente llevaría, pero incluso así – de hecho, solo por eso – dejó una fuerte impresión.

“Solamente me maree un poco con toda la gente…”

“Aun no has visto nada, la capital es incluso más concurrida.”

“No puedo creer que siquiera puedas respirar ahí…” Yo no creo poder manejarlo.

La Recepcionista se dé la apreciación de la Granjera, bajando del carruaje como si lo hiciera todos los días.

Sabes, cuando ella sostiene sus trenzas en contra del viento, realmente parece una chica de ciudad. No puede lucir muy diferente a mí.

La Granjera suspiró en privado, superada por lo palurda que se sintió. Ella intentó vestirse un poco diferente de lo usual, pero no tenia nada como el éxito de la Recepcionista.

Estaba avergonzada, aun así, de usar otra vez el vestido de su madre, así eso era con lo que la habían dejado. Y todavía, ella no podía acomodarse en sí misma.

La Granjera vagó alrededor de la parte de atrás del carruaje donde las bolsas estaban apiladas. Tendrían que descargar el equipaje.

Una mano con un guante de cuero se deslizó para detenerla. “Yo lo hare.” La mano agarro algo de equipaje tan pronto como ella escuchó la corta frase.

Era miro a su alrededor y vio a Goblin Slayer con su característico casco sucio.

“Descansa un poco.”

“Oh, estoy bien,” dijo la Granjera, ondeando su mano hacia su mejor amigo. “Puedo montar un caballo por todo un día. Un carruaje no es problema. ¡Se cómo me veo, pero soy bastante fuerte!”

“Tal vez sea así, pero el maletero es parte de mi trabajo.”

La Granjera refunfuñó. Era justo. Los negocios personales son importantes.

“Está bien, bien, al menos déjame manejar mi propio equipaje.”

“Okay.” Por alguna razón, su cabeceo le hizo sonreír. No escondió su mueca mientras agarraba su bolsa.

Ella nunca había visto a Goblin Slayer trabajar antes. Y haciendo otra cosa que no fuera asesinar goblins menos. No era muy distinto a cuando ella le había pedido ayuda en la granja, pero, aun así, se sentía nuevo.

Ella se acercó y se quedó en una esquina de la estación para así no estar en el camino; la Recepcionista se quedo junto a ella, sonriendo. La Granjera había aprendido lo suficiente en los seis años de su relación para saber que esta no era una sonrisa pegada.

“Adivino que tu tampoco lo has visto trabajar muy a menudo.”

“Si. Usualmente estoy detrás de un escritorio en el gremio.”

“¿A si? …supongo que eso tienen sentido.”

“Bueno, hubo una vez…” pensé que me daría un ataque al corazón.

“¡Huh!” dijo la Granjera, sus labios se fruncieron.

Mientras ellas des se quedaron platicando, el trabajo progresó de prisa.

“Dioses de arriba. No hemos visto este lugar en un año, y parece que no fuimos ayer. ¿Nada cambia por aquí?” dijo el Chaman enano, tomando maletas mientras Goblin Slayer las sacaba del estante del equipaje.

Como muchos de su especie, el Chaman enano era tan fuerte como corto de estatura. Apiló el cargamento, una pieza tras otra, sin más que una respiración fuerte.

“Dicen que tres son multitud, pero nosotros tenemos a cuatro mujeres. ¿Cómo vamos a estar los hombres relajados?

“¡Ha! ¡Ha! ¡Ha! ¡Ha! ¡Ha! ¿no son bellas y animadas? Eso es suficiente.” El Sacerdote lagarto estaba tomando las bolsas apiladas del Chaman enano y las ponía en un carro de equipaje. Los hombres lagarto eran naturalmente musculados, pero encima de eso, él tenía la estructura muscular de un sacerdote guerrero. El arrojaba el equipaje hacia dentro del carro más rápido de lo que Goblin Slayer podía descargarlo.

“Y uno no puede aclarar la meticulosa naturaleza de una mujer, tampoco. ¿No es así, señorita Sacerdotisa?”

“Realmente no pienso que sea algo especial…”

La Sacerdotisa se rascó la mejilla avergonzada, pero el Sacerdote lagarto solo puso más halagos. “Ah, pero empacar cuidadosamente es muy importante. ¿Que pasaría si las tablillas de arcilla se rompieran?”

La Sacerdotisa miró al suelo “Realmente no es nada especial… solo las empaque un poco de cañas y musgo.”

El equipaje en cuestión eran las tablillas de arcilla que habían recuperado de la biblioteca hace unos días. De acuerdo con las monjas que habían rescatado, las tablillas habían sido encontradas en unas ruinas antiguas y las letras aún no habían sido decodificadas.

Siendo ese el caso, no tenia sentido dejarlas en alguna ciudad fronteriza sin recursos. Podrían tener alguna clase de profecía; o antiguas magias secretas; o la verdad oculta de toda la historia; o…

Viejos, indescifrables textos, habían sido la causa de algunas contiendas últimamente. Lógicamente los aventureros llegaron a la conclusión de que lo mejor que podrían hacer seria dejar esas tablillas en el templo del dios de la ley en la ciudad del agua.

“Heh-heh. Es verdad, gánate tu sustento, enano.” La Elfa mayor salto del carruaje con una gracia de ballet y una sonrisa de satisfacción que se extendía de oreja a oreja. Le dio a Chaman enano un cordial golpe en el hombro. “Voy a coger unos regalos para mi hermana.”

“Si, bien. Por los dioses… si no estuviéramos aquí para celebrar, ¡te golpearían de vuelta en ese pequeño y plano trasero!”

“Por qué, ¡tu-!” la Elfa mayor salto hacia atrás, cubriendo su modesta retaguardia con sus manos y mirando al enano.

Ella era capaz de payasear asi porque estaban en la seguridad de la ciudad del agua.

Hace un año, habría sido diferente.

La Sacerdotisa cerro sus ojos por un segundo, con una emoción que mezclaba la nostalgia con el miedo, pero que no era ninguna de las dos. Ese verano, esta área había sido atacada por goblins y difícilmente alguien lo había notado. Los recuerdos seguían frescos en ella. Después de todo, el equipo completo casi había muerto luchando contra el enemigo.

“…”

Goblin Slayer, quien había estado tan cerca de la muerte como cualquiera de ellos en ese momento, lentamente miro de un lado a otro de la ciudad.

“… No siento a ningún goblin cerca.”

Ella encontró un tanto satisfactorio el regresar a la ciudad y ver lo que su trabajo duro había logrado.

Habían estado fuera de esa ciudad por años-sí, un año entero ya.

Desde su perspectiva, la ciudad del agua se veía casi exactamente igual a como la habían dejado, todo seguía chasqueando en paz. Mercaderes y viajeros pasaban por ahí, los clérigos al servicio del dios supremo estaban apurados, y los niños caminaban junto a sus padres. Magos y caballeros errantes consultaban a los transeúntes sobre si no necesitaban guardaespaldas para proteger sus posesiones, jactándose de sus logros en batalla.

El traqueteo de los caballos se mezcló con el ruido de las charlas entre mercaderes haciendo tratos unos con otros; una mujer que parecía importante se abrió camino hacia la calle.

Pero no había golbins.

Para Goblin Slayer, eso era suficiente.

Y en la medida que no había goblins ahí, no había nada que hacer para el aquí.

Y, aun así, estoy aquí.

El se preguntó que debería hacer con eso.

Incluso si él había tenido interés en una misión que no fuera de matar goblins, nunca había tenido el tiempo para verla. Nunca pensó que tomaría una misión de mensajero como esta.

Siguiendo el rio que corría desde la parte mas alta de la ciudad, hacia el sur, y tan rápido como una caminata, te encontrarías en el bosque de los elfos.

Como tal, se le solicitó al grupo cargar con las tablillas; hubo una clase de charla sobre como el trabajo cubriría los gastos de viaje. Ya que era una solicitud del gremio, fueron capaces de usar un carruaje del mismo para llegar a la ciudad del agua. Cuando recibieran la recompensa, seri suficiente para cubrir sus gastaos en el pueblo también.

Finalmente estaba el hecho de que estarían protegiendo unas tablillas en las cuales los goblins podrían estar interesados. Esa fue la razón que finalmente trajo a Goblin Slayer a bordo.

“Okay, todo el mundo, voy a ir al gremio local a saludar y reportar que hemos completado la misión.”

Todo había sido arreglado por los buenos oficios de la Recepcionista, con su buen sentido de la sincronización y su imperturbable sonrisa. ¿Quién mejor que un burócrata para orquestar algo así? Siempre que los planes de una misión fueran algo mas que ir a un lugar, mirar alrededor y matar monstruos, había algo que ella podía hacer para ayudar.

“Después de eso, esta el equipaje, la posada, asegurar el bote… oh y los regalos. ¿Sabemos que le gusta a la pareja?”

“Es mejor aprender de los elfos por un elfo, yo digo. ¿Tienes algo que decir orejas largas?”

“Naturalmente,” respondió la Elfa mayor, asintiendo con confianza. Sus orejas dieron una sorprendentemente majestuosa sacudida, y ella agrego, “Además, no he regresado a casa en años. Necesitare algo para darle a mi clan.”

“Er, uh, ¿entonces yo podría, también…? “

La Granjera se abrió paso en la conversación poniendo una mano en su generoso seno. “Quiero  decir… no tengo muchas oportunidades de venir a lugares como este y como que quiero ir de compras…” Ella sonó un tanto titubeante con sus ojos revoloteando de un lugar a otro.

La Elfa mayor parpadeo varias veces. “¡Sólo ven conmigo!” exclamó golpeándose el pecho. “ He estado en esta ciudad antes. ¡Puedo mostrarte los alrededores!”

“Bien, entonces,” dijo el Chamán enano, dudando acerca de esta muestra de confianza, “una vez encontremos una posada y un bote tal vez podamos unirnos.” El acarició su blanca barba de la cual estaba tan orgulloso. “De otra manera, ¿quién sabe en que se pueda meter este yunque?”

“Ooh, ¡Qué tal si vienes aquí y me lo dices!” exclamó la Elfa mayor. El Chamán enano dijo algo gracioso en respuesta y así ellos se fueron de nuevo, discutiendo lo suficientemente fuerte para ser ruidosos incluso en el bullicio de las calles de la ciudad del agua.

El Sacerdote lagarto giró sus ojos cuando vio a la gente mirando sorprendidos a aquel par.

“Bueno, solo piensa en nosotros como porteros”, dijo. “Tenemos la fuerza para ello.”

“Perdón. Se en cuantos problemas se están metiendo…” La Granjera inclinó la cabeza en forma de disculpa, pero el Sacerdote lagarto junto sus palmas.

“¿Por qué la disculpa? Considéralo un acto de gratitud por el gran suministro del maravilloso queso. No pienses en ello.”

La Granjera sintió una mano en su hombro. “Hee-hee. Entonces, tal vez me una a ustedes después de finalizar todo lo que debe hacerse.”

Ella no supo cuando la Recepcionista se puso detrás de ella. Su trenza dio un suave y dulce aroma; tal vez llevaba un poco de perfume. Solo una pequeña cantidad, no tanto como para ser más que agradable. Se sentía a un mundo de diferencia de la Granjera.

Debe ser lindo…

Ese pensamiento pasó en un instante, pero se debió haber mostrado en su rostro.

“Una chica gusta de vestirse bien de vez en cuando, ¿o no?”

La Recepcionista estaba sonriendo, casi de manera traviesa.

La Granjera alzó su mano. “Heh, sí. Ha-ha… ¿Crees que puedas ayudarme?”

Claro que sí.  La Recepcionista sonrió y asintió y de pronto su mirada se movió hacia algo más.

¿Qué era ese algo? Para este punto ya deberías ser capaza de adivinarlo.

Era la Sacerdotisa, quien seguía viéndose un poco incómoda, como si quisiera decir algo y no pudiera hacerlo.

“¿Y qué hay de ti?” Preguntó la Recepcionista. “Esa vestimenta del festival se veía terriblemente linda.”

“¡¿Eurgh?!” La Sacerdotisa hizo una especie de sonido de ahogo y azotó sus brazos, balbuceando. “Eso no era-,” Y “¡N-no es para mí!” en medio de suspiros.

La Granjera, sin embargo, ya había rodeado para cortar su escape. La Granjera encerró a la Sacerdotisa con su generoso pecho, abrazándola de paso.

“¡No tan rápido! No se como esa cosa se vería en mí, pero aun así iré. Así que no te me vas a escapar.”

“Ohh… Por favor, solo… No sean tan duras conmigo… ¿Ok?”

Estaba temblando como un pequeño animal. La Granjera asintió hacia ella como si de una hermanita se tratase.

Bueno, la Granjera en sí misma no era una experta en moda. Ella tendría que dejarle el liderazgo a la Recepcionista…

“……”

Goblin Slayer miró silenciosamente a las chicas mientras bromeaban la una con la otra. La Granjera siempre había sido extrovertida, pero aun era buena para ser parte de un grupo como este. Brillante y divertido, dando vueltas y divirtiéndose.

Dejó salir un respiro, una clase de aliviado Phew.

“…No se mucho acerca de ambos, regalos o ropa,” dijo, agarrándose del travesaño del carro del equipaje.

“Ho,” dijo el Sacerdote lagarto meneando su cola. “¿Haciendo de portero entonces? Tal vez eso pueda esperar hasta que todo lo demás haya finalizado”.

“Hay un pequeño chance de que los goblins quieran estas tablillas.” Un poco inusual para él, las palabras cargaban con una clase de excusa. “Debemos moverlas más temprano que tarde.”

“¿…Estás seguro?”

“Eso creo,” dijo, el casco moviéndose. “Tengo la certeza de ello”

“Hmm…,” el Sacerdote lagarto reflexionó dejando salir un suspiro silbante. Después de un momento, su cola se balanceó gentilmente. “Muy bien,” dijo. “Una vez nos hayamos establecidos en una posada, mandaremos a uno de nosotros al templo.”

“Por favor, hazlo.”

Entonces Goblin Slayer comenzó a caminar, jalando el carro detrás de él.

Para el momento en que la Sacerdotisa notó el ruido de las ruedas, él ya estaba muy lejos, una figura haciéndose pequeña en la distancia.

El se concentró en nada más que el sonido del río mientras jalaba el carro consigo.

La gente que estaba moliendo a su alrededor miró hacia el aventurero de aspecto patético y entonces lo dejaron pasar. Cierto es que, su vestimenta era un tanto chocante. La gente probablemente asumiría que él es un novato.

¿Por qué otra razón un aventurero, adornado con una armadura completa estaría como si fuera a entrar en un calabozo, estaría jalando en medio de una ciudad?

Seguro no se veía como si perteneciera a algún lugar cerca de los ríos de esta ciudad, cuya elegancia fluyó desde la vieja capital en la que estaba construida.  La gente se río a sus espaldas.

Nada de esto le importaba a Goblin Slayer.

Él siguió caminando a través de la ruta que había trazado en su memoria, y eventualmente, llegó a un edificio resplandeciente que estaba a la orilla de un río sostenido por columnas de mármol.  Gente vestida con ropas del clero y agarrando textos con leyes, fueron y llegaron de manera ocupada en la entrada principal.  Había otros a su alrededor que se veían bastante serios; estas eran personas que venían por algún traje que ahora se acercaban al templo con miedo.

El sol había pasado su cenit, está claro, brillantes rayos reflejaban la imagen de una espada y una balanza.  Este era el gran templo del Dios Supremo, quien le dio a este mundo ley, justicia, orden y luz.

Probablemente no había un lugar más seguro en la frontera que este.  Goblin Slayer, como siempre, continuó escaneando el área vigilante, mientras entraba con su carro en el templo.

En el área de espera, la gente le lanzó miradas de ansiedad mientras medían el tiempo hasta que sus casos fueran escuchados.  Él entró aún más en el edificio.

“Discúlpeme sr. ¡Por favor, deténgase ahí!”  Naturalmente, el fue notado.  Un joven clérigo vino corriendo.

Goblin Slayer se detuvo con un “hrm,” y entonces notó al joven, quien aparentaba estar rezando algo suavemente.  Asumió que era algo como Sentir Mentira.  Las cosas eran tan complicadas estos días.  El aventurero trajo el carro a un paradero ruidoso.

“Vine a completar una misión,” dijo.

“¿Señor?”.

“Una misión”, repitió, sacando una placa de plata de su cuello.  “Tal vez ayude si digo que Goblin Slayer está aquí”.

Desafortunadamente no ayudó.

“Por favor, espere solo un momento señor”, dijo el clérigo, corriendo hacia dentro, dejando al aventurero por su cuenta.

Goblin Slayer se cruzó de brazos y, como le habían dicho, esperó.

Sintió que había visto esta clase de precipitación muy seguido últimamente.

Tal vez los jóvenes clérigos sean todos así…

Después de un tiempo, el joven regresó con una mujer anciana y, por tercera vez, Goblin Slayer explicó, “vine a completar una misión.  El transporte de unos textos”.

“Si, por supuesto señor, yo entiendo,” dijo la mujer con una sonrisa amigable.  Asintió hacia él varías veces.  “El arzobispo está esperando por ti.  Por favor, venga por aquí”.

“Está bien.”

Goblin Slayer tomó el travesaño del carro de nuevo y comenzó a caminar.

“Mis disculpas por retrasarlo,” dijo el sacerdote, mientras Goblin Slayer asintió con la cabeza mientras entraba.

La mujer -la acólita- que estaba enfrente de él sacudió sus caderas de una manera que causó que su retaguardia se meneara cada vez que caminaba.  No lo suficiente para ser impropia, no obstante; de hecho, sus movimientos eran muy agraciados.

El Dios Supremo era el maestro de la ley.  Pero se decían que eran oradores quienes debía hacer oficiales los juicios legales.  Tal vez, entonces, esta acólita simplemente trataba de actuar apropiadamente para un lugar de juicio.  Y para Goblin Slayer, no había mayor halago que reconocer algo que era fruto de mucha práctica.

“Si solamente hubieras venido por el camino de atrás, no habrías tenido que esperar,” dijo, claramente implicando su estatus como amigo personal de la cabeza del templo.

“No lo sabía”, él dijo.  No sonaba como un reproche.   “Te he causado problemas” añadió.

“Para nada señor, está bien.  Estoy segura que la arzobispa estará encantada.”  Sonrió abiertamente hacia él.

Goblin Slayer inclinó su cabeza suavemente en su dirección.  “…Creo recordar haberte conocido antes.”

“Si señor y debería agradecerle por todo el bien que usted hizo a nuestra arzobispa esa vez.”

“Yo solo maté a los goblins.”

Esta mujer era una asistente, de las que servían a la Doncella de la espada.  Guardó esto en su mente.  “Hmm.   ¿Está durmiendo ahora?”

“En efecto, y muy bien.”  La acólita parecía como si estuviera hablando de su propia hija mientras sonreía.  “Ha dormido como un bebé este año.  Estoy segura de que se siente más a salvo ahora.”

Ah, pero no le digas que te dije. La haría poner mala cara.

Él asintió.  “Ya veo.”  Y entonces añadió con una voz baja, “bien, entonces.”

Procedieron más adentro en el templo, pasando los cuartos de la corte donde los casos eran escuchados, a través de los pasillos llenos de estanterías.  Hacia el santuario interno, un lugar de pilares de mármol y silencio.

El había tomado este camino antes y se dirigía al mismo lugar de antes.

Bastante grande, con pilares redondos rodeando el cuarto, con luz solar de color miel pasando entre ellos.

Al final de este lejano cuarto se paraba una estatua del Dios Supremo, como el sol, un altar ante él.  En el altar estaba alguien en perfecta postura, apretando la espada y la balanza, una mujer hermosa ofreciendo sus plegarias…

“…Ahh,” dijo ella, el júbilo inequívoco de su voz.  “Has venido.  ¿Eres tú, no es así…?”

Hubo un leve susurro mientras la mujer, con su voluptuoso cuerpo cubierto con solo una delgada pieza de ropa, se levantó deteniendo sus plegarias.

Detrás de su venda -que servía solo para resaltar su belleza- su mirada se desplazó, y un aliento escapó de sus hermosos labios.

Podría parecer seducción o tal vez una cierta maldad.  Pero su aura era sin lugar a dudas, la de una sacerdotisa pura.

“Parece que las cosas están bien.”

“Si… gracias a ti.”  La arzobispa, Doncella de la espada, sonrió como una niña inocente, sus rojos labios se suavizaron.  Hizo un movimiento con su mano casi como una pequeña danza; la acólita agitó la cabeza y se retiró sin hacer un ruido.

Goblin Slayer la miró irse, el casco de metal ocultaba su expresión. La Doncella de la espada lo miró con un gran afecto.

“Me temo que te he molestado por el bien de esa chica…”

“No es nada,” dijo Goblin Slayer, agitando la cabeza.  “Mi deber.”

El anterior invierno todavía estaba fresco en su memoria, cuando él había peleado contra unos goblins en la montaña nevada en pos de rescatar a una noble.  La joven había intentado muy duro parecer valiente.  Goblin Slayer no supo que le pasó después de su rescate.  Aparentemente ella estaba en contacto mediante cartas con la Sacerdotisa y la Elfa mayor, pero a él no se le ocurrió preguntar acerca de cómo estaba ella.

“…No puedo decir que está completamente mejor,” dijo la Doncella de la espada gentilmente, como si sintiera lo que le preocupaba a Goblin Slayer.  “Sus heridas son profundas y le provocaban un gran dolor.”

Sus labios se fruncieron ligeramente.  “Pero se pudo parar nuevamente.  Está haciendo todo lo que puede en lo que le permite su habilidad.”

“Ya veo.”

“¿…Y que hay acerca de mí?”

Goblin Slayer gimió y dijo, “escuché de camino aquí.”  Entonces dejó ir el travesaño del carro con un estruendo.  “He traído los antiguos textos.”

“Así que lo hiciste.  Escuché la historia.”  Sus labios se fruncieron de nuevo, posiblemente por la molestia de no ser capaz de preguntarle en persona.  Pero al final, parecía que no hubo ningún cambio en el hecho de que el se preocupaba por ella.

Ella se movió sobre el piso de mármol como si se estuviera deslizando sobre él, acercándose al carro sin preocupación evidente.  Su pálida y delicada mano llegó y acarició la superficie del cofre de madera.

“¿Podría ser tan amable de abrirlo para mí?”

“Sí.”

Goblin Slayer tomó la espada de su cadera y usó la punta como palanca para abrir el cofre.  No era algo que un aventurero normal haría, arriesgar su propia arma.

Pero este era Goblin Slayer.  La Doncella de la espada lo sabía por lo cual no estaba sorprendida por lo que vio.

El cofre se abrió con un chirrido de protesta.  Dentro estaban las tablillas.  La Doncella de la espada deslizó su mano a través de la cantidad excesiva de caracteres grabados en su superficie como una gentil amante.

“Esta escritura es vieja… muy, muy vieja.  Creo que estas palabras se relacionan con la magia… Tal vez.”

Tal vez todo esto sería sorprendente para alguien que no supiera quien es la Doncella de la espada. Pero como la arzobispa del Dios Supremo, gobernante de la ley, ella ciertamente tendría un milagro de apreciación.

“¿Dice algo acerca de los goblins?”

“No estoy segura,” respondió la Doncella de la espada con un triste movimiento de su cabeza que causó que su dorado cabello ondeara silenciosamente.  “Me temo que no puedo decirlo.  Tendría que leerlo un poco más de cerca…”

“Ya veo.”  Asintió Goblin Slayer.  “En ese caso, no estoy interesado.  Las dejaré contigo.”

“Y yo las conservaré.  Gracias.”  La Doncella de la espada puso una mano en su abundante seno y le dio una profunda reverencia.   No era la manera en que una arzobispa actuaría normalmente frente a un mero aventurero -incluso si ella había sido alguna vez una aventurera.

Levantó su cabeza lentamente, entonces sus ojos sin vista miraron a las tablillas como si fueran un regalo.

“Las llevaré a la biblioteca después.”

“¿…Por ti misma?”

“La responsabilidad fue pasada a mí, ¿o no? Será mejor que lo vea hecho.”

Antes de que Goblin Slayer pudiera decir algo, ella añadió un empático “¿verdad?”

Ella parecía que estaba bailando mientras se acercaba al hombre en su armadura de cuero.  Un débil y dulce aroma hizo cosquillas a su nariz, tal vez era el perfume que ella estaba usando.

“¿Volverás pronto?”

“No.”  Esto causó que la Doncella de la espada apretara con fuerza la espada y la balanza.  “Iremos al sur inmediatamente.”

“¿Es así…? …Ya veo.”

La fuerza dejó la mano que sostenía aquel símbolo.  “Que cruel,” ella murmuró.  “No creo que este viaje involucre goblins…”

“Mi amiga…,” Goblin Slayer empezó.  “Mi amiga… me invitó.  No podía negarme.”

“Tienes un corazón amable…”

Sus palabras no eran de reproche, exactamente, pero había un dardo en sus palabras.

Goblin Slayer, sin embargo, respondió, “uno nunca sabe cuando o donde los goblins podrían aparecer.”

“Ciertamente eso es verdad”, ella se rió, era como el sonido de una campana la cual se quedó colgando en el aire mientras ella retrocedía.

Ella enderezó su ropa (aunque en realidad no lo necesitaba), ajustó el agarre de la espada y la balanza y dio un silencioso estornudo.

“Ten cuidado, si vas a viajar por el río.”

“¿Cuidado de los goblins?”

Ella ignoró la pregunta, diciendo en voz baja, “ha habido reportes de barcos hundiéndose.”

Te deseo seguridad en tus viajes.

Goblin Slayer la dejó hacer una señal sagrada con sus dedos.  Entonces el la sintió y caminó con un paso audaz.  No miró hacia atrás.

Tal como ella esperaba.

“Yo, uh… compré lo que ellas dijeron, pero… ¿realmente tengo que usar esto?”

“Es algo ¿o no? Los humanos piensan en las cosas más interesantes.  Solamente pensé que se te vería bien.”

“Esto es una moda un tanto en el borde, incluso para la capital.  Es algo reciente que tener tus brazos y piernas tan expuestos se vuelva popular.” 

“Tengo la ligera sospecha de que esto es un poco pequeño…”

Hubo un rocío de agua, y las voces de las cuatro chicas volaron bellamente a través de la orilla del río.

Era el día siguiente y los cinco aventureros y las dos acompañantes estaban montando un bote, el buque marino tenía una vela blanca y el viento los empujó gentilmente a través del río.

El intercambio no era especialmente frecuente entre la villa de los elfos y la ciudad del agua.  Los pobladores del bosque eran un tanto orgullosos, con poco interés en el dinero e incluso menos en cualquier adorno que los humanos pudieran producir.  Y, cuando los dos lados no podían suplir las necesidades mutuas, el intercambio no podía florecer, más bien, la mayoría de los botes en el río pertenecían a las aldeas pioneras ubicadas alrededor de sus orillas.  Muy pocos de estos iban más lejos al sur, hacia el bosque de los elfos.

Habían, por supuesto, excepciones…

“¡Si hubiera sabido que estaríamos viajando por barco, me habría quedado en casa!”

“Fuimos capaces de pedirlo prestado, y eso es suficiente.”

Ya habían pasado a través de varias aldeas, y el sol estaba escalando a su altura. Solo compraron pan de los granjeros en la ultima aldea a la orilla del rio marcada en su mapa, y e Chaman enano estaba ocupado quejándose.

Mientras tomaba una de las piezas de pan con mantequilla que era pasada de uno a otro, Goblin Slayer dijo, “¿De qué hay que quejarse?”

“Eres un hombre sorprendentemente imparcial corta-barbas.”

“¿Es así?”

“Yo diría que si… Aquí, escamoso.”

“Ah, muchas gracias.”

El Sacerdote lagarto estaba conduciendo la balsa con los hábiles golpes de un palo. El colocó el buque en la esclusa y entonces dejo salir suspiro silbante.

Las esclusas eran lugares diseñados para regular la diferencia del nivel del agua entre un canal y un rio natural. Cuando uno se dirige desde rio arriba hacia rio abajo, el agua en la esclusa disminuiría gradualmente para nivelarse con el nivel de agua de la parte inferior del rio. Esto significaba que sin importar lo que estuvieras montando, estabas destinado a una pequeña espera. El tiempo perfecto para un pequeño aperitivo.

El Sacerdote lagarto lleno sus mandíbulas con el pan, sus ojos rodaron. “Mmm. Al parecer mi lengua ya esta tan acostumbrada a los productos de la granja que ahora los deseo.”

“¡Ha-ha-ha-ha-ha-ha! ¡Bueno, miren quien se está volviendo goloso! ¿Qué tal, corta-barbas? ¿Qué hay de ti?”

“Si es comestible, es suficiente,” dijo Goblin Slayer suavemente, mirando a su alrededor. El estaba mirando a la Granjera, quien estaba sentada junto a las otras mujeres, arrancando pedazos de pan y comiéndoselos. Ella miró en su dirección, también, y sus ojos se encontraron brevemente.

“Tal vez no me refería a eso,” Goblin Slayer añadió y miró a sus manos.  Estaba tallando un poco de madera con un cuchillo, preparando algo, algunas cosas más bien.  Una era un pequeño garrote con una extraña ranura grabada en él; la otra se veía más como una lanza afilada.  Cuando terminó lo de la ranura, Goblin Slayer puso su cuchilla en la punta del objeto más largo.

Mientras trabajaba, tomó el pan que estaba sosteniendo con una mano y lo apretó perezosamente contra su visera.

“Hey, ¡cuida tus modales!” exclamó la granjera.  “Mastica tu comida apropiadamente.”

“Perdón,” él respondió, mirando en su dirección y empujando el pan un poco más lento.  Entonces miró hacia abajo y reanudó su trabajo.

“Sheesh,” refunfuñó la granjera, pero el Chamán enano se rió y miró lo que Goblin Slayer estaba haciendo.

“’¿Tienes una lanza ahí?” tomó uno de los objetos con interés.

Era una simple lanza de madera nada especial.  Ni siquiera tenía una punta apropiada.

“No soy lo suficientemente habilidoso para que mis flechas penetren el agua. Y una balsa no tiene piedras para tomar y arrojar.  Necesito un arma larga.”  Goblin Slayer tomó una de las armas y la sostuvo contra la luz, inspeccionando el trabajo.  Aparentemente, la encontró insatisfactoria porque continuó cepillándola.

“Uno debe estar preparado,” dijo bruscamente.  “Más de lo usual.”

“Ahh.  Se a lo que te refieres.  Escuché los mismos rumores.”  El Chamán enano bajó la lanza con una mirada dolorida y se sentó en la balsa.  Jaló el tapón de la jarra en su cadera, sacó una copa de su bolsa y le ofreció a Goblin Slayer un trago de su vino de fuego.  Un rico aroma de alcohol flotó desde la copa. Goblin Slayer agitó una mano en señal de rechazo, entonces el Chamán enano se bebió el vaso de un simple trago.

“Navíos hundidos… ¿No creen que fueron solo accidentes?” 

“Sería lo mejor asumirlo, como en todo.”

Que viajaron río arriba. La mayoría eran aventureros o la mano de obra de mercaderes quienes encontraron favores con los elfos.  Cazadores, tal vez, o gente de medicina.  Algunos vinieron buscando cuevas o ruinas, o para recolectar hierbas raras o partes de animales con la indulgencia de los maestros del bosque.

Habían ido río arriba en balsas y nunca regresaron abajo.  Eso por sí mismo no era necesariamente sorprendente.  La única razón por la que alguien sabía que los botes se habían hundido era porque los elfos, en señal de buena voluntad, habían enviado los restos lavados de los buques de vuelta.

Hubieron algunos que decían, basados en sus voces y sin ninguna prueba real, que tal vez los elfos habían hundido esos barcos.

“Pudieron ser goblins,” dijo Goblin Slayer con confianza, con una mirada a la Elfa mayor.  Estaba llenando su boca de pan con mantequilla (no era el almuerzo más refinado), sus largas orejas botaron de arriba hacia abajo.  “Mmm.  Comer en algún lugar nuevo es lo mejor.”  Ella infló sus mejillas como una ardilla, un gesto por el cual la Sacerdotisa no pudo evitar reírse.

“Es verdad.  Yo vivía en un templo, así que se a lo que te refieres.”

“La última vez que estuve aquí, caminé junto a la orilla.  Ir en bote es algo nuevo para mí.”

O mejor dicho… en balsa.  Ella giró su dedo índice en círculos.

“Cierto,” la Sacerdotisa estuvo de acuerdo, poniendo algo de pan en su boca, masticándolo delicadamente y tragándolo.  “¿Es esta la orilla?” 

“Sí, claro que lo es.”

Habían pasado más de seis meses desde que dos de ellas se bañaron en esa cálida primavera, mirando hacia las estrellas.

“Bien, ahora ¿hay una historia aquí?”  La Recepcionista preguntó tendida en el suelo.

La Sacerdotisa y la Elfa mayor se miraron la una a la otra con exageradas expresiones de pensamiento.

“¿Una historia?  Hmm.”

“¿De qué historia podría estar hablando ella?”

No era precisamente un secreto que se guardarían para ellas, pero un recuerdo lo suficientemente valioso para actuar de manera importante acerca de él.

Las orejas de la Elfa mayor descansaron felizmente.  La Recepcionista les lanzó una mirada sospechosa.  “Tendré que asegurarme de preguntarles a fondo acerca de esto en su próxima entrevista.”

“Hey, eso es abuso de autoridad, ¿o no?”

La Recepcionista había lidiado con bastante gente como la Elfa mayor para dejar que su pequeño insulto molestara su máscara. “¡Que trágico, servir tan lealmente y aun así tener aventureros que guardan secretos de mí!”

Siendo dos mil años mayor (es el doble de mil), la Elfa mayor tendría que haber tenido una cara de póquer igual, pero en lugar de eso, ella apretó sus dientes en señal de frustración.

“Aww, pero también quiero escucharla,” dijo la Granjera, aplaudiendo.  “¡Quiero escuchar toda clase de cosas de la vida fuera del pueblo!”

“Huh.  En ese caso… esto fue antes de que conociera a Orcbolg…”

Y así la interjección de la Granjera se volvió el pretexto para una historia de aventura.

Desde la esquina de su ojo, Goblin Slayer pudo ver a las mujeres platicando amablemente.  Las orejas de la Elfa mayor se movieron y ella gesticulaba frecuentemente; la Granjera escuchó con una sonrisa.  La Recepcionista susurró acerca de los secretos del gremio, y los ojos de la Sacerdotisa se abrieron.

Goblin Slayer juntó los diez o más afilados palos que había preparado, poniendo sus instrumentos de carpintería de vuelta en su cinturón.

“Cuando la esclusa se abra conduciré en tu lugar.”

“Muy bien,” respondió el Sacerdote lagarto, golpeando con su cola, el zarandeo resultante provocó los gritos de las mujeres.

Cuando la esclusa finalmente se abrió, la balsa fluyó con el agua hacia un valle.

“W-wow…”

¿Cuántas lunas habrá tomado cavar una pieza de terreno como esta? El río mismo era una cicatriz dejada por el tiempo.  La presa era casi como una gigante tabla de roca, ahora en varias capas.  La montaña debió haber existido desde la era de los dioses, y el río debe haber estado abriéndose paso en este lugar por el mismo tiempo.

Las rocas eran tan largas para bloquear el sol algunas veces, creando sombras detrás de ellas; junto a ellas, el rugido del río y el soplar del viento podían ser escuchados.

Esto lo explicaba.  Esto era el porqué la aldea de los elfos era a veces llamada una tierra aparte, “El país de las sombras.”  No se sentía como parte del reino de los mortales.

“¡Esto es increíble…!” exclamó la Granjera, mirando hacia las masivas piedras mientras la balsa ondeaba en su camino a través de ellas.  Todos entendieron como ella se sentía.  Habían muchas cosas en este mundo que estaban más allá de cualquiera de sus fantasías.

“Mi hogar está justo atravesando este lugar,” dijo la Elfa mayor, parándose en la balsa sin un aparente sentido del peligro e inflando su plano pecho.  “¿Qué tal?  Incluso los enanos nunca podrían construir algo como esto.”

“Tienes razón, orejas largas, no buscamos competir con el trabajo de los dioses. La maestría del martillo y el cincel es nuestra meta.”  El acarició su barba y añadió con una sonrisa, “y adivino que los elfos no construyeron esto tampoco.”

“¡Hrrrmn!”  Las orejas de la Elfa mayor se movieron hacia atrás, y ella se encendió hacia el enano, como siempre.

Todos a su alrededor estaban muy acostumbrados a esto y ninguno los dejó distraerlos del escenario.  La Sacerdotisa hizo una variedad de sonidos inarticulados, parpadeando rápidamente.   “Esto es asombroso…”

“Leí acerca de esto en la papelería del gremio, pero verlo de primera mano es realmente algo,” dijo la Recepcionista.

“No es broma.”  Asintió la Granjera.  “Te roba el aliento huh.  Hey…”

¿Qué piensas?  Estaba a punto de decir, pero las palabras nunca dejaron sus labios.

Cuando se volteó para preguntar, ella lo encontró parado en la parte trasera de la balsa, mirando más allá de los bordes del valle.

“¿Cómo se ve?”  Peguntó suavemente Goblin Slayer, con su mano en el timón.

El Sacerdote lagarto, consideró, haciendo un extraño gesto con las palmas juntas, escanear el área constantemente.

“Hmm. Arriba o abajo, tal vez.”

“Estoy de acuerdo.”

“Este no es el océano.   En un río no vamos a encontrar un kraken.”

“Kraken,” repitió Goblin Slayer.  “¿Qué es eso?”

Los ojos del Sacerdote lagarto rodaron en su cabeza.  “Seguramente no, podría adivinar arriba.”

“Entendido.”

Este era un lado de él que ella nunca había visto.  Se veía como siempre, y de alguna forma diferente.  La Granjera puso una mano en su generoso pecho para calmar su corazón.

“Ah-“

Tragó algo de saliva.  Pero justo cuando ella estaba tratando nuevamente de decir algo, la voz clara de la Elfa mayor le cortó el camino.

“¡Esperen!”

La ranger ya tenía una flecha en su arco.  Los aventureros se miraron el uno al otro y entonces saltaron a la acción.

La Sacerdotisa agarró su bastón firmemente, mientras el Chamán enano empezaba a buscar en su bolsa de catalizadores.  El Sacerdote lagarto tomó un colmillo de dragón en su mano, y Goblin Slayer con una mano aun en el timón bajó sus caderas.

“Pienso que mejor deberíamos bajar la vela.  Denme una mano,” dijo el Chamán enano, mirando hacia el sol.

“Oh, sí, voy para allá…” dijo la Sacerdotisa, corriendo hacia él.

Goblin Slayer trabajando diligentemente el palo miró hacia las dos mujeres.  “Bajen y cubran sus cabezas con cualquier ropa.”  Su voz era afilada.

Oh, uh, c-claro, seguro…”  La Granjera asintió rápidamente.  Ella desvalijó sus pertenencias, sacando un trapo.

“¡Por aquí, rápido!”  La Recepcionista se veía igualmente nerviosa con su propia ropa.

Las dos se acurrucaron juntas debajo de sus cubiertas, tratando de hacerse lo más pequeñas posible.  Cada una pensó que podía sentir a la otra temblando, pero tal vez era ella misma.

No lo sabían.  Esa ignorancia era su compañía mientras ellas se sentaron apretando sus manos.

El Sacerdote lagarto se paró encima de ellas para protegerlas.

“¿…Desde la orilla?” preguntó.

“Probablemente,” respondió la Elfa mayor. “Algo viene.  ¡M…muchos algos!”  Ella jaló hacia atrás la cuerda del arco, sus orejas trabajaron rápido de arriba hacia abajo para atrapar cualquier sonido.

Un instante después, vinieron lobos aullando y una granizada de piedras llovió en el valle.

“¡Oh madre tierra que rebosas de piedad, por el poder de la tierra concédele seguridad a aquellos que son débiles!”

Primero, la Sacerdotisa invocó un milagro, pegada a su bastón.

¿Cómo podría la madre tierra fallar en proteger a su devota discípula?  Una barrera invisible se extendió alrededor de la balsa.  Las piedras y palos rebotaron contra esta, bump, bump, bump, haciendo pequeños chapoteos mientras caían al agua.

El sudor corría desde las cejas de la Sacerdotisa.  “S-si no se pone peor, tal vez podamos…”

Tan temprano como el murmullo se le escapó, el silbante sonido de una flecha agitó su corazón.  Lo que sea que estuviera en las orillas, era claramente algo inteligente.

Figuras se aproximaron a la orilla. La Elfa mayor se arrodilló con su arco listo y su mirada endurecida.

Aullidos animalísticos, gemidos.  El sonido de pies, no cascos.  Sus largas orejas se movieron de arriba hacia abajo, recolectando cualquier sonido.

Ella había visto a estos enemigos antes.  Conocía el sonido.  Se había enfrentado a ellos en el pasado.  Estos eran…

“¡¿Goblins…?!”

Jinetes goblins.

Ella gritó cuando vislumbró sus crueles rostros.

“¡Pensé que supuestamente estábamos en tu tierra natal!” gritó el Chamán enano.

“¡Bueno, perdón!”

“Entonces eran goblins,” dijo calmadamente Goblin Slayer, arrojándole el palo al Sacerdote lagarto.  “Toma el timón.”

“¡Entendido!”

Con su fuerza, el Sacerdote lagarto sería capaz de empujar la balsa un poco.  No parecían haber batallas cuerpo a cuerpo para el de cualquier forma.

El Sacerdote lagarto apostó el palo en el fondo del rio, y la balsa fue empujada hacia adelante, también se quejó.

“¡Apestosos hijos de –¡“  La Elfa mayor acomodó su arco suavemente a pesar del movimiento de la bote, disparando una flecha casi instantáneamente.  Pasó a través de la barrera divina alrededor de ellos, se ralentizó y después cayó sobre la orilla

“¡¿GORRB?!”

Se oyó un agonizante grito de uno de los goblins mientras era tumbado de su caballo -o su lobo- y caía al suelo.  El cadáver rebotó dos veces, colisionando con el bote y poniéndola a temblar.

“¡¿Eeek?!” 

“¡Eep…!”  La Recepcionista y la Granjera pelearon para suprimir sus gritos debajo de la manta.

No era suficiente que el silencioso cadáver tuviera una flecha clavada; su cabeza estaba partida y abierta expulsando sangra negra.  No importa cuantas historias de aventuras uno pudiera escuchar o leer, ver una muerte tan brutal de cerca era algo diferente.

“¿Qué está mal?”  pregunta Goblin Slayer.  Sacó la flecha del cadáver y les dio a los restos una cruda patada, aventándolos hacia el río.  Hubo un ruidoso chapoteo y el cadáver se hundió fuera de su vista.

La Granjera lo vio desaparecer.  Entonces, con su mano firmemente posada en la Recepcionista, ella dijo con una ligera y aguda voz, “e-estamos bien…”

“Está bien.”  Goblin Slayer las miró brevemente y entonces arrojó la fecha a la Elfa mayor.  “No sé si podremos acabar con ellos.  Están aflojando las cabezas de tus flechas.”

“Astuto como siempre,” dijo con cansancio la Elfa mayor, tirando de la cabeza de la flecha que él le arrojó.  Incluso si la cabeza no estaba hecha de metal, si se quedaba alojada en el cuerpo, fomentaría a la herida a echar raíces y esparcir enfermedades en el nido.  Era un truco clásico de Goblin Slayer, pero la clase de cosa a la que la Elfa mayor no era muy aficionada.

“¡…Yah! ¡hah!”

Incluso así la cuerda de su arco cantó una y otra vez, mandando a llover flechas hacia la orilla del río.  Tres disparos, dos gritos.  Sin caídas.  La Elfa mayor chasqueó la lengua.  Detrás de ella, Goblin Slayer tomó una de las lanzas y ató un objeto de piedra al palo de madera.

El Sacerdote lagarto dejó salir un suspiro de admiración.  “Un lanzador de lanzas,” dijo.  “Que cosa tan familiar tienes ahí”

“¿Lo conoces?”

“Es algo bastante común entre los guerreros de mi aldea.”

La gente lagarto apreciaba el combate cuerpo a cuerpo por, sobre todo; encontraban incluso una simple arma de largo alcance desagradable.  Y arrojar, de todas formas, era algo en lo que los humanos destacaban.  Las hondas de los Rhea no eran algo para meter las narices, tampoco, pero los rheas generalmente no gustaban de combatir.  Y sí, el Chamán enano usaba un honda, pero su magia y su hacha eran sus principales armas.

“¿Alcanzarán?”  Preguntó el Chamán enano.

“Fácilmente,” respondió Goblin Slayer, con solo una palabra.

“¡Bien…!”  El Chamán enano sacó una botella con alguna especie de líquido de su bolsa.  La destapó y vertió algo parecido a jugo de pera en el río.  Mientras tanto dejó que su conciencia girara.

¡Vengan, undinas, el banquete está puesto; vengan y canten, bailen y jueguen!”

Un rocío de agua tomó la forma de una hermosa doncella y el río empezó a fluir hacia atrás.

No… no todo el río.  Solo el agua donde estaba la balsa había empezado a cambiar.  Esto era Control de Espíritu.

“¡Tal vez no pueda ver cara a cara con esta!” gritó el Chamán enano, mirando al agua.  “No puedo obtener mucha velocidad de este.”

“Es suficiente,” dijo Goblin Slayer, y entonces envió una de sus lanzas a volar.

Pasó a través del cielo con una velocidad antinatural.  Esta fue seguida por un terrible grito, – no de un goblin, sino de uno de los lobos que estaban montando.

“Tenemos poco menos que suerte para ayudarnos aquí,” Goblin Slayer preparó la siguiente lanza.  “No sé cuantos goblins haya.  No podremos matarlos a todos.”

“Si me permite decirlo, tenemos una opción,” dijo el Sacerdote lagarto.  Él estaba manejando el timón y haciendo guardia para la Granjera y la Recepcionista.  “Señor Goblin Slayer, podríamos considerar escapar del enemigo en vez de masacrarlo.” “No me gusta.  Pero…”  Goblin Slayer cargó el siguiente proyectil en su lanzadora y lo mandó volando hacia la orilla del río con un movimiento de su brazo.  Desapareció de la vista y un momento después hubo un grito.

“¡¿GOORARB…?!”

El goblin fue tumbado de la espalda de su lobo, y calló de una colina.  El cuerpo se giró mientras golpeó el agua con un gran chapoteo.

“…Tendremos que resolver esto después de escapar.”  Con ese eran dos.  Goblin Slayer tomó la siguiente lanza.  “¿Cómo está nuestra defensa?”

“Aguantando… ¡de alguna manera!” respondió la Sacerdotisa, alzando su bastón y manteniéndose tan valiente como podría encima de una balsa. Toda la defensa de su grupo descansaba en ella, en sus delicados hombros.  Los dioses la proveyeron con el milagro de una barrera invisible, pero eran las oraciones las que la mantenían.

Los ataques vinieron implacablemente, mientras lo hacían, su respiración fue volviéndose más difícil y sus piernas amenazaban con rendirse.  Fue realmente impresionante que ella pudiera realizar tres de estas súplicas que agotaban el alma en un mismo día. 

“¡Uhh…!”

Incluso así, ella se estaba acercando al límite. La barrera se debilitó mientras se le escapaba un jadeo.  Ella tomó un respiro de manera dificultosa y se forzó a sí misma a controlar su respiración.  Forzó sus piernas a sostenerla fuertemente dentro de la balsa y a sus manos a agarrarse al bastón.

“¡Voy a agregar una más…! ¡Denme algo de tiempo!”

“Por favor hazlo.” Goblin Slayer alzó su escudo para bloquear una piedra que se dirigía hacia ellos a través de la barrera.

Ramas, piedras, rocas e incluso algunas flechas. La variada colección de proyectiles golpeo la balsa, causando que esta derrapara de un lado a otro.

“¡Hrm…!” el Sacerdote lagarto dio un empujón con el palo, mandando la balsa ligeramente hacia atrás, pero la corriente era como una ola apresurada que pasaba a través del buque.

“¡¿Qu?! ¡Pfft!

“¡Ah, oh no…!”

El agua mojó la ropa donde la Granjera y la Recepcionista se estaban escondiendo, provocando mas gritos. Ellas estaban en peligro de ser inundadas y sacadas del lugar que las protegía, pero ellas se aferraron la una a la otra y aguantaron.

La Recepcionista le hizo una seña a Goblin Slayer, quien volteo en su dirección, entonces ella parpadeo varias veces. De repente, hubo un considerable monto de desechos -ramas, guijarros y otros restos de barcos- en la balsa. ¿Los goblins arrojaron todo esto? No, no podía ser.

Una mirada al agua alrededor de ellos reveló una gran cantidad de residuos y pedazos de madera flotando en el agua, inclusive habían barriles enteros flotando.

“¡Hrrgh… Ah!”

El Sacerdote lagarto peleo ferozmente para controlar la dirección de la balsa, pero el palo que servía de timón colisionó en contra de un barril, provocando que la balsa se agitara violentamente. Otra ola se estrello contra los aventureros, mojándolos e inundando su buque.

“Oh…”

Fue entonces cuando la Recepcionista vio algo de color blanco brillante: un cráneo humano flotó cerca de ella.

Ella trató de tomarlo con una mano temblorosa, pero cuando se acercó, el cráneo fue arrastrado hacia abajo y desapareció.

Ella lo vio desaparecer en silencio. Pronto, fue remplazado en su vista por varias pilas de basura flotante, unidas con cuerdas.

“Esto p-podría ser malo,” dijo, con estremecimiento en su voz. “¡Creo que ellos quieren hundir la balsa!”

Las terribles carcajadas de los goblins llenaron el valle, haciendo un eco de locura.

“¡GRRROB! ¡GOORRB!”

“¡¡GROBR!! ¡¡GOOORRRB!!”

No había necesidad de que los goblins enfrentaran directamente a los aventureros para matarlos. Podían simplemente volcar su bote, o poner mucho peso sobre el para hundirlo.

Sí, voltear la balsa haría el trabajo. Los goblins podrían apuntar y reírse de los tontos que se ahogaron: si alguien sobrevivía, podrían disfrutar de atacarlo desde las alturas.

Ahora estaba claro lo que les había pasado a las embarcaciones que habían pasado por ahí y nunca habían vuelto.

“¡Gah! ¡Ruidosos y en el camino…! La Elfa mayor barrio con su pierna una de las pilas de escombros, pateando para crear un chorro de agua, pero sin tener mayor efecto que ese.

Los goblins solo tenían que seguir arrojando rocas y escombros desde las alturas.

El Chamán enano, igualmente frustrado, hizo una serie de gestos arcanos. “Voy a tener que usar a mi undina para remover estas cosas de la balsa,” dijo, “¡Así que disipa unos cuantos objetos con tu arco o algo!”

“¡¿O algo?! ¡¿A que te refieres con ‘o algo’?!”

El espléndido espíritu bailo en la balsa. Sus sensuales movimientos barrieron las rocas y los demás escombros, empujándolos al rio.

Para este punto, todos estaban mojados desde la cabeza a los pies, pero la balsa estaba, de alguna manera, estable. Eso no significaba, sin embargo, que podían relajarse. Mucho daño había sido hecho, y los escombros estaban apilados debajo del agua, haciendo muy fácil volcarlo todo.

“…Así que aprendieron de la esclusa,” murmuró Goblin Slayer, disparando una tercera lanza.

Ni siquiera se molestó en ver que había pasado, habría un grito o no lo habría.

Los goblins se escondieron astutamente cerca del borde del acantilado, siguiéndolos en las espaldas de los lobos para mantener su ataque. El rio se abría camino a través de las imponentes torres. No había ningún techo, excepto este…

“Es como si hubiéramos estado navegando hacia su nido,” Dijo Goblin Slayer. El usó una de sus lanzas para romper una flecha que estaba alojada en su escudo.

“Oh madre tierra, que rebosas de piedad…”

Todo esto estaba pasando frente a los ojos de la Sacerdotisa. Sus rodillas temblaron, y no solo por las difíciles plegarias.

Se le hacía difícil respirar. Su lengua parecía tropezar con las palabras que su garganta apenas podía convocar. Su cabeza giró y su visión se volvió confusa. Sus dedos apenas podían moverse; era todo lo que podían hacer para aferrarse a su bastón.

¿Cómo se supone que yo voy…?

¿Cómo se suponía que ella iba a invocar Protección para mantener a todos a salvo? Esa era la única pregunta que ella se hacía. Era la única cosa que ella podía hacer.

¿Qué más podía hacer? ¿Cómo podía sacarlos de este lugar a salvo?

Sus dientes castañearon; ella apretó su mandíbula para detenerlos. Recuerdo tras recuerdo vino hacia ella. Cerró sus ojos para ahuyentarlos.

“Oh…”

En ese momento, una luz resplandeció en su mente como una premonición del cielo.

La Sacerdotisa abrió sus ojos. Sus temblorosos labios formaron una plegaria como si fueran guiados por algo más que no era ella misma. Alzó su bastón.

“¡Oh, madre tierra, que rebosas de piedad, por favor, con tu sagrada mano, límpianos de nuestra corrupción!”

Los dioses fueron grandes.

La madre tierra la alcanzó desde los cielos, su mano limpio toda el agua y la dejo reluciente.

En cualquier lugar que la luz tocaba, el agua corría limpia, toda la suciedad en ella desapareció. Además, las grandes cosas sucias en el rio fueron arrastradas y desvanecidas.

“¡… Wow!” La Elfa mayor parpadeo, sus orejas temblaron. Estaba justamente impresionada de ver los efectos del milagro Purificación con sus propios ojos. “¿Tu realmente tienes tus momentos, huh?”

“Yo no. La madre tierra los tiene… aunque ella puede ser un poco severa.” La Sacerdotisa gimió, la tensión de conectarse directamente con lo divino le dio un terrible dolor de cabeza. “Por favor… ¡Hazlo ahora!”

“¡¿GRR!?”

“¡¿GOORB!?”

Los goblins estaban naturalmente agitados por este giro de los acontecimientos. La trampa que habían puesto cuidadosamente había sido desecha por algo que ni siquiera comprendían.

Las feas voces hicieron eco mientras la confusión se extendía sobre ellos.

No era propio de Goblin Slayer el dejar pasar tal oportunidad.

Un goblin se había tumbado en el suelo para tener una mejor vita del rio; una lanza lo perforó desde su boca hasta la parte trasera de su cabeza. El cayó dentro del agua salpicando una gran cantidad del líquido mezclado con su sangre – y entonces su cuerpo se desvaneció gracias a la madre tierra.

“Eventualmente, teníamos que encontrar y destruir su nido,” dijo Goblin Slayer. “Tu turno.”

“¡Encantado!” incluso cuando estaba empujando la balsa con el palo y la corriente de la undina, el Sacerdote lagarto abrió su boca ampliamente. Lleno sus pulmones con un gran aliento, el aliento del dragón que reinaba sobre todas las cosas. “¡Bao Long, honorable ancestro, gobernante cretáceo, pido prestado el terror de ti!”

El Aliento de Dragón hizo eco a través del valle.

Los goblins no eran los únicos aterrados de los dragones; todos los seres vivientes les temían.

“¡¿GOORBGROB?!”

“¡¡GRORB!!”

Los balbuceos de los goblins se mezclaron con los aterrorizados aullidos de los lobos.  Los jinetes goblins, aun eran goblins.  Ni siquiera eran jinetes especialmente galardonados.

Intentaron y fallaron en calmar a sus monturas; los lobos literalmente huyeron con la cola entre las patas.  Algunos de los goblins fueron arrojados al suelo; otros se agarraron desesperadamente a sus veloces animales.  Todos ellos se batieron en una lamentable retirada.

Los aventureros continuaron observando la orilla del río por unos cuantos minutos.  Por encima del sonido de la corriente, usaron el palo para mantener el bote en movimiento.

Al menos una hora pasó, después dos, y después más, el viento que soplaba a través del valle se fue haciendo más cálido. Estaban flotando hacia una gran y obscura madera, un bosque de viejos árboles que había estado por miles, o, tal vez, decenas de miles de años.

La Sacerdotisa agarró con fuerza su bastón, rogándole a la madre tierra que aliviara su ansiedad.

Estaban cerca de la salida del valle.  Eso significaba que pronto estarían en el reino de los elfos.

Los petardos bailaron en el cielo con series de ruidos, dejando pequeños rastros de luz detrás.  El cielo estaba algo rojo ahora que había sido agarrado de la cola de un salamander.

No había pasado mucho tiempo desde que habían sido perseguidos por los goblins y dejado el valle.  El sol había pasado su cenit varias horas atrás y se estaba hundiendo en el oeste, asentándose detrás de los árboles.

Los aventureros entraron al gran bosque, amarrando el bote en el embarcadero, a la orilla del río, en el lugar indicado por la Elfa mayor.  Ella dijo que la aldea todavía estaba algo lejos.  En ese caso, concluyeron que descansar en la noche sería mejor que una marcha forzada.

“Estaba segura que no usaríamos esto tan pronto…”

“Si hubiéramos sabido que nos íbamos a mojar ¡nos lo habríamos puesto desde el principio!”

“Heh-heh.  No habríamos tenido una oportunidad de usarlos de otra manera.  Oh, ¿sabes cómo ponértelo?”

“Oh sí, estoy bien.  La única cosa que no entiendo es por qué se molestan en usar uno. ¿cómo este, verdad?”

Una cuerda había sido atada entre algunos árboles y unas toallas estaban colgadas de esta.  Desde el otro lado, las mujeres podían ser escuchadas teniendo una animada conversación.  Había cuatro de ellas, después de todo; estaba destinado a ponerse algo ruidoso.

Después de unos cuantos minutos las toallas fueron jaladas desde adentro.  Cuatro mujeres vestidas con trajes de baño aparecieron como una visión.

“Simplemente no entiendo por qué se ponen ropa específicamente para mojarse.  ¿No podemos ir simplemente sin ella?”

La Elfa mayor se veía bastante incómoda, jugando con su cabello en un gesto poco característico de vergüenza.

“¿Por qué preocuparse?”  El Sacerdote lagarto respondió prontamente.  Había parado de trabajar para girar sus ojos y abrió su boca de manera importante.  “Admito que no tengo mucha apreciación por la piel sin escamas, pero mi juicio es que esta ropa al parecer si te conviene”.

“¿Eso crees?”  Bueno, está bien entonces.  La Elfa mayor asintió ligeramente como si ya aceptara la situación.

El Chamán enano miró como si estuviera a punto de soltar uno de sus comentarios sarcásticos, pero se convirtió más en un estornudo y se calló la boca.  Tal vez se dio cuenta de que no había necesidad de molestar el ánimo de la elfa cuando iban a ir a su casa.

“… Supongo que nuestras opiniones de como se ven orejas largas y las chicas están bien establecidas para este punto.”

“Eso creo.  Honestamente estoy un poco celosa…”  La Recepcionista puso una mano en su mejilla, aunque ella no tenía una razón para estar avergonzada.

Por supuesto, ella venía de una parte de la sociedad donde a la gente se le enseñaba a no mostrar mucha piel.  No sería tan cierto decir que ella no estaba avergonzada, pero era lo que era.  El trabajo que ella hacía no podía ser subestimado.  No estaba especialmente asustada de ser vista así -lo que lo hizo un tanto diferente de la Sacerdotisa, quien se estaba escondiendo detrás de ella.

“Oh… Ohhh…”

La cara de la chica del clero se torno de color rojo brillante, y estaba tratando de hacerse lo más pequeña posible.  Estaba muy avergonzada de su pequeño y joven cuerpo.  Lo que estaba usando ahora no era muy diferente de la vestimenta que había llevado para el baile del festival de la cosecha, pero tener a otras a su lado para hacer una comparación inmediata no era sencillo.  Al menos la Bruja, a quien discretamente (o eso pensaba) admiraba y con quien ciertamente no se podía comparar, no estaba presente.  Ella deseaba poder ser como esa hechicera algún día, pero eso solo era una señal de que tan lejos tendría que ir.

“Oh, estás bien,” dijo la Granjera mientras se reía y golpeaba suavemente el hombro de la Sacerdotisa.  La Granjera pensaba en ella como una hermanita y encontró su delgado y sinuoso cuerpo, algo adorable.  También sintió que ella misma se había vuelto un poco musculosa por todo el trabajo que hacía en la granja.  Ella giró sus caderas en busca de una mirada, con una expresión de duda en el rostro.  “¿Lo suficientemente bien… tal vez?” 

“Esa no es una pregunta que pueda responder,” dijo Goblin Slayer.  Había tomado cuatro de los palos afilados que había hecho antes y los puso en el suelo formando un cuadro.  Su casco estaba apuntando hacia el grupo de mujeres; él no era tan grosero para fallar en darles incluso una mirada.  Aun así, su apreciación podía o no hacerlas muy felices… “pero personalmente, creo que se ve bastante bien en ti.”

Sheesh.  La Granjera suspiró.  De alguna manera ella sabía que después de una rápida mirada, el volvería inmediatamente a mirar hacia otro lado.

Sus mejillas se suavizaron en una sonrisa.  Esa era su manera habitual de comportarse.

“Creo que podrías empezar a aprender un poco más acerca de los sentimientos de las chicas.”

“¿Es así?”

La Recepcionista se rió detrás de ella.  “Creo que nuestro querido Goblin Slayer está bien en la forma que es.”  Sí, ella podría desear que fuera un poco más atento, pero había algo acerca de él, siendo el mismo, que hacía su corazón bailar.

El piensa que se nos ve bien. Personalmente.

La breve oración era tan buena como un soneto para él.

“Estaría… avergonzada si alguien me mirara tanto tiempo…”

Así que esto es mejor para mí.  La Sacerdotisa trataba de hacerse aun más pequeña.  Sus mejillas se pusieron rojas y no era solo por el ocaso.

La Elfa mayor se inclinó hacia adelante, como si esperara que la Sacerdotisa se relajara un poco.  “Entonces solo tengo que sumergirme en el río y espantar algunos peces, ¿verdad?”.

“Sí.”

“Aunque, no me los comeré,” dijo mirando a su alrededor.  “Pero, no hay opción”.  Se veía casi enojada, pero sus orejas revoloteaban felizmente, y corrió al agua pateando pequeñas salpicaduras.

El Sacerdote lagarto miraba a las chicas platicar y jugar a la orilla del río desde el rabillo del ojo.  Asintió solemnemente.  “Tal vez estas hojas te sirvan para el propósito”.   La gran cantidad de hojas que cargaba crujieron mientras el las sacudía.  Sacó su larga lengua y con ella se tocó la punta de la nariz.  “Me disculpo por no traer más pero pronto va a obscurecer”.

“Lo sé”, dijo Goblin Slayer parándose.  “Acomodemos los travesaños entonces”.

Era un trabajo sencillo.  Solo necesitaban poner travesaños arriba y abajo, ocho en total, a los palos de madera que Goblin Slayer había puesto en el suelo.  Después algunos palos serían puestos en el nivel bajo para hacer un piso tosco, mientras que hojas serían esparcidas en la parte de arriba para servir de techo.  Un simple y buen refugio.

Considerando la presencia de serpientes venenosas e insectos en el bosque, sería tonto poner un techo para después dormir en el suelo.

Construyeron dos refugios: uno para los hombres y uno para las mujeres.  Normalmente, solo eran cinco personas, pero hoy eran tres hombres y cuatro mujeres.

“Dios mío”, dijo el Chamán enano, apartando la vista de su trabajo en curso para ver a las chicas en el agua.  Su deber era hacer el fuego: no era lo suficientemente alto para otra cosa.  Los enanos no tenían rival en el manejo del fuego, pero como guardián de espíritus, no era su punto fuerte.  El Chamán enano rápidamente se rindió en tratar de hacer una chispa y en su lugar sacó una piedra plana de su bolsa.

Flama bailarina, gloria del salamander.  Concédenos una parte de lo mismo”.

Él presionó la piedra entre sus manos y conjuró Encender, produciendo una piedra de fuego.  Arrojó la piedra brillante de mano en mano (“¡caliente, caliente!”) y la rodeo con otras piedras, serviría en lugar del fuego.

El brillo de esta hoguera improvisada resplandeció en el grupo.  En ese momento, sería usado para secar su ropa empapada, pero sin duda los vestidos serían pronto reemplazados por peces.

“¿No crees que es un poco… incauto, dejar a las chicas jugar así?”

“Mantendré la guardia suficiente por todos nosotros.”  Goblin Slayer había terminado de hacer el piso y estaba comenzando con el siguiente paso.  “Y quiero darles una oportunidad de relajarse”.  Mientras ponía palos hacia arriba en la tierra, su casco se inclinó de vez en cuando hacia la Granjera y la Recepcionista.

Después volteó hacia la Elfa mayor, quien había arrastrado a la Sacerdotisa para ayudarla en su cacería de peces.

“Tal vez es porque esta es su tierra natal”, gruñó suavemente.

“¡Ho-ho! No ha tenido tiempo de mostrar este lado antes.  Ah, ¡espera! Mi habilidad no es igual a la tuya”.  El Sacerdote lagarto se rió, mostrando sus colmillos, cubriendo de hojas las vigas de madera tan pronto como estaban arriba.  “¿Pero por qué señor Goblin Slayer, muestras la compasión de Maiasaura?”

“¿…A qué te refieres?”

“A que eres una persona más considerada de lo que tu apariencia sugiere”.

“¿Es eso tan impresionante?”  Goblin Slayer dejó salir un suspiro.  “¿Soy tan impresionante?”

 Lo llamaría más como una cualidad más valiosa que el mithril”, dijo el Chamán enano, arrojando un pequeño palo al fuego.  El salamander bailarín abrió sus mandíbulas para morder el palo y, con un crujido, se volvió más caliente.

“Solo mira a la muchacha de las orejas largas,” siguió el Chamán enano. Señaló al rio con una rama. La Elfa mayor estaba ahí, metiendo ambas manos al agua para atrapar a un pez. Pero falló y en su lugar, salpico a la Sacerdotisa.

Eso causó que la Granjera reventara de la risa, después de lo cual la Recepcionista la salpicó también.

Tal vez la Elfa mayor se había cansado de la poco fructífera cacería de peces, o tal vez solo decido olvidarla, pero en cualquier caso, ella arrastro a la Sacerdotisa en esto…

“No creo que ella se vea a si misma como un alto elfo en lo absoluto.” El Chaman enano se rio, su sonrisa fue casi escondida por su barba.

“En cualquier caso, ya estamos en la tierra de los elfos,” dijo el Sacerdote lagarto, dejándose caer al suelo junto al fuego y acariciándose las escamas de sus manos.

Una vez tuvieron un lugar en el cual dormir, todo lo que quedaba era esperar por la cena. Y el amaba ambos, la carne y el pescado.

“No creo que esos pequeños demonios nos alcancen aquí.”

“¿No crees?” Goblin Slayer la señal del Sacerdote lagarto, sentándose también. Aplaudió para remover un poco del polvo de sus manos y se quedó en silencio, “Pensé lo mismo.”

“¿… Es verdad?” El Chaman enano se encogió de hombros, con sus ojos medio cerrados, y tomó la jarra de su cadera. La destapó y comenzó a servir la bebida en un vaso. El cual ofreció.

“De todas maneras, empecemos con un trago,” dijo. “No lo suficiente para emborracharnos, por supuesto.”

“…”

Goblin Slayer miro silenciosamente desde el trago del Chaman enano, hacia las chicas jugando en el rio

La Granjera lo notó y le dio un gran saludo con la mano. Goblin Slayer asintió.

“Muy bien.”

Poco después de eso, vino un grito de “¡Tenemos algo!” y la compañía fue capaz de proceder a la cena. Tal vez indispuesta a ser dejada atrás, la Elfa mayor ayudó a atrapar siete diferentes peces. El Chaman enano bufó suavemente, pero ensartó y asó la captura sin quejarse.

Los siete (incluyendo a las chicas) se sentaron en un circulo alrededor de la fogata y esperaron a que los peces se cocinaran. Aunque habían sido muy tímidas anteriormente, el jugar parece que ayudó a las chicas a relajarse, y ahora estaban sentadas ahí con una simple manta sobre ellas. Sus ropas, que estaban colgando arriba de la fogata, aun no estaban secas, y no se podían poner ninguna de las demás prendas por que su suministro tenia que durar hasta que llegaran a la ciudad.

En lugar de eso, secaron sus cuerpos y limpiaron su empapado cabello, y esperaron ansiosamente la cena.

“Bien, parece que todo el mundo está teniendo un buen momento.” El Chamán enano saco varias botellas pequeñas de su bolsa de catalizadores. Abrió cada una, inhalando para revisar el olor, después esparció pizcas de sus contenidos en la comida.

Cuando todos finalmente pudieron escuchar el crujido de la grasa derritiéndose, el anunció, “Eso debería bastar”,y les dio una brocheta a cada uno.

A pesar de la simplicidad de la comida, un tentador aroma floto del platillo, sin duda fue gracias a las especias del Chamán enano.

La Elfa mayor llevo la comida a su nariz, dándole una plateada experimental, después de lo cual miró al enano, “…Sabes que no puedo comer esto.”

“Queria que te sintieras integrada. Ten paciencia. Si tú no lo comerás, alguien más lo hará.”

“Hmph…” Las orejas de la Elfa mayor cayeron mientras ella miraba los blancos ojos del pez muerto, antes de arrojarlo hacia la Sacerdotisa.

“¡O-oh! No podré comerme dos de estos…”

La Efla mayor sinrio, “¿Que importa? Mañana habrá un festín, deberías practicar el comer, yo comeré unos frijoles secos.”

“… Con más razón debería asegurarme de que mi estómago este vacío para ese entonces.” Le lanzó una mueca a la Elfa mayor.pero la ranger la ignoró. La Sacerdotisa le sopló a su pescado para enfriarlo y comenzó a darle pequeños mordiscos.

La grasa se derritió en su boca con una ligera amargura, entonces un sabor ligeramente salado se extendió por su paladar. “¡Mm!” exclamó, sus mejillas se tornaron en una sonrisa. Entonces, “¿Estamos cerca?”

Uh-huh asintio la Elfa mayor, abriendo los frijoles que había sacado de su equipaje. “Probablemente estamos justo en el borde entre el bosque y la aldea. Es posible que ellos nos encuentren antes de que nosotros los encontremos a ellos.”

“Así que tu hermana mayor sera una mujer casada,” dijo la Granjera, tomando una generosa mordida de su pescado y murmurando,”¡Esto está bueno!” Después dijo en voz alta, “¡Apuesto a que las novias elfas son muy hermosas…!”

“¡Bueno, obviamente!” Dijo riéndose la Elfa mayor al mismo tiempo que inflaba su pecho mientras la Granjera hablada de ella. Extendió sus brazos y dijo: “¡Mi hermana es especialmente hermosa! Ella es un alto elfo después de todo.”

El Chamán enano miró hacia arriba desde su alimento para hacer un conentario, “Eres una evidencia andante de que eso no prueba nada.” Pero con su actitud actual la Elfa mayor fue capaz de ignorar incluso este pequeño insulto hacia ella.

“Ho-ho-ho, espero que ellos estén dispuestos a acoger a un hombre lagarto,” dijo al Sacerdote lagarto. El había tomado un pedazo de queso de su equipaje y lo estaba partiendo con sus garras. Ensartó dichos pedazos en su brocheta para cocinarlos en el fuego. Sus escamosas manos diseñaron cuando las frotó en señal de anticipación a que su queso se derritiera.

“Realmente te gusta el queso, ¿verdad?” dijo la Recepcionista mientras lo veía. Ella estaba mordiendo delicadamente su propio pescado. “Pareció como si fueras algo así como un coordinador en la anterior batalla. Al menos desde lo que pude oír…”

“La administración tiene su propio juicio.”

“Ahórrame los detalles. Son todo un problema.”

Tantas cosas en que pensar. La Recepcionista sonrió ambiguamente; sin duda tenía más que suficientes preocupaciones de sí misma.

De hecho, ni los aventureros, ni los empleados del gremio, sabían mucho acerca del trabajo diario del otro. Había muy pocas oportunidades de experimentar el peligro de una aventura o la brutalidad de un trabajo de escritorio.

“He tenido unas experiencias bastante informativas a lo largo de este viaje. Incluso si fueron un poco aterradoras.”

Perdón. Parecía decir la Elfa mayor, sus orejas cayeron nuevamente. “Cuando lleguemos a la aldea, me asegurare de que alguien escuche lo que tengo que decir. ‘¿Qué están haciendo sus guardias?’ o algo asi les diré.”

“Tendré que asegurarme de saludar a tu hermana apropiadamente,” dijo la Recepcionista. “Necesito hacerle saber lo mucho que aprecio todo lo que haces por nosotros.”

La Elfa mayor se rascó la mejilla, avergonzada. “Decirle ese tipo de cosas a mi hermana es bonito y esta bien. Pero con mi hermano…”

“¿Tienes un hermano?” pregunto Goblin Slayer con voz baja, apretando pedazos de pez en su visera.

Bueno, quise decir primo. Respondió rápidamente la Elfa mayor, con su dedo índice dibujando círculos en el aire. “No puedo recordar muy bien como lo llamaban los humanos. ¿Un futuro cuñado?”

“¿Quieres decir el novio?”

“Sí, el,” dijo ella asintiendo. Ella metió mas comida en su boca y miró al cielo. Ya casi estaba negro, con un popurrí de estrellas siendo visibles a través de las hojas de los árboles. Con un ritmo parecido a la música, la Elfa mayor explico que los elfos le llamaban a esto la ‘puerta de lluvia’.

“Mi primo,” dijo, “ha estado loco por mi hermana por años, ¡Actuando a lo grande sobre eso!”

“¡Bueno, el orgullo es algo que ciertamente todos relacionan con los elfos!”

“¡Exactamente!” Respondió la Elfa mayor. “El es un verdadero elfo.”

“Pero se van a casar…” dijo la Sacerdotisa, poniendo un dedo en su barbilla de manera pensativa. Entonces sonrió cuando la respuesta llego a ella. “¡Tu hermana debe haber notado que el en realidad se preocupa por ella!”

“El no era exactamente sutil acerca de ello. No es que sepa que ve ella en él. Parece como un montón de problemas para mí.” Entonces vino esa risa tintineante. La Elfa mayor abrazo sus rodillas. “¿Saben que hacen los elfos cuando quieren llamar la atención de alguien? Les cantan.” Su voz se hizo un murmullo, como si estuviera revelando un secreto, y cargara con un indicio de travesura. “El fue por toda la ciudad cantando esta épica balada sobre su destreza marcial, hasta que fue golpeado.”

“Ah. ¿Unos bandidos lo agarraron?” preguntó el Sacerdote lagarto con regocijo.

“No – ¡mi hermana lo hizo!”

Todo el grupo se echó a reír.

La Efla mayor compartió historias de tiempo pasados una tras otra, historias que no se podían decir en la recepción de una boda. Como la vez en la que su primo intento atrapar a un ciervo como regalo y falló. O la vez que el se resfrió y su hermana estaba tan preocupada por el que no podía dormir y al final ella también agarro un resfriado. También estaba la ocasión en la que su hermana había quemado unos dulces horneados (un error poco característico de ella) y él se los comió todos con una cara seria.

Estaba el hecho de que todo lo que la Elfa mayor sabia sobre hierbas, futas y demás fue gracias a su hermana, mientras que su primo le enseñó arquería y como cruzar un campo en un apuro.

O cuando dijo que quería dejar la aldea, su hermana se opuso, pero su primo la apoyó…

Ella había estado dos mil años en estos bosques. Había tantos recuerdos dispersos a lo largo de esos inmutables y eternos días.

En medio de este flujo de historias, Goblin Slayer dijo, “Así que este es tu hogar.”

“Es verdad.”

“Está bien.”

“Bueno-” los ojos de la Elfa mayor se estrecharon como los de un gato sonriente. “Es donde mi corazón esta.”

Goblin Slayer asintió. La Granjera parpadeo hacia el por un momento.

Entonces el dijo, “Y hay goblins cerca de él.”

El tono de rabia en su voz era inconfundible.