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En el tocador del baño de cierta estación—

Mimi Mineyama se encontraba frente al espejo y acababa de atar su largo cabello en una sola coleta.

Su reflejo sin maquillaje en el espejo, la miraba con una expresión lúgubre.

Bajo sus ojos afilados, había zonas oscuras imposibles de ocultar.

—………

Sin embargo, lo que estaba mirando ella no era su reflejo en el espejo. Su mente estaba dirigida en una dirección completamente diferente. 

(Me pregunto a dónde se fue…)

Mimi permaneció frente al espejo durante un rato hasta que la mujer que se estaba arreglando el maquillaje junto a ella fue reemplazada por otras dos mujeres.

Desde que Mimi comenzó a buscar a Ouka haciendo uso de sus días de descanso, hoy es la cuarta ocasión en que la busca.

Tenía sus propias pistas al venir en su búsqueda, pero aún no daba con su paradero.

—Hay demasiadas personas……

Se quejó mientras dejaba escapar un suspiro, en medio de su caminata por las calles.

La ciudad no era de su mayor agrado.

Había mucha gente yendo y viniendo en la estación, pero había mucha más gente fuera de esta.

Había visto mucha gente reunida en el salón de actos cuando había competiciones, pero no había punto de comparación con esto. 

La ciudad siempre está atestada de gente, incluso si no es un día especial, Mimi no encajaba para nada con esta.

Aún más, una de las razones por las que también le desagradaba es el hecho de que hubiera muchas personas de comportamiento “ligero”, desde el punto de vista de Mimi.   

Se incomodó bastante al ver flirtear a una pareja el otro día al aire libre, incluso cuando lo hacían en un callejón.  

A pesar de que se sentía apenada con solo ver dos personas caminando de la mano, lo de aquella vez fue demasiado estimulante.

Debido a tal variedad de personas, Mimi realmente esperaba a que Ouka estuviera en algún lugar de esta ciudad.

Si se fuera a esconder, lo haría en una ciudad, donde hay mucha gente, que en el campo donde hay poca—

Suponiendo el caso de que ella misma se escapara de casa, haría lo mismo. Incluso si la ciudad no es de su agrado.

Sin embargo, el hecho de buscar entre toda esta gente a una única persona de la que no sabía siquiera dónde podría estar, también la hizo desconcertarse de lo insensata que era. Era como buscar polvo de oro en el desierto. 

No obstante, Mimi no podía dejar de moverse.

¡Mimi-san!

La Ouka de su memoria le sonreía de manera inocente.

Quería encontrarse ese rostro sonriente una vez más—

Eso era todo lo que estaba en la mente de Mimi en este momento.

Mimi empezó a practicar kendo cuando estaba en los primeros años de la escuela primaria.

Comenzó cuando fue atraída fuertemente por la imagen de una chica de los grados mayores de la escuela primaria que iba de camino a las clases de kendo vistiendo un hakama. 

No lo comprendía del todo, pero le parecía tan genial.

Mimi se inició en el aprendizaje por su admiración hacia su estética, pero pronto quedó absorta en el kendo.

El sable de bambú era pesado para la pequeña Mimi, y sus brazos eran también muy lentos, pero aun así era divertido balancear el sable de bambú. 

Un día vio a la pequeña Ouka sentada en un extremo del dojo, ese fue su encuentro con ella.

Los padres de Ouka estaban impartiendo clases, así que al parecer Ouka había venido con ellos.

Cuando llegó la hora de descanso, Ouka se dirigió a Mimi para conversar. Tal vez porque Mimi era la única estudiante mujer en aquel momento. 

La impresión que tuvo Mimi sobre Ouka es que era como una ardilla bebe… por así decirlo.

Exactamente era por la forma en la que se agarraba inocentemente de su mayor Mimi.

Desde entonces Mimi siempre creció junto con Ouka.

Aunque diferían en escuelas, Ouka, que era hija única, admiraba a Mimi como si fuera su hermana mayor.

Fue cuando Ouka estaba en los grados mayores de la escuela primaria que le contó a Mimi que le gustaba el manga. Los compraba con su mesada.

Muchas veces la invitó a su habitación para que fuera a leer manga.

Sin embargo, Mimi no estaba tan interesada en ello.

Para ese entonces, la cabeza de Mimi solo estaba llena de Kendo, incluso eso no ha cambiado aún. 

Aún así, le encantaba como se iluminaba la expresión de Ouka cuando hablaba de manga.

Como Mimi no es muy buena hablando ni expresando sus emociones, el rostro sonriente de Ouka le parecía incluso más deslumbrante. 

Quizás debido al entusiasmo de los padres de Ouka, los estudiantes del dojo siguen obteniendo buenos resultados en sus combates.

Mimi, y Ouka, no eran una excepción.

Sin embargo, cuando Ouka se convirtió en estudiante de secundaria, el número de veces que acudía a los entrenamientos se fue reduciendo.

Entonces, pasado un tiempo, Ouka le dijo tímidamente que estaba dibujando. 

Era un hecho que se estaba tomando enserio lo de querer ser una ilustradora.

Parece que para aquel entonces, fue cuando Ouka empezó a chocar con sus padres. Como es natural, Mimi no sabía los detalles, pero por una razón u otra podía sentirlo en el ambiente.     

En el caso de los padres de Ouka, probablemente querían que su hija de sangre se viera influenciada por el kendo, contando también con el hecho de que tenía el talento para ello. Mimi podía intuir que más o menos esas eran las circunstancias.

Mimi también era consciente del talento de Ouka para el Kendo, por lo que con frecuencia pensaba que lo estaba desperdiciando.  

Pero Mimi no podía decir nada, dado que podía comprender el sentimiento de Ouka de querer hacer lo que le apasionaba. 

Cuando Ouka ingresó al instituto, dejó de asistir a los entrenamientos.

Y entonces Mimi se enteró de que ella se había escapado de casa—

Como gotas, algo frío tocó la nariz de Mimi, haciéndola emerger del mar de pensamientos.

Automáticamente levantó la mirada al cielo.

Antes de que se diera cuenta, las nubes grises se extendieron por todas partes.

—¿Lluvia…?

Inmediatamente después de que lo murmuró y como si respondiera a la voz de Mimi, empezó a llover.

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