“Creo que es tiempo de casarse,” dijo la Elfa Arquera, como si apenas fuera importante para ella. Sus largas orejas dieron un salto mientras ella hablaba.

La luz que se filtró por la ventana trajo consigo el agobiante calor de la tarde.

Ya estaban en verano.

Este no era el clima para irse a una aventura según los estándares de cualquiera. Si no estuviera la necesidad de ganar suficiente dinero para comer, nadie habría estado dispuesto a salir con este calor abrasador.

Estar en la taberna, de todos modos, no era mucho mejor. Varias docenas de personas seguían llevando su equipo, algo que ellos se sintieron obligados a hacer dado su estatus como aventureros. El calor que todos desprendían era sofocante, lo suficientemente caliente como para no tener nada que pedirle a la luz del sol.

La persistente humedad había dejado los tragos tibios; la gente tomaba pequeños tragos para hacer que duraran. Nadie que estuviera realmente cuerdo tenía algún interés en moverse.

Fue ahí cuando una aventurera irrumpió en el lugar, con sudor goteando de su frente y una bolsa en su brazo.

“¡Hola a todos! ¡Entrega postal!”

Esto no era particularmente inusual. La entrega de cartas urgentes era una forma común de contratar aventureros. Desde su lugar en el escritorio frontal, la Recepcionista señalo a varios de los que estaban en la taberna, quienes fueron corriendo.

Cada carta tenía escritas sus propias noticias.

“¡Ugh! Están anulando mi hipoteca… ¡Denme un descanso!”

“Eso es porque te endeudaste para comprar tu equipo, idiota.”

“¡Hah! ¡Mi hermanita tuvo un hijo! Tendré que ir a verla después de la siguiente aventura.”

“Whoa, ¡retira eso! ¿Sabes que decir una frase como esa es una manera de asegurar tu muerte, verdad?

“Huh, un llamado personal de la capital. Asombroso. Eso es una buena señal.”

“Entonces, otra… cita. Un viaje. A… pasado un tiempo.”

Peticiones de reembolso, cartas de casa, tareas urgentes, y seguía. Tal vez el calor del momento hizo que todos pasaran por alto las palabras de la Elfa Mayor en medio de toda la charla y el intercambio de información.

Una sola pieza de papel a veces es llamada una hoja, pero la carta que la elfa mayor había recibido estaba literalmente escrita en una hoja de árbol. Estaba cubierta en una hermosa y fluida escritura del lenguaje de los elfos; la Elfa Mayor miro alrededor y asintió para sí misma.

“Creo que es tiempo de casarse,” dijo la Elfa Arquera, como si apenas fuera importante para ella. Sus largas orejas dieron un salto mientras ella hablaba.

“……”

Hubo un momento de silencio en la habitación donde todos los que estaban dentro se miraron entre sí, tratando de comprender lo que acabaron de escuchar.

El parloteo en el gremio de aventureros exploto con la fuerza de una bomba.

El Chamán Enano escupió su vino; el Sacerdote Lagarto saco su lengua y silbó, “¡Oh-ho!”

“¿Podrías repetirlo?” preguntó la Recepcionista, mientras a su lado, los ojos de la Inspectora brillaban.

“¡¿tiempo de que?!” Preguntó la Caballera Femenina, poniéndose de pie. “Hey,” dijo el Guerrero Blindado, con una mirada de resignación en su cara mientras jalaba la manga de la caballera.

El Guerrero Novato y la Sacerdotisa Aprendiz fingieron no prestar atención, pero era obvio que habían escuchado.

“Qu-Qu” siguió repitiendo la Sacerdotisa, con una mano en su boca y su cara poniéndose roja- y sus ojos brillando.

Entre toda la conmoción, tres palabras pudieron ser escuchadas.

“¿Es así?”

Dijo Goblin Slayer con su habitual indiferencia.

“¿Con quién?”

“Un primo mío más viejo que yo” respondió la Elfa, seguía completamente calmada. Movió su mano y sonrió “Hablando de un shock, ¡nunca me imaginé que sería con alguien tan puritano como el!”

“Hmm,” dijo Goblin Slayer, asintiendo, “En-“

“¡Felicidades!” dijo la Sacerdotisa, con la voz llena de emoción y la cara envuelta en una sonrisa, inclinándose hacia la Elfa, tomó sus manos y hablo desde el fondo de su corazón. “Um, ¿Los elfos llevan a cabo ceremonias nupciales como nosotros? Si está bien-“

“¡Claro que sí! Y será para un miembro de la familia del jefe, así que será una grande. ¡Asegúrense de venir!”

“Sheesh,” dijo el chamán enano, lanzando una mirada hacia las chicas que parloteaban. Finalmente se las había arreglado para limpiarse el vino que escupió, exprimió su barba, y se sirvió otra copa.

“Y aquí yo pensando que el crepúsculo de los elfos había llegado pronto, con ella siendo la hija del jefe.”

“¡Ha! ¡Ha! ¡Ha! ¡Ha!” el Sacerdote Lagarto golpeo su cola contra el suelo.

“Así es como el anciano pensó de la joven.”

“¡Bah! Estoy realmente seguro de que soy más joven de lo que ella es.”

Entonces… ¿Contraer matrimonio a los dos mil años de edad es considerado pronto o tarde para los elfos?

Ignorando la perpleja expresión del enano, el Sacerdote Lagarto mordió su queso con arrepentimiento. “Supongo que esto significa que tendremos que ofrecerle un adiós a nuestra querida ranger. Ah, un día triste va a ser…”

“¿…? ¿Por qué me dirían adiós?”

“Mm. ¿No estarás un poco, ocupada?”

“No habrán niños llegando en otros dos o trescientos años.” ¿Quién se embaraza durante las primeras décadas del matrimonio?

La Elfa arquera miro mientras hacía un puchero.

“Gracioso, ¿Los elfos miden el tiempo a gran escala, o no?” murmuró el Sacerdote Lagarto cuando escucho acerca de las medidas de tiempo que superaban su imaginación.

“Bueno, somos prácticamente inmortales. ¿Qué, los hombres lagarto no lo son?”

“A los príncipes, de hecho, se les permite un solo huevo, pero a nosotros el patrón es nacer, multiplicarse, vivir, matar, y entonces morir.”

“¿El ciclo es importante, no?”

Gira y gira. La Elfa Mayor dibujo un círculo en el aire con su esbelto dedo. En lo que a este asunto respecta, los elfos y los hombres lagarto, que tienen lazos muy estrechos con la naturaleza, tenían algo en común. Una raza podrá amar la batalla y la otra no, una raza podrá ser inmortal y la otra mortal, pero ambas veían la vida y la muerte de la misma manera.

“Huh…” la Sacerdotisa hizo un ruido, aparentemente confundida. Las almas iban al cielo, donde residían los dioses, y donde tendrían muchas comodidades. Algunas veces, alguna alma volvería al tablero, pero esto estaba fuera del ciclo natural.

“Pero,” pregunto la Sacerdotisa inclinando su cabeza, “¿Los elfos dejan a sus mujeres ir a cualquier parte a hacer cosas peligrosas una vez están casados?”

“¡Uh-uh! No hay manera de que mi primo permita eso.” Dijo la Elfa mientras ladeaba su mano y se reía. “Fue amor a primera vista, estoy segura. Incluso siendo tan serio y obstinado… Realmente, tal vez fue exactamente por eso.”

“Er… ¿Podríamos volver atrás?” La Sacerdotisa puso un dedo en su labio. “Hmm.” Algo acerca de esta conversación no tenía sentido.

Se siente un poco… fuera de lugar. Como si estuviéramos hablando de alguien más.

“Entonces,” dijo Goblin Slayer, regresando a la conversación tan de repente que la Elfa parpadeo.

“¿Quién se va a casar?”

“Oh, mi hermana mayor.”

“!Pudiste haber dicho eso desde el principio, yunque¡” El Chaman enano le dio una palmada en la espalda a modo de reprimenda.

“¡¿Que?!” la Elfa Mayor paso del desconcierto al enojo, con sus orejas apuntando hacia atrás. Con lágrimas rebosando en sus ojos “¡¿Qué crees que estás haciendo?!”

“¿Qué pasa? ¡Es la primera vez que escucho de un yunque que no puede soportar ser golpeado!”

“¡Eres de lo peor!” Para este punto ella había abandonado completamente lo que le quedaba de la dignidad con la que comúnmente se asociaba a un elfo mayor. “¡Es por esto que odio a los enanos! ¡Tu… barril de cerveza!”

“¡Pensé que te había dicho- se llama ser corpulento, y nosotros los enanos apreciamos eso!”

Y aquí vamos. La Sacerdotisa ya se había acostumbrado a estas disputas tan frecuentes. Sostuvo su jarra entre sus manos, tomando pequeños sorbos de su agua de limón, la cual no era más que una bebida tibia para ese momento.

“Si vamos a ser invitados… tendremos que conseguirle un regalo o algo.”

“¿Es así?” Asintió Goblin Slayer. Cruzó sus brazos y se quedó callado por un momento, gruñó y finalmente, con un poco de dificultad, dijo, “Creo que-”

No,” Dijo la Sacerdotisa, aunque estaba sonriendo. Apuntó directamente a Goblin Slayer, quien se tragó lo que estuvo a punto de decir “Hemos sido especialmente invitados a una maravillosa celebración, no puedes no ir.”

“Eso…” Goblin Slayer se rompió por un segundo. “… tal vez sea cierto, pero-”

“podemos pedirle a la recepcionista que se asegure de que alguien más se haga cargo de la matanza de goblins.”

“Hrk…”

Era como tener Protección, un milagro que había llegado a ser su especialidad, su simple sonrisa pudo reflejar cualquier ataque.

Goblin Slayer no hizo ningún sonido; el Sacerdote Lagarto giro su mirada.

Parece que la señorita recepcionista y la chica de la granja le enseñaron bien.

“Heh-heh-heh. Bueno, al parecer el maestro hechicero y yo podremos realizar un regalo apropiado.” El hizo una solemne y, al parecer, importante gesticulación, después junto sus palmas de una manera extraña. “Pero mi querida Sacerdotisa,” agregó “¡parece que te has vuelto un tanto asertiva!”

“¡Claro que sí!” la Sacerdotisa inflo su pecho para parecer lo más fuerte posible. “Aprendí de Goblin Slayer, después de todo.”

Ahora, bien.

A los miembros del staff del gremio se les imponía el estar tranquilos en todo momento.

Después de todo, son los hombre y mujeres del gremio los primeros en proveer de información a aquellos que se embarcan en alguna aventura. Cuando las personas que vienen a realizar una petición con una crisis entre manos, son los del gremio las primeras caras que ven.

Era impropio para un miembro del staff parecer abrumado o desinteresado. En vez de eso, su ropa debía estar sin ninguna arruga, su camisa o blusa debía estar almidonada, y su maquillaje debía ser pulcro.

Cabecear y bostezar eran, por supuesto, acciones totalmente inaceptables. En el momento en el que uno se convierte en servidor público, adquiere la responsabilidad de representar a su país.

“…Pero, aun así, cuando hace calor, hace calor.” Ah-ha-ha-ha.

Con una pequeña risa la Chica de gremio le sirvió a Goblin Slayer y los demás copas de un frio té negro. Habían uno, dos, tres, cuatro vasos en el escritorio en su pequeña parte del mostrador de la recepción. La Elfa Arquera y la sacerdotisa arrastraron a Goblin Slayer entre ellas. Al final la Chica del gremio puso un vaso frente a ella, poniendo una mano en su mejilla y dejando salir un suspiro.

“Una boda, sin embargo… que maravilloso.”

“Sí, estoy emocionada,” dijo la Elfa, con una seria mirada en si rostro. “Gracias a la diosa que mi hermana aún está en edad de casarse.”

“¿Qué edad tiene?”

“Hmm…” la arquera contó con sus dedos agitando la cabeza brevemente. “Como ocho mil o algo así, aproximadamente.”

La Chica del gremio, pensado que ese “o algo así” podría representar otros tres ceros, sonrió secamente. “Escuchar a los elfos te hace darte cuenta de que tan tonto es preocuparte acerca de la edad.”

Otr suspiro. Ella no llegaría a ningún lado cavando su propia tumba, retóricamente.

La Sacerdotisa hizo bastantes ruidos de “Ahem” y “Um.” Apenas había cumplido los dieciséis años y no sabía cómo dirigirse a una mujer mayor, aun siendo ella misma parte del clero. Simplemente, la Sacerdotisa no pensó que la apariencia de la Chica del gremio le diera una razón para estar realmente preocupada acerca de su edad.

“Pero siendo tan bonita como eres… ¿Realmente necesitas preocuparte por ello?”

“Hee-hee. Bueno muchas gracias.” La Chica del gremio sonrio por la amable pregunta que finalmente había hecho la Sacerdotisa. La Elfa arquera hizo un jovial movimiento de manos y se bebió el contenido del vaso de un solo trago. “Es verdad. En lo que concierne a la edad, no puedes comparar a un dragón con un elefante, o a un elefante con un ratón. Simplemente no funciona.”

“Elefante.” Inesperadamente, el casco de Goblin Slayer se balanceo en confusión. “¿Qué es eso?”

“…¿No sabes acerca de los elefantes?” Las orejas de la Elfa arquera se menearon, complacida de tener la oportunidad de educar al guerrero. Extendió sus brazos tanto como pudo mientras describía a la extraña criatura. “Tiene piernas como pilares, cola como una cuerda, oídos como abanicos, un cuerpo como un muro, colmillos como lanzas, la espalda como un trono, y la nariz como un racimo, además es enorme.”

“…¿Una bestia?”

“Oh, y es de color gris.”

“No lo entiendo muy bien,” Dijo Goblin Slayer con un gruñido justo antes de beberse su té.

La Chica del gremio lo miro felizmente y dejo salir una risita. “Tal vez debería mostrarte la entrada del elefante en el Manual de Monstruos algún día, pero ahora…” su mirada se deslizo a través del escritorio y volteo unos papeles. “¿Ustedes querían que asignara esas misiones de goblins, verdad?”

“Uh-huh. Queremos traer a nuestro amigo Goblin Slayer con nosotros.” Dijo calmadamente la Sacerdotisa. Su sonrisa como una flor en pleno brote, nunca vaciló.

“Personalmente, no quiero perdérmela.” Goblin Slayer puso su vaso vacio en el mostrador con un clack. “Simplemente no puedo dejar a los goblins en sus asuntos.”

“Si, si, obviamente no,” dijo la Chica del gremio con una leve sonrisa. Él estaba tan desapasionado y decidido como siempre. Algunas personas lo verían un simple obsesivo, mientras que otras creerían que él era alguien digno de confianza. La Chica del gremio se encontraba en el segundo grupo.

“Desde que inicia la primavera hasta el verano, los goblins están en su mejor forma. Tal vez sea porque están enojados.”

“¿Hay alguna época del año donde los goblins no sean aterradores?” pregunto la Elfa mayor.

“Hrm…” Goblin Slayer cruzó sus brazos mientras gruñía.

La recepcionista escucho a ambos plácidamente. “Sin embargo” dijo tranquilamente la Recepcionista, “no hay mucha matanza de goblins durante el verano, ¿o sí?”

“¿Es eso cierto?” pregunto la Sacerdotisa evidentemente sorprendida.

“Si,” dijo la Recepcionista. Al menos no hay muchas misiones. Después, en lugar de seguir explicando, se puso a barajear su papeleo sin una razón en particular. Seria rudo hablar acerca de temas tan desfavorables cuando alguien acababa de recibir una invitación a una boda.

El verano: para los goblins, lo más sobresaliente de esta temporada fue que no era otoño. Los cultivos aun eran jóvenes, y por supuesto, la cosecha aún estaba lejos. No importaba cuanto quisieran comida, simplemente no había muchas ganancias de atacar villas. Así que, en vez de eso, centraron su atención en los viajeros, en los pastores que deambulaban, y los sanadores ambulantes durante la época más caliente del año.

¿Qué significaba el verano para los goblins? La primavera estaba bien y todo, pero en verano, las lluvias eran más pesadas, y la maldita luz del sol eran más intensa. Vivir en un agujero se volvió un poco desagradable. Estaban enojados, uno no se imaginaria a los goblins estando demasiado preocupados por sus condiciones de vida, pero ellos siempre estaban enojados por algo, y más razones para estar enojado naturalmente significaba más incidencia en la violencia.

Afligido era el viajero que era puesto sobre el camino de los goblins durante el verano. Los goblins no tenían la sabiduría para almacenar la comida, y aun si la tuvieran, se habría podrido muy pronto. Después de que estuvieran satisfechos de hacer el torturar a sus víctimas de un deporte, ellos inmediatamente se comerían lo que pudieran de aquella desafortunada alma, sin pensar en el futuro.

Hombre o mujer, al final, ni siquiera los huesos quedarían.

Tristemente, es una historia muy común.

Que los viajeros pierdan sus vidas en el camino, claramente, era un fenómeno que difícilmente ocurría solo en verano. Los goblins y los no iluminados no eran los únicos que tenían hambre. Bandidos y mercenarios que se disponían a asaltar -entre otros- estaban ahí afuera.

El punto es, que todos los rincones del mundo estaban llenos de peligro, algunos tomaron esto como una razón para criticar la administración del reino, pero está gente no conocía su propia historia. En todo el tiempo que se pudiera recordar, nunca habia habido una era que no tuviera el elemento del peligro.

Así como también los recursos siempre han sido limitados. Desde la perspectiva de la Recepcionista, el rey actual estaba haciendo un trabajo perfectamente decente… o al menos, eso pensaba. El no empezó guerras innecesarias, y había enfrentado a los seguidores de los dioses oscuros para mantener el reino a salvo.

Tenemos paz ahora, por lo que va de reinado.

Incluso si la definición de paz era solamente la calma entre guerras.

Repitiendo, los recursos eran limitados y el peligro siempre estaba presente. El gremio no recibiría una misión simplemente porque un viajero se había perdido. Por una cosa, si nadie conocía a la persona que había desaparecido, nada podía hacerse. Era una situación triste, una falla en el gremio de aventureros. Los aventureros se movían si alguien relacionado con el viajero desaparecido solicitaba una misión…

O si los aventureros tenían un muy buen corazón.

“Pero aún hay goblins ahi afuera” dijo Goblin Slayer, sin prestar atención a lo que podría ocurrir en la mente de la Recepcionista. “Eso no cambiará.”

“Pero” dijo la Sacerdotisa, pretendiendo formular una pregunta pero realmente cortándola, “no puedes matarlos a todos por tu cuenta, ¿O sí? ¿Y no tienes por qué hacerlo solo, verdad?”

“…”

Goblin Slayer estaba callado, después de pasar tantos años con él, la Recepcionista sabía que el actuaba así cuando se encontraba arrinconado.

En cierto sentido, él no es una persona tan difícil de entender.

Involuntariamente, una risita se escapó de sus labios, y el casco metálico de Goblin Slayer se giró hacia ella. Ella ladeó su mano como su estuviera diciendo Nada, nada.

“Honestamente” dijo “no sería conveniente para nosotros molestarlo con cada misión de goblins que es solicitada, señor Goblin Slayer.”

“Bueno, ahí lo tienes” dijo la Sacerdotisa con un dulce pero mordaz estornudo. “¿Manejarías esto por nosotros?”

“Oh, ciertamente. Sé que este hombre nunca tomará unas vacaciones si lo dejamos campar a sus anchas.”

“Se parece mucho a ti.”

Alguien le dio un inesperado comentario picante a la Recepcionista, provocando un pequeño ow! Era la compañera que estaba sentada al lado, la Inspectora, quién estaba parada detrás de ella con un fajo de hojas en mano.

La Inspectora suspiro como sugiriendo que esto le servía a la Recepcionista, y ella continuó golpeando ligeramente sus papeles en el hombro de la otra mujer. “Recuérdame, ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que tomaste tu último día libre?”

La Recepcionista agarró su cabeza y protesto débilmente “yo- los tomaré…”

La Inspectora soltó otro suspiro exasperado. “Entonces, tú también irás a la boda, ¿Verdad? ¿Es por eso que estos chicos están aquí, no? Para invitarte.”

Antes de que la Recepcionista tuviera tiempo de responder la Elfa mayor, apoyándose en el escritorio dijo “por supuesto,” asintiendo con vigor. Sin necesidad de aparentar, añadió, “¡Somos amigas, después de todo!”

Viendo esta exhibición de genuino entusiasmo, la Recepcionista respondió rascándose la mejilla con una expresión tanto ambigua en su rostro. Entonces se puso a jugar con su cabello, girando sus trenzas. Si ella sabía que lo que hacía no era muy amable.

“Er… bueno, ciertamente aprecio el sentimiento, pero…”

No, detente, si rechazo esta invitación…

Cómo podría explicárselo a la Elfa mayor, no hablar de la Sacerdotisa y Goblin Slayer? Ella le dio una mirada rápida a su casco, el cual incluso ahora, como siempre, escondía su expresión.

“¡Solo tómate un par de días de descanso de una vez!”

“¡Yipe!” otro soplo de papeles.

Mientras la Recepcionista se sentó a quejarse silenciosamente, la Inspectora puso su mejor sonrisa y dijo, “Ahora, señor, uh… Goblin Slayer.”

“¿Qué paso?”

La Recepcionista emitió un chirrido, pero la Inspectora la ignoró, sacando unos papeles de su mano. Estos eran, por supuesto, una colección de las misiones de matanza de goblins más cercanas.

“Sería lo mejor para ambos si sacamos algo de este trabajo fuera del camino,” dijo la Inspectora, mientras enrollaba algunos papeles como si fueran pergaminos y dándole unos cuantos a Goblin Slayer. “Tal vez podrías ayudar a mi amiga a relajarse haciéndote cargo de dos o tres nidos de goblins.”

“Naturalmente.”

No había argumentos en contra, ni dudas mientras Goblin Slayer tomaba los papeles de las misiones con un movimiento decisivo. En silencio, desenrollo los papeles considerando cada descripción. El ni siquiera miro las recompensas. Lo que quería era información, conocimiento acerca de la fuerza de combate de los goblins.

Después de un muy largo momento, el pregunto con una voz suave, “¿Está bien?”

La Elfa mayor estaba frunciendo el ceño tan duro como podía, sus largas orejas apuntaban hacia atrás de su cabeza, pero respondió “no puedo hablar por el enano… pero yo, no voy a decir que no.”

“¿Estas segura? De cualquier manera no importa mucho”

“Discúlpeme bastante, Goblin Slayer, señor,” dijo la Sacerdotisa, arrugando sus bien formadas cejas. Alzó su pálido dedo índice y, en un tono que sugirió que ya habían tenido esta conversación más de una vez, dijo, “Cuando no nos da opciones, no cuenta como una discusión, ¿Recuerda?”

“¡Hrr-gyaaaaaahhhhhh!”

El grito de una mujer, como el balbuceo de una gallina a la que le retorcían el cuello, hizo eco a través de la capilla crepuscular.

Sin embargo muchos trataron de empujar su camino más cerca, había un límite físico para cuantos goblins era capaz de manejar una persona. Sí, los goblins son pequeños, pero incluso contando sus brazos, su boca, y tal vez su cabello, solo había sitio para cinco o seis goblin a la vez.

Fácilmente había una docena de monstruos rodeando a la mujer atada en el altar en ese momento. Aunque, La violación de su castidad era lo suficientemente horrible, pero esta víctima estaba sujeta a todos sus crueles deseos a la vez, verdaderamente una posición lamentable.

La mujer cuyo grito agonizante había sonado en la sala de adoración estaba vestida con las rasgaduras de lo que alguna vez había sido una vestimenta de viajera. Sus miembros, que solo podían ser vistos a través de los cuerpos de los goblins eran musculosos y bronceados.

Había sido una viajera que se alojó en este convento, en una pequeña librería dedicada al dios del conocimiento.

Ahora, no había manera de saber hacia dónde se dirigía o porque se había quedado en ese lugar. Los textos, las gemas de sabiduría almacenadas ahí, no se encontraban en forma adecuada para ser leídos. Todo el conocimiento reunido por las doncellas –quienes dejaron sus hogares y se encerraron en este lugar por cualquier razón- habían sido pisoteados. Los goblins tomaron los preciados archivos y los hicieron a un lado, contaminándolos, incluso prendiéndoles fuego al azar.

La saqueada librería solo retenía a las monjas, sus espíritus rotos por depredaciones inimaginables. La viajera vio lo que los goblins les habían hecho, y aun así, decidió pelear –buena, fuerte, presa para los diablillos.

¿Había estado peleando para proteger a las monjas o para abrirse un camino por el cual escapar? Los goblins asumieron que fue lo último. La interpretación más honorable, sin embargo era que la viajera blandió valientemente su espada, sin preocuparse por su seguridad.

Al menos hasta que los goblins la llevaron al suelo, la golearon sin piedad, y le rompieron el brazo.

Han pasado varios días desde eso, y los goblins restantes seguían ocupados vengándose por los compañeros que ella había matado. Dejaron a la viajera hasta el final para que así pudieran disfrutar ver como se aterrorizaba cuando presenció el destino que habían preparado para las monjas.

Ellos nunca pensaron que ella podría escapar. O más bien, asumieron que no existía ninguna posibilidad de que pudiera hacerlo.

Los goblins normalmente mostraban una extrema confianza a pesar de la ausencia de pruebas. Nunca imaginaron que algo que ellos hicieran fallaría. E incluso en la mínima posibilidad de que algo pasara-

“¡¡GOORRIRRROG!!”

“¡Urgh! ¡Aggh-gah-u-ustedes bas-taaaghh!”

-siempre seria porque una idiota como esta se puso en su camino.

Los goblins creyeron ciegamente que todas en esa pequeña librería estaban completa y expresamente idiotas. Ellas conservaron el cuarto lleno de incomprensibles y aburridos papeles, y había muy poca comida. Humanos, los goblins rieron, hacían tantas cosas que tenían tan poco sentido.

Los goblins, por supuesto, nunca podrían entender el significado de los tomos guardados en esta librería. Estaba fuera del camino, alzándose silenciosamente en un bosque donde había sido construida con la convicción de que mientras el conocimiento y la sabiduría nacieran de un mundo profano, era importante no alejarse de ser mancillado por el mismo mundo.

Solo porque era una pequeña librería, no significaba que careciera de defensas contra monstruos y bandidos. Tenía muros de piedra, y ocasionalmente, aventureros que viajaban o mercenarios habrían de quedarse ahí. Pero la prolongada exposición a los elementos podía mermar alguna parte del muro. Y estaban esos tiempos donde visitantes sin armas se alojaban con ellas.

¿Era por eso que los goblins se fijaron en ellas? ¿Por qué habían sido atacadas por los goblins?

Uno podría preguntar, pero era improbable el dios del conocimiento guiara a uno hacia la repuesta.

Los goblins eran como un desastre natural; venían de cualquier lugar. Simplemente habían aparecido en ese lugar y en ese momento.

“¡Hrrraaaaghhhh!”

La librería no era un lugar para el libertinaje. Y en una esquina de la sala de adoración del dios del conocimiento, un solo goblin descansaba su barbilla en sus manos, disfrutando el sonido de los gritos de la mujer entrar en sus oídos.

Una vez que terminaran de divertirse con ella, ¿La dejarían viva para que diera a luz a sus huestes, o la matarían en inmediatamente se la comerían?

Probablemente, se convertiría en comida, pensó el goblin. Las otras embarazadas necesitaban algo para comer, seria aburrido no matarla. Insatisfactorio.

“¡Gyaaaaaaahhhh!”

Un grito agudo. Algunos goblins impacientes debieron haber golpeado con un hacha su brazo roto, o algo así.

“¡GROB! ¡¡GOOROORB!!”

“¡GOORROB!”

Alguien se quejó con el del hacha, el respondió, su cruel risa y la apaleada mujer llenaron la capilla.

No sería así. Había muchas maneras de disfrutar a una mujer muerta, pero ahora era el único momento de aprovechar los placeres de una viva.

El goblin se lamió los labios, tirando de su pequeño cerebro. Tal vez él podría encontrar una buena oportunidad para entrar en acción, tener la posibilidad de disfrutar a la mujer mientras aún estaba viva. Esa era su única preocupación; no le importaba si los otros goblins se le adelantaban, mucho menos la mujer en sí.

Los goblins tenían un sentido de solidaridad, reconociéndose unos a otros como camaradas. Pero su lealtad estaba en primer lugar con ellos mismos. ¿Cómo podían obtener una ganancia, obtener placer, asegurar una mejor posición, matar a la gente malvada –o al menos a los que no les agradaban?

La muerte de los otros goblins fue la excusa perfecta para disfrutar de su víctima hasta que mataran a esa desafortunada cosa.

“¡GROOROB!”

“¡GRO! ¡¡GOORB!!”

Los goblins captaron a uno de los otros casi al azar y lo iluminaron.

¡E estado de guardia todo este tiempo! ¡Todos ustedes necesitan hacer guardia, también! Es injusto que los goblins que no han estado de guardia tengan toda la diversión, bastardos codiciosos.

El goblin expuso su caso (en el cual resalto solamente los hechos que le eran convenientes) entonces le dio a la criatura que no pensaba un empujón en el hombro.

“¡Er-ergaahh! ¡m –me –estas… matan…do…!”

“¡GROB! ¡GOOROBB!”

Este era un monstruo al cual no le importaban los otros goblins o como la lamentable mujer trataba de resistirse. Las crueldades de las que se había disfrutado a sí mismo, no eran aptas para ser mencionadas.

El punto era que: absorto en su disfrute, nunca se dio cuenta.

“GRRRRR…”

Nunca notó el brazo que salió de la obscuridad y tomo al goblin que se estaba quejando de que tan injusta era su situación. El extraño y silencioso apéndice envolvió el cuello del goblin como una serpiente y lo apretó fuertemente.

“¡¿…P -?!”

Antes de que la criatura pudiera llorar, un cuchillo se deslizó por su garganta.

Una mano cubrió la boca del goblin mientras se ahogaba con su propia sangre, dejándola ahí durante algunos segundos hasta que dejo de respirar.

El cuerpo del goblin rodó hacia atrás de un banco. Y entonces el dueño del brazo se movió entre las sombras.

El dueño del brazo era un hombre, que vestía una sucia armadura de cuero, un casco metálico de aspecto barato, una espada de un tamaño extraño, y un pequeño y redondo escudo en el brazo.

Era Goblin Slayer.

A su señal, el Sacerdote lagarto dio un paso al frente, su cola golpeó. Siguiéndolo se encontraba la Elfa arquera, luego la Sacerdotisa, y entonces un Chamán enano. Ninguno de ellos hizo algún ruido al moverse: ni un paso, ni un roce de sus ropas.

Pudieron hacer todo eso gracias a la chica que rezaba con los ojos cerrados, sus manos sostenían un bastón.

“O madre tierra que rebosas de piedad, concédenos la paz para aceptar todas las cosas.”

Estaban envueltos en absoluta quietud concedida por el milagro de la Sacerdotisa, Silencio.

Sus prendas estaban cubiertas con manchas negras, prueba de con cuantos goblins habían lidiado hasta ahora. Las marcas no parecían molestarla, aunque; solamente se arrodillo y continuo rezando.  Su fiel corazón ayudo a proteger a los aventureros con esta burbuja carente de sonido.

La Elfa mayor lucia completamente opuesta a la chica; lucia como si fuera a estallar en lágrimas en cualquier momento. “Ugghh…”

Podría haber estado usando un perfume, pero incluso así, el hedor de los desperdicios de goblin, y sus jugos internos, asalto sus agudos sentidos. No pudo mantener la desagradable cosa afuera de su túnica, dejando un olor poco placentero en su vestimenta.

¿Por qué los dioses no pueden bloquear el olor también? La Elfa mayor miro con reproche a la estatua en la sala de adoración.

Era la figura de un sabio que trazó los movimientos de las estrellas.

No había, por supuesto, una respuesta para la impertinente pregunta de la Elfa mayor.

Estoy aquí salvando a tus seguidores porque aparentemente no puedes hacerlo por ti mismo, apreciaría un poco de gratitud.

Está bien, tal vez eso estaba un poco demasiado cerca de ser sacrilegio, sus orejas se contrajeron, y ella colocó una flecha en su arco.

El equipo de aventureros logró llegar a la capilla sin mucha dificultad. Y ahora ellos se encontraron con más o menos veinte goblins, absortos en su diversión. No iban a dejar pasar esta oportunidad.

Los miembros del equipo de Goblin Slayer asintieron el uno al otro, seguido de una serie de señales.

“……”

“……”

Era el Chamán enano el que actuó primero. Llevó un gran trago de vino de fuego del frasco en su muslo a sus labios e inmediatamente lo escupió. La niebla se esparció en la habitación mientras el cantaba, “¡Bebe profundo, canta fuerte, deja que los espíritus te guíen! ¡Canten alto, dense prisa, y cuando duerman los verán, que una jarra de vino de fuego esté en vuestros sueños para brindar!”

Los goblins, afligidos por Estupor, comenzaron a recostarse en el suelo, después de lo cual Goblin Slayer salto a la acción. El rodó sobre el banco, corriendo sobre el piso de piedra y lanzando su espada. La hoja viajo sin ruido a través del aire hasta el momento que dejo el área de efecto de Silencio, cuando sonó un suave silbido.

Incluso los golbins, tan estúpidos como eran, no se perderían eso.

“¡GOOROB! ¡¡GOROOOB!!”

“¡¡GRRORB!!”

Muchos de los monstruos les apuntaron y gritaron, pero ya era demasiado tarde. El golbin que estaba estirando sus caderas sintió algo entrar en la parte trasera de su cabeza perforándolo limpiamente a través de la boca. ¿Siquiera entendía lo que era?

El goblin, con su columna cortada, saco espuma por la boca, sus dorados ojos rodaron hacia atrás de su cabeza.

“¡¿GOOROOROOOB?!”

“Uno.”

Goblin Slayer prácticamente arremetió hacia adelante, usando su escudo para golpear a uno de los goblins cercanos. En el mismo movimiento, agarró una hoz del muslo del primer monstruo para cortarle la garganta al segundo.

“Dos.”

Usó su escudo para parar la sangre que brotaba hacia ellos, saco la hoja y arrojó al goblin hacia abajo, así que ahora el cuerpo cubría a la mujer.

“¿Estas viva, correcto?”

El miró hacia la espasmódica mujer cubierta de sangre que estaba debajo del cadáver.

Sabía como trabajaban los goblins. Sería muy problemático si fueran capaces de usar a la mujer como escudo de carne en su contra.

Los movimientos que estaba viendo, sin embargo, eran probablemente causa de un shock de dolor y la pérdida de sangre. Estaba viva, pero no duraría mucho. Como siempre, el tiempo era esencial.

Los goblins dirigieron su hostilidad hacia los invasores. Goblin Slayer se mantuvo vigilante.

“¡Apurense!”

“Sigamos nuestro camino entonces.”

“¡E-está bien!”

El Sacerdote lagarto tomó a la Sacerdotisa en sus brazos y se puso en marcha, sus garras se clavaron en el suelo de piedra. Se inclinó hacia adelante en un ángulo que sería insostenible para cualquier humano, pero su cola le permitió mantener el equilibrio.

“¡GOROOOB! ¡GROBB!”

“¡GGOOORB!”

Los goblins, sin necesidad de decirlo, no los dejarían escapar por eso. No habrán sido muy inteligentes, pero no iban a dejar que todas esas mujeres se escabulleran de sus dedos de una sola vez. Y el Sacerdote lagarto tenía literalmente las manos llenas con la Sacerdotisa…

“¡Krrraaahhhhhhaaaa!”

“¡GOOROB!”

Sin embargo, mientras tuviera sus garras, colmillos y cola ¿Quién se preocupaba acerca de sus manos? Los dragones y nagas ciertamente no necesitaban armas.

“¡¿GROOB?!”

“¡¿GOBORB?!”

Un viejo proverbio decía que dejaran a los dragones que dormían yacer. ¿Pero que sabían los goblins acerca de proverbios?

La cola y las garras del Sacerdote lagarto golpearon a un goblin cada una, mandándolos a volar. Las heridas no serían fatales, pero todo lo que el necesitaba era justo ahora era llevar a la Sacerdotisa al altar.

“¿Debería mantenerme en la primera fila?” Preguntó.

“Si, por favor.”

A la mitad de esta breve conversación, Goblin Slayer dejo atrás la hoz que tenía, la cual estaba alojada en el cráneo de un goblin.

“¡¿GROBBB…?!”

Mientras su víctima colapsó, tomó el tosco garrote de la mano de la criatura. Sería suficiente; no necesitaba ser preciso ahora mismo.

“Bien entonces, señorita Sacerdotisa. Le dejo esto.”

“Por supuesto. ¡Buena suerte!”

El Sacerdote lagarto la bajo gentilmente, usando su cola para mantener a los goblins a raya, entonces hizo su extraño gesto de manos.

“¡Oh, alas de velociraptor con forma de hoz, rasga y rompe, vuela y caza!”

El colmillo en su mano creció hasta convertirse en una espada colmillo ante sus ojos, y el Sacerdote lagarto se puso sobre el enemigo, aullando.

“¡Krrraaaaaaahaaaaahhhhaaaa!”

“¡¿¡¿GOORBGG?!?!”

Era un clérigo, sí, pero uno luchador, del tipo que sería llamado un sacerdote guerrero. Si hubiera nacido en otra raza, habría sido un excelente caballero.

En contraste con Goblin Slayer, quien daba golpes rápidos a puntos vitales, el Sacerdote lagarto era un torbellino de violencia. La capilla, ya manchada de la sangre de las monjas y la inmundicia de los goblins, se ensució más con la sangre de los goblins.

“¡Está bien…!”

La Sacerdotisa, por su parte, seguía agarrando su sonoro bastón. Asintió enérgicamente y se volteó a su propio campo de batalla.

La respiración de la mujer era irregular; la Sacerdotisa se arrodillo junto a ella, sin prestar atención a la sangre e inmundicia que la salpico en el proceso. La escena estaba más allá de lo horrible, pero ella se tragó su disgusto, junto con cualquier cosa que hubiera subido por su garganta.

No importa cuántas veces vea cosas como esta, nunca me acostumbrare a esto. Pero…

Nunca se debía acostumbrar a ello, pensó con fuerza. Y cada vez que se repetía eso a si misma, su fe se volvía más fuerte.

“Oh madre tierra, que rebosas de piedad, por favor, pon tu venerada mano en las heridas de tu hija…”

Agarro su batón de manera suplicante, levantando su corazón hacia la madre tierra en el cielo.

Por favor, se tan amable de curar las heridas de esta persona, salva su vida, sálvala.

Y así por fin, tuvo la oportunidad de lanzar Curación Menor de nuevo.

La generosa madre tierra respondió a la cordial plegaria de su querida seguidora. Una pálida luz burbujeaba, saltando a las heridas de la mujer, comenzando a detener el flujo de sangre.

El milagro, por supuesto, no restauraría la vitalidad perdida. Incluso un milagro divino no desharía las heridas del cuerpo y la mente.

Pero tampoco moriría inmediatamente.

“¡Goblin Slayer, estamos bien por aquí…!”

“Bien.” Sin detenerse, Goblin Slayer saco un huevo de la bolsa en su cadera, y lo lanzo a los goblins.

“¡¿GOOROOROB?!”

“¡¿¡¿GOOOROBOROOB?!?!”

Un desagradable humo saltó al aire, incitando un coro de gritos. Muchos de los goblins, que habían estado disfrutando de torturar de la mujer destrozada por el dolor, tenían lágrimas en los ojos. El huevo era un cascaron lleno del gas lacrimógeno casero de Goblin Slayer. No había sido capaz de usarlo antes debido a la incertidumbre de que el gas entrara por las heridas de la chica rehén, pero eso ya no era una preocupación.

“¡Ocho –nueve!”

Arrojo su garrote a un goblin, y derribo a otro con una espada oxidada que había robado. Cortó la garganta de la criatura, sin preocuparse por si destruía el arma en el proceso. Hubo un silbido saliendo de la tráquea del monstruo, junto con un géiser de sangre, y entonces los goblins cayeron uno junto al otro.

“¡GBBB…!”

“¡GORBG! ¡GGOOBBG!”

La mitad de los goblins habían sido aniquilados de un momento a otro, y ahora los monstruos tenían miedo. Tan asustados como estaban, aun así, odiaron la idea de dejar que la presa que tanto les costó conseguir se escapara. Sin mencionar la parte fea de sus mentes que esperaba agregar a la joven mujer y la chica elfa a su colección.

Sin embargo, era difícil pasar a través del guerrero humano y el Sacerdote lagarto del frente.

Bien, entonces…

“¡GROOB!”

“¡GORB!”

Inmediatamente, muchos de los goblins tiraron sus armas y se abalanzaron ciegamente. ¿Trataban de entrar en formación, escapar o -? No.

“¡Van por escudos!” Goblin Slayer evaluó la situación en un momento y emitió órdenes.

Las veloces criaturas se dirigían hacia los tapones tirados en el suelo. Iban a usar a las mujeres que habían capturado para llevar a sus huestes. Las usarían como escudos de carne.

“Odio esto acerca de los goblins. Si piensan que me voy a quedar aquí -¡Ha!”

Repentinamente, las criaturas encontraron flechas saliendo desde sus caderas. Desde la sombra de los bancos, la Elfa mayor soltó una lluvia despiadada de flechas.

“¡GROB! ¡¿GROOORB?!”

“¡¿GOOROB?!”

Tres disparos sin momento de pausa. Tres goblins cayeron al suelo, chillando.

Era fácil apuntar a sus cabezas, pero siempre estaba la posibilidad de una flecha suelta. Por el momento, inmovilizar a los monstruos era más importante; se podía lidiar bien con ellos más tarde.

A la Elfa arquera solo le tomó un instante apuntar, entonces planto una flecha con punta de brote en el ojo de un goblin.

“¡Orcbolg! ¡Tengo todo cubierto aquí!”

“¿Bien entonces, debería quedarme con las escaleras?”

El trabajo de lanzador de hechizos del Chaman enano estaba completo, lo que quedaba era trabajo físico. Con una agilidad sorprendente para la distancia que era, saltó hacia las escaleras. Sacó su hacha de mano más rápido de lo que el ojo humano podía captar y adoptó una posición de batalla; claramente no era un novato.

“¡GOOROOB!”

“¡GRRRRORB!”

Aquí era donde el avance de los goblins se detendría.

Las criaturas habían llegado ahí por un miserable agujero en los muros defensivos, pero ahora eran ellos los que se encontraban rodeados. Justo como los aventureros novatos, los goblins jamás se imaginaron que esto pasaría. Creían que eran ellos los que asesinarían, no los que serían asesinados. Esa era la absoluta verdad; y aun así, estaban del otro lado de la espada.

Goblin Slayer entendió eso perfectamente. Pues él había estado en esa situación.

“¡Catorce…! ¡Quince!”

“¡Krrraahhhh!”

Goblin Slayer estrello el garrote contra la cabeza de una de las criaturas entonces tomó una lanza de mano y apuñalo a otro en la garganta.

El Sacerdote lagarto golpeó con sus garras, colmillos y cola, convirtiendo a los goblins en nubes de sangre.

Era un equipo de cuatro aventureros de rango plata y una aventurera de rango acero.

Más importante aún, uno de ellos era Goblin Slayer.

Nunca hubo una sola pregunta acerca de si el lograría matar a veinte goblins encerrados en una iglesia. Para el, la pregunta era, como podría matarlos más rápido, más preciso y como salvar a los rehenes.

“Veintitrés, ¿verdad?”

La batalla finalizó después de un tiempo. El sol se estaba hundiendo, y la librería se sumergió en la oscuridad. La única luz venia de las linternas parpadeando aquí y allá.

 Goblin Slayer hizo su trabajo despreocupadamente en la pálida iluminación: fue de un cuerpo de goblin a otro, apuñalándolos en el cuello para asegurarse de que estuvieran muertos, para después apilarlos en la esquina de la capilla.

La sala de adoración, ahora apestando a sangre, putrefacción y rechazo, y estaba manchada de un horrible color carmesí, no había rastro de su antigua pureza sagrada. Ya sea que fuera o no el objetivo de los goblins, habían conseguido desgraciar el lugar.

Solamente veinte monjas trabajaban en la librería. A duras penas la mitad de ellas seguía viva. El resto eran carne y huesos en un pozo de desperdicios.

El Sacerdote lagarto estaba en proceso de llevar a las monjas desde el almacén en el sótano a la capilla.

“Manténganse fuertes, ahora. Cuando amanezca, las podremos llevar a un lugar menos molesto.”

“Gracias… de verdad…”

“Ni lo menciones, tal vez adoremos a diferentes dioses, pero, al final, los monos vinieron de los lagartos. Eso nos hace primos.”

“Heh –heh… ustedes lo hombres lagarto… dicen las cosas más… raras…”

La mujer se rio un poco. Estaba cubierta con una tela, a pesar de que nada podía esconder lo sucia y mancillada que estaba. Una mirada a las vendas puestas en sus tobillos dejaba claro que no podrían caminar a ningún lado.

La Sacerdotisa se encontraba mordiéndose el labio. Si había un dolor que ella aun no conocía, ese era el de una daga oxidada cortando su tendón de Aquiles.

“…Todo está bien ahora,” dijo. “Las llevaremos a la ciudad pronto.”

“Gra…ci…as…”

“No trates de hablar. Ahora necesitas descansar.”

La Sacerdotisa se movió hacia los bancos, administrando primeros auxilios a las monjas y la viajera.

Todas evitaron preguntar que sería de ellas a partir de ese momento.

Son unas cuantas, reflexionó Goblin Slayer. Muchas de ellas mantuvieron su cordura, no habían cometido suicidio ni sido usadas y asesinadas. Esta librería podría ser considerada afortunada.

Gracias a la viajera, quien había estado preparada para luchar hasta la muerte, una de las monjas se pudo salvar de este horror. Ella había sido enviada a otro templo con un mensaje y a su regreso descubrió lo que había pasado. Ella regreso al camino para llenar una solicitud en el gremio de aventureros, pero tomó varios días para que los aventureros fueran enviados.

Fue gracias a la viajera que Goblin Slayer y su equipo llegaron ahí. Las horas que compró a cambio de su sangre les dieron el tiempo necesario para llegar.

Si la viajera hubiera decidido, en vez de eso, abandonar el templo, o tirar su arma después de una señal de resistencia, la monja nunca habría sido capaz de escapar, y la situación no habría sido descubierta hasta que las cosas hubieran sido considerablemente peores.

“… Veintitrés, entonces,” murmuró para sí mismo, casi como si no lo creyera. Entonces arrojo su sangrienta lanza. La cual rodó ruidosamente hacia la esquina de la capilla donde estaba lo que quedaba de comida. En lugar de la lanza, tomó una espada del cuerpo de un goblin y la colocó en la funda de su cadera.

Fue solo después de hacer todo eso que Goblin Slayer se sentó en uno de los bancos.

“Si no hubiera sido por los libros y las rehenes, habría sido más rápido incendiar el lugar.” Suspiró profundamente.

“… Hmph. Que cosas para decir,” dijo la Sacerdotisa en tono de reprimenda, pateando hacia él. El la miro sin mover su casco.

Ella ya debía haber terminado de suministrar los primeros auxilios. Sus mejillas cubiertas de sangre se relajaron, y ella le dio una sonrisa que le cubría toda la cara. Trató de no mostrar lo que claramente era la fatiga de usar dos milagros.

“¿Quieres qué se enoje contigo otra vez? ¡Sin fuego! Te diría.” La Sacerdotisa puso su dedo índice sobre su cabeza y lo sacudió de arriba abajo.

Estaba tratando de bromear –tal vez forzándose a hacerlo. Goblin Slayer no lo sabría de todos modos. Las sombras creadas por la delgada luz de la vela, le impidieron leer los subtítulos de su expresión.

Finalmente, él dijo, “En efecto,” y cerró sus ojos.

No planeaba descansar por mucho tiempo de todos modos. Estabilizó su respiración, relajo su conciencia por un instante, y se concentró de nuevo.

Después de todo, aun había goblins ahí afuera. Tal vez no ahí precisamente, pero en algún lugar estarían. No podía bajar la guardia.

“… Aun así, costó un poco de trabajo,”

“Bueno, eso…” los ojos de la Sacerdotisa revoloteaban de aquí para allá mientras trataba de escoger sus palabras. “… pasa algunas veces, creo.”

“… Ya veo.”

“Ni siquiera los dioses son todo poderosos.”

Entonces, titubeantemente, se sentó junto a Goblin Slayer. Estaba lo suficientemente cerca para que el sintiera el calor de su cuerpo, si no hubiera estado usando su armadura. Los ojos de Goblin Slayer se ensancharon ante el débil sonido de la respiración que pudo notar a través de su casco de metal.

“¿Cómo está la viajera?” preguntó.

“Dormida, finalmente… no corre peligro a corto plazo. Pero no tiene suficiente sangre.”

“Mañana, entonces.”

La Sacerdotisa entendió rápidamente lo que Goblin Slayer intentaba decir con su breve respuesta.

Actuarían al día siguiente. En otras palabras, pasarían la noche ahí. Ciertamente no podían pedirles a las mujeres que caminaran. Necesitarían una carreta de algún tipo. Además, mover a toda esta gente de noche podría ser peligroso. Especialmente sin un plan.

“Asegúrate de descansar un poco mientras tanto.”

“… Bien.” Asintió la Sacerdotisa, sus ojos se cerraron. Ella no tenía la intención de dormir, pero inclusive cerrar los ojos le ayudaba a relajarse. Goblin Slayer estaba dispuesto a soportar un poco de su peso el sus hombros.

“Pero…” ella sintió las suaves pisadas del Sacerdote lagarto acercándose. El miró a su alrededor sombríamente y continuó con una tranquila voz, “Siento que los pequeños demonios han sido… más listos últimamente.”

“¿Eso piensas?”

“Solo es una corazonada, pero…” continuó rápidamente, con la especial excitación que sentían los hombres lagarto por la batalla. “Desde que enfrentamos al paladín goblin, lo empecé a notar.”

“Estoy de acuerdo,” dijo Goblin Slayer asintiendo. “¿Tal vez se están volviendo más inteligentes…?”

A pesar de que, añadió, él había trabajado para poder matarlos de manera precisa, para que no aprendan.

¿O tal vez mis enemigos hasta ahora no han sido más que marionetas?

No. Descarto la idea con una sacudida de su cabeza. En algunos casos uno podía cortar la cabeza para destruir el cuerpo, pero esto no era así de simple. ¿No era esa la lección que aprendió hace ya una década?

“Necesitaremos algunos planes nuevos.”

“¡Pfah! Esos pequeños monstruos no sabrían el valor de una gema ni aunque esta los golpeara en los ojos.” El Chaman enano se sonrojó, llevando un montón de carga. El polvo a su alrededor indicó que había estado en el almacén o algún lugar parecido.

Ninguno de ellos, por supuesto, se rebajaría tanto como para robarles a estas monjas. Lo hacía para asegurarse de que todo estaba bien.

A pesar de todo, el Sacerdote lagarto giro su mirada hacia el enano con gran interés. “¿Están los textos a salvo?” preguntó.

“Solo los que ellos no tiraron a la basura,” respondió el Chaman enano. Hubo un estruendo mientras el apilaba varios objetos en el banco: eran tablillas de piedra –no, tal vez de arcilla. Estos utensilios no eran tan convenientes como el papel, pero eran la prueba de que los registros de la era de los dioses y los días antiguos aun existían.

“Dudo que ellos pudieran diferenciarlos de las losas,” dijo el Sacerdote lagarto, sacudiendo la superficie de las tablillas suavemente para no rayarlas con sus garras.

La forma de las letras parecía ser un poco vieja; incluso el sacerdote lagarto no podía leerlas.

Los asiduos caracteres no geométricos formaron patrones que amenazaban con dejar al lector mareado.

“En nuestra ignorancia de lo que dicen, tal vez no somos tan diferentes de los goblins. Pero debemos estar agradecidos de que algo sobrevivió.”

“Tenemos que averiguar exactamente que son en cuanto tengamos la oportunidad. Pero eso puede esperar.”

“Si.” Goblin Slayer asintió. “¿Cómo están las cosas ahí afuera?”

“Orejas largas está mirando alrededor. Ella tiene una buena visión nocturna y la agilidad de un ranger.”

Si queda alguno, ella lo encontrara. El enano sacó su jarra de vino. Goblin Slayer aceptó y tomó un trago, bebiendo lujuriosamente a través de la visera de su casco. Los espíritus quemaron su camino hacia abajo, llamando su atención acerca de cómo su concentración se veía opacada por el cansancio.

“… Ambos usaron hechizos. Necesitan descansar.”

“Tú también… pero tal vez ese es un lujo que no podemos darnos. Necesitamos asegurarnos de que tenemos suficiente gente en la primera línea.” Entonces el enano se llenó la boca de vino, antes de pasar la jarra al Sacerdote lagarto.

“Oh-ho,” dijo el lagarto, entrecerrando los ojos, para luego tomar un gran trago de vino. Su larga lengua lamió las gotas que habían quedado en su mandíbula, y tosió una vez. “Hace a uno desear queso.”

“Cuando regresemos,” el Chaman enano tranquilizo a su compañero, golpeándolo en el hombro. “No podemos distraernos solo porque iremos a casa.”

“Es verdad, pero creo que estaremos bien por esta noche.” La voz provino de la puerta, la cual se agrieto al abrirse. Una silueta de deslizó hacia el interior de la capilla, como un gato caminando en la noche. La mujer sacudió ligeramente sus largas orejas –era la Elfa mayor.

“Hice un circuito en el área, pero no vi ningún rastro de que un goblin escapara.”

“¿Estas segura?” Pregunto Goblin Slayer, a lo que ella respondió “Estoy segura.”

La Elfa arquera frunció el ceño y rasco un poco de la sangre seca en su mejilla. “En cuanto lleguemos a casa, si no vemos ningún goblin en el camino, creo que será el fin de esto.”

“Ya veo.” Goblin Slayer asintió levemente, mirando a la pila de cadáveres en la esquina de la capilla.

Veinte goblins normales. Ellos habían lidiado con veinte goblins normales y los mataron.

Las mujeres heridas estaban en los bancos.

¿Se acabó?

“…… Ya veo.” Asintió otra vez y cambio ligeramente. Entonces sacudió gentilmente a la Sacerdotisa, quien estaba recostada en él. “Despierta. Ella regresó.”

“… ¿Mm? Ah. Oh, c -claro.” La Sacerdotisa se sentó. Se sacudió la cabeza unas cuantas veces y se frotó los ojos, forzando su divagante conciencia a concentrarse.

“Está bien, yo limpiare entonces, todos estamos…”

Las palabras muy sucios alcanzaron sus labios, en vez de decirlas se las tragó. Agarró su bastón y camino a través de las mujeres que estaban dormidas en los bancos, con la Elfa arquera siguiéndola. La Sacerdotisa se arrodilló en el centro de la habitación y sostuvo su bastón con ambas manos, la postura de oración.

“Oh, madre tierra, que rebosas de piedad, por favor, con tu sagrada mano, limpiamos de nuestra corrupción.”

Conmovida por la devoción de su preciosa seguidora. Una mano invisible bajo de los cielos para tocar la piel de las chicas. Era un sentimiento placentero acompañado por la sensación del suave toque de una pluma.

Y presenciaron: ante sus ojos, la inmundicia se desprendió de las chicas y voló lejos – toda la suciedad, las manchas de sangre pegada a sus prendas. De alguna manera, sus rostros se relajaron, transformándose para mostrar expresiones de reposo.

“Mm,” dijo la Elfa mayor, entrecerrando los ojos como un gato. Extendió sus brazos ampliamente. “Eso sí es algo. Es casi como si fuera todo lavado con agua. ¿Es ese el nuevo milagro que obtuviste?”

Tendría que disculparse con los dioses por sus anteriores quejas.

“Si,” la Sacerdotisa respondió con una pista de felicidad. “Cuando le dije a la cabecilla del templo que había sido promovida al rango acero, me pidió realizara la ceremonia.”

“¿Una especie de milagro restringido, no crees? ¿no tenían algo más llamativo?”

“… Tenia que ir a por lo que necesitaba,” murmuró la Sacerdotisa, evitando su mirada.

“Ahh,” la Elfa mayor frunció el ceño, entendiéndolo.

En general, se decía que eran los dioses los que decidían que milagro recibiría el que suplicaba, pero algunas veces un ferviente deseo podría ser merecedor de una habilidad en particular.

Este era el milagro Purificación. El cual invoca un acto de los dioses para remover las impurezas. Esto era, por así decirlo, todo lo que hacía. Y usar un muy valioso milagro en algo como esto…

Aun así, al mismo tiempo, la idea de poder limpiar sus prendas y cuerpo una vez al día mientras se encontraban en una aventura alegró su corazón de chica. En adición, el milagro podía purificar el agua o el aire en cierta medida, así que no lastimaría a nadie el tenerlo a la mano.

También estaba el problema de que medir el valor de una intervención divina meramente en términos de cuanto beneficio le otorga a su usuario era la peor clase de sacrilegio.

“……”

La Sacerdotisa puso una mano sobre su pequeño pecho y respiró profundamente. Sus parpados revolotearon y se mordió el labio.

Ya me acostumbré, ¿no es así?

Después de toda la charla acerca de bodas, ellos vinieron aquí y vieron lo que los goblins habían hecho, en que estado tan horrible habían dejado a estas mujeres. Y a pesar de que su corazón le dolía, se encontraba capaz de sostener una pequeña charla. Incluso si era en parte una actuación.

Habría sido inimaginable hace un año.

“Es un buen milagro.”

Una pesada mano se posó fácilmente sobre su hombro. Ella saltó y miro hacia el sucio casco. Esas pocas palabras fueron suficientes para hacer que su corazón se agitara.

“Hay usos para eso.”

Y entonces las cejas de la Sacerdotisa cayeron, con una expresión ambivalente en su cara.

El crepúsculo carmesí se esparció en cada esquina de la plaza.

Era una puesta de sol en verano. El viento del oeste soplo para llevarse el calor del día, extendiendo ondas a través del mar de hierba en el pasto.

“¡Bien, todas ustedes, es hora de ir a casa!”

Las vacas, que habían estado mascando el pasto alegremente, levantaron sus cabezas con un grupo de mugidos. Lento pero seguro, ellas empezaron a caminar, formando una manada que fue al granero.

Las vacas eran, por lo general, obedientes. Había poca necesidad de la Granjera de involucrarse con ellas, pero eso no significó que no había trabajo que hacer. Era importante contar el ganado, asegurándose de que todos los animales volvieran a salvo al granero. Si, él revisó la cerca diligentemente cada mañana, pero eso no quería decir que nunca habría problemas. Los zorros y lobos eran problema suficiente, pero siempre era posible perder un animal en el campo.

Una vez que todas las vacas estaban en el corral, ella tendría que alimentarlas. Los ganados de vacas y caballos eran bienes preciados. Era imposible prestarles demasiada atención.

“Bien, todas están aquí.” La Granjera tronó sus dedos mientras el ganado caminaba hacia adentro, contando hasta la ultima de ellas, entonces hizo un enérgico movimiento con la cabeza.

Habían pasado dos días desde que él, su amigo de la infancia, se había ido en una aventura.

Era algo natural que él se aventurara unos días. Él era un aventurero.

Había días en los que él no volvía a casa, días en los que ella simplemente lo esperaba.

Eventualmente, habría un día en el que la espera nunca terminaría.

Era un aventurero, y eso era algo natural.

Heh. No puedo bajar por ese camino, o nunca poder regresar.

“Concéntrate en el trabajo, ¡el trabajo!”

Hubo otra ráfaga de viento.

La brisa del verano trajo consigo un regalo de aromas: el olor del pasto fresco, la fragancia de varias cenas en la ciudad, incluso el olor de las vacas.

“Hmm…”

Y ahí estaba el olor del metal oxidado. Era un olor al cual, para su disgusto, ya se había familiarizado gracias al paso de los años.

La Granjera se detuvo a la mitad del proceso de seguir a las vacas al granero, girando sobre sus talones. A lo lejos, ella pudo ver una figura que venia desde la ciudad, aproximándose con un intrépido y despreocupado paso.

Vestido con un sucio casco metálico y una armadura de cuero de aspecto barato mientras una espada de extraña longitud oscilaba en su cadera, y un pequeño y redondo escudo atado en su brazo.

La Granjera entrecerró los ojos y entonces, como siempre, sonrió. “Bienvenido a casa. ¿Estas cansado?”

“Si,” el respondió asintiendo. “Estoy en casa.”

Ella fue hacia el con un trote. Inhaló y exhaló rápidamente. Sus movimientos se veían normales. Sintió como sus mejillas se relajaban.

“No estas herido. Bien, me alegro.”

“Si.” Asintió asiduamente, entonces comenzó a caminar de nuevo; él había disminuido su paso anteriormente. La Granjera se caminó a su lado.

“Hrm…” su cara se apretó ligeramente. Si ella podía olerlo, ¿podría el oler su sudor? Se olio la manga, pero aun así no podía decirlo.

Eh, creo que es un poco tarde para eso.

“Oye, ¿Qué hacen los aventureros con la suciedad y esas cosas?”

“Nos cambiamos cuando podemos, limpiamos nuestros cuerpos, algunos incluso usan hechizos o milagros.”

“¡Huh!”

“A veces el olor corporal puede alertar a los goblins de tu presencia. Es tonto estar con el viento yendo hacia ellos.”

Supongo que eso tiene sentido. La Granjera asintió y se precipitó para ponerse al otro lado de él.

“¿Qué paso?” él preguntó, pero ella simplemente evadió la pregunta y dijo, “No te preocupes por eso. ¿Quieres cenar hoy? ¿O ya comiste algo?”

“No.”

“Está bien, entonces cocinare para ti. ¿Estofado está bien?”

“Si.” su casco asintió gentilmente. Su voz, también, sonó más alegre de lo usual. Solo eso fue suficiente para que la Granjera se alegrara de haberse tomado el tiempo de preparar esa comida.

Mírame, soy tan fácil.

Bueno, ella no se sentía mal acerca de eso. Las cosas estaban bien así.

“¿Debes estar cansado, huh?”

“…”

No hubo respuesta. El aun tenía el mal habito de callarse cuando no tenía una buena respuesta.

La Granjera se rio un poco y se inclinó hacia adelante, como si fuera capaz de ver a través del casco. Desde el otro lado de la visera de metal, ella no podía ver su expresión, pero tenia una muy buena idea de cual era.

“¿Mal trabajo?”

“… No hay trabajos fáciles.”

“Suficientemente cierto.”

Sus sombras se estiraron en el crepúsculo del verano.

Las vacas estaban de vuelta en el granero. Todo lo que quedaba por hacer era volver a casa.

Habían caminado a casa juntos tan seguido desde que eran pequeños. ¿Cuántas veces lo habrían hecho hasta ahora?

Ella no sintió que mucho cambiara desde los viejos tiempos. Solamente que su sombra de él era un poco mas larga que la de ella.

“Por cierto…”

“¿Hmm?” ella mantuvo los ojos en sus siluetas mientras respondía. Cambio si paso un poco, tratando de igualar sus sombras.

No por algo en especial, era simplemente algo que recordó hacer cuando eran niños.

“Al parecer hay una boda.”

“¿Boda…?”

Bueno, ahora. Ella se encontró con que no podía apartar la mirada de él. El dijo esa palabra como si no le fuera familiar, como si fuera de otro idioma.

Boda. Una boda. Unirse a otra persona. Pasar sus vidas juntos.

“¿Una boda, huh? ¿Y fuiste invitado?” dijo en calmadamente.

“Si,” respondió con su brevedad usual. “Mi…” se detuvo por un momento. “En mi equipo hay una elfa.”

“Oh,” dijo la Granjera entrecerrando los ojos. La jovial y optimista ranger. “Ella.”

“Su hermana mayor y un primo, eso parece.”

“Eso es bueno.”

“Me dijeron que te invitara también.”

“… ¿Estás seguro?”

“Esa no es mi decisión.”

Hrm, la Granjera gruño.

Estaba la granja, estaba el trabajo. ¿Podía realmente dejarlo todo atrás por unos días?

El verano era una época ocupada. Como lo era el otoño. Como lo eran la primavera y el invierno. Todo el año, ella tenia que preocuparse del clima, los cultivos y los animales.

Pero entonces… o si, entonces.

Una boda elfa.

La frase resonó el las profundidades de su corazón. Ella había soñado con esas cosas cuando aun era una niña, todo el tiempo segura de que nunca vería una: las hadas bailando alrededor, prendas mas hermosas de lo que jamás pudo ver y música que nunca había escuchado. La novia y el novio resplandeciendo.

Ella había escuchado acerca de esas cosas en cuento para dormir, pero siempre asumió que no eran nada más que eso.

Es más, ella nunca había estado lejos de su pueblo natal (destruido) o de la granja donde vivía ahora. Parecía que había pasado mucho tiempo desde que se imaginaba ir a algún lado.

“Me pregunto… ¿realmente está bien?” murmuro, como si fuera realmente algo malo.

“Yo hablare con tu tío.”

“… Está bien.” Tal vez la franca amabilidad en su voz era una respuesta a sus vagos murmullos.

Eso debe ser, ella decidió. Estoy segura de que lo es, así lo prefiero.

Ella se movió ligeramente, para que sus sombras dejaran de coincidir. Para que solamente las manos de sus siluetas se entrelazaran mientras las oscuras figuras se alargaban sobre el campo rojizo.

“¿Un matrimonio, huh…?”

Estaban casi de regreso en casa.

Era una distancia corta para caminarla juntos. Suficiente para compartir lo que pensaban. Para compartir unas palabras…

“¿Alguna vez has pensado en esa clase de cosas?”

“…”

Estuvo en silencio por un momento. Su comportamiento normal cuando no sabía que decir.

“Es difícil.”

“Tal vez sea así,” ella murmuro, girando sobre su talón. Empezó a caminar de espaldas, con las manos puestas detrás de ella. “En ese caso,” ella continuó, mirando hacia él, “¿Qué hay… de cuando éramos pequeños? Tu prometiste casarte conmigo cuando creciéramos.”

“…”

La Granjera escucho un leve suspiro desde el interior del casco. “No recuerdo tal promesa.”

“Oops… ¿Viste a través de mí, huh?”

Se rio en voz alta, girando nuevamente como lo había hecho, y siguió caminando.

Sus sombras se separaron. Las manos de sus sombras se separaron. Ahora… si, era demasiado tarde ahora.

Pero debimos hacer esa promesa.

De alguna manera el sol del crepúsculo encontró el camino a sus ojos, y ella parpadeó rápidamente.