Nuestro pueblo, si bien está en las provincias, sigue dentro del país.

Se pone increíblemente oscuro por la noche. Negro azabache. El contraste con el día es tal que el interior y el exterior de una construcción abandonada se vuelve casi indistinguible.

Para mí, alguien que ha vivido en el lugar toda su vida, difícilmente se siente inquietante o extraño, y, en realidad, así es como se supone trabaje la naturaleza, pero de acuerdo con alguien como Oshino, un errante… El contraste tiende a estar relacionado con la raíz del problema más de lo que se piensa.

Esto hace que la raíz sea más fácil de discernir y comprender… también me dijo eso.

En cualquier caso.

Ahora mismo pasaba poco de media noche.

Senjogahara y yo montamos en bici de regreso hacia las ruinas de la escuela intensiva. Esta vez tomamos un cojín de verdad de la casa de Senjogahara para usarlo en el asiento trasero.

Ya que no había comido nada, estaba un tanto hambriento.

Cuando aparqué mi bici en el mismo sitio que había usado en la mañana y entre al patio por el mismo hueco del cercado, Oshino estaba allí esperándonos en la entrada.

Como si hubiera estado ahí por décadas.

—Qué… — Senjogahara mostró sorpresa ante su atuendo.

Oshino estaba envuelto en una túnica blanca… la de un sacerdote de Shinto. Su cabello andrajoso estaba meticulosamente arreglado, y su aspecto general era cuando menos más ordenado, resultando apenas reconocible respecto al de la mañana.

Que él —de algún modo— actuara el papel, en realidad era ofensivo.

—Señor Oshino, ¿usted era… un sacerdote de Shinto? —preguntó Senjogahara.

—¿Qué? Em, ¿no? —negó él casualmente—. No soy líder religioso ni ritualista. Es lo que estudié en la escuela, pero nunca fui a trabajar para un santuario. Tenía demasiadas objeciones.

—Objeciones.

—Razones personales. Tal vez, la verdad sea que todo eso comenzó a parecerme absurdo. Estas ropas solo son un modo de vestirse para la ocasión. No tenía otras limpias, eso es todo. Vamos a encontrarnos con un dios, jovencita, así que yo también debo verme de lo mejor. ¿No te lo dije? Crearemos el ambiente. Para Araragi, fue sosteniendo cruces, colgando ajo y peleando con agua bendita. La situación es lo importante. No te preocupes, pueden faltarme modales, pero sé cómo funciona el negocio. No agitaré un bastón como loco ni te lanzaré sal en la cabeza.

—E-Está bien…

Senjogahara parecía un poco intimidada.

Cierto, su atuendo era llamativo, pero viniendo de ella, esta pareció una reacción un poco exagerada. Me hizo pensar.

—Sip, jovencita, te ves limpia y pura. Bien hecho. Solo para estar seguros, ¿estás usando algo de maquillaje?

—No, pensé que sería mejor.

—Ya veo. Bueno, por ahora, esa fue la elección correcta. Y tú, Araragi, ¿tomaste una ducha?

—Sí, no te preocupes.

No tuve opción ya que iba estar presente para esto, pero el pequeño incidente que se dio en casa de Senjogahara cuando esta trató de espiarme podría quedar en secreto.

—Jum. A pesar de eso, te ves exactamente igual.

—¿Y eso qué tiene que ver con el asunto? —repliqué yo.

Digo, si bien iba a estar presente, era alguien ajeno al proceso. Sumando que no me había cambiado de ropa, a diferencia de Senjogahara, claro que me miraba igual.

—Entonces acabemos con esto. He preparado un espacio en el tercer piso.

—¿Un espacio?

—Sip —dijo Oshino y desapareció en la oscuridad del edificio. A pesar del blanco brillante de su sotana, pronto se volvió invisible. Tomé la mano de Senjogahara tal como lo había hecho en la mañana y caminé tras él.

—Sabes, Oshino, dices «acabar» y actúas terriblemente relajado, pero ¿estás seguro?

—¿Seguro? ¿De qué? Llamé a este lugar a un chico y a una chica de edades delicadas en medio de la noche. Cualquier adulto querría terminar tan rápido como sea posible.

—Lo que estoy preguntando es si será tan fácil desterrar a este cangrejo, o cualquier cosa que sea.

—Qué pensamientos tan violentos, Araragi. ¿Te sucede algo bueno? — Oshino se encogió de hombros sin darse la vuelta—. Esta ocasión no es como la de la pequeña Shinobu en tu caso o ese gato lujurioso en el de la señorita presidenta de clase. Y no lo olvides, Araragi, soy pacifista. Mi política básica es “sin violencia, pura obediencia”. Tú y la señorita presidenta de clase fueron asaltados con malicia y hostilidad. Este cangrejo es diferente.

»¿No te lo dije? Estamos tratando con un dios. Solo está presente y no ha hecho nada. Como parte de la naturaleza… solo existe. Araragi, cuando acaban tus clases vuelves a casa, ¿no? Es como eso. La señorita lo ha estado exagerando todo.»

No hace daño, no ataca.

No te posee.

«Exagerando» sonó un poco cruel, pero Senjogahara no dijo nada. ¿Sería que no tenía opiniones al respecto?, ¿o, dado lo que seguiría, estaba intentando no reaccionar mucho a las palabras de este?

—Entonces, Araragi —aconsejó Oshino—, ya sea desterrarlo o darle una paliza, deja esas ideas peligrosas. Esta vez vamos a pedirle un favor a un dios. Sé humilde.

—Un favor, ¿eh?

—Correcto. Un favor.

—¿Y si lo pedimos amablemente, dirá que sí y lo va a regresar? El peso… de Senjogahara. Su peso corporal.

—No diré que es un hecho, pero existe la probabilidad. No es igual que pasar la víspera de año nuevo en un templo. Bueno, usualmente no rechazan una petición sincera sin pensarlo. Los antiguos dioses son un grupo con muy poco criterio. Especialmente los japoneses. Exceptuando a los humanos tomados como representantes, no podríamos importarles menos como individuos. En verdad no, ¿entiendes? De hecho, para los ojos de un dios, tú, yo y esta muchachita, somos indistinguibles. La edad, el género, el peso, nada de esto importa, y los tres somos lo mismo para ellos, humanos.

Nosotros…

No solo éramos similares, sino la misma cosa.

—Eh… Entonces esto es fundamentalmente distinto de una maldición.

—Oye —dijo Senjogahara con su voz llena de resolución—, ese cangrejo… ¿Sigue cerca de mí?

—Lo está. Está aquí, y está en todos lados. Pero si buscamos su manifestación en este lugar… Seguir ciertos pasos será necesario.

Llegamos al tercer piso.

Entramos a una de las aulas.

Una cuerda shimenawa había sido colgada en las paredes. Las sillas y mesas habían sido transportadas hacia otro lado, y se había plantado un altar frente a la pizarra. Considerando que el espacio estaba lleno de mesas con ofrendas, no pudo haber sido montado en el tiempo transcurrido luego de nuestra charla anterior. Había lámparas pequeñas acomodadas en las cuatro esquinas de la habitación y la llenaban con una luz tenue.

—Véanlo como un campo espiritual —explicó Oshino—. El reino de las deidades, como suelen llamarlo. No es nada por lo cual alterarse. No tienes por qué estar nerviosa, jovencita.

—No… yo no estoy nerviosa.

—¿En serio? Fantástico —dijo Oshino, adentrándose en el aula—.

»Ustedes dos, ¿podrían bajar la cabeza y mirar hacia abajo?»

—¿Qué?

—Ya estamos en presencia de un dios.

Luego… los tres nos formamos frente al altar.

Esto no era nada parecido a las medidas que tomó conmigo o Hanekawa… Si hablamos de nervios, yo era el que se estaba sintiendo así… Era un lugar tan sofocante… el solo ambiente me estaba haciendo sentir extraño.

Mi cuerpo se estremeció.

No podía evitar estar en guardia.

Yo, personalmente, soy uno de esos niños modernos alejados de la religión y que no distinguen entre el sintoísmo y el budismo. Y, aun así, mi corazón alberga cierto instinto que reaccionó a esta precisa situación.

Una situación.

Un espacio.

—Oye… Oshino.

—¿Qué pasa, Araragi?

—Recién estaba pensando, si se trata de la situación y el espacio, ¿yo debería estar aquí siquiera? Como lo veas, soy un intruso.

—No eres un intruso precisamente. Todo debería salir bien, pero nunca sabes, ocurren cosas. Siempre puede pasar algo. Y si sucede, Araragi, vas a actuar como barrera para la jovencita.

—¿Lo haré?

—¿Para qué más sirve ese cuerpo inmortal tuyo?

Bueno, ciertamente esa era una línea bonita, pero estaba muy seguro de que no serviría como barrera para Senjogahara.

Para comenzar, yo ya no era inmortal.

—Araragi, —Senjogahara suplicó sin perder ni un momento—, promete que me protegerás.

—¡¿Por qué el personaje de princesa tan de repente?!

—¿Cuál es el problema? De todos modos, seguramente planeas poner fin a tu miserable existencia tan pronto como canta un gallo.

—¡Eso no encaja con el personaje para nada!

Lo que es más, unas palabras que difícilmente se dicen a tus espaldas durante el transcurso de tu vida me acababan de ser dichas justo en la cara como cosa normal. Estar en el área de bombardeo de su lengua ácida me hizo preguntarme si estaba pagando por las maldades que cometí en alguna vida pasada.

—Por supuesto, no estoy pidiendo que lo hagas gratis —dijo ella.

—¿Vas a darme algo? —pregunté yo.

—Qué superficial de tu parte, querer una recompensa material. No sería exagerado decir que toda tu humanidad se resume a esa triste pequeñez.

—…Entonces, ¿qué vas a hacer por mí?

—Mmm… Eres una basura que trato de equiparle el atuendo de esclavo a Nera en Dragon Quest V, pero cancelaré mis planes de correr la voz.

—¡Nunca he escuchado de nadie que haga eso!

Además, divulgarlo era su intención.

Vaya mujer horrible.

—Debería ser obvio que no puedes equipárselo… Eso es de tarados, ¿o debería decir «de animales»?

—¡Espera un segundo! Te ves triunfante como si hubiera sido un chiste ingenioso, ¡¿pero alguna vez he hecho algo que me haga parecer a un animal?!

—Cierto. — Senjogahara disimuló su risa—. Qué injusto de mi parte. Con los animales.

—¡¡ …rk!!

Acababa de tejer, en ese preciso momento, una vieja broma que en cualquier otro caso hubiera sonado gastada… Esta mujer tenía una completa maestría en todos los artes del insulto.

—Está bien —dijo ella—. Un cobarde como tú puede volver corriendo a casa con la cola entre las patas y jugar juegos solitarios con una pistola eléctrica, igual que haces cada noche.

—¡¿Qué clase de juego degenerado es ese?!

O, mejor dicho, deja de esparcir un rumor insidioso tras otro acerca de mí.

—Araragi, cuando estás a mi nivel, es fácil ver a través de cosillas endebles como tú. Conozco todos tus obscuenos secretos.

—¡¿Cómo logras equivocarte y convertirlo en un insulto incluso peor?! ¡¿De quién demonios eres la amada?!

Ella era incomprensible en ese aspecto.

Seguro quiso decir «Oscuros».

—Como sea, Oshino —retomé yo—. ¿Por qué pedírmelo a mí? ¿No lo hará ese vampir… Shinobu? Como aquella vez con Hanekawa.

Él simplemente contestó: —Ya pasó su hora de ir a la cama.

¿Un vampiro durmiendo de noche?

Eso de verdad era lamentable.

Oshino tomó una vasija de sake de las ofrendas y se lo pasó a Senjogahara.

—¿Eh? ¿Ahora qué? —preguntó ella, confundida.

—Beber alcohol puede acercarse a los dioses… aparentemente. Vamos, toma este para ablandar.

—…Soy menor.

—No tienes que ir tan lejos como para quedar ebria. Solo un sorbito.

—…

Luego de un momento de duda, Senjogahara pasó un trago, mirando alrededor. Le regresó el recipiente a Oshino, quien lo puso de vuelta en su lugar original.

—Muy bien. Vamos a calmarnos —dijo Oshino, aún viendo al frente… Su espalda daba hacia Senjogahara—. Comenzaremos relajándonos. La situación es lo importante. Mientras creemos un espacio, los modales son aparte… Al final todo depende de tu estado mental, jovencita.

—Mi estado mental…

—Relájate. Comienza bajando la guardia. Este lugar es tuyo. Para ti es natural estar aquí. Mientras bajas la cabeza y miras abajo… Vamos a contar. Un, dos, tres…

Realmente…

Yo no tenía la necesidad, pero acabé haciéndolo también, cerré los ojos y conté. Mientras lo hacía, tuve una revelación.

Crear el ambiente.

En ese sentido, no solo estaba el atuendo de Oshino, sino la cuerda shimenawa, el altar, e incluso el viaje a casa para bañarse, todos eran requerimientos para crear el ambiente… O, analizando más, para establecer la condición mental de Senjogahara.

Era algo parecido a la sugestión.

Sugestión hipnótica.

El comienzo fue deshacerse de sus complejos, hacer que bajara la guardia, forzar una relación de confianza con él… Aunque lo abordó de una manera completamente diferente, no fue menos necesario conmigo y Hanekawa. Dicen que creyendo serás salvado, y lograr que Senjogahara lo aceptara, en resumidas cuentas… era crucial.

La misma Senjogahara lo había dicho.

Todavía no confiaba en Oshino ni a medias.

Pero…

Así no funcionaría.

Eso no iba a ser suficiente.

Porque… se necesitaba una relación de confianza.

Oshino no podía salvar a Senjogahara, ella iba a salvarse a sí misma… Ese era el verdadero significado de las palabras de este.

Lentamente abrí los ojos.

Miré alrededor.

Lámparas.

Las flamas de las lámparas en las esquinas… flaquearon.

Una ráfaga de viento sopló por las ventanas.

Unas llamas temblorosas… que podrían extinguirse en cualquier momento.

Aun así, su luz era innegable.

—¿Sientes calma?

—Sí.

—Muy bien… Entonces resolvamos algunas preguntas. Has decidido responder mis preguntas. Jovencita, ¿cuál es tu nombre?

—Hitagi Senjogahara.

—¿A qué escuela asistes?

—Preparatoria privada Naoetsu.

—¿Tu fecha de nacimiento?

—Siete de julio.

Se desarrolló un interrogatorio cuyo significado no estaba claro y, de hecho, parecía totalmente sinsentido.

Fue monótono y avanzó a un paso invariable.

Oshino seguía dándole la espalda a Senjogahara.

Ella, también, escondió su rostro a la vez que cerraba los ojos.

Su cabeza bajó, su mirada también.

Había suficiente quietud para que los respiros y latidos del corazón se hicieran escuchar.

—¿Quién es tu autor favorito?

—Kyusaku Yumeno.

—¿Qué tal si me cuentas una historia embarazosa de cuando eras pequeña?

—No quiero hablar.

—¿Qué tipo de música clásica te gusta?

—No estoy muy versada en la música.

—¿Cómo te sentiste cuando te graduaste de la escuela primaria?

—Solo sabía que después asistiría a la secundaria. Porque simplemente iba a pasar de una escuela pública a otra.

—¿Quién fue el chico que se convirtió en tu primer amor?

—No quiero hablar.

—En tu vida a la fecha —dijo Oshino con su mismo tono inmutable—, ¿qué experiencia es la que más te ha dolido?

—…

Aquí… Senjogahara dejó un espacio en blanco.

Ni siquiera un «No quiero hablar»… Solo silencio.

Entonces me percaté de que Oshino solo había dotado de sentido a esta pregunta.

—¿Qué sucede? La experiencia más dolorosa de tu vida. Estoy hablando de tus recuerdos.

—…M.

El ambiente… no era uno en el que pudiera guardar su silencio.

No podría negarse con un «no quiero hablar».

Era… ese tipo de situación.

El espacio que se había formado.

De acuerdo con el plan… la situación prosiguió.

—Mi madre…

—Tu madre…

—Cayó en una religión mala.

Había caído en garras de una sospechosa religión reciente.

Senjogahara ya me lo había dicho, su madre les entregó todo lo que poseían e inclusive adquirió deudas, hasta que su familia se deshizo, e incluso después del divorcio, su padre seguía trabajando de sol a sol para pagar los préstamos.

Esa era… ¿su experiencia más dolorosa?

Aún más que… ¿ser desprovista de su peso?

Claro que lo era.

Cómo no podría doler más.

Pero… eso…

Eso

¿Eso es todo? —preguntó Oshino.

—… ¿Qué quieres decir?

—Si es todo, no es gran cosa. La libertad de creencias está reconocida por las leyes de Japón. No, la libertad de creencia está reconocida como un auténtico derecho de los humanos. A lo que tu madre haga reverencia o dirija sus plegarias es un asunto de mera metodología.

—…

—Entonces… Eso no es todo —declaró Oshino asertivamente—. Habla y confírmalo. ¿Qué pasó?

—Como dije… M-Mi madre… por mi culpa cayó en una de esas religiones… La engañaron…

—Tu madre fue tomada por un culto… ¿Y luego?

Y luego.

Senjogahara mordió fuertemente su labio inferior.

—U-Un miembro ejecutivo del grupo religioso vino a casa con mi madre.

—Un miembro ejecutivo. La persona vino, ¿y después?

—Dijo que haría una purificación.

—¿Purificar? ¿Se haría una purificación? Dijo que se haría una purificación… ¿y luego?

—Dijo que era un ritual… me tomó… y, —dijo Senjogahara, con su voz envuelta en dolor—, a-abusó de mí.

—Abuso… ¿En el sentido de ponerse violento? O… ¿De un modo sexual?

—Del modo… sexual. Sí, ese hombre… — Senjogahara continuó como si estuviera conteniendo múltiples emociones—. Trató de violarme.

 —…Ya veo.

Oshino asintió… Estaba tranquilo.

La fijación antinatural de Senjogahara en la castidad, su… sentido de precaución. Su mentalidad defensiva y actitud sumamente agresiva.

Ahora parecían tener sentido.

Lo mismo pasaba con la reacción excesiva hacia el atuendo ritualista de Oshino.

Para alguien sin experiencia, como Senjogahara, la cuestión era que el sintoísmo resultaba ser, también, una religión.

—Ese… libertino hipócrita…

—Esa es una perspectiva budista. Una religión incluso puede respaldar el asesinato de uno de los iguales. Esto no es por generalizar. Pero dijiste trató de violarme… ¿Eso quiere decir que terminó como un intento?

—Lo golpee con los taquetes que tenía cerca.

Eso fue valiente.

—Le sangró la cabeza… Y comenzó a retorcerse en el suelo.

—¿Y con eso te salvaste?

—Me salvé.

—Bien por ti.

Pero… mi madre no trató de salvarme.

»A pesar de que estuvo mirando todo el tiempo —dijo Senjogahara, inmutable.»

Sin mayor emoción, ella continuó con su respuesta.

—De hecho… ella me regañó.

—Eso… ¿es todo?

—No… ya que herí a ese líder, mi madre…

—¿Tu madre fue penalizada? — Oshino acabó la línea de Senjogahara en su lugar.

No se necesitaba ser adivino para imaginar las consecuencias de tal escena… pero pareció surtir efecto en ella.

—Sí —afirmó ella, solemnemente.

—Naturalmente… ya que su hija lastimó a uno de los líderes.

—Sí. Y por eso… todo lo que teníamos. La casa, las tierras… hasta caer en las deudas… mi familia se fue a bancarrota. La quiebra total… se desmoronó por completo, y aun así, sigue separándose. Todo sigue, señor.

—¿Cómo está tu madre ahora?

—No lo sé.

—No hay forma de que no lo sepas.

—Probablemente… ella sigue practicando su culto.

—Todavía.

—No aprendió nada… no tiene vergüenza.

—¿Eso también duele?

—Sí… Duele.

—¿Por qué te duele? Ya no tiene nada que ver contigo.

—Es que a veces lo pienso. Qué tal si, en esa ocasión… no me hubiera resistido. Podríamos no haber llegado a eso.

Por lo menos…

Se pudo haber evitado la bancarrota.

Pudieron haber evitado separarse.

—¿Eso piensas? —preguntó Oshino.

—Así es… eso creo.

—¿De verdad crees eso?

—Sí.

—Entonces eso, jovencita… es el pesar de tu alma —dijo Oshino—. No importa cuán pesado sea, es algo que debes soportar. Dejárselo a alguien más… ese no es un modo de vida.

—Dejárselo a alguien más… yo no hago eso…

—No apartes los ojos… ábrelos y echa un vistazo.

Entonces…

Oshino abrió sus ojos.

Senjogahara también abrió los suyos… lentamente.

Las lámparas estaban en las esquinas.

Su luz titiló.

Las sombras, también.

Las sombras de nosotros tres, también… flaquearon.

Se mecieron hacia adelante y hacia atrás.

Adelante… y atrás.

—Ah. ¡Ahhhhh! —Senjogahara… gritó.

Aun lograba mantener su cabeza agachada… pero su expresión desbordaba de conmoción. Su cuerpo estaba temblando, y comenzó a sudar a chorros.

Estaba enloqueciendo.

Ella… Senjogahara.

—¿Ves… algo? —preguntó Oshino.

—S-Sí. Es como aquella vez… como esa vez, un gran cangrejo, un cangrejo… Lo veo.

—Conque sí. Bueno, yo no veo nada.

Fue entonces que Oshino se volvió hacia mí por primera vez.

—¿Ves algo, Araragi?

—Yo… No.

No se podía ver nada.

Solo la luz titilante.

Y sombra flaqueando.

Esto era lo mismo… lo mismo que no verlo.

No podía identificarlo.

—No veo… nada.

—Ya lo escuchaste. — Oshino se volvió hacia Senjogahara—. Apuesto que no ves ningún cangrejo, ¿verdad?

—N-No… es visible. Claramente. Para mí.

—¿No es una ilusión?

—No es una ilusión… Lo juro.

—Ya veo. Entonces…

Oshino siguió la vista de Senjogahara.

Como si hubiera algo… ahí.

Como si hubiera alguna cosa… en ese lugar.

—Entonces, ¿qué tienes que decirle?

—¿Algo… que decirle?

Cuando eso ocurrió…

Dudo que ella tuviera alguna razón, pero…

Seguro ella no tenía intención de hacerlo, pero…

Senjogahara… levantó la cabeza.

Probablemente fue la situación.

El ambiente se había vuelto demasiado para ella.

Eso debió haber sido todo, un simple error.

Pero las razones no importaban.

Por lo menos, las circunstancias humanas no importaban.

En ese preciso momento… Senjogahara voló hacia atrás.

Ella voló.

Como si no tuviera peso tangible, sus pies nunca tocaron ni se arrastraron por el suelo, arremetió desde el altar y hasta el fondo de la habitación, donde fue estampada en la cartelera.

Fue estrellada en ella…

Se quedó allí y no cayó.

No se desplomó.

Como si hubiera sido clavada, se quedó en el lugar.

Como si fuera una crucifixión.

—¡S-Senjogahara!

—¡Caramba! —dijo Oshino, consternado—. Creí haberte dicho que hicieras de barrera, Araragi. Una vez más, eres un inútil cuando más se te necesita. No puede ser que solo sirvas para ocupar espacio como una pared literal.

Se enoje o no, no pude hacer nada porque su velocidad había superado a mi vista.

Como si la gravedad funcionase en ese vector, Senjogahara parecía estar siendo presionada por una fuerza que la empujaba contra la cartelera.

Su cuerpo… comenzó a hundirse en la pared.

Parecía lista para ceder y quebrarse.

O Senjogahara estaba a punto de ser aplastada.

—Ah… A-Agh…

No fue un grito… sino un gemido.

Estaba sufriendo dolor.

Aun así… Yo seguía sin ver nada.

Todo lo que miraba era a Senjogahara pegándose, aparentemente, sola, a la pared.

Pero. Sin embargo, después de todo… ella debió haber estado viéndolo.

Un cangrejo.

Un gran… cangrejo.

El Cangrejo del Peso.

—Qué exagerado. Demonios, qué dios tan impaciente, ni siquiera pudo esperar a que comenzáramos a rezar. Pero qué buen humor. Me pregunto si algo bueno le pasó.

—O-Oye, Oshino…

—Sí, ya sé. Cambio de planes. Qué mal, pero esto es muy común. Ambos modos estaban bien para mí desde el principio.

Diciendo esto mientras suspiraba, pero con un andar firme, Oshino se acercó al cuerpo crucificado de Senjogahara.

Se le acercó sin alterarse.

Luego, su mano se extendió casualmente.

Apretó su mano apenas delante del rostro de Senjogahara.

Luego dio un tirón con facilidad.

—¡Hap!

De un movimiento, como si ejecutara un agarre de judo… Oshino tomó la cosa que tenía en su mano y enérgicamente, con toda su fuerza… la estampó contra el suelo. No produjo sonido, no hubo aire ni polvo. Pero lo estampó, tal como había sido con Senjogahara, solo que más fuerte. Luego, rápidamente, en el mismo respiro, pisó sobre este ente aplastado.

Estaba pisando sobre un dios.

De una manera violenta sumamente amaestrada.

Irreverentemente, sin pizca alguna de deferencia o piedad.

Ille pacifista despreció a un dios.

  • …gk.

Para mí, solo pareció como si Oshino lo hubiera fingido todo —Ejecutó una experta pantomima, y ahora mismo, con aplomo farseaba balanceándose en una pierna—. Por otro lado, para Senjogahara, todo era claramente visible…

Aparentemente era el tipo de panorama que le haría tener los ojos bien abiertos.

Al parecer, ese tipo de vista es.

Pero un segundo después, habiendo perdido, sin duda, el apoyo, pasó de estar adjunta a la pared a desplomarse en el suelo. Como no estaba a mayor altura y su peso era nulo, el impacto de la caída no pudo ser muy severo, pero al haber sido soltada sin aviso, tampoco pudo prepararse. Parecía haberse llevado un golpe duro en la pierna.

—¿Estás bien? —Oshino llamó para confirmar con Senjogahara antes de bajar la vista a sus propios pies. Su mirada… juzgante.

Lo evaluaba, con ojos estrechados.

—No importa cuánto crezca un cangrejo, entre más grande es, lo volteas y ahí se queda. Sea cual sea la creatura, si tiene cuerpo plano, no puedo dejar de pensar que existe para ser pisada, lo veas por donde lo veas… dicho eso, Araragi, ¿tú que piensas? —Oshino se dirigió a mi abruptamente—. Ciertamente podríamos comenzarlo desde el principio, pero sería una molestia. Personalmente, lo más cómodo es seguir aplastándolo hasta que reviente.

—¿Lo más cómodo? Y-Y, «hasta que reviente» es terriblemente agresivo… Ella solo levantó su cabeza un momento. Fue todo…

—Yo no diría que fue todo. O, mejor dicho, con eso basta. Al final, el asunto se trata de tu estado mental… Si no podemos ser amables y pedirlo como favor, entonces tendremos que recurrir a ideas peligrosas. Como las veces que tratamos con el demonio y el gato. Si no podemos hablar, entonces solo resta la guerra, ¿verdad? De cierto modo es igual a la política. Bueno, si solo lo aplastamos, se resolverán los problemas de la jovencita en un nivel superficial. Únicamente por arriba. Es un tratamiento paliativo que no toca la raíz, como podar las hierbas, por así decirlo. También es un método que no ansío tomar, pero quizá en esta ocasión debiera hacerlo sin más.

—¿H-Hacerlo?

—Ya ves, Araragi —dijo Oshino con una sonrisa inquietante—, en verdad detesto a los cangrejos.

Explicó que eran difíciles de comer.

Y con esas palabras…

Con esas palabras, su pierna… se tensó.

—Espere.

La voz vino desde atrás de Oshino.

No hay necesidad de decirlo, era Senjogahara.

Sobando su rodilla raspada, se puso de pie.

—Espere… por favor, señor Oshino.

—Que espere… — Oshino movió su vista de mí hacia Senjogahara, con la sonrisa malévola todavía en su rostro—. ¿Que espere por qué, jovencita?

—Antes… solo estaba sorprendida —dijo Senjogahara—. Puedo hacerlo sola.

—Ah.

Oshino no estaba retirando su pierna.

Seguía pisándolo.

Pero sin aplastarlo, tampoco, le dijo a Senjogahara: —Bien, intentémoslo.

Dicho esto…

De manera totalmente increíble —desde mi punto de vista—, Senjogahara se arrodilló, enderezó su postura, puso las manos en el suelo —volteada hacia el ser a los pies de Oshino—, y lentamente… hizo una reverencia respetuosa con su cabeza.

Estaba… postrándose.

Hitagi Senjogahara… estaba ejecutando un dogesa1 por voluntad propia.

Asumía esta pose libremente, como acto espontáneo.

—…Lo siento.

Comenzó con palabras de disculpa.

—Y… muchas gracias.

Siguió con palabras de gratitud.

—Pero… ahora todo está bien. Los sentimientos, mis pensamientos… y mis recuerdos, voy a cargar con ellos. No estuvo bien que los perdiera.

Y luego, finalmente…

—Por favor. Te ruego me concedas este favor. Por favor, regrésame mi peso.

Finalmente, palabras de súplica, como si estuviera rezando.

—Mi madre… Regrésala, por favor.

Bam.

Ese fue el sonido del pie de Oshino… golpeando el suelo.

Presumo que no fue por aplastar a la cosa.

No, se había desvanecido.

Así de simple fue… debió haber vuelto, de existir en la realidad, hacia una inexistencia en la realidad.

Fue enviado de regreso.

—Ah…

En cuanto a Mémé Oshino, se quedó de pie, sin hablar, sin moverse.

En cuanto a Senjogahara, mantuvo su postura a pesar de saber que esto se había terminado, y comenzó a sollozar, gimiendo audiblemente. Yaciendo apartado y mirando hacia ellos, Koyomi Araragi con su mirada perdida, divagaba inane: Ah, tal vez, Senjogahara es una tsundere de la cabeza a los pies.


[1] Dogeza: Reverencia de disculpa y solicitud. Se utiliza para demostrar sumisión absoluta o remordimiento extremo.