Dos horas después.

Había dejado la antigua escuela intensiva donde vivían Oshino y la vampiresa ahora conocida como Shinobu, y estaba en casa de Senjogahara.

La residencia Senjogahara.

Los departamentos Tamikura.

Una construcción de madera con dos pisos erguida treinta años atrás, con un buzón comunal de metal chapado puesto al frente. Por lo menos tenía una ducha y un inodoro de descarga. Era uno de los así llamados departamentos de una habitación, que medía apenas más de cien pies cuadrados, y tenía un pequeño fregadero. Se hacían veinte minutos caminando hacia la parada de bus más cercana (que no estación de tren, has de saber). La renta, incluyendo la cuota de mantenimiento, la del vecindario y los servicios públicos, se estimaban entre treinta y cuarenta mil yenes por mes.

Era muy diferente a lo que había escuchado de Hanekawa.

Debió haberse visto en mi rostro, porque Senjogahara explicó: —Mi madre cayó en una religión, una turbia.

Fue impulsivo, como si pusiera una excusa.

Como si tratase de echar cortinas de humo.

—No solo les dio todo lo que teníamos, sino que también obtuvo una gran cantidad de deudas. Un creyente y su dinero pronto son separados.

¿Religión? Quiere decir…

Estaba en algún culto sacadinero.

Y todos sabemos a dónde lleva eso.

—Mi padre tomo mi custodia luego de que marchara con mi madre hacia un divorcio seguro que acabó el año pasado, y ahora vivimos juntos aquí. Bueno, eso es lo que digo, pero rara vez lo veo porque las deudas están a su nombre y trabaja hasta la muerte para pagarlas. Vivo sola a toda vista para todo lo demás, y amo la libertad.

—…

—Pero la escuela todavía tiene mi antigua dirección en el archivo, así que no puedes culpar a Hanekawa por no saber.

Oye.

¿Se te permite hacer eso?

—Mejor no anuncio mi paradero a gente que podría convertirse en mi enemigo algún día.

—Enemigos…

Sonaba exagerado, pero, quizá ese nivel de precaución no era inesperado en la gente que tiene secretos que guardar.

—Senjogahara. Cuando dices que tu madre cayó en una religión… ¿Podría haber sido por tu bien?

—Que pregunta tan incómoda —Senjogahara rio—. ¿Quién puede saber? Yo no. Quizá no fue eso.

Esa fue… una respuesta incómoda.

Pero quizá una natural para una pregunta incómoda.

Mi pregunta había sido realmente incómoda, tanto que miré hacia atrás y me aborrecí a mí mismo por eso. No debí haber preguntado, y este era el momento en que Senjogahara habría lanzado un golpe con su certera lengua ácida.

Viviendo bajo el mismo techo, su familia no pudo haber ignorado que su hija ya no tenía peso alguno… especialmente su madre. Esta no era la escuela donde puedes simplemente sentarte por ahí y tomar las mismas clases. Una increíble anomalía afligiendo el cuerpo de su única hija habría salido a la luz con seguridad. Una vez todas las opciones hubieran tirado la toalla y recurrieron a una rutina diaria de exámenes, nadie podría culparte por buscar soledad.

O quizá no estarías libre de culpa.

Yo no lo sabía.

¿Qué punto habría en actuar como si lo supiera?

En cualquier caso.

En cualquier caso, yo estaba… sentado sobre un almohadón en una mesa baja y mirando con ojos vidriosos hacia una taza de té que había sido llenada para mí en la habitación 201 de los departamentos Tamikura, el hogar de Senjogahara.

Era ella, por lo que esperaba que me dijeran: «Tú espera afuera», pero, ella me había invitado a entrar. Incluso me había preparado té. Fue un tanto impactante.

—Voy a romperte cada uno de los huesos —dijo ella.

—¿Qué?

—Lo siento. Quiero decir, siéntete como en casa.

—…

—Bueno, quizá no me equivoqué la primera vez…

—¡Lo hiciste perfecto en el segundo intento! ¡No pudiste haberlo hecho mejor! ¡Es impresionante de ti, Senjogahara, no todos pueden corregir sus propios errores de esa manera!

…Pero esa fue el todo alcance de nuestra conversación, por lo que yo estaba desconcertado.

No era como si pudiera decir alguna línea, que resultara inocente, acerca de colarse en la casa de una chica que acababa de conocer. Todo lo que podía hacer era mirar fijo hacia mi té.

Senjogahara estaba tomando una ducha en ese momento exacto.

Como una ceremonia para limpiarse a sí misma, o algo así.

Ella iba a lavar su cuerpo con agua fría y cambiarse con un conjunto limpio, ropa nueva o vieja serviría… de acuerdo con Oshino.

Esencialmente, ella me había traído por esto. Bueno, mayormente tuvo que hacerlo porque habíamos ido de la escuela hacia el lugar de Oshino en mi bicicleta, y él así lo había recomendado.

Después de dar un vistazo a los austeros cien pies cuadrados que parecían todo menos la habitación de una mujer, me recliné en el pequeño guardarropa detrás de mí… y pensé de nuevo en lo que Oshino había dicho.

—El omoshi-kani, un Cangrejo del Peso.

Después de que Senjogahara explicara sus circunstancias… no exactamente la historia de su vida, pero, aun así, su situación de principio a fin… Oshino asintió con un «Ya veo», miró hacia el tejado por un momento, y dijo esas palabras como si recién llegaran a él.

—¿Un Cangrejo del Peso? —repitió Senjogahara.

—Es una pieza del folclor de las áreas montañosas de Kyushu. Dependiendo de la localidad, podría ser llamado el cangrejo del peso, el cangrejo pesado, el cangrejo de roca, o incluso el omoishi-gami. El último caso es jugando con kani, «cangrejo», y kami, «dios».1 Los detalles varían, pero lo que tienen en común las historias es gente siendo desprovista de su peso. Encontrarlo… encontrarlo de manera incorrecta aparentemente hace que tu presencia se desvanezca también.

—Tu presencia…

Evanescente.

Tan… evanescente.

Y… ahora es mucho más bonita.

—No solo tu presencia —explayó Oshino—. En algunos casos extremos, tu existencia completa. En la región de Chubu tienen algo llamado «la roca pesada», pero creo que es algo totalmente diferente. Digo, esa es una roca, y este un cangrejo.

—¿Un cangrejo? ¿Realmente es un cangrejo?

—No seas absurdo, Araragi. No se atrapan muchos es las montañas de Miyazaki y Oita. Hablamos de una leyenda. —Oshino sonó profundamente consternado—. Algunas veces el no ser testigo se presta mejor para hablar. ¿No es que las ilusiones y los murmullos tienden a animar a la gente?

—¿Los cangrejos son japoneses, para comenzar?

—Araragi, ¿estás pensando en los cangrejos de río? ¿De América? ¿No estás familiarizado con las fábulas japonesas? El cangrejo y el mono. Creo que hay una famosa aberración de cangrejo en Rusia, y un buen número de ellos en China, también. Pero Japón puede tener uno propio.

—Oh, sí. El cangrejo y el mono. Supongo, ahora que lo mencionas. Pero Miyazaki y… ¿por qué algo de aquellos lares?

—No me preguntes cuando tú fuiste atacado por un vampiro en un remanso de Japón. No es como si la ubicación significara algo en realidad. Dada la situación adecuada… se manifiesta ahí, eso es todo.

Por supuesto, la geografía y el clima fueron factores importantes, como un añadido.

—En cualquier caso, ni siquiera tiene que ser un cangrejo. Algunos dicen que es un conejo o una hermosa mujer… nada que ver con la pequeña Shinobu.

—Eh, es como la cara de la luna.

Y, espera. Acaba de llamarla «pequeña Shinobu».

Sentí un golpe de simpatía por ella, muy a mi pesar.

Era una vampiresa legendaria, y, aun así…

Vaya tragedia.

—Pero, ya que la joven dama dice que se encontró con un cangrejo, debemos estar tratando con un cangrejo. Eso es lo estándar al final del día.

—¿Qué se supone que significa eso? —Senjogahara le preguntó a Oshino sin acobardarse—. Como se llame da lo mismo para mí, pero…

—Yo no diría eso. Los nombres son importantes. Como recién le dije a Araragi, no hay cangrejos en las montañas de Kyushu. Podría ser diferente en el norte, pero son raros en el sur.

—Probablemente podrías encontrar cangrejos de agua fresca, aun así —señalé yo.

—Puede ser. Pero ese no es el verdadero asunto aquí.

—¿Entonces cuál es? —demandó Senjogahara.

—Es que originalmente pudo haber sido un dios, no un cangrejo. Que ese omoshi-kani deriva de omoishi-gami… pero esa es mi teoría personal. La mayoría piensa que es un cangrejo primero y la parte de dios es un añadido. Claro, la visión obvia sería que ellos emergieron juntos al final.

—¿«La mayoría»? ¿«Visión obvia»? No sé nada de ninguno de esos monstruos —objetó Senjogahara.

—…

»No podrías no saber. Después de todo —dijo Oshino—, tuviste un encuentro con él.

»Y… todavía está aquí»

—¿Dices que… estás viendo algo?

Yo no. Nada —respondió Oshino con una risa completamente alegre y descuidada que pareció, en efecto, molestar a Senjogahara.

Igual que pasó conmigo.

Cualquiera pensaría que estaba tomándole el pelo.

—Es muy irresponsable de tu parte el admitir que no —dijo Senjogahara.

—¿De verdad? Los espíritus y tales son básicamente invisibles al ojo humano. Nadie puede verlos o de alguna manera tocarlos. Esa es la norma.

—Esa es… la norma.

—Se dice que los fantasmas no tienen pies, o que los vampiros no se reflejan en los espejos, pero ese no es el punto. Básicamente, cosas de su tipo no son identificables, en primer lugar. Pero tengo una pregunta para ti, jovencita. Las cosas que uno no puede ver o de alguna manera tocar, ¿realmente existen en este mundo?

—¿Me estás preguntando? Tú mismo dijiste que esa cosa estaba justo ahí.

—Pues sí, lo dije. Pero, algo que nadie puede ver o tocar ¿no es lo llamado inexistente, científicamente hablando? Su existencia o inexistencia da exactamente lo mismo. A eso me refiero —dijo Oshino.

Senjogahara difícilmente lucía convencida.

Ciertamente esa no era una línea de razonamiento convincente.

No desde su posición.

—Pero, jovencita, considera que estás en el lado más suertudo de la infortuna. Araragi, que está aquí, no solo encontró algo, él fue atacado. Por un vampiro, además. Qué desgracia para un humano de la era moderna.

Mantente lejos de mi situación, hombre.

Tan lejos como puedas.

—Estás en buen estado comparado con eso, jovencita.

—¿Y por qué es eso? —preguntó Senjogahara.

—Porque los dioses están en todos lados. Están en todos lados y en ninguno. Estaba a tu alrededor antes de que llegaras a tu estado actual… y también podríamos razonar que no lo estaba.

—Eso casi suena como un koan Zen.

—Es Shinto. Quizá Shugendo —dijo Oshino—. Has estado equivocada, jovencita, pensando que llegaste a la manera en que estás a causa de algo que hiciste… eso es solo lo que te mostró tu perspectiva.

Que era así desde el principio.

Eso era apenas diferente de lo que sostenían los doctores que tiraron la toalla.

—¿Mi perspectiva? ¿Qué intentas decirme?

—Estoy diciendo que no aguanto que te hagas la víctima, jovencita. —Oshino desató abruptamente unas palabras duras.

Tal como había hecho conmigo.

O como había hecho con Hanekawa.

Estaba preocupado por cómo reaccionaría Senjogahara… pero ella no respondió.

Casi parecía que lo estaba aceptando con resignación.

—¿Eh? —Oshino sonó impresionado mientras notaba el estado de ella—. No está mal. Estaba seguro de que eras alguna princesa estirada.

—¿Por qué… pensaste eso? —preguntó Senjogahara.

—Porque la mayor parte de las personas que encuentras al Cangrejo del Peso son así. No te topas con él por elección, y normalmente no es un dios dañino. No es como un vampiro.

¿No dañino?

¿No es dañino… y no ataca?

—Tampoco posee a las personas en realidad. Está ahí, eso es todo. A menos que tú, jovencita, tengas un deseo, no se manifiesta. Has de saber, no voy a inmiscuir tanto en tus circunstancias. No es como si quisiera salvarte.

Ella… iba a ser salvada por sí misma.

Oshino siempre dijo eso.

—Detenme si ya has oído esta historia, jovencita. Es un cuento de hadas de otro país. Hubo una vez un joven. Un virtuoso muchacho. Un día en el pueblo, se encuentra con una extraña mujer mayor, y ella le pide que le venda su sombra.

—¿Su sombra?

—Correcto. La misma sombra que nace de tus pies cuando estás al sol. «Véndemela por diez piezas de oro», dijo ella. El joven aceptó sin dudar ni un momento. Por diez piezas de oro.

—… ¿Luego que pasó?

—¿Qué habrías hecho tú, jovencita?

—Quién sabe… es difícil decirlo sin haber estado en esa situación. Puede que la venda, puede que no. Dependería del precio, también.

—Esa es la respuesta correcta. La gente a veces pregunta qué es más valioso, tu dinero o tu vida, pero esa es una pregunta con defectos. «Dinero» podría significar un yen, o podría significar un trillón, mientras que, por otro lado, no todas las vidas son iguales entre los individuos. Detesto profundamente el dicho vulgar de que toda vida es igual. Pero, dejando eso de lado… El muchacho no podía imaginar que su sombra fuese más valiosa que diez piezas de oro. ¿Por qué no lo haría? ¿De qué manera el no tener una sombra te sería un inconveniente? No te pondría en desventaja de ninguna manera.

Oshino continuó, gesticulando: —Pero he aquí resultado. El muchacho es perseguido por la gente del pueblo y su propia familia. Este hecho crea discordia con aquellos a su alrededor que dicen: «Es espeluznante no tener una sombra». Claro que lo dirían, porque lo es realmente. La gente habla de una sombra terrorífica, pero no tener una es mucho más aterrador. Que algo que debería estar allí no lo esté… ¿verdad? En otras palabras, el muchacho vendió aquello que debiera existir, por diez piezas de oro.

—…

—Buscó a la anciana para recuperar su sombra, pero no pudo encontrarla sin importar qué tanto o cuán duro trató… así dice la historia, y colorín colorado.

—Y… —respondió Senjogahara, su expresión no había cambiado—, ¿y cuál es tu punto?

—Eh, no hay punto. Solo pensé que, bueno, quizá te llegaría un poco. El muchacho que vendió su sombra y la muchachita desprovista de su peso, ¿ves?

—No… tampoco es como si lo hubiera vendido.

—Es cierto. No lo vendiste. Fue un trueque. Perder tu peso podría ser más inconveniente que perder tu sombra, pero en términos de anormalidad es lo mismo. Aun así… ¿eso es todo?

—¿Qué quieres decir?

—Que eso es todo, eso quiero decir. —Oshino aplaudió con sus manos frente su pecho como si dijera que había terminado con el tema—. Está bien. Entendido. Quieres recuperar tu peso, y te voy a ayudar. Obtuviste la presentación por Araragi, después de todo.

—… ¿Vas a salvarme?

—No voy a salvarte. Pero puedo ayudar.

—Veamos —dijo Oshino—, revisando el reloj de pulsera en su brazo izquierdo.

—El sol sigue alto en el cielo, así que ve a casa por ahora. Una vez estés allí, limpia tu cuerpo con agua fría y cámbiate a un conjunto limpio de ropa, ¿bien? Haré mis propias preparaciones mientras tanto. Ya que eres compañera de Araragi, debes asistir a esa escuela almidonada, pero ¿podrías salir de casa a mitad de la noche?

—Puedo hacer eso.

—¿Entonces podemos encontrarnos aquí de nuevo a la media noche?

—Bien… pero ¿un conjunto limpio de ropa?

—No tiene que ser nueva, pero tu uniforme de la escuela no funcionará. Lo usas todos los días.

—… ¿Y, tu comisión?

—¿Eh?

—No te hagas el tonto, por favor. No me estás salvando como un acto de caridad, ¿verdad?

—Mm. Hrm. —Oshino se volvió para mirar hacia mí, haciendo evaluaciones—. Supongo que tomaré una, jovencita, si eso te hiciera sentir mejor. Muy bien, entonces, cien mil yenes.

—…Cien mil yenes —Senjogahara repitió la suma mecánicamente—. Cien mil yenes… ¿eh?

—Puedes reunir esa cantidad de dinero en un mes o dos de trabajo a medio tiempo en un local de comida rápida. Pienso que es razonable.

—…Esto no es nada parecido al trato que recibí —remarqué yo.

—¿No lo fue? Quiero decir que fueron cien mil yenes para la señorita presidenta de clase, también —replicó Oshino.

—¡Digo que me cobraste cinco millones de yenes!

—¿Qué esperabas? Era un vampiro.

—¡Deja de colgarle todo al vampirismo! ¡Odio cuando la gente se aferra a los hechos de esa manera!

Ignorando mis quejas, Oshino le preguntó a Senjogahara: —¿Puedes pagarlo?

—Por supuesto —respondió ella—. Claro, sin falta.

Y así…

Así ahora, dos horas después, aquí estábamos.

En la casa de Senjogahara.

Di un vistazo alrededor… otra vez.

La suma de cien mil yenes no es una pequeña para los estándares normales, pero su residencia de una sola pieza me hizo pensar que era una particularmente grande para Senjogahara.

No había nada además del vestidor, la mesa baja y el pequeño librero. Considerando cuán voraz lectora se hacía ver, su colección era escasa, lo que significaba que probablemente ella dependía en gran medida de librerías de segunda mano y bibliotecas.

Como los estudiantes luchadores de antaño.

Bueno, supuse que eso era ella en realidad.

Ella dijo que incluso estaba en un programa de becas.

De acuerdo con Oshino, Senjogahara la tenía fácil en comparación.

Pero yo no estaba tan seguro.

Sí, ser atacado por un vampiro no es un chiste por la amenaza y los problemas que acabas causando. Más de una vez pensé que las cosas serían más fáciles si estuviera muerto, e incluso ahora, después de un solo error, me encuentro sintiéndome de esa manera.

Entonces.

Quizá Senjogahara estaba en el lado más suertudo de la infortuna. Pero… dado que Hanekawa me había hablado de la Senjogahara de secundaria, se sentía mal estandarizar todo tan estricto y verlo de esa manera.

Las dos cosas no eran iguales, para decir lo menos.

Luego, un pensamiento llegó a mí.

Hanekawa… ¿Qué hay de Hanekawa?

El caso de Tsubasa Hanekawa.

Una mujer cuyo primer nombre significaba «ala», y cuyo apellido comienza con otro carácter para lo mismo, un par de apéndices mal combinados.2

Al igual que yo fui atacado por un demonio y Senjogahara encontró un cangrejo, Hanekawa fue hechizada por un gato. Eso es lo que paso durante la Golden Week. Fue tan intenso que se sintió como un pasado distante tan pronto como acabó, pero solo habían sido unos cuantos días.

Hanekawa, sin embargo, apenas y tenía recuerdos de la Golden Week y parecía solo saber que fue gracias a Oshino que estaba bien, o quizá no sabía nada en absoluto, pero en cualquier caso… Yo recordaba todo.

Fue un caso terrible.

Y eso lo digo yo, que había tratado ya con un demonio en ese punto. Nunca habría imaginado que un gato daría más miedo que un demonio.

Entonces desde la perspectiva de tener la vida amenazada y demás, podrías simplemente decir que el caso de Senjogahara era menos extremo que el de Hanekawa… pero, considerando lo que debió haber sentido Senjogahara al llegar a la situación en que estaba ahora…

Considerando su predicamento actual.

Si consideraba eso…

¿Qué tipo de vida la había llevado a un lugar donde la generosidad era considerada un comportamiento hostil?

El chico que vendió su sombra.

Ella que fue desprovista de su peso.

No era algo que yo pudiera… entender.

—Ya acabé con mi ducha.

Senjogahara salió del baño.

—¡Gaaahhh!

—Fuera del camino. No puedo tomar mi ropa contigo ahí. —Con frialdad, e irritada con su cabello húmedo, Senjogahara señaló hacia el ropero detrás de mí.

—¡Ropa, ponte algo de ropa!

—Eso es lo que intento hacer.

—¡¿Por qué ahora?!

—¿Estás diciendo que no debería?

—¡Estoy diciendo que ya deberías traerla!

—Olvide llevarla conmigo.

—¡Entonces ponte una toalla o algo!

—De ningún modo, qué poca clase —pronunció ella con una expresión serena.

Estaba claro como el día que discutir con ella sería inútil, así que me arrastré fuera del camino hacia el vestidor, con dirección al librero, y enfoqué mi visión y mi mente allí como si fuera a hacer el inventario.

Arrgh.

Había visto una mujer completamente desnuda por primera vez….

P-Pero… algo estaba mal, no era como lo había imaginado. Si bien no creo que yo albergara alguna ilusión, lo que hubiera querido, lo que hubiera soñado, no era este nudismo infantil, este extrovertismo…

—Ropa limpia —dijo ella—. ¿Crees que blanca sería mejor?

No me preguntes…

—Solo tengo ropa interior con patrones.

—¡No me preguntes!

—No entiendo, ¿por qué me gritas así cuando todo lo que hago es pedir tu aprobación? ¿Estás pasando por la menopausia?

El sonido de la gaveta siendo abierta.

El frote de las prendas.

Ahh, demasiado tarde.

La imagen estaba grabada en mi mente y no se iba a ir.

—Araragi. No me digas que te excitaste por ver mi cuerpo desnudo.

—¡Incluso si lo hice, no es mi culpa!

—Solo trata de poner un dedo sobre mí. Sé que morderte la lengua siempre te mata.

—¡Bueno, no eres tan casta!

—Hablo de tu lengua, no de la mía.

—¡Muy bien, ya me asustaste!

Estaba comenzando a sospechar que tratar de entender a esta mujer desde mi perspectiva era un tonto error.

Entender a los humanos está más allá de los humanos.

Eso debió haber sido obvio.

—Muy bien. Puedes ver ahora.

—Oh, ¿sí? Aaaah…

Dejé de ver el librero y me volví hacia ella.

Todavía estaba en ropa interior.

Ni siquiera estaba usando calcetines.

Y había asumido una pose terriblemente provocativa.

—¡¿Cuál es tu objetivo?! —grité yo.

—Vamos. Este es mi agradecimiento por ayudarme hoy, así que muéstrate al menos un poco feliz.

Esa era su manera de agradecerme.

No lo entendía.

Si acaso, quería más una disculpa que un agradecimiento.

—¡Actúa al menos un poco feliz!

—¡¿Ahora te estás enojando conmigo?!

—Solo habría sido cortés dar algún comentario.

—¡C-Comentario…!

¿Eso sería cortés?

¿Qué debería decirle?

Eh…

—¿Como —me aventuré—, ese es un buen cuerpo?

—…No puedo creerlo —repudió con el tipo de disgusto que guardas para una pila de basura en pudrición.

En realidad, también había un poco de compasión mezclada.

—Por eso vas a ser virgen de por vida.

—¡¿De por vida?! ¡¿Viajas por el tiempo o algo así?!

—¿Podrías, por favor, no rociar tu saliva? Podría pescar tu virginidad.

—¡La virginidad no es algo de lo que una mujer pueda contagiarse!

Bueno, tampoco es que un hombre pudiera.

—Espera, ¡estamos hablando como si fuera un hecho que soy virgen!

—Bueno, ¿no es así? Ni siquiera un niño de primaria te daría oportunidad.

—¡Tengo dos objeciones con eso! ¡Primero, no soy pedófilo, y segundo, algún niño en algún lugar lo haría!

—¿Por qué dices lo segundo si lo primero es verdad?

Porque lo es.

—Pero estás en lo cierto —concedió ella—. Estaba saltando a conclusiones.

—Mientras lo entiendas.

—Deja de rociar saliva. Podría contagiarme de tus enfermedades venéreas.

—¡En ese caso admito que soy todo un cherry boy!

Habiéndome orillado a una confesión tan penosa, Senjogahara asintió satisfecha.

—Debiste haberlo dicho desde el principio. Este momento de felicidad fácilmente vale la mitad de lo que te queda de vida, así que aprécialo y ya.

—Acaso eres la Parca o qué…

¿Un trato para ver a una mujer desnuda?

Un nuevo tipo de ojos de shinigami.

—Yo no me preocuparía —afirmó Senjogahara mientras sacaba una camisa blanca y se la ponía sobre su sostén aguamarina. Se vería ridículo que me pusiera a contar sus libros otra vez, así que solo miré hacia ella en su lugar—. No voy a decirle a Hanekawa, ¿sabes?

—¿Hanekawa? —pregunté yo.

—¿No estás enamorado de ella?

—No es cierto.

—Oh. Los veo hablando todo el tiempo, tenía esa impresión y pensé en intentar con una pregunta capciosa.

—Deja las preguntas capciosas fuera de las conversaciones cotidianas.

—Silencio. ¿Quieres que te desaparezcan?

—¿Qué tipo de autoridad pretendes tener?

Aun así, parecía que Senjogahara estaba observando a sus compañeros de clase más de lo que admitía. Me preguntaba si incluso sabía que yo era el vicepresidente de la clase. No, en realidad, ¿esto sería solo otro ejemplo de su precaución por no saber quién podría volverse su enemigo algún día?

—Hablamos todo el tiempo porque ella comienza conversaciones conmigo —expliqué yo.

—Parece que estás olvidando tu lugar. ¿Estás diciendo que es Hanekawa la que está enamorada de ti?

—Absolutamente no —dije yo—. Hanekawa solo lo hace porque es empática. Sencilla y exageradamente empática. Ella tiene esa rara y desorientada noción de que el peor perdedor de la clase es el que más necesita su simpatía. Piensa que los perdedores no tienen suficiente descanso, o algo así.

—Tienes razón, vaya que es raro y desorientado. —Senjogahara Asintió—.

»El peor perdedor solo es el mayor simplón.»

—…Espera, no vayas tan lejos.

—Está escrito en tu cara.

—¡No lo está!

—Sabía que lo negarías, así que lo escribí ahí hace solo un momento.

—¡No puedes ser tan buena alterándome!

En primer lugar…

Incluso sin mis aclaraciones, Senjogahara tenía que estar familiarizada con la personalidad de Hanekawa. Cuando hablé con ella después de clase, sonaba bastante… preocupada por Senjogahara.

O quizá eso mismo era el asunto aquí.

—Entonces… ¿El señor Oshino ayudó a Hanekawa también?

—Mmm. Supongo.

Senjogahara terminó de abotonar su camisa y estaba yendo por una chaqueta blanca. Parecía estar arreglando la parte superior de su atuendo antes de comenzar con lo de abajo. Ya veo, pensé yo, así que todos tenemos nuestra propia forma de vestirnos. Quizá mi mirada no la incomodaba ni un poquito; estaba volteando hacia mí, como si nada, mientras seguía vistiéndose.

—Jum —dijo ella.

—Entonces… creo que está bien confiar en él. Sé que no actúa con seriedad, y es un despreocupado, un tipo frívolo casual, pero si una cosa puedo decir de él, es que es bueno en lo que hace. Puedes relajarte. No es solo mi testimonio, Hanekawa está de acuerdo, así que no hay error.

—Ya veo. Pero ¿sabes, Araragi? Lo siento, pero todavía no confío ni a medias en el señor Oshino. He sido engañada demasiadas veces como para creerle sin más.

Cinco personas… habían usado líneas similares con ella.

Todos eran fraudes.

Y… probablemente esa no era toda la extensión del asunto.

—En este punto visito el hospital como hábito. Para ser honesta, casi me he resignado a la forma en que está mi cuerpo.

—Resignado…

¿A qué… se había resignado?

¿En qué se había rendido?

—No puedo esperar encontrarme con algún Van Helsing o Lord Darcys por allí en nuestro mundo en particular.

No tuve respuesta.

—Aunque podrías encontrarte con uno o dos inútiles secuaces ineptos —dijo ella en su tono más sarcástico—. Es por eso que, Araragi, no es posible que pueda ser tan optimista como para creerme que un compañero de clase que me atrapó por casualidad, cuando resbalé por las escaleras por casualidad, y que por azares del destino resultó haber sido atacado por un vampiro en las vacaciones de primavera, y que el hombre que resultó salvarte resulte que también está involucrado con la presidenta de clase… y sobre todo resulte que desea ayudarme.

Y luego…

Senjogahara comenzó a quitarse la chaqueta.

—Apenas acabaste de ponerte esa cosa, ¿por qué te la quitas ahora?

—Olvidé secar mi cabello.

—Espera, ¿podrá ser que eres una idiota?

—Cuida tu boca por favor, Araragi. ¿Qué tal si hieres mis sentimientos?

Su secador de cabello parecía absurdamente costoso.

Al parecer ponía mucha atención a la hora de arreglarse.

Vista desde este ángulo, Senjogahara también parecía vestir ropa interior muy a la moda, pero ese objeto de mi adulación, siendo también el mayor de mis vicios durante la mayor parte de mi vida hasta un día antes, ahora lucía como no más que una pieza de ropa. En estos momentos se sentía como si me clavaran la estaca de un trauma.

—Optimismo, ¿eh? —dije yo.

—¿No te parece?

—Quizá. Por otro lado, ¿por qué no ser optimista?

»No es como si estuvieras haciendo algo malo o hicieras trampa, así que no te lamentes por ello. Sé igual que ahora.»

—¿Como ahora? — Senjogahara parecía confundida. Esta señorita no parecía darse cuenta de lo inalterable que era—. Mmm… no hago nada malo.

—¿Me equivoco?

—Supongo que no.

Senjogahara no estaba convencida.

—Pero —continuó ella—. Pero… Podría estar haciendo trampa.

—No es nada.

Terminó de atender su cabello, dejó el secador, y se dio la vuelta para vestirse de nuevo. Buscó ropa nueva en su vestidor, habiendo puesto en ganchos la falda y la chaqueta que ahora estaban mojados por habérselos puesto con el cabello todavía mojado.

—Si llego a reencarnar —dijo Senjogahara—, me gustaría ser el sargento Mayor Kululu.

—…

Esto no solo estuvo fuera de contexto, sino que también sentí su comportamiento sádico y medio egoísta actuando de por medio…

—Sé lo que quieres decir —acusó ella—. No solo está fuera de contexto, sino que también es algo que no pasaría ni en un millón de años.

—Bueno, atinaste a la mitad.

—Lo sabía.

—¿No pudiste haber dicho al menos el Cabo Dororo?

—Para mí, las palabras «Modo Trauma» son un extremo peligroso.

—Ya veo… Pero, sabes…

—Sin peros ni qjs.

—¿Qué demonios es una «qjs»?

Ni siquiera podías imaginar la palabra con la cual se pudo haber equivocado.

Naturalmente, yo no tenía idea de qué me estaba tratando de decir, pero incluso mientras pensaba esto, Senjogahara cambió de tema.

—Oye, Araragi. ¿Puedo preguntar algo? Aunque no es tan importante.

—Sí.

—¿A qué te referías con «como la cara de la luna»?

—¿Eh? ¿De qué hablas?

—Lo dijiste antes, con el señor Oshino.

—Emm…

»Ah.

»Cierto. —Lo recordé—.

»Sobre el cangrejo —expliqué—, el tipo, Oshino dijo que también podía ser un conejo o una mujer hermosa. De eso estaba hablando. La gente en Japón ve conejos en la luna, mientras en otros países dicen que es un cangrejo o el rostro de una persona.»

Bueno, no es que yo haya visto algo por el estilo, pero así va la historia.

—Ya veo. —Senjogahara asintió al espabilar—. Me sorprende que sepas algo tan lamentable. Has logrado impresionarme por primera vez.

Ella dijo «lamentable».

Ella dijo «por primera vez».

Así que decidí darle la vuelta.

—Bueno, sé una cosa o dos cuando se trata de astronomía y cosmología. Me involucré un buen tiempo en ello.

—Está bien, no tienes que hacerte el inteligente conmigo. Ya te descubrí. Eso es lo único que sabes, ¿verdad?

—Seguro piensas que «abuso verbal» es solo una linda expresión.

—Está bien, entonces llama a la policía verbal.

Con esto me da la impresión de que la policía real no sabría qué hacer con ella.

—Mira —insistí—, no soy tan despistado. Em, por ejemplo, en Japón dicen que el de la cara de la luna es un conejo, ¿pero sabes por qué?

—No hay ningún conejo en la luna, Araragi. ¿Ya estás en preparatoria y sigues creyendo en eso?

—Hipotéticamente hablando.

Esperen. ¿Hipotéticamente?

¿Habré querido decir, en sentido figurado?

Esto no iba a salir muy bien…

—Érase una vez un dios, o quizá fue Buda, pero eso no importa, solo digamos que fue un dios. Y para el gusto de este dios, un conejo escogió lanzarse al fuego para cocinarse a sí mismo como ofrenda divina. Impulsado por su autosacrificio, el dios grabó su forma en cielo, sobre la luna para que así la gente nunca se olvidara del conejo.

Estaba hablando sobre un conocimiento dudoso sacado de mis vagos recuerdos sobre un show de TV que vi cuando era niño, pero de seguro esos eran los detalles.

—Eso fue cruel por parte del dios —remarcó Senjogahara—.

»Es como si ridiculizaran al conejo.»

—No, no es ese tipo de historia.

—Tampoco estoy segura sobre el conejo. Su cálculo descarado de que una muestra de autosacrificio le valdría el reconocimiento de un dios, es casi pura avaricia.

—Definitivamente no es ese tipo de historia.

—En cualquier caso, no es para la gente como yo.

Dicho esto, comenzó a quitarse la camisa de nuevo, la que apenas se había puesto.

—…Estás orgullosa de tu cuerpo y tratas de mostrarlo, ¿o qué?

—No soy tan vanidosa como para sentirme orgullosa de mi cuerpo. Es solo lo de adelante, y lo de atrás también.

—Eso es plan con maña.

—Voy a admitir que usar ropa no es mi fuerte.

—Entonces eres como un niño.

—No, ellos son pesados.

—Ack.

Eso fue desconsiderado.

Cierto, si una bolsa es pesada, la ropa también lo sería.

Si todo tenía diez veces su peso, la ropa no sería algo de lo que pudieras reír.

Me arrepentí.

Dije algo insensible… algo descuidado.

—Este —dijo ella—, por más que lo piense, nunca llego a acostumbrarme… pero eres muy erudito, Araragi. Me has sorprendido. Podría ser verdad que hay algo de cerebro en esa cabeza tuya.

—Claro que lo hay.

—No lo des por hecho… que el cráneo de un organismo como tú tenga un cerebro, bien podría ser un milagro, ¿no crees?

—Guau, eso que dices es muy grosero.

—No dejes que te moleste. Solo relato los hechos.

—Yo diría que alguien en esta habitación merece la muerte…

—¿Qué? Pero si Hoshina no está aquí.

—¡¿Será posible que acabes de declarar que un mentor digno de respeto, nuestra profesora de la escuela, merece la muerte?!

—¿Y el cangrejo también?

—¿Eh?

—¿Escogió saltar al fuego, igual que el conejo?

—O-Oh… Bueno, nunca he visto nada sobre el cangrejo. Me pregunto si tiene una historia detrás. Nunca pensé en eso… ¿Será porque la luna tiene mares?

—No hay ningún mar en la luna. ¿Cómo puedes decirlo tan confiado?

¿Qué? ¿No los hay? ¿No había…?

—Basta de tu astronomía. No son mares de verdad, solo los llaman así.

—Oh…

Mmm.

De verdad no podía esperar aguantar el paso de una persona realmente inteligente.

—Oh querido, Araragi, parece que has mostrado tus verdaderos colores. Qué imprudente fui al suponer por un segundo que tenías algo de conocimiento.

—Debes pensar que soy realmente estúpido.

—¡¿Cómo llegaste a esa conclusión?!

—¡Parece que de verdad te impresiona!

Entonces ella pensaba que estaba siendo discreta.

¿En serio?

Ella se lamentó: —Por mi culpa, Araragi, te has dado cuenta de lo lamentable que es tu mente… me siento responsable.

—Oye, espera, ¿de verdad mi estupidez es tan grave?

—Relájate. Discriminar a la gente por sus calificaciones es algo que yo nunca haría.

—¡La forma en que lo dices de verdad es alarmante!

—¿Podrías no rociar tu saliva? Podría contagiarme de tu escolaridad trunca.

—¡Vamos a la misma preparatoria!

—Sí, pero ¿qué hay de lo que sigue?

—Ark… — Me atrapó con eso.

—Un título para mí, mientras tú vas a abandonar en la preparatoria.

—¡He llegado al último año y no pienso dejarla ahora!

—Es demasiado pronto, vas a llorar y suplicar para que te dejen salir.

—¡¿Acaba de salir de tu lengua una línea que solo he escuchado en los villanos de los cómics?!

—Comparemos calificaciones en los exámenes. Noventa y nueve para mí.

—Gah… —Esta vez se me adelantó—. Tr-Treinta y cinco para mí.

—Entonces cero, si lo redondeas.

—¡¿Qué?! Mentirosa, un cinco se convierte… Espera, ¡¿estás redondeando las decenas?! ¡¿Cómo te atreves a hacerle eso a mi calificación?!

¡Tenía más de sesenta puntos sobre mí, estaba golpeando a un caballo muerto!

—No estaré satisfecha hasta sacarte cien puntos.

—Entonces la tuya también la redondeas en las decenas…

No había misericordia.

—Entonces, desde ahora, no te quiero en un radio de menos de 20,000 kilómetros de mí.

—¡¿Me estás ordenando salir de la faz de la tierra?!

—Por cierto, ¿el dios le hizo el favor al conejo de usarlo como festín?

—¿Eh? Oh, regresaste a eso. Usarlo como festín… Si lo piensas tanto, va a ser una historia muy bizarra, ¿no?

—Ya lo es, lo pienses mucho o no.

—Ah, ¿sí? ¿Por qué lo sabría?, soy estúpido.

—No hagas berrinche. Vas a arruinar mi humor.

—¿Algún día te sentirás mal por mí?

—Con solo darte piedad no se librará al mundo de la guerra.

—¡No te pongas a teorizar sobre el mundo cuando ni siquiera puedes salvar a un ser humano! ¡Comienza ayudando a la pobre y triste existencia frente a ti! ¡Sé que puedes hacerlo!

—Jum. Muy bien, ya lo he decidido —dijo Senjogahara, ya habiendo acabado de vestirse con una camiseta de arcas blanca, una chaqueta blanca, y una falda acampanada blanca—. Si todo esto acaba bien, vamos a comer cangrejos en Hokkaido.

—Estoy muy seguro de que puedes comer cangrejos sin tener que ir hasta Hokkaido, y no creo que estén en temporada ahora, pero claro, si es lo que quieres, pues deléitate.

—Tú vienes conmigo.

—¡¿Por qué?! —Oh, ¿no lo sabías? —Senjogahara sonrió—. Araragi, los cangrejos son deliciosos.


[1] 神 (Kami) — Kami cuando es sustantivo, en este caso sonará gami por su prefijo.

[2] 川 (Hanekawa) — El primer kanji (Hane) significa «plumas». En su nombre (Tsubasa), el kanji significa «ala», los kanjis pueden ser llamados apéndices por provenir del idioma chino.