Ocurrió en las vacaciones de primavera.

Fui atacado por un vampiro.

En los tiempos que corren, donde los trenes de levitación magnética son una realidad, donde los viajes escolares al extranjero no son nada inusual; resulta suficientemente embarazoso como para hacerme querer esconder, pero, a fin de cuentas, fui atacado por un vampiro.

Ella era escalofriantemente hermosa.

Un demonio hermoso.

Ella era… un demonio muy bello.

Aunque están ocultas detrás de la chaqueta de mi uniforme, las marcas de su profunda mordida aún están en mi cuello. Tengo la esperanza de que mi cabello crezca antes de que comience el calor, pero, dejando eso de lado… Usualmente, cuando la gente común es atacada por un vampiro, la historia corre en que son salvados por un cazador de vampiros experto, por las fuerzas especiales del cristianismo, o quizá por un vampiro asesino que da caza a los de su propia clase, pero, en mi caso, fui salvado por un tipo viejo y desaliñado que casualmente pasaba por allí.

Gracias a él, de alguna manera, fui capaz de volver a ser humano… en son de paz con los rayos del sol, las cruces, el ajo, y demás, pero, el efecto, o, mejor dicho, el post efecto que la experiencia tuvo en mí, fue una remarcable mejora en mis capacidades físicas. No mis habilidades atléticas, eso sí, más bien en mi metabolismo, en la manera de recuperarme. Aunque no sé cómo habría acabado si el cortador de cajas hubiera rasgado mi mejilla, me toma menos de treinta segundos sanar algo como una simple grapa clavada en mi carne. En cualquier caso, para comenzar, las heridas en la cavidad oral tienden a sanar rápidamente en cualquier organismo.

—¿Oshino…? ¿El señor Oshino?

—Correcto. Oshino.

—Oshino, ¿eh…? Es un nombre que suena muy adorable, debo decir.

—No deberías tener muchas esperanzas en esa idea. Él es un curtido de mediana edad, tiene treinta y algo.

—Ya veo. Pero, de niño, debió haber sido un personaje muy moe.

—No veas a la gente de carne y hueso de esa manera. Y, espera, ¿siquiera sabes que significa esa palabra?

—Es parte del conocimiento popular en estos días —dijo Senjogahara despreocupadamente—. Y puedes llamar tsundere a personajes como yo, ¿verdad? ¿Fría y bestial al principio, pero amorosa una vez llegas a conocerme?

Con lo fría que era, «tundra» le sentaba mejor.

Pero lo deje ahí.

A unos veinte minutos en bicicleta desde la preparatoria privada Naoetsu, a la cual asistimos Hanekawa, Senjogahara y yo, hay una escuela de cursos intensivos, ligeramente separada de las casas habitación.

Ahí se yergue.

Aparentemente, unos cuantos años atrás, recibió todo el impacto de una gran cadena de escuelas intensivas que se instaló frente a la estación, entró en problemas financieros, y quedó fuera del negocio. A la hora en que me enteré de la existencia del edificio, sin embargo, ya eran ruinas totalmente abandonadas, así que esta es información de segunda mano.

«Peligro».

«Propiedad Privada».

«No Traspasar».

A pesar de las plegarias de dichos señalamientos y las barricadas de seguridad en el perímetro, el acceso está casi sin restricciones gracias a todas las brechas.

En esas ruinas… vive Oshino.

Él ha tomado residencia, sin permiso.

Ha pasado todo un mes hasta ahora, comenzando durante las vacaciones de primavera.

—Dios, me duele el trasero. Está entumido. Y mi falda se arrugó —dijo Senjogahara.

—No es mi culpa.

—Deja de hablar sacándote la culpa, o te la corto.

—¡¿Qué parte del cuerpo?!

—Es mi primera vez montando en bici con alguien más. ¿Podrías ser un poco más generoso?

¿Acaso no era la generosidad un comportamiento hostil para ella?

Todo lo que esta chica decía y hacía se pasaba de la raya.

—Entonces, ¿cómo, exactamente, podría haberlo intentado? —pregunté yo.

—Bueno, como una pequeña sugerencia, ¿no pudiste haberme dado tu mochila para que la usara de colchón?

—¿No das ni una mierda por alguien que no seas tú?

—Por favor, no uses lenguaje tan grosero conmigo. Dije que solo era una pequeña sugerencia.

¿Cómo es que repetir eso lo haría mejor?

Era de lo más cuestionable.

—Sabes, apuesto a que incluso María Antonieta era un poco más modesta y humilde que tú —dije yo.

—Ella es algo así como mi discípula —contestó Senjogahara.

—¡¿En qué línea del tiempo?!

—Desearía que dejaras de desmerecer casualmente todo lo que digo. Actúas como si fuésemos amigos, o algo así. Escuchándote, un extraño incluso podría pensar que somos compañeros de clase.

—¡Somos compañeros!

¿Cuánto iba ella a negarme?

Eso simplemente era tan frío…

—Maldición —lamenté yo—. Supongo que tratar contigo requiere una cantidad increíble de paciencia.

—Araragi, con la forma en que lo pones, casi suena como si fuera yo con quien es difícil tratar, y no tú.

Eso es exactamente lo que quería decir.

—Por cierto, ¿dónde está tu propia mochila? —le pregunté yo—. Andas con las manos vacías, ¿no traes una? —De hecho, no podía recordar a Senjogahara llevando algo consigo.

—Tengo todos mis libros de texto almacenados en la cabeza. Por ello, simplemente los dejo en el casillero en la escuela. Si oculto todas mis herramientas por mi cuerpo, no hay necesidad de una mochila. Y, en mi caso, la ropa de gimnasia no aplica.

—Ah, ya veo.

—Si no tengo ambas manos libres, es más difícil pelear cuando llega el momento.

Su cuerpo entero era un arma.

Ella era un arma humana.

—El único problema que tengo es con los productos de higiene, porque me fastidia tenerlos en la escuela. Sin amigos, tampoco, puedo pedírselos prestados a alguien.

—…Estás siendo terriblemente abierta con esto, ¿sabes?

—¿Por qué no? Menses es el latín para mes. Es un fenómeno natural, nada de qué avergonzarse. Yo diría que es más indecente ser furtivo al respecto.

No estaba seguro acerca de no ser ni un poco furtivo.

No, era un asunto de elección personal.

No es mi lugar para hablar.

Quizá lo que debería estar pensando en su lugar es sobre su declaración abierta… que no tenía ningún amigo.

—Oh, es cierto —dije yo, girándome para darle la cara luego de llegar hasta una «entrada».

Aunque daba lo mismo para mí, había buscado una particularmente grande porque, a juzgar por su comentario previo, Senjogahara, al ser una chica, después de todo, podría no querer que su uniforme se deshilara.

—Entrégame tus herramientas, y las demás cosas.

—Para con eso. Me rehúso.

—¿Eh? ¿Eh?

Por su expresión, podrías pensar que yo había hecho una demanda indignante, pareciera que preguntaba si había algo mal en mi cabeza.

—Oshino es, bueno, es un tipo raro, pero técnicamente salvó mi trasero.

No solo eso.

Él salvó el de Hanekawa también.

—…Y no puedo dejar que el hombre que lo hizo se exponga a una persona peligrosa. Así que, me quedaré con tus herramientas.

—¿Solo me lo dices después de haber llegado tan lejos? —Senjogahara miró hacia mi— Parece que he caído en una trampa.

—…

No, eso fue exagerado.

Pero Senjogahara luchó silenciosamente con el asunto por un rato. Me miraba con mala cara de vez en cuando, o miraba hacia algún otro sitio, por su cuenta.

Me preguntaba si iba a darse la vuelta e irse, pero, al menos, como alguien preparado para lo peor, ella dijo: —Entendido. Tómalos.

Luego, sacando una infinidad de herramientas de su cuerpo como si se tratara de un espectáculo de magia, ella comenzó a pasármelos. Lo que había visto caer antes al suelo solo era el principio de la maldad y la locura. Podrías decir que sus bolsillos se extendían a la cuarta dimensión; podría tratarse de ciencia del siglo veintidós. Le había dicho que me haría cargo de ello, pero estaba produciendo tanto material, que comenzaba a dudar si mi mochila lo podría aguantar.

…El hecho de que alguien como ella ande paseando en público sin restricciones, seguramente es parte de la negligencia de las autoridades…

—No me malinterpretes —advirtió Senjogahara después de haber acabado de entregarme todo—. No es como si estuviera bajando la guardia contigo.

—También podrías…

—Si estás tratando de vengarte de mí por herirte con una engrapadora, engañándome para entrar a esas ruinas desoladas, estás tomando un mal día para tu fiesta.

No, en cuanto a cuál fiesta, yo estaría en lo cierto.

—¿Entendido? —dijo ella—. Tengo cinco mil de mis colegas más bravos para que ataquen a tu familia si no saben de mí al menos una vez cada minuto.

—Está bien… Deja de preocuparte.

—¡¿Estás diciendo que ni siquiera necesitas un minuto completo?!

—No soy un boxeador.

Y, espera. Ni siquiera lo pensó dos veces antes de amenazar a mi familia.

No lo podía creer de ella.

Para colmo, ¿cinco mil colegas? Qué mentira.

Una mentira atrevida para alguien que no tiene amigos.

—Digo, escuché que tus dos hermanas pequeñas siguen en secundaria.

Ella conocía mi estructura familiar.

Podría haber estado mintiendo, pero ella no estaba bromeando.

En cualquier caso, una muestra módica de mi «inmortalidad» no la había hecho confiar en mí, ni un poquito. Oshino siempre dijo que las relaciones de confianza eran importantes en esas cosas, y mi situación actual no era buena desde esa perspectiva.

Pero, qué se puede hacer.

Desde aquí, el problema solo era de Senjogahara.

Yo solo era un mero guía.

Pasamos a través de una ruptura en el cercado de malla, hacia el patio, y hacia el interior de la construcción. Todavía era por la mañana, pero había limpia oscuridad dentro.

Después de días y meses de abandono, había un montón de desorden en el suelo, y podrías tropezar con algo si no eras cuidadoso.

Fue entonces cuando me di cuenta.

Una lata vacía que yacía allí no era más que una lata vacía para mí, pero tenía diez veces más masa para Senjogahara.

Hablando relativamente, ese era el caso.

No era como en las viejas tiras cómicas donde hablabas de «diez veces la gravedad» o «una décima de la gravedad» y lo dejabas ahí. La simple asunción «ligero significa más atlético», no funcionaba. Peor, estaba así de oscuro en un lugar que ella no conocía. Quizá Senjogahara no podía ser culpada por desfilar con el nivel de precaución de un animal salvaje.

Incluso si fuera diez veces más rápida.

Ella solo tenía una décima de la fuerza.

Su resistencia a entregar sus herramientas también comenzó a tomar sentido en ese punto.

Y… por qué no llevaba una mochila.

Por qué no podía llevar una, tampoco.

—…Por aquí.

Sujetando la muñeca de Senjogahara, la guie hacia adelante, desde la entrada donde ella había estado parada con inseguridad. Se sorprendió porque fui un poco repentino, pero, mientras me dirigía un —¿Qué? —me siguió sin resistencia.

—No esperes agradecimiento alguno —dijo ella.

—Lo sé.

—De hecho, deberías estar agradeciéndome.

—¡¿De qué hablas?!

—Metí esa engrapadora en tu boca de manera que dañara el interior de tu mejilla, no el exterior. No quería dejar una herida visible.

—…

No pude escuchar eso de manera diferente al pensamiento de un abusador; «Será visible en el rostro, mejor golpea en la barriga».

—De nada serviría si la hubiera atravesado —señalé yo.

—Juzgué que muy probablemente estarías bien, viendo lo gruesa que luce la piel de tu cara.

—Si tratas de reconfortarme, no está funcionando. Y, ¿«muy probablemente»?

—Mi intuición está en lo correcto una de diez veces.

—¡¿Eso es todo?!

—Bueno —Senjogahara hizo una pausa antes de continuar—… fue un desperdicio de consideración, al final.

—Así parece.

—Si dijera que la inmortalidad parece conveniente, ¿te sentirías herido? —ella continuó con una pregunta.

Yo respondí: —No mucho… ahora.

¿Pero durante las vacaciones de primavera?

Si alguien me lo hubiera dicho entonces… las palabras podrían haberme matado. Podrían haberme infligido una herida mortal.

—Podrías decir que es conveniente… pero también podrías decir que es inconveniente, así es el asunto.

—Que retorcido. No lo entiendo —Senjogahara se encogió de hombros—. ¿Es como cuando la gente habla de la actitud de «vete al diablo»? Probablemente Satanás no te haga caso, pero ¿quizá podría?

—No hay nada retorcido en eso. Definitivamente no le interesas.

»Y, de cualquier manera, ya no soy inmortal. Solo sano un poco más rápido de lo normal. Por lo demás, soy un humano regular.»

—Ah, ya veo —murmuró Senjogahara, sonando decepcionada—. Estaba planeando intentar todo tipo de cosas contigo si tenía la oportunidad. Qué mal.

—Por cómo suena eso, se estaba formando un plan muy grotesco tras mi espalada.

—Qué grosero. Solo iba a &0/o tu /- antes de *^arlo.

—¡¿Qué significan esos símbolos?!

—Y quería hacer muchas cosas contigo, también.

—¡¿Qué se supone que sugieran esas cursivas?!

Oshino solía estar en el cuarto piso.

La construcción tenía un elevador, pero estaba fuera de servicio, por supuesto.

Eso significaba que nuestras opciones eran romper el techo del elevador y usar los cables para escalar hacia el cuarto piso, o, tomar las escaleras. Pienso que sería cuestión segura decir que cualquiera tomaría la última opción.

Comencé a subir las escaleras, aun tomando a Senjogahara de la mano.

—Déjame decirte una última cosa, Araragi.

—¿Qué es?

—Puede que no lo parezca con la ropa puesta, pero, en realidad, mi cuerpo podría no valer la pena como para romper la ley y hacerlo tuyo.

Parecía que la Señorita Hitagi Senjogahara rayaba en las más altas nociones de castidad.

—¿Demasiado indirecto para ti? Entonces déjame decírtelo claramente. Si te dejas llevar por tus bajos instintos y abusas de mí, haré todo lo que esté en mi poder para regresarte el golpe al estilo de la ficción.

—…

En cuanto a pena y modestia, no tenía nada de eso.

En realidad, ella era simplemente aterradora.

—Sabes, esto no es solo por lo que acabas de decir, pero, viendo todo lo que haces, Senjogahara, pareces un poco, ¿demasiado paranoica? ¿Como si, tal vez, debieras dejar tu complejo de persecución?

—Agh. ¿No sabes que algunas cosas es mejor no decirlas, incluso si son verdad?

—¡¿Eres consciente de ello?!

—De cualquier manera, esta construcción parece estar a punto de colapsar. No puedo creer que esta persona… Oshino, viva aquí.

—Sí… bueno, es un tipo muy raro.

Aunque, si me preguntaras cómo era en comparación con Senjogahara, en este punto tendría que haberlo reconsiderado.

—¿No deberíamos haberlo contactado de antemano? —ella se preocupó—. Es un poco tarde ahora, pero, somos nosotros quienes buscamos ayuda…

—Dejando de lado mi sorpresa por tu aparente muestra de sentido común, desafortunadamente, él no tiene un teléfono celular.

—Qué enigmático. Un personaje de lo más sospechoso. ¿A qué se dedica exactamente?

—No conozco los detalles, pero… él dice que se especializa en casos como el mío y el tuyo.

—Jum.

Eso estuvo lejos de ser una explicación propia, pero Senjogahara no intentó cavar más profundo. Quizá pensó en que estaba a punto de encontrarlo de todos modos, o que no había punto en preguntar. Ella estaba en lo cierto de cualquier manera.

—Oye. Llevas tu reloj en el brazo derecho, Araragi.

—¿Eh? Oh, sí.

—¿Te gusta llevar la contra, o algo así?

—¡Comienza preguntando si soy zurdo!

—Ajá. Bueno, ¿lo eres?

Me gustaba llevar la contra.

Cuarto piso.

Ya que la construcción originalmente era una academia de cursos intensivos, había tres habitaciones parecidas a salones de clases…pero todas ellas con las puertas rotas, así, estas y el pasillo que las conecta ahora eran una sola área. Cuando me asomé primero dentro de la más cercana, preguntándome dónde estaba Oshino:

—Oh, Araragi. Así que finalmente viniste.

Mémé Oshino estaba ahí mismo.

Sentado con las piernas cruzadas sobre su cama improvisada (si pudieras llamarla de esa manera), creada con varios escritorios en putrefacción reunidos y atados con una cuerda plástica, él miraba hacia mí.

Como siempre… como si lo hubiera visto todo venir.

Respecto a Senjogahara… ella estaba visiblemente intimidada.

Aunque se lo dije de antemano, el comportamiento sucio de Oshino, sin duda, se desviaba significativamente de los estándares estéticos de una chica moderna de preparatoria. Cualquiera que viviese en esas ruinas se vería tan andrajoso como él, pero, incluso yo, un chico, podía decir que la apariencia de Oshino no era de higiene, si vamos a ser completamente honestos. Pero, más que todo, su sicodélica camisa hawaiana era el golpe mortal.

Pienso esto cada vez que lo veo, pero, en serio, el hecho de que tal persona sea mi salvador puede ser desalentador… Aunque estoy seguro de que no molesta ni un poco a alguien tan maduro como Hanekawa.

—Oh, ¿así que has traído a otra chica contigo hoy, Araragi? Estás con una nueva cada vez que nos encontramos. Pues, me alegro por ti.

—Deja de hacerme quedar como un tipo de depravado.

—Ja… ¿Hm?

Oshino dirigió una mirada distante en dirección a Senjogahara.

Como si estuviera buscando algo tras ella.

—Encantado de conocerte, jovencita. Soy Oshino.

—Encantada… Soy Hitagi Senjogahara.

Ella había logrado saludarlo adecuadamente.

Entonces, ella era discriminativa con su lengua ácida. Al menos, parecía que podía ser cortés con sus mayores.

—Araragi es mi compañero de clase, y, él me contó acerca de usted.

—Eh. Con que fue eso.

Oshino asintió significativamente.

Miró hacia abajo, sacó un cigarrillo y lo puso en su boca, pero, en lugar de encenderlo, lo mantuvo ahí y lo usó para señalar una ventana, o, mejor dicho, el escenario tras los fragmentos aleatorios de cristal que mucho antes habían dejado de funcionar como ventanas.

Luego, después de haber esperado por más de un buen rato, se volvió hacia mí.

—Entonces, Araragi. ¿Te gustan las chicas con flequillos rectos?

—¿Qué te acabo de decir que no hicieras? Y, ¿chicas con flequillos rectos? ¿No es eso lo que llamarías un simple pedófilo? No me mezcles con tu generación de puertos de cuando se transmitía Casa Llena por televisión.

—Cierto —Oshino rio.

—Em… de cualquier manera —dije yo—, saca los detalles directamente de ella, pero, Oshino… hace unos dos años, esta chica de aquí…

—No me llames así —me ordenó Senjogahara.

—¿Entonces cómo quieres que te llame?

—Senjogahara-sama.

¿Estaría en su sano juicio?

—…Sen-You-Ga-Hara-Sa-Ma.

—No quiero que lo digas como una máquina. Dilo normalmente.

—Senjogahara–chan.

Ella me picó los ojos.

—¡Casi me dejas ciego!

—Ojo por ojo —dijo ella.

—¿Cómo tomas un ojo por herir tus sentimientos? ¡¿Dónde está la equivalencia en eso?!

—Mis comentarios inapropiados son una aleación de 40 gramos de cobre, 25 gramos de cinc, 15 gramos de níquel, 5 gramos de timidez, y 97 kilogramos de malicia.

—¡Es casi pura malicia!

—Además, estaba mintiendo con lo de la timidez.

—¡Y, ya acabaste con la única gracia que te quedaba!

—Oh, para. Voy a apodarte «dolores menstruales» si no dejas eso ya.

—¡Exactamente ese es el tipo de intimidación por la cual la gente se suicida!

—¿Qué quieres decir? Literalmente, es un fenómeno natural, nada de que estar avergonzado.

—¡Entonces no hagas maldades con ello!

Senjogahara pareció satisfecha y finalmente se volvió hacia Oshino. —Ahora, antes de seguir adelante, déjeme hacer una pregunta.

Su tono sugería que no solo le preguntaba a Oshino, sino a los dos, a él y a mí, mientras apuntaba a un rincón del aula. Ahí, sosteniendo sus rodillas, estaba de cuclillas una niña que desentonaba, incluso en una escuela intensiva, ya que era demasiado pequeña, rondando esta los ocho años, era una chica de rubia y pálida que usaba una gorra y gafas de protección.

—¿Qué es, exactamente, esa niña?

A juzgar por sus palabras, ella reconoció que esa niña no era un «ser» completamente. De hecho, esa mirada amenazante que sobrepasaba incluso a la de Senjogahara, y que se centraba en un solo punto, Oshino, y no titubeaba, le habría sugerido a cualquiera con seguridad esas cosas.

—Oh, no tienes que preocuparte por eso —expliqué yo, antes de que Oshino tuviera oportunidad—. No es como si ella pudiera hacer algo, ella solo se sienta ahí… no es nada. Una niña que no tiene una sombra ni un rastro. Ni siquiera tiene nombre o presencia.

—Espera un segundo, Araragi —interrumpió Oshino—. Estás en lo cierto al decir que no tiene sombra, rastro, ni presencia, pero le di un nombre ayer. Trabajó muy duro en la Golden Week, además, es muy doloroso no tener una forma de llamarla. Y, sin un nombre, nunca va a dejar de ser inhumana.

—Un nombre, ¿eh? ¿Cuál es? —Sabía que ignoraba a Senjogahara con la pregunta, pero, estaba interesado, así que pregunté.

—La nombré Shinobu Oshino.

—Shinobu… ¿eh?

Un nombre definitivamente japonés. También era una lectura alternativa para el «Oshi» en Oshino.

No es que importara.

—Escrito con el carácter para «corazón» debajo del de «espada». Un nombre adecuado para ella, ¿no lo crees? La dejé usar mi apellido tal cual, que por suerte usa el mismo carácter. Duplicarlo triplica el significado. Estoy muy impresionado con mi sensibilidad, si hablo por mí.

En serio, no importaba.

Después de pensarlo un poco, mi salvador continuó: —Acaba siendo Shinobu Oshino, u, Oshino Oshino si usas una «O» con estilo del periodo Edo en el nombre propio, pero, decidí priorizar cómo suena sobre la uniformidad lingüística. También soy fanático de la manera en que se parece al nombre de la señorita presidenta de clase, con dos caracteres para el apellido pero solo uno para el nombre.1

—¿Por qué no?

En verdad no importaba.

Aunque, bueno, «Oshino Oshino» parecía fuera de cuestión.

—Entonces —dijo Senjogahara, como si su paciencia se hubiera agotado hace un buen rato— ¿qué es esa niña?

—Como dije… no es nada —respondí yo.

Un cascarón de vampiro.

Los despojos de un hermoso demonio.

Podría decirlo así, pero ¿qué otra cosa pude haber hecho? Esto no tenía nada que ver con Senjogahara, después de todo. Era mi problema. Solamente mi karma, al cual simplemente debería enfrentar el resto de mi vida.

—¿No es nada? Está bien, entonces.

Qué mujer tan indiferente.

—Es como mi abuela paterna siempre decía —añadió ella—. Lo opuesto al odio no es amor, sino indiferencia.

—Espera, ¿qué?

Eso, de alguna manera, fue muy desquiciado.

¿De dónde salió eso, la iglesia de los ardidos?

—Lo que sea. —Hitagi Senjogahara desvió su mirada desde la antigua vampiresa rubia, ahora conocida como Shinobu Oshino, hacia Mémé Oshino—. Escuché que usted me salvaría.

—¿Salvarte? Eso yo no lo puedo hacer —dijo Oshino en su usual tono burlesco—. Solo serás salvada por ti misma, jovencita.

—…

Guau.

Los ojos de Senjogahara se estrecharon hasta la mitad.

Ella estaba dudando obviamente.

—Hasta ahora —dijo ella—, cinco personas me han dirigido líneas similares. Todos eran fraudes. ¿Usted también es uno, señor Oshino?

—Jaja. Eres alguien con espíritu, jovencita. ¿Te sucede algo bueno?

Por qué seguir provocándola continuamente, me pregunto. Funcionó con algunas personas, como Hanekawa, pero Senjogahara era la última persona con quien se debiera intentar.

Era del tipo que responde a las provocaciones con un golpe preventivo.

—Bien, bien —fui forzado a entrometerme y mediar.

Como para actuar de brecha entre los dos.

—Deja tu nariz fuera de esto. Te mataré.

Vaya forma casual de amenazar de muerte, Senjogahara.

¿Por qué habrían de caer las chispas sobre mí?

Era como una bomba.

Ella iba a sobrepasar mi vocabulario, ¿no es verdad?

—Bueno, en cualquier caso. —La actitud descuidada de Oshino ofreció un gran contraste con la de ella—. No llegaremos a ningún lado a menos que comiences a hablar. No soy bueno leyendo mentes. Y, más importante, me gusta el diálogo. Soy parlanchín de corazón. Pero guardo secretos, así que no te preocupes.

Senjogahara no respondió.

—¡Ejem!, entonces, para comenzar con una simple explicación… —comencé yo.

—Está bien, Araragi —ella interrumpió de nuevo antes de que yo pudiera ir sobre el meollo del asunto—, lo haré yo misma.

—Senjogahara…

—Puedo hacerlo yo misma —dijo ella.


[1] Oshino Shinobu:              忍野 忍

   Hanekawa Tsubasa:       羽川 翼