Saliendo del aula y cerrando la puerta detrás, di un paso al frente, entonces escuché una voz a mi espalda.

—¿Qué discutías con Hanekawa?

Me di la vuelta para ver de frente. Cuando lo hice, aún no averiguaba quién era… esa voz desconocida.

Pero la había escuchado en algún lugar antes. Sí, ese «yo no sé» de tono agudo que ella usaba como una especie de eslogan siempre que un profesor la llamaba durante la clase.

—No te muevas.

Con su segunda línea, me di cuenta de que estaba tratando con Senjogahara. También me percaté de que, en el momento en que me di la vuelta, Senjogahara, como si apuntara en una apertura estrecha, había metido un cortador de cajas, con la navaja ampliamente extendida, justo en mi cavidad oral.

La hoja de un cortador de cajas.

Estaba empujando fuerte contra el interior de mi mejilla izquierda.

—… ¡ck!

—En realidad, me equivoqué. Debí haber dicho: «Puedes moverte, pero sería muy arriesgado».

No se contenía, ni era brusco, tenía la cantidad justa de fuerza con la que la navaja estiraba la carne de mi mejilla. Todo lo que yo podía hacer era abrir la boca como idiota y seguir la advertencia de Senjogahara, sin rechistar… quedando de pie ahí, inmóvil.

Aterrador, pensé yo. No por la navaja del cortador de cajas. Sino por Hitagi Senjogahara, quien podía hacer tal cosa y mirarme perfectamente decidida, con unos ojos terriblemente fríos; era aterrador.

Entonces, ella.

Ella era alguien con una mirada tan amenazante.

Estaba convencido. Viendo esa mirada suya, estaba convencido de que el extremo del cortador de cajas acomodado en mi mejilla izquierda no estaba ni gastado por el uso, ni me apuntaba con el lado sin filo.

—La curiosidad es como una cucaracha, ¿verdad? Se mete precisamente en los lugares que la gente quiere sin tocar. Qué insufrible. Te atreves a ponerme de nervios, como el insecto insignificante que eres.

—O-Oye… …ra.

—¿Qué pasa? ¿El lado derecho se siente solo? ¿Por qué no lo dijiste?

En vez de su mano derecha que sostenía el cortador de cajas, ella levantó su mano izquierda. Se movió tan rápido que casi me esperaba una bofetada, y me mentalice para no apretar mis dientes, pero estaba equivocado. Eso no ocurrió.

Senjogahara sostenía una engrapadora con su mano izquierda.

Antes de que pudiera verlo claramente, la insertó en mi boca. No el objeto entero, por supuesto, aunque hubiera sido preferible. Senjogahara la insertó en posición para grapar mi mejilla derecha, preparada para hacerlo.

Luego, gentilmente… la accionó.

Como si fuera a grapar.

—K… ha…

Había sido el lado grande cargado con grapas el que fue insertado. Mi boca estaba en una situación en la que no se podía mover, y naturalmente, yo no podía formar palabras. Si solo fuera el cortador de cajas, cuyo movimiento había cesado, podría haber sido capaz de hablar… pero ni siquiera quería intentarlo ahora. No quería pensar en ello.

Insertar el cortador de cajas primero para hacerme abrir la boca, luego seguir inmediatamente con la engrapadora… fue una movida meticulosamente planeada y terriblemente bien ejecutada.

¡La última vez que metieron varias cosas en mi boca fue en séptimo grado, cuando me trataron una cavidad en un diente, maldición! Siempre desde entonces me he cepillado después de cada desayuno, almuerzo y cena, y he masticado goma de xilitol sin descanso, solo para nunca tener que volver a pasar por ello, pero mira dónde estaba.

Es como si sacaran la alfombra por debajo de mis pies.

Cierro los ojos… y pasa esto.

Era difícil de creer que Hanekawa estuviera seleccionando alternativas para el festival cultural al otro lado de una mísera pared cuando el pasillo de una escuela privada, que no se podía calificar de otra manera, además de aburrido, formaba un espacio tan bizarro.

Hanekawa…

¿El apellido de Senjogahara «podría hacerla parecer peligrosa al principio»? Ella le hacía honor a su nombre perfectamente…

¡Hanekawa era peor de lo que pensé para juzgar el carácter!

—Ahora que le preguntaste a Hanekawa cómo era en secundaría, ¿quién sigue? ¿Nuestra profesora, Hoshina? O ¿preferirías adelantarte e ir con la profesora de la enfermería, Harukami?

—…

Yo no podía hablar.

Sin embargo, ella entendía eso. Senjogahara dejo salir un suspiro exasperado.

—No puedo creer lo descuidada que fui. Trato de ser dos veces más precavida que la gente normal al subir escaleras, pero ¿para qué me sirvió? No bromean cuando dicen que una simple flatulencia puede arruinar cien días de sermones.1

—…

Incluso si estaba en un aprieto, escuchar a una hermosa doncella adolescente pronunciar la palabra «flatulencia», me pareció incorrecto. Quizá soy un chico dulce después de todo.

—Una maldita cáscara de banana en el suelo, en ese preciso momento y lugar. ¿Quién lo habría imaginado?

—…

Mi vida ahora estaba en manos de una chica que había resbalado con una cáscara de banana.

Espera, ¿por qué habría estado eso en las escaleras de la escuela?

—Te diste cuenta, ¿no? —me preguntó Senjogahara.

Su mirada todavía era amenazante.

¿Una princesa cautiva? Sí, claro.

—Es cierto… No tengo peso.

Ella no pesaba nada.

—Bueno, no es como si no tuviera nada en absoluto… Una chica de mi altura y mi complexión tendría un peso promedio de cuarenta y tantos, en kilogramos…

Cincuenta kilos, entonces.                                       

Mi mejilla izquierda fue empujada hacia afuera y mi mejilla derecha fue comprimida.

—¡ …gh!

—No pienses cosas raras. Ahora mismo estabas imaginándome desnuda, ¿no es así?

Eso estaba completamente fuera de lugar, pero ella estaba muy segura.

—Un cuerpo promedio pesa cuarenta y tantos, en kilogramos —Senjogahara insistió.

Ella no iba a dejar de insistir en ese punto.

—Pero mi peso corporal actual es de cinco kilos.

Cinco kilogramos.

No mucho más que un recién nacido.

Si piensas em una pesa de una docena de libras, ese número no es muy cercano a cero, pero, considerando que la masa se distribuye entre todo el cuerpo de la persona, en términos de densidad… el cómo se sienten en realidad, era casi como no tener peso.

Atraparla sería pan comido.

—Ahora, si quieres ser completamente exacto, solo es una escala la que muestra mi peso como cinco kilos… yo, personalmente no lo siento. Nada ha cambiado para mí desde mis días de cuarenta y tantos.

Eso significaba…

¿La gravedad le afectaba menos que a una persona normal? No solo masa, sino volumen… Si recordaba correctamente, la gravedad específica del agua es 1, y, ya que el cuerpo humano está constituido mayormente por agua, su gravedad específica y su densidad también son aproximadamente uno… en ese caso, en palabras sencillas, Senjogahara solo tendría una décima parte de esa densidad.

Si esa fuera su densidad ósea, padecería osteoporosis en cualquier momento.

Su corazón y su cerebro no funcionarían correctamente, tampoco.

Por lo tanto, no podría ser eso.

No era una cuestión de números.

—Sé lo que estás pensando —dijo ella—. Viendo mis pechos de esa manera. Qué desagradable.

—¡ …ck!

¡No estaba pensando en eso, lo prometo!

Parecía que Senjogahara era una chica de preparatoria muy acomplejada. ¿Quién podría culparla con lo linda que era? Yo deseaba que la presidenta, trabajando a una pared de distancia, percibiera algo.

—Por eso no aguanto a la gente superficial.

Aclarar ese malentendido parecía imposible en ese momento… En cualquier caso, lo que estaba pensando era que, lejos de estar siempre enferma, Senjogahara se encontraba en un cuerpo que desmentía por completo la descripción del paquete.

Pesando cinco kilos no podría ser una simple enfermedad, y estaría sumamente débil, pero ese no era el caso aquí. Por el contrario, si se me permite, diría que es como un extraterrestre que vino al planeta desde una estrella con diez veces más gravedad. Esperarías que ella tuviera excelentes habilidades atléticas, especialmente si solía formar parte del equipo de atletismo.

Seguro, las colisiones no serían su punto fuerte, pero…

—Ocurrió después de graduarme de secundaria y antes de que viniera a esta preparatoria —dijo Senjogahara—. Durante ese confuso periodo intermedio cuando no eres ni alumno de secundaria ni de preparatoria, ni siquiera las vacaciones de primavera… fue entonces que me convertí en esto.

—Pasó después de que… encontré un cangrejo.

¿Ca-Cangrejo?

¿Acaba de decir «un cangrejo»?

¿Un cangrejo, como los que comes en invierno?

¿Esos artrópodos, clasificados bajo Crustacea Decapoda?

—Arrebató mi peso… se llevó todo.

»Está bien, no tienes que entender, solo te lo digo porque sería una gran molestia si sigues olisqueando al respecto. Araragi… escucha, Koyomi Araragi».

Senjogahara dijo mi nombre, y lo repitió.

—No peso nada… no tengo peso. Absolutamente nada que puedas llamar peso, es todo un fiasco. Es como si fuera un personaje de una serie de manga. ¿Te gusta Yosuke Takahashi?

—…

—La única persona en la escuela que sabe acerca de esto es nuestra profesora de salud, Harukami. Solo nuestra profesora de salud Harukami, hasta ahora. No el director Yoshiki, no el subdirector Shima, no Irinaka, quien está a cargo de nuestro año, ni Hoshina, nuestro profesor. Solo Harukami… y tú, Araragi.

»Entonces, ¿qué debería hacer para que mantengas mi secreto a salvo? ¿Qué debería hacer, por mi propio bien? ¿Qué tipo de trato tendremos que cortar para mantener tu boca grapada?»

Un cortador de cajas.

Una engrapadora.

¿Estaría en su sano juicio? Qué manera de acorralar a un compañero de clase. ¿Podría llamarse a sí misma un ser humano, siquiera? Enterarme de que me había sentado en la misma sala con una persona tan terrorífica por más de dos años, envió un verdadero escalofrío por mi espina dorsal.

—El doctor del hospital dice que la causa es desconocida… o más bien, que no podría haber una causa. Es una conclusión muy lamentable a la cual llegar luego de juguetear por años, de maneras humillantes, con el cuerpo de un desconocido. ¿Sabes lo que dijo? «Como está ahora, está igual que siempre.» Qué ridículo —dijo Senjogahara, con un tono de auto burla—. Hasta secundaria, era una chica normal y linda.

—…

Dejando de lado el hecho de que se llamó linda a sí misma, era cierto que hacía visitas regulares al hospital.

Llegaba tarde, se iba temprano, o simplemente no se presentaba.

Y… la profesora de salud.

Traté de ponerme en los zapatos de Senjogahara.

A diferencia de mí, que solo lidié con ello por dos cortas semanas en las vacaciones de primavera, ella, siempre desde que ingresó a la preparatoria, había permanecido de esa manera.

¿A qué se habrá tenido que resignarse?

¿En qué se habrá rendido?

Ella habría tenido tiempo más que suficiente para hacerlo.

—¿Estás sintiendo pena por mí? Oh, qué generoso de tu parte —dijo Senjogahara como si hubiera leído mi mente. Disgustado, no pude hacer más que escucharla agregar—: Pero no es generosidad lo que quiero.

—…

—Quiero tu silencio y tu indiferencia, nada más. Si existen en ti, ¿podrías concedérmelos? Valoras tus mejillas, libres de imperfecciones como están, ¿verdad?

Y, luego.

Senjogahara sonrió.

—Si me prometes tu silencio e indiferencia, Araragi, entonces asiente dos veces. Consideraré cualquier otra acción, incluso quedarse inmóvil, como comportamiento hostil, y atacaré inmediatamente.

No había ni una pizca de renuencia en sus palabras.

Sin tener elección, yo asentí.

Asentí hacia ella dos veces.

—Listo.

Tras ver esto… Senjogahara pareció relajarse.

A pesar del hecho de que no tuve elección, que no era una transacción ni un acuerdo, y que solo pude conceder su demanda, ella pareció relajarse cuando obedecí.

—Gracias —dijo ella.

Luego separó el cortador de cajas del interior de mi mejilla izquierda y lo retiró lentamente, más lánguidamente que con cautela. Por el movimiento de su mano sentí que tenía cuidado de no rasgar el interior de mi boca por error.

Ella retrajo la navaja del cortador de cajas.

Clic-clic-clic-clic.

Luego, la engrapadora.

—… ¡¿Ngeek?!

Ka-chank.

No lo podía creer.

La engrapadora… había grapado con fuerza. Luego, antes de que pudiera reaccionar al inmenso dolor, ella la retiró habilidosamente de mi boca.

Me doblé y me hice bolita en el lugar.

Sujetando el exterior de mi mejilla.

—¿No vas a gritar? —dijo Senjogahara desde arriba, impresionada, como si no hubiera hecho nada.

Me miraba hacia abajo.

—Te dejaré así por hoy. Odio ser tan indulgente, pero lo prometiste, por ello debería mostrarte algo de buena voluntad.

—… T-Tú…

Ka-chank.

Como para acallarme, Senjogahara produjo un sonido superpuesto con la engrapadora, cerrándola en el aire.

No pude evitar encogerme de miedo.

Por reflejo, si así quieres decirlo.

Con un solo episodio, fui adiestrado al estilo de Pávlov.

—Muy bien, Araragi. Asegúrate de ignorarme comenzando mañana. ¡Que te vaya bien!

Con eso, y sin importarle mi respuesta, Senjogahara se dio la vuelta y comenzó a caminar por el pasillo. Antes de que pudiera levantarme siquiera de mi posición enrollada, dio vuelta en una esquina y desapareció de la vista.

—E-Es como un demonio.

Nuestros cerebros estaban estructurados… en maneras fundamentalmente diferentes.

A pesar de la situación y a pesar de sus palabras, una parte de mí asumió que no se había atrevido. En otro caso, quizá debería estar bendiciendo mi buena fortuna porque hubiera escogido la engrapadora y no el cortador de cajas.

Froté mi mejilla suavemente de nuevo, esta vez no para calmar el dolor, sino para revisarla.

Bien.

Yo estaba bien, no la había atravesado.

A continuación, metí un dedo en mi boca. Use mi mano izquierda ya que se trataba de mi mejilla derecha. No me tomó mucho llegar a donde estaba buscando.

Aunque lo podía adivinar por el dolor agudo, el cual no desapareció ni disminuyó, esto acabó con mi pacífico pensamiento de que quizá la primera grapa no había sido cargada en realidad, y que no había sido más que una amenaza diseñada para intimidar… Para ser honesto, había puesto altas esperanzas en esa opción.

Pero eso estaba bien.

Si la grapa no había atravesado, eso significaba que no había sido doblada demasiado… y se mantenía cercana a su forma original, un rectángulo sin un lado. No estaba enganchada, por así decirlo, lo que significaba que podría arrancarla sin encontrar mucha resistencia.

La atrapé entre mi pulgar y mi índice, y tiré de ella.

El dolor agudo llegó acompañado por un leve sabor metálico.

Pareciera que sangraba a chorros.

—Kh… ahh…

Estaba bien.

Todo esto… lo podía aguantar bien.

Lamiendo las dos heridas puntuales formadas en el interior de mi mejilla, doblé la grapa que había sacado y la coloqué en el bolsillo de la chaqueta de mi uniforme de la escuela. También recogí la grapa que Senjogahara había tirado e hice lo mismo. Habría sido peligroso si alguien pisaba en ella con los pies descalzos. Ahora las grapas lucían como municiones magnum para mí.

—¿Hm? ¿Todavía estás aquí, Araragi?

Mientras hacía esto, Hanekawa emergió del salón de clase.

Ella parecía haber terminado.

¿Por qué no pudo haber venido antes?

O, quizá, su llegada fue a la hora correcta.

—¿No tenías que apresurarte a ir con el señor Oshino? —preguntó Hanekawa sospechosamente.

No se había enterado de nada, eso parecía.

Solo una pared de por medio… correcto, había estado al otro lado de una mera pared delgada.

Hitagi Senjogahara, quien, a pesar de todo, llevó a cabo un acto de atrevimiento sin que Hanekawa notara nada… en efecto, era alguien a quien tener en cuenta.

—Oye, Hanekawa… ¿Te gustan las bananas?

—¿Hm? Eh, no me desagradan particularmente. Además, son nutritivas, por lo que si debo decir si me gustan o no, entonces, seguro, me gustan.

—¡Incluso si las amas, nunca las traigas a la escuela!

—¿D-Disculpa?

—¡Si solo las comes no es tan terrible, pero si alguna vez te veo tirando una cáscara en las escaleras, nunca te perdonaré!

—¿De qué hablas, Araragi? —dijo Hanekawa con una expresión confundida y una mano en su boca.

Por supuesto que fue ella.

—De cualquier manera, Araragi, ¿qué hay del señor…?

—Voy con Oshino. Luego hablamos.

Con eso, me retiré rápidamente, pasando de Hanekawa.

—¡Diablos! ¡Oye, Araragi, no corras en los pasillos! ¡No me hagas decírtelo! —Su voz vino desde atrás, pero, naturalmente, la ignoré.

Corrí.

Solo corrí.

Di la vuelta en la esquina para alcanzar las escaleras.

Estaba en el cuarto piso.

Ella aún no habría llegado tan lejos.

Con un paso, un salto y un brinco, me salte dos, tres y luego cuatro peldaños a la vez… y llegué al suelo.

Pude sentir el impacto en mis piernas.

Un impacto proporcional a mi peso.

Luego de esta clase de impacto, también Senjogahara debía de estar cojeando.

Ella no pesaba nada.

Ella no tenía peso.

Lo que significaba… que su andar no era seguro.

Un cangrejo.

Ella había dicho, un cangrejo.

—Por aquí no… por aquí.

Ella no podría haberse ido por un camino secundario en ese punto. Sin pensar nunca que hubiera venido corriendo tras ella, habría procedido directamente hacia las puertas de la escuela. Ella tenía que ser miembro del club de los que no tienen actividades extracurriculares, pero, incluso si estuviera afiliada con algún club real, ninguna actividad se extendía hasta tan tarde. Con esa conjetura, descendí las escaleras del tercer al segundo piso, sin dudar ni por un segundo, salté hacia abajo.

Luego del segundo piso hacia el suelo del primero.

Senjogahara estaba allí.

Prácticamente estaba volando por las escaleras en una persecución y creando un alboroto, por lo tanto, ella debió haberse dado cuenta, porque todavía me daba la espalda, pero ya había vuelto la cabeza.

Con una mirada fría.

—…No puedo creerlo —dijo ella—. O, mejor dicho, honestamente estoy sorprendida. Por lo que puedo recordar, eres el primero en poder sentirse rebelde tan pronto luego de haberlo hecho pasar por tanto, Araragi.

—El primero…

¿Ella lo había hecho con otros también?

¿Qué era eso de «cien días de sermones», entonces?

Pensando en ello, sin embargo, tenía sentido que guardar un secreto como «no tener peso», el cual podía ser descubierto con el mínimo contacto, fuese algo imposible, hablando de manera realista…

Y, ella había dicho «hasta ahora», ¿no?

Tal vez ella realmente era algún tipo de demonio.

—Además —añadió ella—, el dolor en tu cavidad oral no debería ser algo tan fácil de lo cual recuperarse. Normalmente, no podrías moverte del lugar por unos diez minutos.

Ella estaba hablando por experiencia.

Qué tenebroso.

—Está bien, lo entiendo. Lo entiendo, Araragi. Tu actitud de «ojo por ojo» concuerda con mi sentido de justicia. Si eso no te gusta…

Senjogahara abanicó sus brazos hacia ambos lados mientras hablaba.

—Tengamos una guerra.

En sus manos había… herramientas de papelería diversas, el cortador de cajas, la engrapadora, y más: un lápiz HB afilado, un compás, un bolígrafo tricolor, lapicero, súper pegamento, bandas de goma, clips para papel, clips mariposa, marcador permanente, alfileres, pluma estilográfica, corrector líquido, tijeras, cinta celofán, kit de costura, abrecartas, una escuadra, regla de treinta centímetros, transportador, cemento plástico, un surtido de cinceles, pintura, pisapapeles, y tinta.

Comencé a sentir que algún día en el futuro, sería perseguido sin fundamento por la sociedad, debido al mero acto de haber compartido una clase con ella.

Personalmente vi el súper pegamento como el más peligroso.

—E-Espera, espera, no. No tendremos una guerra —dije yo.

—¿No la tendremos? Oh, bueno.

Ella sonó un poco decepcionada.

Pero sus brazos todavía estaban extendidos.

Sus armas mortales, también conocidas como material de papelería, todavía relucían.

—Entonces, ¿qué es lo que quieres?

—Estaba pensando, solo quizá —respondí— podría ser capaz de ayudarte.

—¿Ayudarme?

Desde el fondo de su corazón, parecía…

Me miraba con desdén, como si fuera un idiota.

No, quizá estaba enojada.

—Dame un descanso. ¿No te dije que no necesito simpatía barata? No puedes hacer nada por mí. Guarda silencio y no me prestes atención, eso es todo lo que quiero.

»La generosidad también… La consideraré un comportamiento hostil.»

Con esas palabras, ella dio un paso.

Ella tenía que estar hablando en serio.

Nuestra interacción previa me había enseñado muy bien que ella no era de los que dudan. Lo hizo de sobra.

Y esa fue la razón.

Es por eso que, sin decir ni una palabra, metí un dedo contra la comisura de mis labios y halé para mostrarle mi mejilla.

Mi mejilla derecha, con mi mano derecha.

Naturalmente, esto expuso el interior de mi boca.

—¿Qué…?

El panorama no pudo más que impresionar incluso a Senjogahara. Armas mortales, también conocidas como material de papelería, salieron y cayeron de sus dos manos.

—Tú… ¿cómo lo…?

Pude adivinarlo incluso antes de que hubiera preguntado.

Sí.

El sabor de la sangre ya se había ido. La herida que Senjogahara había conferido a mi boca con su engrapadora había sanado sin dejar rastros.


[1] 百日の説法屁一つ — Dicho japonés, se refiere a que un pequeño error echa abajo todos los esfuerzos.