—¿Senjogahara? —Hanekawa inclinó la cabeza en respuesta a mi pregunta—, ¿algún problema con Senjogahara?

—Nada de eso… —respondí yo vagamente—. Solo tengo unas dudas acerca de ella.

—Ah.

—Quiero decir, tú sabes, ¿no es un nombre extraño e interesante? ¿Hitagi Senjogahara?

—…Uno se da cuenta de que Senjogahara es el nombre de un lugar.

—Er, no, no esa parte. Hablaba de, em, su nombre propio.

—¿El de Senjogahara? ¿Te refieres a Hitagi? ¿Es tan raro? Me gustaría decir que es un término relacionado con la construcción.

—Lo sabes todo, ¿no?

—No todo. Solo sé lo que sé. —Aunque Hanekawa no parecía totalmente satisfecha con mi explicación, en vez de seguir presionándome, ella dijo—: ¿Estás interesado en otra persona además de ti mismo, Araragi? Eso es inusual.

—Ocúpate de tus propios asuntos —le dije yo.

Tsubasa Hanekawa.

La presidenta de nuestra clase.

Más que eso, ella es una chica que encarna lo que un presidente de clase debería ser. Sus trenzas formales y apropiadas, sus anteojos, sus buenos modales y buen comportamiento, lo increíblemente seria y amada que es por los maestros; todo eso la pone en la lista de especies en peligro estos días, incluso si cuentas el manga y el anime. La manera en que ella se contiene te hace preguntarte si ha sido presidenta de clase durante toda su vida y va a ser una en potencia incluso después de graduarse. En otras palabras, una presidenta de clase entre los presidentes de clase. Posiblemente una presidenta de clase escogida por los dioses. Eso ha estado rumorando cierta persona como si fuera la verdad sin adornos (esa persona sería yo).

Estuvimos en clases diferentes en nuestro primer y segundo año, pero en nuestro tercer año, fuimos colocados juntos. Aunque había oído de ella antes de eso, claro que sí. Si las calificaciones de Senjogahara están entre las mejores de nuestro año, las de Tsubasa Hanekawa son las mejores. Regularmente logra hazañas increíbles como haber sacado un puntaje perfecto de 600 a lo largo de seis cursos con cinco materias básicas, y sí, todavía recuerdo sus resultados verdaderamente monstruosos en las pruebas finales del primer semestre de nuestro segundo año, como si hubiese sido ayer, cuando entre todas las asignaturas, incluyendo Educación Física y Artes, solo erró en una pregunta, una de rellenar el espacio en blanco que trataba de Historia Japonesa. Uno termina escuchando de celebridades como esta sin importar que quieras o no.

Y.

La parte más desagradable… Está bien, sé que es algo bueno, pero, de cualquier manera, lo más irritante: Hanekawa es una persona muy interesada en los demás y decente. Lo que realmente es molesto de ella es que sea una persona obsesionada. Como a menudo es el caso con la gente muy seria, una vez decide algo, no habrá cosa que la haga cambiar de idea. Ya había tenido un breve encuentro con Hanekawa durante el descanso de primavera, y después de eso, tan pronto como nuestros nuevos grupos fueron anunciados y descubrimos que estábamos juntos, ella me declaró: «Me aseguraré de que le des un giro a tu vida».

No soy un delincuente juvenil, ni siquiera un niño problema, en realidad. Era un simple ornamento de clase, de acuerdo con mi propia evaluación, por ello su declaración me golpeó como un rayo del cielo. Pero no habría nivel de persuasión que pudiera poner alto a su alucinación obsesiva, y antes de que me diera cuenta, fui nombrado vicepresidente de clase, siendo esa la razón por la que, en este momento, acabadas las clases un ocho de mayo, sigo en el aula a solas con Hanekawa discutiendo qué hacer para el festival cultural de mediados de junio.

—Festival cultural o no, ahora somos de tercer año —dijo Hanekawa—. No vamos a hacer mucho. Estudiar para los exámenes del colegio es más importante.

Priorizó la preparación para el examen, sin siquiera pensarlo. En efecto, eso hacía de ella una presidenta entre los presidentes de clase.

—Con un sondeo vago de las sugerencias todo estaría disperso y sería solo una pérdida de tiempo. Podríamos seguir adelante y reducir las opciones entre nosotros para que los demás voten. ¿Estás bien con ello?

—¿Por qué no? Tiene una fachada muy democrática.

—Siempre haces sonar mal las cosas, Araragi. Qué escepticismo.

—No es escepticismo. Oye, me haces sentir como un secuaz de las caricaturas. Como Tongari1, para ser exactos.

—Como referencia, Araragi, ¿qué hizo tu clase para el festival cultural del año pasado y el del antepasado?

—Una casa embrujada y un café.

—Qué cosa tan normal. Incluso podrías llamarlo común y corriente.

—Supongo.

—Incluso podrías llamarlo vulgar.

—No vayas tan lejos.

—Ajaja —se rio ella.

—Y, de cualquier manera, ¿no sería buena idea hacer algo común y corriente esta vez? No se trata solo de nuestros visitantes, tenemos que disfrutar nuestro día también… Oh. Pensando en ello… Senjogahara no participó en el festival cultural, tampoco.

Ni el año pasado, ni el anterior.

Bueno, no es solo el festival cultural. Cualquier cosa que puedas llamar un evento, cualquier cosa fuera de las clases regulares, Senjogahara básicamente se los salta. Días de deporte, por supuesto, pero también viajes escolares, días de campo, visitas educativas, todos ellos. Su doctor le tiene prohibido involucrarse en actividades extenuantes… o algo así. Parecía un tanto extraño ahora que pensaba en ello. Ejercicio extenuante, lo puedo entender, pero, el extraño matiz de «actividad extenuante»…

Pero, qué tal si…

Si esa no era una ilusión de mi parte.

Si Senjogahara no pesaba nada.

Esa restricción definitivamente aplicaría para cualquier actividad fuera del salón de clases, incluyendo Educación Física, dónde estaría expuesta a entrar en contacto con un número grande e inespecífico de personas.

—¿Estás tan interesado en Senjogahara? —preguntó Hanekawa.

—No realmente, pero…

—Bueno, a los chicos les gustan las chicas propensas a enfermedades. ¡Agh, puaj! Sucio, indecente —se burlaba ella de mí. Sonaba más sincera de lo usual, sin embargo.

—Propensas a enfermedades, ¿eh?

Seguro, ella era propensa.

¿Pero eso realmente era una enfermedad?

¿Eso era enfermedad?

Su cuerpo era débil, y ella era ligera como resultado, tenía sentido… pero eso iba más allá de cualquier explicación.

Sea una chica delgada o no, un ser humano había caído al suelo casi desde la parte más alta de las escaleras. Normalmente, sería una situación en la que incluso la persona atrapándola podría salir muy malherida.

Y, aun así… había sido un impacto apenas y ligero.

—¿Pero, acaso no conoces a Senjogahara mejor que yo, Araragi? ¿Por qué me preguntas? Quiero decir, han estado en la misma clase tres años seguidos, ¿no es así?

—Si lo pones de esa manera, sí… Pero pensaba que una chica podría conocer un poco mejor las circunstancias de otra chica.

—Circunstancias… —Hanekawa se rio entre dientes—. Si una chica tuviera algunas, ¿no sería esa la última cosa que yo debería contarle a un chico?

—Cierto —dije yo. Por supuesto que lo era—. Entonces, em, piensa en esto como el vicepresidente de la clase haciéndole una pregunta al presidente de la clase, ya que soy el vicepresidente. ¿Qué tipo de persona es Senjogahara?

—Así que, ese es tu movimiento.

Hanekawa dejó de escribir la lista que había estado haciendo mientras conversábamos (continuamente había estado garabateando y borrando cosas desde «casa embrujada» y «café») y se cruzó de brazos, pensando.

—Puesto que su apellido significa «campo de batalla», podría hacerla parecer peligrosa al principio, pero en realidad ella es una estudiante modelo sin problemas. Es inteligente, y se toma su responsabilidad de limpieza, podríamos decir que, muy en serio.

—Seguro que sí. Incluso yo lo puedo decir. Quiero saber algo que no pueda intuir por mí mismo.

—Pero solo hemos estado en la misma clase aproximadamente un mes. Creo que todavía no la conozco. Además, tuvimos la Golden Week en medio.

—Sí. La Golden Week.

—¿Mm? ¿Pasó algo entonces?

—No. Continúa.

—Ah… está bien. Senjogahara no habla mucho… y parece que no tiene amigos. He tratado de hablarle varias veces, pero es como si pusiera paredes a su alrededor.

Qué puedo decir, Hanekawa vive para hacer honor a su reputación de empatía. Por su puesto, por eso le estaba preguntando.

—Es un caso difícil —dijo ella. Su tono era serio—. Quizá es por su enfermedad. Era mucho más alegre y enérgica en secundaria.

—¿En secundaria? Espera, Hanekawa, ¿tú y Senjogahara fueron a la misma secundaria?

—¿Qué? ¿No es por eso por lo que me estás preguntando? —Hanekawa puso una cara como si nunca lo hubiera visto venir—. Sí, venimos de la misma escuela secundaria. La secundaria pública Kiyokaze. En ese entonces solíamos estar en clases diferentes, también, pero… Senjogahara era famosa.

¿Más famosa que tú?, estuve a punto de decir, pero me contuve a tiempo. Hanekawa odiaba ser tratada como famosa, más que nada. Personalmente, pensaba que necesitaba ser más consciente de sí, pero ella parecía pensar en sí misma como «una chica regular que no tenía nada que hablara bien de ella, a excepción de ser seria». Ella se tragaba de todo corazón la hipocresía de que a cualquiera que se esforzara suficiente le iría bien en la escuela.

—Era bonita, y era buena atleta también —dijo Hanekawa.

—Una atleta…

—Era la estrella del equipo de atletismo. Algunas de sus marcas deberían seguir vigentes.

—El equipo de atletismo, ¿eh?

En otras palabras; No era de esa manera en secundaria. Alegre y enérgica… dos cualidades que, para ser honesto, no podía imaginar en la Senjogahara que conocía.

—Por eso escuché muchas cosas de ella —me contó Hanekawa.

—¿Como qué?

—Cuán genial y sociable es. Cuán amable es con todos por igual. Todas esas palabras casi exageradas respecto a lo trabajadora y buena persona que es. Sobre cómo su padre tiene un cargo alto en una compañía extranjera, pero ella no es ni un poco estirada2 a pesar de vivir en una mansión impresionante y ser increíblemente rica. Cómo a pesar de su grandeza sigue apuntando a mayores alturas.

—Suena como un tipo de súper-mujer.

Esas historias deben haber sido mitad serias.

Rumores son rumores.

—Todo fue en aquel entonces, claro —denotó Hanekawa—. …En aquel entonces.

—Escuché que después de comenzar la preparatoria había caído enferma… aunque, para ser franca, cuando nos convertimos en compañeras este año, yo estaba sorprendida. Ella no era alguien que se sentaría en un rincón del aula, ni siquiera por accidente. Aunque esa solo había sido mi imagen de ella —añadió Hanekawa.

Ciertamente solo había sido su imagen.

La gente cambia.

Tus días de secundaria y tus días de preparatoria son mundos aparte. Así fue para mí, y para Hanekawa también. Tuvo que ser lo mismo para Senjogahara. Debió haber pasado por mucho, y tal vez fuera cierto que simplemente estaba enferma. Quizá no hubiera perdido su radiante personalidad por razones diferentes. Quizá había perdido mucha de su dicha. Cuando tu cuerpo se debilita, tu espíritu tiende a caer también, especialmente si solías ser activo. Por ello, la especulación de Hanekawa probablemente diera en el blanco.

Si no fuera por esa mañana.

—Pero… probablemente no debería estar diciendo esto… Senjogahara… —continuó Hanekawa.

—¿Qué?

—Comparada a entonces, es mucho más bonita ahora.

—…

—Su presencia es evanescente.

Las palabras fueron suficientes para silenciarme.

Eso…

Presencia evanescente.

Como si ella… no tuviera ninguna.

¿Como un fantasma?

Hitagi Senjogahara.

La chica que siempre está enferma.

Aquella sin peso.

Los rumores… son rumores.

Leyendas urbanas.

Farándula de la calle.

Cuentos absurdos.

Solo mitad serios, como son estos.

—Oh, sí. Recién recuerdo —dije yo.

—¿Mm?

—Oshino quería hablar conmigo.

—¿El señor Oshino? ¿Por qué?

—Bueno… para ayudarle con su trabajo.

—¿Está bi…en? —Hanekawa reaccionó insegura.

Ella pareció sospechar de mi repentino cambio de tema… o, mejor dicho, de mi descarada forma de cortar la conversación. Mi argumento inseguro, «para ayudarle con su trabajo», no pudo hacer más que profundizar sus sospechas. Esto, pienso yo, es la razón por la que no me gusta tratar con personas inteligentes.

¿No podría solo seguirme la corriente?

Levantándome de mi asiento, continué algo forzado: —Por eso yo, necesito irme. ¿Puedes encargarte del resto, Hanekawa?

—Puedes irte por hoy si prometes compensarme. No queda más trabajo importante, así que, te dejaré ir esta vez. No podemos dejar al señor Oshino esperando. —Hanekawa fue tan amable como para decirlo de todos modos.

El nombre de Oshino pareció haber funcionado con ella. Él le salvó el trasero, justo como hizo con el mío, por lo que ser ingrato debió haber estado fuera de cuestión. Bueno, naturalmente, yo había tomado eso en cuenta, pero no era completamente una mentira.

—Entonces, ¿puedo escoger todas las opciones para nuestra actividad? Haré que las confirmes después, aun así.

—Sí, dejaré que te encargues —dije yo.

—Saluda de mi parte al señor Oshino.

—Lo haré. Con eso, salí del salón de clases.


[1] Kouji Tongari: Personaje de la serie anime Kiteretsu Daihyakka.

[2] Coloquial: Engreída.