Una mañana en un día de descanso…

Kanon, que siempre se levantaba más temprano que cualquiera y empezaba con la preparación del desayuno, esta vez no salía de su futon por alguna razón.

—Komamura-san…

Y a su costado se encontraba Himari, quien me miraba con una cara de preocupación.

—Kanon-chan, parece sentirse mal…

De inmediato me acerqué y toqué la cabeza de Kanon recostada sobre la almohada.

Kanon estaba con una expresión de recién haberse despertado, pero había algo claramente diferente en ella.

De su frente caía sudor, y su cuerpo parecía estar transpirando.

—Ah… buenos días… debo preparar… el desayuno…

—No, hoy no. Tienes fiebre, se ve claramente. Quédate allí, y duerme.

Kanon se trató de levantar, pero la detuve antes de que se fuera a hacer daño.

No soy un monstruo como para hacer a alguien cocinar en ese estado.

—Pero…

—Oye… soy un adulto, así que puedo preparar algo. Por hoy te tomarás un descanso.

—Uhm…

—Mmmm y ahora Himari, ¿podrías traerle un vaso de agua a Kanon?

—¡Sí! ¡Yo me encargo!

Himari al escuchar mi pedido, salió volando hacia la cocina.

Hay que tener cuidado de que Kanon se vaya a deshidratar.

Fui a mi cuarto a buscar el termómetro que estaba en una esquina encima de la cómoda junto a mi cama.

—37,9…

Retiré el termómetro, miré los resultados de Kanon, y fruncí mis cejas.

Está muy alto, pero hoy el hospital no trabaja.

Busqué por internet algún hospital que tenga consultorio activo en días de descansos, pero solo encontré uno muy lejos.

Pensando en la carga que podría sentir Kanon tratando de llegar hasta allá, será mejor que abandonemos esa idea.

No tengo pastillas para la gripe en casa, por lo que será mejor que luego compre.

—Kanon-chan. Creo que sería mejor si comieras un poquito al menos… ¿Podrás comer por ti misma?

Preguntó Himari, y Kanon sacudió la cabeza en negación.

—Ahora… no quiero nada…

Ante la respuesta de Kanon, Himari y yo nos miramos, y tensamos nuestros rostros.

—Estamos en problemas.

Entiendo cómo se siente, pero si no come nada será peor.

—Muy bien, Kanon-chan. ¿Qué comidas deseas? Puede ser también helado o gelatina, cualquier cosa. Iré a comprártelo.

Ante la propuesta de Himari, Kanon cambió su expresión a una un poco más.

—Entonces… helado… Quiero ese de fresa en cono…

—Mmmm, entiendo. Komamura-san, ¿puedo?

Asentí y me puse de pie.

—Por ahora nosotros comamos algo ligero. ¿Pan tostado?

—Sí. Luego de comer, ¡de inmediato me iré a comprar!

Himari, con muchas ganas, cerró su puño y lo presionó.

Ya veo, de verdad que a Himari le agrada mucho Kanon.

—Si se trata de comprar, será mejor que yo vaya.

—No… Komamura-san, por favor quédate al lado de Kanon-chan. En estos momentos, yo creo que la tranquilizará más tener un adulto cerca…

Observé el rostro de Himari con el que me decía esas palabras, y sentí una sensación de soledad venir de ella. Solo un poco.

¿Con que esa es la razón? Digo, puede que sea cierto.

Recuerdo cuando estaba en primaria y me pesqué un resfriado. Es cierto que cuando mis padres estaban cerca, me sentía mucho más seguro que estando sin ellos.

Sin embargo, la encargada de las comidas era Kanon, y ahora ella ha caído…

Hoy será un día de descanso diferente a los otros.

Terminamos de comer un desayuno ligero, y le entregué el dinero a Himari.

Para que pueda comprar el helado que dijo Kanon, y el pocari sweat que siempre es bueno para los momentos de gripe, también le dije que comprara otras cosas que sean fáciles de digerir para Kanon.

Luego, también para la hora de almuerzo, le pedí el favor de que fuera a la farmacia que estaba al frente de la estación para que comprara unas pastillas para la gripe.

Yo por mientras de inmediato empecé a lavar los platos, y entonces Kanon desde la sala…

—Kazu nii…

—¿Qué sucede?

—¿Puedes traerme una polo…? ¿O cualquier cosa?

—¿Te vas a cambiar?

—Sudor… Estoy sudando mucho…

—Entiendo.

Fui al cajón donde estaba la ropa de Kanon.

Aquí, en vez de algo grueso, mejor es una camisa delgada.

Luego de ver muchos colores, tal vez la misma cantidad de colores que tienen las flores, encuentro una camisa polo blanco, volví a la sala, y Kanon justo estaba arrastrándose fuera del futon.

El pelo de color claro que siempre lucía radiante y peinado ahora estaba revoloteando, con algunos pelos rebeldes.

—Kazu-nii… ¿Me traes una toalla mojada?

—Comprendo.

Mientras pensaba “seguro quiere limpiarse el sudor”, así como me dijo, me dirigí hacia el baño a mojar un poco la toalla para ella.

Y luego de escurrir un poco la toalla para que no se mojara el piso o su ropa, regresé a la sala, y sin querer me quedé paralizado y sin parpadear.

Kanon se había desvestido la parte superior, y se había quedado en sostén.

—¿¡Naaaaa…!? Quiero decir, ¡lo siento! De inmediato sal-

—Ah, Kazu-nii… Sécame… la espalda…

Kanon, sin mostrar ningún asombro, se volteó dándome la espalda, diciendo su petición.

De lo poco que vi en sus ojos, parece ahora totalmente tranquila, y aparte, ella misma lo ha dicho.

¿Qué debería de hacer?

Luego de unos segundos de analizar la situación, doy por aceptado su petición.

Ella es la enferma. No puedo permitirme ignorar el pedido de esta pobre muchachita enferma.

Debo de terminar esto rápido antes de que la Kanon de siempre vuelva.

Me siento a un lado de la espalda de Kanon, y entonces en orden empecé a secar y limpiar desde los hombros.

—El… cuello… también…

Kanon agarró su cabello y lo movió a un lado, dejando al descubierto su cuello.

……… Esto es…

No, no, no, no, ¿qué estoy haciendo? No pienses en ello, ella es de preparatoria.

Ignoré con desesperación lo que acaba de nacer dentro de mí, y sin perder el tiempo empecé por el cuello.

—Gracias…

Es lo que Kanon dijo, pero ese no fue el final.

Kanon entonces puso sus manos en la espalda y desabrochó su sostén.

—¿¡……¡?

Kanon no decía nada.

Desde hace rato hace esto y dice lo otro, de forma natural.

No te atrevas a mirar ese hermoso bulto que se asoma por los lados, y como loco traté de evitar ver.

Estaba muy desesperado, así que puede ser que le haya dado un poco de fuerza a mis manos.

¿Qué clase de acontecimiento es este?

—Mmmm, gracias…

Y al fin se dio por terminado el acontecimiento extraño de hoy.

Me doy la espalda para que Kanon se abroche bien de nuevo el sostén, luego me levanté y me fui al baño a lavar la toalla.

Kanon tomó decisiones muy… emmm… eso, como si estuviera consciente, pero tal vez sea por la gripe.

Será mejor que olvide por completo este accidente…

Mientras escuchaba mis latidos como locos, abrí el lavadero.

Himari volvió de hacer las compras, y sin perder ni un segundo, Kanon ya estaba lamiendo su helado.

Pero al parecer de verdad no tenía apetito, porque dejó la mitad de su helado.

Seguido de esto, tuve una plática con Himari, y entonces empezamos con el cuidado de Kanon.

La fiebre de Kanon no daba indicios de querer bajar.

—Uh…

Kanon desde dentro del futon, daba susurros de dolor.

Volteamos la toalla mojada que estaba encima de su frente.

Cierto, se me olvidó decirle a Himari, que comprara esas cintas para la cabeza que son muy buenas para la fiebre.

La próxima vez será mejor que tenga como reserva.

Nuevamente llegué al pensamiento de otro dato acerca de vivir con otras personas, y ese es que cuando alguien se enferma, debe de haber contramedidas en casa.

Para el almuerzo, Himari llegó de comprar unos platillos del supermercado.

Era karage de pollo con verduras, pero el karage era frito, y desde las verduras se podía oler el aceite para freír.

El almuerzo de emergencia que comíamos Himari y yo, lo llegamos a terminar en completo silencio.

—No se compara en nada con la comida de Kanon-chan…

Himari desanimada, murmuraba y al final dijo “Ya quiero volver a comer la comida de Kanon-chan”.

Comparto completamente su opinión.

Lo siguiente ahora era prepararnos para la cena…

Hoy prepararé esos mariscos que compró Kanon anteriormente y dejó en el refrigerador.

Por cierto, nunca he freído mariscos en casa.

Mientras observaba como en la olla se iba descongelando la bolsa de mariscos, por mientras iba también partiendo en pedacitos el pan, tenía a la mano el aceite para más adelante.

Luego de que sentí de que el aceite ya se había calentado bien en el sartén…

—Komamura-san. ¿Puedo intentarlo?

A mi lado apareció la cara de Himari.

—Ah, claro…

—Entonces espero no entorpecer el ritmo…

—Espera. ¡Qué esperes te digo!

No tuve tiempo como para detenerla.

Himari agarró los mariscos que estaba descongelando, y los metió al sartén así nada más.

En una esquina saltaba el aceite.

—¡Waaa! ¿¡Cómo se te ocurre meter algo congelado en el sartén con aceite!?

—¡Waaa! Perdóname.

Nos cayeron algunas gotas de aceite caliente.

Esto quema, y quema mucho. No debimos acércanos tanto al sartén. ¡Quema!

—… ¿Qué hacen?

Tanto Himari como yo nos volteamos al mismo tiempo al escuchar la voz tranquila de Kanon.

—¿¡Kanon!?

—Kanon-chan, ¡te dije que no te exigieras tratando de levantarte!

—Pero si no puedo dormir con el ruido que hacen… Además, por dormir un buen rato, creo que me siento mejor.

Mientras Kanon decía eso, se levantó como si nada y se dirigió hacia donde estábamos y apagó el gas.

—Ah, gracias Kanon-chan…

—Mou, parece que, si yo no cocino, ustedes explotarán la casa.

Kanon sonreía ligeramente mientras decía algo cruel.

—Por ahora, hay que descongelar mejor esos mariscos.

—Yo voy a limpiar el aceite derramado que cayó al piso.

Himari para traer pañuelos, se dio prisa dando brincos hacia la sala.

—Oye…

En ese momento, Kanon me dirigió la palabra.

—¿Mmm?

—Emm… Sobre esta mañana… olvida todo lo que viste…

Kanon me murmuraba para que solo yo oyera, mientras se sonrojaba.

¿Lo recordó?

Es decir, que recuerda haberse desabrochar el sostén… Nonononoono, no te pongas a recordar.

La mejor respuesta era “Entiendo”, y eso hice.

—Ya traje pañuelos… ¿Eh? Kanon-chan, ¿de verdad ya te sientes mejor? Porque tienes la cara toda roja.

Himari quien volvía de la sala, señaló la cara de sonrojada como un tomate que tenía Kanon, y ella toda nerviosa empezó a sacudir sus manos.

—¡D-de verdad que ya me siento mejor! Himari, más bien gracias por tanto hoy.

—Uhmuhm. Hoy descubrí que no podré vivir más sin la comida que cocina Kanon-chan.

—Esa opinión también la comparto.

—Mou… No ganaran nada dándome halagos. Ya de una vez limpien el piso que está lleno de aceite.

—Sííííí.

Después del regreso de Kanon, seguimos sus indicaciones.

Y allí pensé que si Kanon no es así, no sería ella misma.